25 de agosto de 2011

Las próximas elecciones

La llamada situación política es puramente extraordinaria. La distancia entre la toma de decisiones y la responsabilidad por ellas crece de modo exponencial. Ya no es que Zapatero gobierne en España i-rresponsablemente. ¡Es que quien lo hace, en España, es la ministra Merkel! Una salvedad antes de seguir. La limitación constitucional del déficit es una decisión política muy justificable. Otra cosa es que sea eficaz. Pero los argumentos de que se trata de una medida que no tiene altura constitucional son sólo divertidos. Máxime sabiendo que la Constitución española tiene artículos tan pintorescos como el que decreta la obligación de saber español (sagazmente y simétricamente imitado por el estatuto catalán) o el que señala el derecho de todo español al trabajo. Respecto a la limitación del déficit no hace falta abandonar el encuadre moral: la primera obligación de un individuo y de una comunidad es no gastar más de lo que se gana y sobre todo, metiéndonos en honduras, no imaginar que uno gasta más de lo que pueden prestarle. Aún reconociendo el efecto terapéutico que en determinadas coyunturas pueden tener las burbujas y, por tanto, la posibilidad de que la limitación del déficit sea técnicamente discutible, no cabe despreciar los efectos pedagógicos del ascenso al cielo constitucional de esta regla de oro de la economía y de la vida: sé el que eres e incluso el que sueñas, pero ni un milímetro más.

Salvada sea esa parte algunos países de Europa tienen un serio problema político, que es el de hacer coincidir de nuevo la decisión y la responsabilidad. Españoles, griegos, portugueses, italianos quieren ser alemanes no ya por razones económicas sino políticas. De qué sirve hoy votar en España si la Constitución la cambia la ministra Merkel. Para poder juzgar electoralmente si el cambio de la Constitución española es acertado uno tiene que ser alemán. Porque es evidente que la señora Merkel cambia la Constitución española para contentar a los votantes… alemanes y hacerles ver que sus esfuerzos no caerán en el saco manirroto de los pigs. No es posible discutir, como aún pretende con graciosa impasibilidad de yogui la ministra Salgado, que la reforma constitucional no esté dictada desde el exterior. Eso sería creíble en otras circunstancias políticas. Pero no bajo el gobierno de un presidente que cuando da cuenta pública de este tipo de medidas lo hace siempre dando entender que sólo es su cuerpo el que está implicado en ellas.

En noviembre hay elecciones municipales en España. Autonómicas a todo tirar. Ya es hora de que se convoquen unas generales verdaderas.

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