8 de noviembre

De cómo Europa resolvió su conflicto racial

oao.png       Querido J:

Es fama que un locutor de la radio pública catalana estaba entrevistando a Albert Rivera, el líder de Ciutadans, cuando se aludió a los Estados Unidos de América. Dijo Rivera que era un gran país, pero su interlocutor prefirió la tontería al tópico y aun asumiendo que se trata de un gran país le recordó que en Cataluña gobernaba José Montilla y que, por contra, en Estados Unidos no había habido nunca un presidente negro.

Asunto resuelto. América se ha puesto por fin a la altura de Cataluña. Lo único que falta ahora es que el presidente Obama dicte las primeras leyes de segregación racial como don José Montilla (blanco perfecto) dicta las leyes de segregación lingüística.

La anécdota del locutor catalán es muy reveladora, aun en grado provincial, de uno de los mantras más irritantes de estos días espectaculares. Oyendo y leyendo a algunos políticos y comentaristas europeos (ni siquiera tú, allá en tu Égloga, habrás podido aislarte del ruido) parecería que la victoria de Obama ha cerrado una guerra civil que duraba hasta ayer. Desde luego esa ficción no arranca de la nada y tiene dos orígenes incómodos. El primero el del propio Obama, que ha basado su campaña en el apotegma de que el sueño americano pasa, ahora, por tener un presidente negro. Lo confirman mejor que nada sus primeras palabras en el mitin de Chicago: «Si aún queda alguien que dude que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible (…), esta noche es su respuesta.» Obama ha manejado de modo admirable el nacionalismo americano, la mala conciencia blanca y la herida negra, y por eso es presidente. El segundo origen desborda la propia figura del presidente electo, y está vinculada a la magnitud  del espectáculo americano: América ha hecho de sus masacres (indios o negros) relatos industriales donde la ficción se confunde con la realidad. Es fascinante consumirlos, pero es imperativo moral que la ficción no mande en las primeras páginas de los periódicos. Y aún más imperativo, y más moral, que la altivez europea no aproveche la ficción para proseguir su escandalosa tarea de convertir a América en el chivo expiatorio (Revel) de sus frustraciones. Así pues, te voy a endosar una lista de sucesos verdaderos. Contra la propaganda nada mejor que la cronología.

1827 – Se funda el primer periódico negro de EE.UU: Freedom’s Journal, publicado en Nueva York.

1863 – Abraham Lincoln libera a todos los esclavos de la Confederación mediante la Proclamación de Emancipación.

1866 – El Congreso aprueba el Acta de Derechos Civiles, que confiere la ciudadanía a todos los negros y les garantiza los mismos derechos que a los blancos.

1870 – La decimoquinta enmienda a la Constitución establece que el derecho al voto no será negado o recortado por razones de raza, color o la antigua condición de servidumbre.

1893 – El médico negro Daniel Hale Williams realiza la primera operación a corazón abierto con éxito en el mundo.

1940 – Benjamin O. Davis se convierte en el primer general negro en el ejército de EEUU.

1954 – El Tribunal Supremo falla unánimemente en contra de la segregación en las escuelas.

1964 – El presidente Johnson firma el Acta de Derechos Civiles, que otorga al gobierno federal amplios poderes para perseguir la discriminación en el empleo, el voto y la educación.

1972 – Se aprueba el Acta de la Igualdad de Oportunidades en el Empleo, prohibiendo la discriminación fundada en la raza, entre otras cosas, y sentando la base para la discriminación positiva.

2004 – George Bush nombra a Condoleezza Rice secretaria de Estado.

Hay algo más. Alude a las muertes. Según datos del Instituto Tuskegee, una seria institución de Alabama, entre 1882 y 1951 (la época de los atroces linchamientos) murieron 3.437 negros y 1.293 blancos.

Muchos muertos, desde luego. A los que habría que añadir algún centenar más de los años de disturbios raciales culminados en la tragedia de Los Ángeles. Muchos muertos. Toute proportion gardée (en especial el número de habitantes) se pueden comparar con los muertos del Ira y de Eta. Un muerto será siempre mucho muerto. Esas cifras y el inquietante reverso que denota el listado de acciones positivas transcrito dan una idea del calado de la injusticia racial en los Estados Unidos de América. Un país que ha superado los 300 millones de habitantes. Y que a partir de 1945 vivió el mayor fenómeno de inmigración interna de la historia con el desplazamiento de los negros del sur profundo a los grandes centros urbanos del norte y del este: entre 1940 y 1960 Chicago pasó de 287.000 habitantes a 813.000 y Nueva York de 485.000 a 1.088.000. Injusticia y violencia racial, desde luego. Resistente, incluso, a las propias leyes. Pero nada que ver, absolutamente, con una guerra civil que hubiese acabado hace dos días, con la victoria de Obama. La historia objetiva de la discriminación en América no muestra sólo el estrago: también un potentísimo y eficaz acuerdo social que viene de muy lejos.

El problema de América es que lo muestra todo, descarnadamente. Hasta tal punto que inventó la teoría de la conspiración (¿o fueron los italianos y su dietrología?) para lo que pudiera quedar por abajo. No es sólo la ficción. Es también su periodismo: sus legendarios muckrackers (especialistas en remover la mierda). Es su realismo. Aunque luego las vendan y hagan callos, primero han mostrado al mundo las tripas. Esta exhibición contrasta con las veladuras europeas y es un deleznable sarcasmo que sea la altiva Europa la primera en aprovecharse de este ejemplo.

Mira bien por el agujero. Hace menos de setenta años Europa empezó a practicar el acto de racismo más abominable de que da cuenta la historia. En ese acto fueron asesinados más de seis millones de europeos. Europeos, aunque murieran por judíos. Ningún judío se ha levantado jamás en Europa para decir: «Si aún queda alguien que dude que Europa es un lugar donde todo es posible.» ¡Quiá! Los judíos siguen siendo gentes profundamente desagradables a ojos de los europeos. El paradigma del avaro judío de ayer es hoy un tipo armado hasta los dientes que dispara sobre niños palestinos. Ninguna simpatía. Sólo ceremonias macilentas de respeto a las víctimas. Europa y sus europeos judíos. ¿Qué ha hecho realmente por ellos? Si es que los hijos deben pechar con la culpa de sus padres (a mí que no me busquen), ¿cuándo han empezado estos hijos de mala Europa a avergonzarse y a darse golpes de pecho? El racismo norteamericano… ¡Pero cómo tienen vergüenza? La tarea de ocultación europea ha sido un prodigio desde la primera hora. Su principal mérito ha sido el de fracturar la sinécdoque, atribuyendo el genocidio a los alemanes, y ya en los alemanes, a un pequeño grupo criminal. Los criminales eran europeos, y el antisemitismo que les dio sentido era europeo. Pero también podemos recorrer las ramas de la sinécdoque. Basta con la historia objetivamente narrada. Puede concretarse en el célebre ensayo de Arendt sobre el juicio a Eichmann. Allí se ve muy bien cómo actuaron las distintas sinécdoques. Francia, la primera. Fueron franceses quienes llevaron a sus judíos (¡a sus niños judíos de los que no volvería uno solo vivo!) a Drancy, al Vel d’Hiv, estaciones de paso hacia Auschwitz. Franceses, polacos, austríacos, griegos, rumanos, checos, belgas, húngaros, holandeses. Europeos. En uno de los fragmentos más turbadores de Eichamnn en Jerusalén Arendt cuenta cómo, incluso en los días más terribles, fue posible decir no a los exterminadores nazis. Así lo hizo Dinamarca, abiertamente, anunciando su Rey que él sería el primero en prenderse la estrella amarilla. Y así lo hizo también Bulgaria, país de ejemplo silenciado, heroico con sus judíos, donde nació aquel Dimitrov de nuestros días pasionarios, que después de enfrentarse al nazi Göring en el juicio por el incendio del Reichstag, del que saldría absuelto, provocaba la admiración de las gentes alemanas a su paso: «En Alemania tan sólo queda un hombre de veras, y es búlgaro». Y la propia Italia, incluso, aunque fuera practicando el engatusamiento, su célebre fare finta, logró también proteger a sus judíos. Fue posible decir no. Pero la mayoría de europeos asintió ante los planes criminales de un escogido grupo de europeos.

Pero, en fin, habrá que convenir que, a diferencia de Estados Unidos, los europeos supieron resolver su problema racial. ¿Discriminación positiva? Gas y desierto. El precio ha sido Europa. Al menos aquella Europa del Círculo de Viena. Pero el que algo quiere algo le cuesta.

Sigue con salud
A.

(Links: Verónica Puertollano)


Correspondencias / Maite Díaz

Excelente Arcadi, justicia y a asumir lo que les toca, como en Argelia los horrores, violaciones, torturas que hizo el ejército en los 60 antes de Viet-Nam, silenciadas las barbaridades, hace un par de años comenzaron los documentales en la TV, los tipos llorando en su “confesión”. Lo àrabes te hacen los cuentos…lo del antisemitismo en Francia sigue…es horrible.

Siempre que me dices “Francia ese país maravilloso”, es cierto, pero en el 2002 yo tuve miedo aquí con Le Pen llegando a la segunda vuelta. En mi calle aparecieron las pintadas, yo iba a trabajar a Paris al Pompidou, muy temprano por la mañana y salí con el cochecito y Elisa a dejarla en la guardería, y tuve miedo. Algo instintivo, no quise dejarla en la guardería, no tenía tres años y la había puesto tres meses para que se familiarizara con el francés antes de septiembre que empezaba la maternal y yo podría comenzar a trabajar. Pepe no me dejó hacer fotos, las borraron enseguida. Haciendo un curso de gramàtica tuve un profesor francés que cuàndo tuvo un poco de confianza me decía horrores de los judíos, esto el año pasado. No le dije nada porque me gusta saber, y si les refutas no tienes acceso a sus confesiones. Lo mismo en el museo del pueblo cuando pregunto por la segunda guerra mundial y si el pueblo estuvo ocupado…SILENCIO, Pepe me dice que no pregunte tanto, un tipo me miró con odio. En Oise no lejos de aquí encuentras todavía los refugios de ametralladoras en las carreteras pequeñas. Y placas dedicadas a resistentes que fueron enviados a los campos de exterminio, aquí he registrado y no hay nada. Este es un sitio estratégico es una loma alta a 35 km de Paris, seguro estuvo tomado militarmente, una señora me enseñó donde estaban las baterías que disparaban hacia el norte cuando venían bajando los americanos. Eso està ahí, yo paso por Drancy siempre que voy a Paris, y a veces si no cojo el tren directo paro en Drancy, llena de negros, y me da una alegría verlos tremenda, la estación tiene un paso a nivel, que debe ser de esa época por la arquitectura un tanto art deco, y siempre imagino a los nazis, con sus perros sus botas y sus cascos. Besos querido, gracias por la verdad y la fuerza.

Maite


Correspondencias / Juan Abreu

Mi querido Arcadi, gracias por tu artículo de hoy. Estupendo. Ya apuntaba yo, torpemente, en mi estampa última, a la caradura de la superior Europa. Ella, que tanto ha hecho por el racismo. Abrazos.


Correspondencias / Juanjo Martínez Jambrina

Profesor Espada: no estoy muy de acuerdo con algunas de las tesis que sostiene en su Correo de hoy. De entrada me sorprende su alta valoración del futuro presidente Obama. Dice usted que ha manejado de modo admirable el nacionalismo americano, la mala conciencia blanca y la herida negra, y por eso es presidente. Bueno, usted sabe que no es así porque eso supondría concederle a Obama unas capacidades intelectuales que no ha demostrado hasta el momento. Por supuesto que ha manejado esos tópicos igual que McCain usó otros tal vez más ajados y obsoletos. Pero todo es menos. Mejor parece que Obama haya ganado por deméritos ajenos. La espantosa herencia económica que GW Bush deja y que a McCain le pusieron de vicepresidente a una señora con la solvencia intelectual y anímica de una cheerleader. Eso y que el senador por Illinois se marcó un discurso ordenado y sobrio y eligió a un vicepresidente que no ha hecho demasiado el ridículo. Y poco más.

Desconocía varios de los datos que nos cuenta sobre la actitud de los europeos hacia los judíos. Interesante y sorprendente. Pero yo quería hacerle mirar por otro agujero para que vea un documento que contradice dos de sus asertos: El problema de América es que lo muestra todo, descarnadamente. Y este otro: América ha hecho de sus masacres (indios o negros) relatos industriales donde la ficción se confunde con la realidad. Le falta a usted el movimiento eugenésico, de Inequívoco sabor americano. Poco publicitado, es cierto. Tanto como para que el mantra extendido sea que los padres de la T4 y otros horrores similares fueron médicos alemanes. ¡Quiaaaaaaaaaaaá! Californianos y virginianos. No, no siempre América enseña sus tripas ni hace cine con sus miserias. El ojo de buey

Siga usted bien.


Correspondencias / Eugeni Codina

Querido Arcadi,

Si no te importa, me gustaría añadir algo más a tu contundente articulo, al cual poco hay que añadir porque lo dices bien clar i catalá. Aún así quisiera añadir lo siguiente: cómo no vamos a ser racistas en Europa si no somos capaces ni de elegir un presidente común. Después de llevar treinta años viviendo en Europa estoy convencida de que es imposible, al menos en los próximos doscientos años, que un inglés vote por un presidente francés, un sueco por un español o un holandés por un austríaco. Algo que sí ha logrado un austríaco en Estados Unidos. Y no te digo las minorías que viven en cada uno de los países europeos. En Rotterdam vamos a tener un alcalde de origen marroquí, es cierto, pero la razón es porque no fue elegido por elección popular sino por un grupo de políticos encerrados en una habitación.

Por eso me sigue sorprendiendo la arrogancia que los europeos mostramos respecto al racismo y la discriminación en Estados Unidos. Así, como me sorprende la ingenua alegría de los europeos porque los Estados Unidos han elegido un presidente negro y demócrata, dos cualidades que no garantizan directamente directamente para Europa. Porque Obama antes de ser un símbolo de la liberación de las raza es un político estadounidense que va a barrer para casa, como es lógico.

Y en cuanto a su progresía, no olvidemos que la primera consecuencia de su elección ha sido la anulación del matrimonio entre homosexuales en California. El referéndum se celebró junto a las elecciones y, desafortunadamente, más del 50 % de los votantes se manifestaron en contra. Digo desafortunadamente, porque con o sin la participación directa de Barack Obama, ha sido su elección la que ha desembocado en esta marcha atrás de los derechos gay.

Yo le deseo lo mejor a Barack Obama y a los Estados Unidos desde la humildad europea. No olvido que muchos europeos han tenido la suerte de ir a Estados Unidos durante muchos años para disfrutar de un libertad y una seguridad que Europa no ofrecía.

Un abrazo,


Correspondencias / Miguel Ángel Gómez-Cornejo
Sr. Espada,

Su artículo de hoy es monumental, acojonante. Como casi siempre. Perdone estas palabras, pero es que hace unas semanas le critiqué por algo y todavía estoy arrepentido de ello. Cualquiera puede tener una mala tarde. Y yo tuve que supuestamente fijarme en una de ellas, joder. Es usted un fenómeno escribiendo y entrando al trapo. Porque a mí lo que más me gusta de su escritura y de usted mismo es que usted va al grano (como la historia de Maragall, muy buena, o la de las declaraciones de Franco), como hay que hacer, por derecho. MUY BUENO.

Un seguidor suyo.


Correspondencias / Ana Nuño

Querido, gracias por tu Correo Catalán de ayer sábado. Me ha impresionado la cronología, porque eso es: impresionante. Debajo de los símbolos y el nacionalismo (su excrecencia colectiva), siempre está la playa de la realidad.

Es muy instructivo el espectáculo de las reacciones en Europa a la elección de Obama. Mucha simbología, desde luego. Pero es curioso: incluso los europeos que son conscientes de las trampas que entraña en su propia casa el manejo simbólico de la cosa política, cuando se trata de Estados Unidos se sueltan el pelo y lo dejan flotar al viento espléndidamente. Verbigracia, el director de El Mundo, alguien que tiene muy claro lo que vale el peine de los vientos simbólicos en la peluquería de los nacional-caciquismos catalán y vasco, pero que se desmelena sin pudor a la hora de glosar lo sucedido en USA. Será por lo que apuntas en El Mundo por dentro: a Pedro J le pueden las ganas de fungir de eminencia gris del poder político. Sous les cheveux, l’esprit de Richelieu.

También es de agradecer, y mucho, que nos recuerdes a los europeos (hijos, nietos y reencauchados) que erigirnos en jueces de la moral política de otros es un poquito inmoral. Visto que debajo de los portentosos símbolos de Europa lo que hay no es una playa de límpidas arenas, sino un imborrable charco de sangre. Sous les symboles, le charnier.

Un abrazo,
Ana

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