Libro censurado por Amazon
El escritor Juan Abreu dejó hace unas semanas en el carril de ventas de la librería Amazon Una educación sexual. Un excelente libro que no trata sobre el sexo, sino que es el sexo mismo. Me abstendré de continuar en los elogios porque he tenido el honor de escribir el prólogo, y allí están todos. Pero no me abstendré de sentirme damnificado, aun en grado infinitesimal, por la carta que Amazon envió ayer al editor de Abreu y que, al margen de fecha y firma, decía: «Durante nuestro proceso de revisión, hemos encontrado que su libro incluye contenidos que infringen nuestra política de contenidos. Como resultado, no ofreceremos este libro para la venta.» (By the way: lo que las redundancias de Amazon infringen es la elegancia mínima exigible aun a la prosa burocrática). Amazon no ofrece precisiones sobre qué aspecto de la política de contenidos se han infringido, pero no cabe duda que ha rechazado el libro de Abreu amparándose en esta línea estricta de su política: «No aceptamos pornografía o representaciones ofensivas de actos gráficamente sexuales.» Supongo que el sexo gráfico se debe a que el libro de Abreu, aparte de letras, lleva santos. Santas, mayormente. Aunque delicadísimas, porque nuestro escritor es un gran dibujante, su trazo siempre es noble, y por si fuera poco suele inmortalizarlas líquidas.
La decisión de prohibir la venta de libro tan gentil ha debido de ser tomada, ineludiblemente, por un robot ceporro o incluso por un algoritmo vaticano. Es decir, por Algo que abrió el libro, vio barullo y lo volvió a cerrar. Detrás de esa decisión no puede haber un hombre, ni mucho menos un librero, que es un hombre especializado. A la hora de aceptar o de rechazar un libro el librero tiene un argumento de peso, que es el espacio puramente físico. Una librería es algo muy parecido a mi biblioteca de numerus clausus: libro que entra libro que sale. Dados los precios de los alquileres, siempre es difícil reprocharle a un librero que no tenga determinado libro. Pero Amazon, obviamente, no tiene ese problema. Los juegos de Amazon no son de suma cero. En Amazon el saber no ocupa lugar. Y bien desdichadamente, visto lo visto.
Cuando alguien del tamaño y la influencia de Amazon se niega a vender un libro es como si negara a ese libro el derecho a ser publicado. De ahí que en su decisión sobre Abreu, y en todas las similares que su beocio robot pueda tomar, no hay otra razón que la censura más analfabeta y desnuda. Un criterio comercial, es decir, político, que consiste en matar moscas a cañonazos. Y la evidencia de que Amazon necesita, entre otras, una profunda educación no sólo sexual.




