28 de enero

Tengo una down’s quota para usted

La pudibundez y la “ternura” (lo pongo entre comillas porque quieren decir compasión) de los medios escritos no les debe de permitir reproducir por escrito la intervención real de la joven Izaskun en ese programa televisivo de preguntas, cada vez más sonrojante y descomunal. La joven, enferma de Down, le dijo al presidente que no ve personas como ella entre los diputados y le conminó a resolver prontamente la discriminación. «Le mando mi currículum», zanjó la joven. Y el presidente asintió e incluso le impuso sus manos. Fue el momento álgido (hielo y fuego, cima y subsuelo) de ese hórrido programa de televisión, metáfora perfecta de la televisión pública, es decir, de la sintaxis pública y de la moral. Y lo fue también, señaladamente, por la actitud del presidente Zapatero, que oportunamente se hizo el tonto. Es decir, no le contestó a la muchacha que los diputados no pueden tener síndrome de Down, como también les pasa a los camioneros o a los espías; o, en su defecto, que el partido socialista estudia la inclusión de la Down’s quota en la confección de las próximas listas electorales. Ni lo uno ni lo otro; el presidente la trató sólo con cariño, al igual que los periódicos. Esos cariños que ofenden.

Como hizo, por lo demás, con el resto de preguntas, aunque no las hicieran ciudadanos aquejados de enfermedad mental alguna. Porque qué va a hacer uno (incluso uno que sea presidente) cuando le preguntan si el embrión o el feto son un ser humano o hasta cuándo va a durar esto, siendo esto la crisis económica y preguntándoselo al que se lo preguntan. Habla, pueblo, habla. Siempre preferiré el cinismo (probablemente apócrifo) de María Antonieta: «Si tienen hambre que les den croissants.» La humillación de la reina me parece de un nivel mucho más soportable que la que practican los gestores de ese programa. Baste ver, por ejemplo, cómo los disfrazan, vistiéndoles de pueblo, mientras las autoridades, o sea el presentador y el presidente visten con la corrección (envarada o no: ése es otro asunto) del que se exhibe ante los otros en una ocasión respetuosa.

El descalabro, en estas circunstancias, está cantado. El formato de semejante farsa no permite distinguir si se trata de una entrevista, de un baño de masas o de un mítin. Sólo se sabe que impera la podrida retórica de la convicción. O sea los ojos del presidente face to face, proclamando que ningún niño palestino morirá por balas españolas. Ni siquiera mintiendo. ¡Ojalá!: la mentira es un grado. Solo sentimentalmente tonteando.

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Correspondencias / Miguel Ángel Pantoja

Sr. Espada:

En su columna “Tengo una down’s quota para usted” reprocha a Zapatero que no contestase a Izaskun Buelta que “los diputados no pueden tener síndrome de Down”. Pero la Sra. Buelta no sugirió eso en su pregunta. Ella se refirió al porcentaje de puestos de trabajo reservados legalmente para minusválidos. Y a que creía que no se cumple dicha previsión porque “cuando veo en la tele el Congreso de los Diputados no veo a nadie trabajando con síndrome de Down”. El contexto dejaba claro que se refería a ujieres y otros auxiliares, no a los diputados.

En mi opinión es erróneo sugerir que Zapatero, a consecuencia de su buenismo incurable, evitó darle a la Sra. Buelta la mala noticia de que con su síndrome de Down no va a poder optar a todos los trabajos. Con toda probabilidad, eso Izaskun lo sabía antes de ir al programa. Y está fuera de lugar hablar de una hipotética “Down’s quota” en las listas electorales, se opine lo que se opine de la cuota de sexos ya establecida.

Esta vez su columna tiene una base muy débil. Y usted tiene una magnífica oportunidad de reconocerlo y, lisa y llanamente, reescribirla.

Atentamente

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Correspondencias / Manuel Jabois

Querido,

Esta mañana salimos usted y yo de la mano al ruedo. Y ésto publiqué en el periódico, párrafo final. Disculpe la petulancia con la que me acabo de levantar: también tenía hambre, y también comí croissant.

“(…) Hubo otro momento no menos esplendoroso cuando una joven con síndrome de Down hizo una pregunta. España es un país afectado y en cierto modo estúpido. El público se puso bobalicón y Zapatero adoptó cara de «te estoy prestando el máximo interés del que soy capaz». Al acabar de hacer la pregunta el público rompió a aplaudir. España, en general, es un país que aplaude. Cuando el Rey casi se mata escaleras abajo también se echaron palmas. Visto bajo esa perspectiva más palmas merecían otras preguntas, pero hay síndromes que van por dentro. Lo curioso es que tanta atención prestó Zapatero a la chica hablando del porcentaje de gente que trabaja en el Congreso con síndrome de Down, y tan trabajosamente fue subiendo el tanto por ciento, que por un momento pareció a punto de prometer la paridad en el Gobierno. Hubiera sido un golpe de efecto escandaloso”.

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Correspondencias / Carlos Gómez

Estimado Arcadi: Imagino que leyó esta noticia. Me queda la duda de si el presidente no sabía que hay un chico con síndrome de Down que trabaja en el Congreso, o no quería echarle un capote al PP. Por lo demás, me temo que el ejemplo muestra claramente que imponer cuotas para las mujeres es tratar su sexo como un síndrome. No sé si es peor eso, o que haya que imponer cuotas para que los Down tengan un trabajo. Es difícil que se les considere personas cuando la ley despenaliza su aborto. Por ahí habría que empezar, por reconocerles el derecho a ser abortados al menos como los demás fetos: por la voluntad de otros, y no por sus características.

Saludos

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Correspondencias / Ana Nuño

Querido croissantero:

Como a todos nos gusta comer bien, o sea comer a la francesa, te recuerdo que el plato fuerte de la demagogia imperante -hojaldrado de “ternura” con relleno de cariño que no osa decir su verdadero nombre y coulis de víctima fresca- sigue siendo obra de un galo: “La tentación de la inocencia”, de Pascal Bruckner.

Las tetas de Tiresias de esta tentación, más ricas que las gallegas, se llaman infantilismo y culpabilización. En Francia llevan más de dos décadas mamando de ellas; aquí, donde se llega siempre tarde y mal a todo, en vez de dos opíparos pechos, nos conformamos con la versión fast food: un par de cejas.

Por cierto: lo habrás leído ya, pero la “Reivindicación del queso” de Cuartango es una delicia. Sólo le faltó recordar lo que dicen los franceses de los quesos que “huelen mal”, algo que sin duda ofende la nariz de nuestros tiernos infantes: “Ça sent les pieds du bon Dieu”. Dicho, claro está, sin ánimo de ofender a los ateos.

Un abrazo

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Correspondencias / Pedro

Estimado Arcadi,

En relacion a su articulo de hoy, y estando totalmente de acuerdo con su postura, creo que el problema va mas alla. El verdadero problema que se hace evidente en un programa como el del otro dia es que ni uno (el presidente) es capaz de afrontar la realidad y los problemas tal y como son (ni tampoco quiere), nilos otros (el pueblo) tienen la capacidad de asimilacion ni el interes de escuchar la verdad.

El problema de nuestra sociedad, y Zapatero lo conoce, lo explota y ademas comulga con ello es que nos prometieron en su dia cafe y pan para todos sin tener que esforzarnos o luchar por ello. El socialismo y Europa en general confundio la libertad y la igualdad de oportuninades con la idea de que todos somos iguales, y esto ultimo no es cierto.

Tenemos las mismas oportunidades, pero no somos iguales.

Los hay altos y atleticos y juegan en la NBA y los hay bajitos y con gafas que no podemos jugar alli, peor todo el mundo acepta que si eres bajito y con gafas no puedes jugar en la NBA y no pedimos una cuota de bajitos por ley en aquella liga.

Asi, con esta idea de que todos tenemos que tener lo mismo por ley nacieron disparates como la ley de igualdad, (su famoso ministerio) y las cuotas, limitando las oportunidades de todos notosotros y amputando las posibiliades de la sociedad. Acaso se quejarian las mujeres si hubiera un gobierno compuesto en un 100 % de mujeres? lamentablemente por ley eso es imposible.

Pero esta idea ademas nos hizo debiles porque ya no hace falta tener aptitudes y habilidades para lograr un puesto, que eso requiere trabajo, ahora solo hace falta ser de la minoria o grupo adecuado, y mas aun, hemos llegado al esperpento de que simplemente por existir el estado nos tiene que dar. Este ultimo hecho hace que volviendo a su articulo el presidente ni quiera ni pueda decir verdades a los ciudadanos. No puede decirle a la joven enferma de Down que no puede estar en el congreso, ni tampoco puede decir la verdad en materia economica, porque eso seria reconocer que no todos son iguales en resultado por decreto sino que todos son iguales en el inicio, en las oportunidades y libertades, pero que sino te esfuerzas te quedaras en el ultimo puesto del peloton, como le ha ocurrido a España en el ambito internacional.

Muchas gracias por sus articulos y comentarios.

Un cordial saludo

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Correspondencias / Santiago Navajas

Respecto a su entrada de hoy en el blog, que acabo de leer a estas tardías horas, me ha hecho pensar en Levitt y en Sloterdijk.  El primero conjeturaba en su libro de divulgación económica “El economista camuflado” que la despenalización del aborto en EE.UU. había sido un factor decisivo en la caída de los índices de delincuencia… veinte años después.  Los que si hubieran nacido se habrían convertido en criminales, al pertenecer a entornos genéticos y culturares proclives a la delicuencia, habían quedado petrificados en el limbo de lo que pudo haber sido y no fue.  Una hipótesis tan arriesgada y antipática habría sido rápidamente abortada en la mente de un científico social español,me temo.  Por otro lado, Sloterdijk la armó hace una década con su escrito “Reglas para un parque humano” , en la que el meme de la eugenesia platónica volvía a introducirse en el debate occidental con el horizonte puesto en la ingeniería genética.

La ley del aborto en España está sirviendo a ese proyecto, más espontáneo que dirigido me da la impresión, de eugenesia:  la población con síndrome de Down está disminuyendo radicalmente .  Pronto no habrá Izaskunes.  Debido a la ingeniería genética y a la selección de embriones el número de personas con todo tipo de taras, físicas o mentales, se verá reducido a su mínima expresión. Ahora que lo pienso tampoco nacerá un tipo como yo.  ¡Qué interesante!

Good night

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