27 de marzo

La vida, según el Evangelio

Me creo a pies juntillas la estupefacción de la directora del colegio de Logroño, cuando se defendía ayer de las críticas que ha recibido por ponerles a los niños un vídeo pedagógico con fetos troceados. La señora Vindel, según contaba ayer el periódico, «argumentaba su defensa apoyándose en el Evangelio y la Santa [sic] Biblia: ‘En ningún momento pensé que fuese antigubernamental, porque yo, directamente, me considero apolítica… Sólo intentamos vivir en el Evangelio.» Claro, que sí. El Evangelio, y ya no digamos el Antiguo Testamento, está repleto de miembros troceados.

La campaña londinense (y luego española) del bus agnóstico que proclamaba «Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida», recogió aquí muchas críticas. Algunas gramaticales, subjuntivas. Muchas de ellas señalaban una contradicción aparente en el eslogan: en realidad son los creyentes los que disfrutan de la vida. Hasta el sagrado maestro Ferlosio se permitió un irónico pecio sobre los que llamó «creyentes en la inexistencia» y los contradijo argumentando que Dios “inhibe” y “quita preocupaciones”. Sólo estoy de acuerdo en el caso del piloto del avión tunecino que se estrelló en Sicilia: se inhibió de actuar, (¡aunque no de rezar!), y por eso el avión cayó matando a quién sabe cuántos inhibidos. Pero que pregunte Ferlosio a la señora Vindel, inquilina del Evangelio, por sus preocupaciones. La religión es inconcebible sin el troceamiento. Hay un abundante rastro icónico, desde los pecadores de El Bosco, medio ratas medio hombres, autodevorándose en el Jardín de las Delicias, hasta la summa varietalis de pezones arrancados de Santa Ágata. Miembros y sangre: la de los tambores de Calanda, que ya se oyen, turbia sangre penitencial atravesando las fechas más siniestras del año; la sangre del cilicio, por supuesto, a toda hora y estación, brotando del mórbido muslo oferente; y las piscinas de sangre de los que siguen a Alá, que cada año ofrecen a fecha fija un cromático cierre a los telediarios.

La pedagogía practicada por la señora Vindel en la provincia de Logroño no presenta grandes novedades. Mentiras. Violencia. Mentiras. Terror. Mentiras. Es revelador que la llamada Asociación Provida haya comparado el proyecto de reforma de la ley del aborto a un acto de pederastia. Porque lo realmente indiscutible, por los siglos de los siglos, es que la religión sigue abusando de los niños. Como Walt Disney, si quieren; pero abusando.

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Cortesías


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Correspondencias / Tse

Estimado Arcadi:

Veo que comenta el vídeo con fetos troceados y su exhibición. Sólo quería comentarle que los “niños” que recibieron la clase teórica tenían, al parecer, 14 y 15 años. En el caso de las “niñas”, estarían, conforme al proyecto igualitario, a uno o dos años de poder tomar la decisión de abortar por sí mismas. A mí el asunto me parece bastante asqueroso, y comparto gran parte de lo que dice. Sobre todo, no creo que la maestra estuviese conforme con aplicar un realismo tan extremo en el resto de su labor pedagógica (no vea la de proyectos educativos que se me ocurren). Pero no está de más que nos pongamos de acuerdo sobre qué es un niño.

Un saludo

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Correspondencias / Juan Abreu

Mi estimado Arcadi, sí : mentiras, violencia, mentiras, terror, mentiras: la cosa religiosa. Ah, perdón, también va de aniquilamiento de excelsa belleza. Acabo de regresar de Madrid, donde acudí a pasearme entre los mármoles del Albertinum de Dresde que visitan El Prado. Copias romanas de Práxiteles, Fidias, Policleto, entre otros escultores cuyas obras originales fueron destruídas por la barbarie cristiana. A mí la destrucción de la Afrodita de Cnido me parece un crimen imperdonable. Que te voy a decir. La deuda de estos fulleros fanáticos con la humanidad es grande.

Ahora les ha dado por agitar trozos de fetos en las escuelas. Poca cosa.

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Correspondencias / Carlos Gómez

Estimado Arcadi:

Unos científicos han dicho: “El momento en que puede considerarse humano un ser no puede establecerse mediante criterios científicos; el conocimiento científico no puede afirmar o negar si esas características confieren al embrión la condición de ser humano. Esto entra en el ámbito de las creencias personales, ideológicas o religiosas”. Yo estoy de acuerdo con ellos (y con Savater) en este punto. Pero supone el reconocimiento implícito de que quienes defienden el derecho al aborto se basan en la fe tanto como los que lo niegan.

Saludos

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Correspondencias / Javier Antón

Estimado Arcadi. En el asunto del trasunto entre feto humano y ciudadano no veo una transición clara. Sí veo que el dichoso ¿documental? que les hicieron tragar a los imberbes ha generado gran polémica en las hordas y las ondas. El que se muestren imágenes de fetos nonatos mezclados con fetos (feos - obsérvese el rictus) de humanos nacidos y crecidos de profesión Político es lo que parece ser escandaloso. El nonato podría decir -si creciera-  “Yo soy yo y mi circunstancia” o la trágica “¡Has matado a Beethoven!”.

También, qué ejercicio de hipocresía la de algún espécimen del alumnado, quejándose de la dureza de las imágenes. ¡Ellos! que se tragan con fruición cualquier basura gore que regurgitan sus medios.

En realidad, lo que me parece poco ético es que los fetos se muestren en clase de Religión o de Ética; Deberían mostrarse en clase de Ciencias junto con las ranas y hablando de regurgitar, las egagrópilas de los búhos. Los alumnos ya están en edad de ver un cuerpecillo humano o inhumano según la fase.

Un abrazo.

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Correspondencias / Germán Bunes

Querido Arcadi:

 

La truculencia del lenguaje simbólico de los textos revelados no sería más que un espejo en el que contemplarnos atentamente.Descontado que toda revelación es una superchería, el éxito objetivo de  textos supuestamente revelados  que se distinguen por lo cruento de la simbología elegida “revela”  las miserias de nuestra condición.

 

Luego está la truculencia incontestable de los hechos. Algunas de las más refinadas y atroces formas de encarnizamiento del hombre contra sí mismo nos las ha proporcionado históricamente el hecho religioso. Frente a esta circunstancia incontestable es frecuente que se esgrima lo que podríamos  denominar el contrapeso de las madres teresas.  Ya  sabe,  la inquisición ocurrió porque la Iglesia la forman hombres que cometen errores, pero, ay, la Iglesia es indudable obra de Dios porque alienta comportamientos humanos generosos, sacrificados y filantrópicos.

 

Por terminar, lo más chirriante del episodio del colegio de Logroño es que una institución cuyo objetivo sea vivir en el Evangelio sea una institución de enseñanza. Aún.

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Correspondencias / Bartleby

 

Estimado Arcadi:

 

Ya que hablamos de cuerpos troceados y tiempos troceados (plazo legal del aborto y momento en que el feto es considerado bien jurídico protegible), pasemos a trocear la sintaxis. La denuncia ferlosiana de los «creyentes en la inexistencia» vale si es puntual y festiva, o sea excepcional, pero si se toca a generala con ella y extiende a días laborables huele a consigna religiosa de signo inverso, como de hecho sucede. Entonces ese diktat de silencio no es más que el huecograbado del dogma religioso. Los primeros interesados en esa operación son los gestores de los creyentes (religiosos, los de toda la vida), más que ellos mismos y con doña Vindel como abanderada por un día. Quieren que los descreídos se inhiban. Inhibidos y despreocupados de Dios, como les llama Ferlosio, serían como cautivos y desarmados. Pero no desocupados, que la libre acción del descreído y no su condición es la cuestión.

 

Saludos, Bartleby.

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Correspondencias / Aulet

  

 

Estimado Arcadi:

 

El aborto es de los temas que parece obligar al personal a posicionarse en el grupo “en el que toca”. Debemos ser pocos los asiduos de tu blog a los que ni nos gusta la barra libre que es ya el aborto en nuestro país, ni nos gustan las campañas como la del colegio de Logroño (aunque nos falten muchos detalles). Coincido con Javier Antón: no es tan diferente de lo que se ve en TV. Es un tema íntimo y desagradable para quien lo pasa. Dado el estado de opinión, nadie va a explicar las consecuencias psíquicas del aborto. Vamos demasiado deprisa para pararnos a ayudar con discreción a las mujeres que se ven envueltas en el mal trago, pero ocurre.

 

No se le escapa que la mayoría de abortos lo son por el “tercer supuesto”  Pregunte a algún ginecólogo que conozca sobre los argumentos para ese supuesto. Tampoco se te escapa que, si no se hace nada, la gestación produce un ser humano completo. Y ¿Qué me dice de la decisión de no abortar que tomo  la Sra. Angela, madre de Albert Boadella? (Memorias de un bufón, p 21-22) .

 

Instalados unos y otros en sus  posturas inamovibles, siempre viene bien recordar el testimonio de uno de los principales activistas americano pro-aborto, que ademas tenia experiencia personal (Nathanson BN. Ambulatory abortion: experience with 26,000 cases .N Engl J Med. 1972 Feb 24;286:403)  Su cambio de “bando” es impactante, pero todavía lo es mas su testimonio de cómo manipular a la opinión publica, aspecto que sin duda le interesará.  

 

Dejemos para otro dia el Evangelio

Salud

 

 

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Correspondencias / ARyC

Caramba, amigo Arcadi, qué violencia, me deja usted perplejo. Uno puede apreciar más o menos los efectos de las religiones sobre la humanidad, pero no debería rascarse con tanta violencia cuando le pica. Claro que el Evangelio no está repleto de miembros troceados y claro que hay cristianos –y no cristianos- que se expresan de forma tosca. El Evangelio aspira a que no se troceen miembros, pese a todos los que se han troceado en su nombre (y en el de cosas más excelsas a nuestros ojos, como la libertad, la igualdad y la fraternidad).. Una forma humana de manifestar que no aspiramos al troceamiento es mostrar sus efectos, por muy brutal que resulte. Mostrar el troceamiento de fetos tiene algunos defectos pero una virtud fundamental: que elimina el gran soporte intelectual que tiende a justificar la consideración del feto como algo no-aún-humano; tal soporte intelectual, sofisticado donde los haya, no es otro sino el “ojos que no ven corazón que no siente”, y este troceo nos coloca delante de la comprobación de si ojos que sí ven corazón que sigue sin sentir.

 

Tanta rabia contra Dios y las religiones es inaudita, y permítame que le comunique mi pálpito: ¿no revelan una cierta falta de reflexión y/o de maduración personal al respecto? Nuestros ateos del autobús, entre los que no sé si usted se encuentra, no hacen con su frase sino revelar su impresionante empanada mental. Creer a estas alturas que la tranquilidad o intranquilidad para vivir la proporciona la existencia o inexistencia de Dios es volver a la dicotomía Dostoieski-Ferlosio de si es sin Dios o con Dios cuando todo está permitido. Lo que NO permite todo no es Dios o no Dios, sino la coexistencia con el resto de humanos, la vida en sociedad e incluso la mera consciencia de sí mismo.

 

Las reglas para posibilitar tal convivencia se empezaron a formular cuando aún vivíamos en hordas; tales reglas fueron en su momento normas positivas pero su consolidación, su “éxito” desde tiempos tan lejanos, tan antropológicos, así como su –aún- vigencia, las han transmitido hasta nosotros como una especie de “leyes naturales”, que en su momento precisaron ser avaladas por algún poder coercitivo incontestable como “leyes de Dios”, e incluso en algunos casos convirtiéndose en tabús de imposible y abominable trasgresión.

 

“¿Mentiras, violencia, mentiras, terror, mentiras”? A Dios lo inventó nuestra antropología y tales “leyes naturales” idem de idem, ¡saque usted ahora eso de la cabeza, de las neuronas, de las culturas de miles de millones de humanos! ¿Qué quiere usted que haga el piloto del avión en vez de rezar: leerse el manual de instrucciones? ¿Se quiere usted hacer mala sangre por ello? Es su elección, pero por favor, Arcadi, no nos provoque usted estos sobresaltos, que pueden ser evitados mediante una simple reflexión.

 

Le ocurre algo parecido a su vecino de página de ayer, David Torres. ¿Tan problemático les resulta volver a replantearse las preguntas que nos hicimos y creímos liquidar a los diez y nueve años? Anteayer decía Cayetana Guillén en su columna, cargadita de razón, que “Benedicto no usa condón”: oh, bendita adolescencia perpetua, lo feliz que nos hizo durante tanto tiempo; pero amigos, Arcadi, Torres, no podemos permitirnos tales bobadas si lo que queremos es hablar con una mínima seriedad y una mínima probidad intelectual.

 

Dice Torres que el cristianismo confunde a los linces con los niños y a un niño con un feto: yo mantengo que una vez que a un periodista se le ocurre una noticia o una frase brillante ya no hay forma de que la realidad o la reflexión le muevan a descartarla. A David Torres también parece picarle y se rasca desaforadamente. David Torres debería decirnos cuándo, en qué momento aparece la dignidad humana reclamada como “intrínseca” por la Declaración de Derechos Humanos: ¿en el momento del nacimiento? ¿un minuto antes, una hora antes? ¿un mes, cuatro meses antes? ¿cuando empieza a desarrollarse el cerebro del feto? ¿cuándo, cuándo se implanta el “alma laica” que nos hace humanos? Dele David Torres y quien quiera darlas tantas vueltas como desee al asunto, pero la única respuesta sensata que nos permite el desarrollo actual de nuestros conocimientos es que la especie humana empieza en el momento de la formación del ADN individual, momento que no es otro sino el de la conjugación de los ADNs del óvulo y el espermatozoide en el nuevo zigoto. ¡Mala suerte, joer, tenemos que volver sobre los pasos que dimos a nuestros diez y nueve años y volver a digerirlo todo!

 

Y volviendo, volviendo sobre nuestros diez y nueve años, tal vez no nos escueza de forma tan sangrante  mirar a la cara a nuestras descreencias, de las que no hay por qué desdecirse sino sólo contemplarlas directamente a la cara, y concluir, por ejemplo, que NO es verdad que “la difusión de la palabra divina haya estado basada casi exclusivamente en la imagen de un pobre hombre torturado, abofeteado, escupido, martirizado y clavado en una cruz”, sino “en la imagen de Dios torturado, abofeteado, etc”, mal que nos pese, ateos de nosotros, aunque no veo por qué habría de pesarnos. No un pobre hombre, sino Dios convertido en un pobre hombre como nosotros. ¿O es que se creen ustedes, Arcadi, Torres, que aquí lo que opera es la Verdad cogida con pinzas y observada al microscopio? Lo que opera, lo que ha operado históricamente es esta imagen del Dios hecho hombre, ésta es la Realidad, el “escándalo para judíos y locura para griegos” a que aludía Pablo de Tarso y que a nosotros ni nos roza. No nos roza porque pretendemos que nosotros ya hemos coronado el objetivo que el primer ejemplar de la especie homo –o quizá el último ejemplar de la especie antecesora- buscaba con su mutación cromosómica, con su mordisco de la manzana: nosotros presumimos que ya nos hemos hecho como dioses y, como tales, los avatares del vulgo, de los miles de millones de humanos, nos parecen risibles, vituperables, despreciables: “Mentiras. Violencia. Mentiras. Terror. Mentiras”, “Benedicto no usa condones”. ¡Joer, pero qué listos que somos!

Un cordial saludo,


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Correspondencias / Yolanda Martín

Estimado Sr Espada,

Me aterroriza escribirle porque al hacerlo, me expongo a que encuentre mil deficiencias en estas letras, pero es fuerza mayor. Por dos asuntos.

El primero de ellos: su minuciosa descripción de los croissants y otras delicias de Sacha, me llevan a coger mañana un avión a Barcelona y taxi directo a ese templo tan glosado en sus artículos. Mi marido, que le sigue con fervor, considera imprescindible esa visita. La disfrutaremos a su salud…

Segundo asunto: Hace poco recibí la visita de una amiga y de “la amiga de mi amiga” desde Barcelona. La segunda, antes de venir y tal y como me confesó, se había preguntado si iba a poder congeniar conmigo ya que “al ser de origen valenciano, pero no hablar catalán, yo me pregunté si serías facha”. Lo normal, claro, lo normal.

Estupefacción. Por el sistema mental, por ese encadenamiento al razonar. Como si estas cosas, la política, las afinidades, las ideas, fuesen cuestión aritmética.

¿Sociedad enferma? Le recomendé hacérselo mirar.

(Todo esto sucedió una tarde en Madrid, que muere por facha según ella)

 

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Correspondencias / Molibdeno Molar

Zapatero, ayer, en en el acto de entrega de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio al actor Manuel Alexandre:

“De la mano y de la voz de un actor o una actriz, de un director o una directora, de un escritor o de una escritora, las palabras que piensan con el corazón y a él deben rendirle cuentas se extienden por todos los rincones de la Tierra, igual que llega en este lado del mundo la primavera o amanece el otoño en el otro lado, dándole continuidad al tiempo y, sobre todo, dando continuidad a los sueños de los seres humanos, continuidad a la historia.”


Discurso completo


Guadaña sideral

Piedad y Letras

Viejos semidesnudos

En Trípoli

Lamelibranquio Tsé-Tsé

 

FIAT LUX

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Correspondencias / José Peláez

Pues qué le puedo decir que Vd. no sepa, D. Arcadi. Acabo de leer alguna de las lindezas a Vd. dirigidas con motivo, pretexto u ocasión  de su reciente entrevista en el periódico Avui. Ya sabrán a qué juegan los amos - perdón, el amo - de ese medio de noticias; pero creo que han subido la cotización de Vd. todavía unos cuantos enteros más, con lo que el tiro les vuelve a salir por la culata. Le diría, con todo respeto, que no pare en esos gozques, porque no dan más de sí. Lo malo de cualquier nacionalismo es que siempre es la mierda la que flota y se coloca arriba, más arriba, en las supremas altura de la inepcia, la idiocia y la anomia moral y de todo tipo, incluso estética: porque hay que ser burro y duro de mollera para ser nacionalista, si se ha nacido en España, mágido lugar donde todos somos hijos de cien padres, y padres de otros tantos hijos.

Lo único que me molesta, pues mi apellido anda por  Cataluña hace unos pocos cientos de años, es que una patulea, una caterva de imbéciles pueda dedicarse a decir quién es o no es de tal o cual tribu…(como los alemanes de nuevo cuño que florecieron en el siglo pasado y se deidicaron a perseguir a las familias judías que llevaban siglos y siglos antes que ellos en suelo germano). Mi estupefación llega al limite cuando algún personajillo adjunto a un bigote se convierte en salvapatrias familiar…me pasa como al judío del Decamerón: yo quiero ser como éstos cuando sea mayor porque si éstos aguantan es porque Dios está con ellos.

Un cordial y atento saludo, como siempre.

 

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