22 de abril
Como le dije hace ya varios años a mi editora Pilar Cortés los libros se venderán como la música en iTunes. Por capítulos, por fragmentos. Eso, por lo que respecta a los libros analógicos. Porque los libros digitales ya se escribirán pensando en iTunes y en los buscadores. Obviamente, hablo de libros para adultos: ensayo y otras formas de la faction. La literatura juvenil, novelas y cuentos, seguirá en los libros de papel, que quedarán como el único (y muy relajante) lugar de donde la marquesa seguirá saliendo a las cinco. Esta fragmentación del conocimiento facilitará su extensión, porque las gentes encontrarán con mayor facilidad lo que quieren saber y no perderán tiempo en exploraciones. Y la comunidad internáutica ejercerá sobre el aprendizaje de los individuos la influencia de un ciclópeo maestro. ¡Ya no se darán esas aciagas (y tan literarias) generaciones españolas sin maestros! Como si hubiera habido alguna con.
Esta hipótesis supondrá un avance considerable del saber y del parecer. Aunque lento: el enfoque principal de internet es el de una descomunal televisión a la carta. Es falsísimo, y bien me duele, que los lectores de periódicos se hayan multiplicado exponencialmente. Lo que se ha multiplicado son los ojeadores de periódicos, que se han quitado la hache y los peligros víricos del periódico de todos los bares. Sin embargo, habrá avance. Y dejará en evidencia algunas jeremiadas en las que el último en caer ha sido Steve Johnson, en un reciente y notable artículo del Wall Street Journal: la mitificación de la operación de leer un libro, que él y tantos otros ponen a nivel de la eucaristía. Mucho antes de iTunes ya se leían libros a pares, a nones y al tiempo; se aceleraba el paso por capítulos secundarios para fijarse en el objeto central de las preocupaciones lectoras del instante; y se obviaban esas exhibiciones de musculatura académica, sólo destinadas a asustar al sector crítico del departamento universitario correspondiente, para someter al autor a un exprimido rápido y concentrado. Pensar que por formar parte de la unidad libro toda las ideas vertidas valen lo mismo y que es siempre fascinante recorrer el camino intelectual que las ha producido es una ingenuidad fenomenal. No quisiera caer en una contraria. Pero observar cómo las ideas discuten nítidamente en la red es el ejercicio intelectual más extraordinario que ha podido conocer un hombre. Alguna noche, en mis delirios, lo comparo a que todos los libros de mi biblioteca, animándose, se pusieran de pronto a cortejarse y/o apuñalarse. ¿La muerte del libro? Quia y quia: su resurrección.
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Correspondencias / Vicente Carbona
Dear A:
Muy noble tu insistencia en el futuro del libro y de la tecnología. Sólo un problema. En España no hay mercado, ni presente ni futuro. En un país en el que casi el 50% no lee nada nunca, y del otro fifty, la mayoría sólo lee Marca, el futuro es… mmm… cremoso, como uno de esos nanopastelitos que mencionas. Agregando que un 10%(de los que leen) admite leer o descargarse textos para leer por internet, y un 9% participa en blogs, foros o espacios literarios… pues eso. No viable market share.
Por otro lado, cuando elogias a Google y a su timeline (y otras aplicaciones) te olvidas de que ese mundo funciona… en inglés. Y como España no funciona ni funcionará en inglés, porque antes funcionará en una ensalada de idiomas minoritarios, pues yo no estaría tan happy con el futuro.
Hasta los franceses se han tragado el chauvinismo con elegancia y emiten un excelente canal internacional (France24) en inglés, igual que los alermanes (DW), los qataris (Aljazeera)… y además muchos de ellos (como la BBC) publican noticias también, y muy bien, en español… España es cada vez menos relevante en el escenario internacional.
¿El futuro de España? Same as it ever was. Mientras otras culturas juegan a ganar, aquí seguimos jugando al catenazzio cultural, defendiendo nuestra “esencia” o “esencia de esencias” y todo eso, pero el primer tanto siempre lo marcamos en propia puerta.
Para evolucionar hay que adaptarse y competir con los mejores. En España seguimos empeñados en revivir y corregir nuestro pasado, algo very quixotic, pero quite useless.
Cheers.
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Correspondencias / Enrique Bertrand
Vaya misil que nos lanzas a los que pensamos que la forma de lectura no es inocua y condiciona la organización del conocimiento en nuestra sesera. Tampoco es para escandalizarse por nuestra fidelidad a “le vieux métier”. A partir de la dialéctica “nature/nurture”, es fácil suponer que uno no sale indemne de prácticas que han dominado nuestras vidas desde los 4 o 5 años en adelante.
A pesar de todo, confieso mi neo-entusiasmo por la lectura fragmentaria, hiperenlazada, ultracontextualizada que nos permite la Web. Faltaría más: puro orgasmo de la curiosidad intelectual. Pero respecto a mis viejos hábitos librescos si percibo una falta de densidad -una suerte de osteoporosis- del marco en el que se van encajando los nuevos conocimientos. Una ligereza divertida, y al mismo tiempo endeble. Y también, por qué no, un cierto retroceso respecto a los esquemas racionales, sistemáticos, ordenados que tanto nos costó asentar.
Supongo que habrás ojeado el libro de Christian Salmon, “Storytelling: la máquina de fabricar historias y formatear las mentas”. Yo todavía estoy en el primitivo proceso de su asimilación y digestión lineal, provisto del correspondiente marcador fluorescente (francamente necesario porque entre tanta cita de Barthes, Focault et al. hay que resaltar la mena). Veremos como acaba, pero más allá de los excesos habituales de investigador arquetípico del CNRS, lo que Salmon nos va dejando es la evidencia de que todas estas formas de comunicación atomizadas requieren de un relato, una fábula, que aporte la consistencia perdida. Para Salmon, sin duda una regresión al tiempo de los cuentos, al tiempo del pensamiento mágico frente al orden racional moderno como forma de situarnos ante/en la realidad.
Una generación más de iTunidos, Tuenti-añeros y Meneantes y esta discusión parecerá puramente paleontológica.
Con todo mi aprecio,
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Correspondencias / Pauta-Ángel
Sr. Bertrand, conozco a más de un Tuenti-añero a quien desde luego parecerá “paleontológica” una discusión sobre el libro de Christian Salmon, y que rehuirá ya de primeras como a la peste la lectura de éste si ya le adelantan caritativamente su abundancia en citas de Barthes, Foucault et al., pero que se aproxima a temáticas como la regresión, los cuentos y el orden racional moderno leyendo, pongamos, a Revel et al. A menudo en pantalla.
Saludos cordiales.
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Correspondencias / Enrique Bertrand
Veo que Pauta-Ángel responde a mis comentarios en tu blog. La verdad es que después de leerlo varias veces no sé si discrepa o no de mi punto de vista, pero me gustaría aclarar un par de cosas. Cuando hablaba de discusión paleontológica me refería a la oposición entre lectura ordenada y lineal y lectura fragmentada, y no tanto al contenido del libro de Salmon. La corriente es imparable y la dirección clara: ya no sabemos vivir sin los hiperenlaces.
Respecto al aviso caritativo sobre la aparición de citas de Barthes, mi intención era justamente la contraria a la que comenta Pauta-Ángel: no ahuyentar sino animar a los fragmentívoros de cualquier edad a superar ese escollo inicial porque luego la cosa se pone interesante. Por eso no hurgué en la herida y obvié que, por no salir de la letra B, también están Baudrillard y Bourdieu. ¡La santísima trinidad de la socio-semiología francesa puede acabar con la sangre fría de cualquiera!




