8 de diciembre
«Grito histórico», dice el diputado Joan Tardà para justificar su muera. Qué manera de complicarse la vida, cuando le habría bastado con decir «grito histérico» y todos le habrían entendido y olvidado. Al poco rato de haberse desbravado en la plaza ya estaba chapurreando la historia para ver por dónde salirse. Como había dicho «¡Visca la República, mori el Borbó!» (tanto les importa el Rey que le traducen hasta el apellido), empezaron por el principio: «El republicano se apresuró a puntualizar anoche», escribía este diario, «que el lema antimonárquico con el que cerró su discurso se utilizaba comúnmente como proclama durante la Guerra dels Segadors’ del siglo XVII.»
Comúnmente. Sí se habló de República hacia 1640, cuando el capellán Pau Claris la proclamó; aunque sin concretarla, como suele ser habitual en las repúblicas catalanas y en lo catalán en general. El atrevimiento intelectual de Tardà al vincular esa nonata república (al estilo de las mediterráneas) con la que el, tan modernamente, encarna ya era notorio. Pero lo realmente estupefaciente afectaba al Borbón. Porque mientras Pau Claris proclamaba su República, y durante toda la Guerra dels Segadors, en España reinaba Felipe IV, el macilento. De la Casa de Habsburgo. Un Austria.
Cuando al día siguiente Tardá despertó el Austria, con sus bigotes y su melancolía, seguía allí. Apresuradamente el diputado llamó a las agencias y dijo que el grito histórico era de cuando Felipe V y a la guerra de Sucesión. Bien, es cierto: entonces había Borbón. El problema es que no había República. La Guerra de Sucesión española (y por tanto catalana) no luchaba por un Borbón o una República (aunque fuera feudal), sino por un Borbón o el Archiduque Carlos de Austria. Otro Habsburgo.
Por lo tanto al diputado Tardà o le ha faltado República o le ha faltado Borbón. Quién lo diría en tipos tan sobrados de semejantes hechuras. No existe el grito histórico «¡Visca la República, mori el Borbó!» De no ser por la sombra del fiscal del Estado quizá el diputado Tardà no le quitaría méritos a su creatividad. Aunque no estoy del todo seguro. Al fin y al cabo se trata de gente humilde que antes que el brillo personal prefiere el sometimiento a la santa tradición patriótica, es decir, que prefiere ser hilillo de ese patchwork, diseñado por el delirio, donde Pau Claris camina del brazo de Lluís Companys, los segadores de 1714 luchan a muerte contra el Juan del cuatrocientos y el coronel Macià, del Ejército español, ordena al abogado Rafael de Casanova que tome Prats de Molló, entre grandes desfiles de remences, nyerros y cadells.
No invento el patchwork. El diputado Tardà tiene un blog y ayer escribía del caso. Le traduzco parte de su nota: «Hay quien considera que acabar un mítin gritando «Visca la República, mori el Borbó» es freaky. Ya es hora de cuestionar la razón por la que nos hemos dejado robar las palabras. [!] Es curioso, más academia, más cultura, pero menos espacio para la metáfora [!!]. Cuál sería la adecuación a nuestros días de la otra [!!!] exclamación popular de la historia del país: «Visca Macià, Mori Cambó». Seguro que el que lo gritara sería acusado de freaky. Y los jóvenes que al cabo de parar a los fascistas en Barcelona en julio del 36 ya estaban en Aragón. ¿Eran también freakys?»
Esto es lo que hay, gramática y moralmente. El nacionalismo. Un comic marvel, donde el hombre-masa, y su cerebro, ejecuta siempre el papel estelar.
Correspondencias / Teresa Barjau
Buenísimo, señor Espada. Ha dado usted en el clavo. Esa celebración de la Constitución more entierro de la sardina era ya muy elocuente. Pero a mí me interesa desde hace días otra cosa que usted publicó. ¿Para cuándo más información sobre el padre del señor Mas y la evasión fiscal? Un saludo.
Correspondencias / Antonio Donaire
Estimado Sr. Espada:
A propósito de la gramática y la moralidad del grupo ERC, me permito recordarle algo que, en su tiempo (hace tres años, no en el XVII), no se dijo o muy poquito, acerca de las conclusiones que, sobre el 11M, dicho grupo realizó ante el Congreso de Diputados.
Le recuerdo también que, según las conclusiones oficiales de todos los grupos, sentencias, etc. hubo 191 muertos el 11M. Además, se incluye posteriormente en la lista, al GEO que murió un mes más tarde en la casa de Leganés. Luego en todos los escritos son 192 muertos los habido como consecuencia del 11M.
ERC escribe (conclusiones oficiales en el Congreso de Diputados) 194 muertos. Le adjunto el documento y resalto lo que es no sólo “gramatical y moralmente” resaltable, sino también aritméticamente. Agua va.
- Página 20.
“El 11 de marzo representa algo más que un atentado con más de 194 muertos y más de 1400 heridos. Representa un punto de inflexión inédito en la situación política actual.”
- Páginas 21 y 22:
“La situación desencadenada por el atentado del 11-M también provocó otras victimas colaterales que no por ello de menor importancia. A los 191 muertos iniciales hubo que añadirle la de Francisco Javier Torronteras, GEO fallecido el 3 de abril en la explosión de Leganes producido por el suicidio colectivo de algunos de los autores del atentado del 11-M. La muerte de Torronteras debe ser objeto de una investigación exhaustiva. Algunas informaciones apuntan que podría haberse evitado porque se tenía constancia que los suicidas se estaban despidiendo por teléfono de sus familiares y podía interpretarse su intención deinmolarse. Igualmente nuestro grupo parlamentario entiende que otras dos muertes son también consecuencia del atentado del 11 de marzo en Madrid. La de Ángel Berroeta propietario de una panadería en Pamplona que fue asesinado vilmente a tiros por un agente de Policía (antiguo escolta de un diputado del Partido Popular) fuera de servicio, después de una discusión entre el propietario del comercio y la esposa del policía. Y por último fruto también de la tensión de aquellos días y a consecuencia de las protestas efectuadas a raíz del asesinato de Ángel Berroeta, murió victima de un ataque al corazón Kontxa Sánchez, la victima numero 194. Por eso hablamos de 194 muertos consecuencia de los atentados del 11 de marzo en Madrid. Para Esquerra Republicana, todas las víctimas son iguales, independientemente de su condición racial, social o sexual.”
Saludos
Correspondencias / Benjamín Gomollón
Cuando Esquerra languidecía, a punto de salir del Parlamento de Cataluña, pudo resucitar gracias a la transfusión de un movimiento juvenil callejero capitaneado por Colom y Rahola, tribunos de verbo ardiente criados a los pechos de la subvención pujoliana. Y se aprestó a reciclar los restos zombies de la organización terrorista catalana, que apenas acumulaba cadáveres, no por falta de voluntad asesina, sino por pura inoperancia organizativa. De hecho, sus vampiros más sedientos engrosaban las filas de la ETA, dado el bajo nivel de plasma meridional que el camping gas les proporcionaba.
El partido histórico les suministró coartada, memoria y martirologio. Material de relleno para olvidar sus auténticos orígenes: habían crecido en la tolerancia del tardofranquismo parkinsoniano, y sus pretendidas catacumbas no eran otra cosa que iglesias y conventos. Un independentismo incubado en los hogares de la burguesía y en los templos católicos solo podía mostrar córvida gratitud desenterrando muertos y agitando el fantasma de Companys, ese atrabiliario jefe golpista del 34 que bromeaba ante la supresión global del clero en la Barcelona de la FAI, tan leal a la República Española.
Siempre más proclives a la arenga que al discurso, a la consigna que al pensamiento, los prohombres de Esquerra reproducen, en deterioro progresivo, el radicalismo y exceso de los años treinta. Y para ello no dudan en negar la realidad e invertirla sistemáticamente, pues su clientela vive en la misma alucinación y minoría de edad política que ellos cultivan con desparpajo. Si negocian treguas territoriales con etarras, es culpa del espionaje aznarista el denunciarlo. Cuando nombran familiares para cargos inventados, el expolio fiscal será la causa de que trascienda. Si llaman al asesinato, son los medios los que conspiran contra ellos y no entienden sus metáforas históricas. Tan radicales en las palabras como hambrientos de presupuesto, aún pretenden legitimarse por su pacifista renuncia a la violencia, a la que, sugieren, en realidad tendrían pleno derecho dada la ocupación que padece su nación.
Por eso la escenografía de auto de fe. Por eso la fúnebre obsesión, el ansia de cadáver. Mientras enardecen a sus mesnadas, sufragan con pólvora del Rey –es un decir– clanes juveniles, embajadas bizantinas, carruajes tuneados, pasquines ruinosos, inmersiones asfixiantes. Y si aún salen, como siempre, bien librados del lance, que nadie dude que no tardaremos demasiado en pasar de las soflamas a los cuerpos tendidos en las aceras. Cada vez necesitan más violencia verbal para cubrir su escandalosa voracidad presupuestaria. Aprendices de brujo, acabarán por legarnos un estado en descomposición estatuida y presa fácil para nuevas generaciones educadas en el odio y la violencia ritualizada.
La esperanza de ETA es que surjan miméticamente nuevos grupos en Cataluña o Galicia a su imagen y semejanza. Y la resolución del Tribunal Constitucional puede ser la mecha que prenda esa hoguera. No olvidemos que ese era el nombre del ataúd, ese el relato insurreccional que Esquerra siembra y expande. Y quizá alguien debería recordar que la deconstrucción zapateril de la Constitución, prometida en el balcón de la Generalidad tripartita, fue el origen de todo el proceso que convirtió a un partido antisistema en árbitro de la política catalana y española.
Solo la dinámica guerracivilista permitirá que sobreviva esa organización de rapiña y odio en que se ha convertido Esquerra Republicana de Cataluña. Hechura de liderazgos carismáticos, de modos asamblearios, de ignorancias oceánicas, no debería permanecer sangrando las instituciones y enrareciendo la convivencia ni un minuto más. Pero ¿es Montilla un político digno o solo un ácaro de moqueta? Mucho me temo que esta pregunta no es ningún enigma para nadie.
Correspondencias / Nicolás
Señor Espada, para echar más leña al fuego -puesto que se acerca un nuevo frente frío- habría que aconsejar al diputado Tardá que leyera el panfleto que don Francisco de Quevedo escribió durante la Sublevación de Cataluña en el siglo XVII. Lo tituló “La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero”. En él se pueden leer cosas como las que siguen, en las que el literato critica lo que hoy llamaríamos lectura unilateral de los fueros de la ciudad de Barcelona contenidos en un códice del siglo XIV llamado Llibre Verd (Libro Verde):
«Muchos fueros y privilegios leí tan diferentes de cómo los alegan, que los desconocí y, siendo los mismos, los tuve por otros. No los alegan como los tienen, sino como los quieren No hay fuero que diga: “Los catalanes sean vasallos sin señor, de quien quisieren, hasta cuando quisieren, como quisieren”».
Parece que no pasan los siglos.
Correspondencias / Lector de Valladolid
Estimado Sr. Espada
Supongo que estará aburrido de leer noticias de periodicos locales escritas con una dejadez cercana a la inmoralidad. Por si no fuera así le remito esta noticia aparecida el 8 de diciembre de 2008 en El Norte de Castilla.
«Detenidas seis personas que extorsionaban a empresarios en Burgos
El grupo llegaba a exigir cantidades desproporcionadas si se tiene en cuenta que se trataba de material de desecho»
(la negrita es mía)
Un saludo
Correspondencias / Carlos Gómez
Estimado Arcadi:
La noticia de El Norte de Castilla es una nota de agencia. Y ha salido publicada en Elmundo.es, como en muchos otros sitios.
Saludos


