8 de mayo
La habitual tuentería internáutica ha recibido de muy mal carácter al nuevo lector electrónico de Amazon, aún no ideal, pero ya magnífico y que va a cambiar no sólo la industria de los periódicos sino también la de los libros de texto. Han llamado al kindle “tabla de salvación” o “clavo ardiendo” de los periódicos, utilizando ese tipo de metáforas outlet aprendidas de los periódicos. En la vociferación adolescente (de la que por cierto participan tipos ya granaditos y un punto patéticos, como todo viejo en melenas) los periódicos se han convertido en miembros destacados del eje del mal. Es un fruto tardío de la educación televisiva que la vociferación no vea en el empeño de los periódicos por perdurar (y perdurar significa traducirse a los soportes y lenguajes que sea menester) más que una conspiración de tiburones industriales a punto de tocar fondo.
Sería legítimo que uno sólo quisiera salvar su negocio. Pero en la obstinación de los periódicos hay también la defensa de un orden. Un periódico de hoy (con la selección y jerarquía de sus noticias) es la decantación laboriosa y sutil de muchos años de cultura, no sólo periodística. Frente a ella crece ahora con su espumosidad característica una suerte de posmodernismo para el que el peso de las noticias (al igual que el de las ideas o el de las obras de arte) no cuenta nada. El intento de demolición, como es propio en el negocio posmoderno, no va acompañado de ninguna propuesta que pueda medirse, ni remotamente, con el viejo orden. La gran diferencia entre un periódico y el resto de medios es que en el periódico lo más importante no es necesariamente lo último. El asunto tiene inconvenientes, desde luego; porque para ser redactor de un periódico se necesita algo más que aprender la hora. Hablando claro: la gran aportación del periodismo digital a la jerarquía periodistica del acontecimiento han sido esas portadas así llamadas de los lectores, coronadas con una chica sin bragas o el documento gráfico de un jefazo resbalando y dándose la gran hostia.
Por supuesto que los periódicos tienen gran parte de culpa en este desmán. La irritación que producen los periódicos cuando se advierte el diferente rasero de horror que se aplica a los civiles asesinados por bombarderos norteamericanos, según sea Bush o Obama el que le dé al gatillo, es muy comprensible. Esa diferencia perversa de juicio, ese desprecio de la objetividad ha contribuido más que cualquier otra cosa al descrédito del periodismo. Pero la alternativa que se ofrece en el container digital no es dar a esos muertos una cobertura igualmente digna, igualmente desesperada.
La alternativa es ponerlos entre dos culos y que el lector elija.
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Correspondencias / Juande González Moyano
Excelente, Sr. Espada. Cien muertos civiles en un ataque de Estados Unidos y todo el mundo tan pancho. Jamás pensé que el encoñamiento con Obama llegara tan lejos. Pensaba que sí, que era negro, que sí, que era demócrata, que sí, que antes estuvo Bush, pero que al final era un presidente de Estados Unidos y por tanto a por él, oé. Pero no. Cien muertos y la izquierda, y la derecha, y el centro tan panchos. Y la Audiencia sin abrir causa. Cien muertos. Más que los que ha causado la peste porcina. Por cierto, que algo habría que decir de la OMS. Aquí todo el mundo va a por la SGAE porque quieren cobrar lo que les corresponde. Pero la OMS es una SGAE planetaria que se cuela en nuestras bodas a decirnos que si no nos matan los aviones americanos nos cogeremos una gripe de padre y muy señor mío. “¡Un tercio de la población mundial!”- vocean en los medios -… tendrá mocos. Todo es culpa de Spielberg, créame. Con Tiburón popularizó una trama que después Hollywood ha repetido hasta el agotamiento: un ciudadano solitario advierte del peligro pero la autoridad prefiere no alarmar y salvar la temporada turística. Luego se demuestra que el solitario tenía razón. Así que ahora estamos asediados por organismos como la OMS que pretenden ser ese solitario, esa voz de la conciencia, y los gobiernos están acojonados por no ser el alcalde que ordena mantener abiertos los chiringuitos. Mire a Felipe Calderón, que ha mandado a la gente a casa y ha >Tel sexo sin manoseo. Le juro, Sr. Espada, que empiezo a estar del lado del alcalde que no cierra la playa. Hay que salvar la temporada de turismo. Y sobre todo, si al final no hay tiburón alguno, si al final era un niño con una aleta de juguete, hay que ir al ciudadano solitario, a la OMS y exigirle responsabilidades. Daños y perjuicios: económicos, pero también morales. Y cuidado, que ya he oído que, vale, que el virus no era para tanto, pero que así estamos preparados para lo que ha de venir. ¿Qué pasa? ¿Por qué nos sentimos tan culpables que necesitamos creer que nos dirigimos a una Gran Depresión con Gripe Española? A lo mejor usted o alguno de sus cultivados corresonsales me lo puede explicar. Ya estoy viendo el cartel: “N1H1, mátanos”.
Sigamos todos con salud,
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Correspondencias / Xavier B. Fernández
Excelente artículo. En esto del nuevo modelo de transmisión de la información, el conocimiento y el arte que Internet va a parir abundan tanto los profetas apocalípticos (el mundo se hunde) como los mesías epifanios (es el renacer de una nueva era) y faltan pragmáticos que nosrecuerd en, como usted, que es de idiotas defenestrar el modelo antiguo antes de tener recambio a mano, y en todo caso hay que plantearse qué partes del modelo antiguo vale la pena conservar y contra qué carencias del (aún inexistente) modelo nuevo vale la pena prevenirse. Sólo un reproche. He deducido que aquí plantea usted una réplica a lo dicho por Enrique Dans. Lo deduzco porque le describe usted muy bien (la habitual tuentería internáutica, la vociferación adolescente de tipos ya granaditos y un punto patéticos, como todo viejo en melenas), pero no aporta el pertinente link para que su lector, si así lo desea, compare y juzgue. Me he permitido hacerlo por usted.
Siga usted con salud.
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Correspondencias /Caramueco
Muy acertada su descripción del “modus operandi” de los medios digitales. Sus listas de noticias “más leídas / más clickadas”, avala esa preocupación.
Copio un texto de hace unos días, que da en el clavo:
El portfolio digital de los medios tradicionales
Mito: los diarios clavan sus cabezas en la arena y esperan que Internet desaparezca.
Realidad: Los diarios tomaron hicieron algunas de los más grandes y tempranas movidas en la web, la mayoría resultaron un fracaso y luego fueron arrollados por Google como todo el mundo.
Por cierto, Google es la marca ajena que más se ve en elmundo.es, en plena cabecera, con todo su colorido.
Atentamente,


