16 de junio de 2011

Democracia, ya

La única esperanza electoral socialista está en el 15M. Lo que no quiere decir, por supuesto, que los socialistas hayan organizado el movimiento. Tampoco organizaron la matanza de Madrid, pero es probable que lo que pasó entre el 11 y el 14 de marzo ayudara a su victoria. La aparición de los indignantes constituye, simplemente, un nuevo fenómeno, en un paisaje marcado hasta ahora por la decadencia del Gobierno y las encuestas favorables al Partido Popular. Es difícil prever cómo evolucionará un fenómeno nuevo y su influencia electoral. Para los socialistas es algo parecido al ensayo clínico que le ofrecen al deshauciado. Es verdad que puede acabar de matarlo, pero qué más da, ya. El peligro agravado que los socialistas corren es que el orden público se deteriore hasta un extremo tal que el Partido Popular se perciba también como la única garantía del orden. Y esta hipótesis es más verosímil desde ayer, con el acoso que una cuadrilla de indignantes organizó en las cercanías del Parlamento de Cataluña, continuación de los acosos que tuvieron lugar en el Parlamento valenciano, refinadamente jaleados por la opinión socialdemócrata. La deriva cada vez más violenta del 15M confirma de nuevo el acierto zen del Partido Popular, obstinadamente fiado de que que cualquier hecho, sin tocarlo, acaba volviéndose contra el Gobierno.

Sin embargo, no está escrito que las cosas hayan de evolucionar siempre en el mismo sentido. Podría ser que el candidato Rubalcaba, ministro del Interior aunque no lo parezca, interrumpiera su pasividad irresponsable y aprovechara el incremento de la violencia para reforzar su imagen de macho alfa, y restablecer el orden. Y que una cierta política de palo y zanahoria con los indignantes llegara a instalarse en el ambiente hasta cuajar una imagen de los socialistas como víctimas añadidas de una crisis impulsada por el tenebroso poder económico. Ese es el despliegue conceptual del «no» tajante, y hasta orgulloso, con que el presidente Zapatero respondió ayer a la pregunta de si le preocupaban las consecuencias electorales del 15M.

Como al presidente no le preocupan las consecuencias electorales y, por lógica derivación, morales, mejor que el Partido Popular no espere a proponerse como el partido de la ley y el orden. ¡Hay un espacio electoral vacante! El PP participó de la respuesta timorata, acomplejada y algo indecente con que la mayoría de la opinión política y periodística acogió el 15M: un acto violento desde el primer día, como lo es toda usurpación del espacio público. En estas semanas sólo de la presidenta Aguirre se ha oído una voz firme, inequívoca y democrática. Sería bueno que en su partido corrieran a imitarla. Si no por los buenos principios, al menos por el buen final de Don Tancredo.

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