17 de marzo
Correspondencias / Carlos Gómez
La Conferencia Episcopal hace trampas. Es como si en una campaña contra el racismo pusieran a Zaplana recién salido de los rayos UVA en lugar de a un negrazo aterrador con pinta de caníbal. Es cierto que en las fotitos de arriba ponen embriones y fetos, pero tendrían que haber puesto bien grande un feto de 13 semanas, sanguinolento y asqueroso, con síndrome de Down a ser posible, y si le faltara una mano mejor todavía, que tuviera pinta de estar a punto de saltarnos a la cara y gritar ¡Hijos de puta! ¿Por qué no me miráis a los ojos?
La gente cree despreciar los fetos por razones tan estrafalarias como que no tienen conciencia; a nadie se le ocurriría despreciar al lince de la foto por ese motivo. En realidad el motivo es que son feos. Feto es sinónimo de “persona muy fea”, según el diccionario, y no se puede esperar otra cosa. Pero hay que afrontar los hechos, cosa que no hace la Conferencia Episcopal. Lo peor es que da la impresión de que a ellos también les dan grima los fetos, que no los consideran suficientemente valiosos como para enseñarlos a las visitas; que en realidad les importa más perseguir a los pecadores que proteger a las víctimas.
Correspondencias / Antonio Donaire
Estimado Sr. Espada:
Creo que la Conferencia Episcopal hace, efectivamente, trampas. Pero Carlos Gómez tampoco concluye su razonamiento con todas sus consecuencias. La Conferencia Episcopal debía “haber puesto bien grande un feto de 13 semanas, sanguinolento y asqueroso, con síndrome de Down a ser posible, y si le faltara una mano mejor todavía, que tuviera pinta de estar a punto de saltarnos a la cara”, pero, el feto feo debería gritar, simplemente: ¡Puta! Y más aún: ¡Asesina! Esto es lo que, quienes siguen el razonamiento anterior, tendrían que atreverse a decir. ¿Por qué no lo hacen?
Saludos
Correspondencias / Germán Bunes
Querido Arcadi:
Anuncia el Gobierno que la deuda histórica del Estado para con Andalucía queda fijada en 1.200 millones de euros.
No es que arda en deseos, pero sí noto que algo se me tuesta a la espera de conocer su opinión sobre semejante cálculo y semejante concepto.
Coincidirá conmigo en que el calificativo “histórico” ejerce un extraordinario desgaste del sustantivo al que califica. Da lo mismo que sea deuda, derecho, memoria…, el caso es que, más que calificar, masturba de modo inmisericorde al sustantivo. Como diría una querida amiga mía, le saca el juguillo. Exprimido una y otra vez, el sustantivo queda con una tal dosis de anemia que cuatro cajas de Pharmatón Complex no lograrían recuperarlo.
Por esa razón “histórico”, como “democrático” y otros muchos, resultan términos tan queridos para la clase política. Si uno se fija, está claro que la actividad más característica de los políticos en tiempo de principalía de los media es la masturbación de las palabras. Mamporreros ante las cámaras de los viejos conceptos, eso son; y ayudados de modo inapreciable por una profesión periodística más militante y disciplinada que nunca, que rara vez cae en el feo vicio de analizar las majaderías que se cocinan en las ejecutivas como mensajes de impacto o explicaciones de lo inexplicable.
Desprovistas de contenido, las palabras son susceptibles de permutas y combinaciones libérrimas. Superados los engorrosos corsés conceptuales, se alivia también el ascenso – siempre difícil – por los riscos de la sintaxis. A la producción constante de declaraciones públicas le resulta feliz ese aligeramiento de la tarea que no menoscaba la rimbombancia.
“Histórica” deja a “deuda” tan rebajada de sustancia que puede aplicarse a una realidad que no guarde la más remota conexión con su contenido verdadero sin que la apariencia de rigor se desplome, al menos a primera vista. “Hemos salvado los muebles”, piensa el ufano el creativo. Si es por rigor, “Queda fijada la deuda histórica del Estado con la Comunidad Autónoma de Andalucía en 1.200 millones de euros” no sufriría merma perceptible al ser completada: “Queda fijada la deuda histórica del Estado con la Comunidad Autónoma de Andalucía en 1.200 millones de euros. ¡Y viva la virgen de Guadalupe!”. Rimbombante, ecuménico, gratuito.
Tiempos confusos para las palabras.
Un abrazo




