24 de octubre

G-21

Pasmosamente, el presidente del Gobierno ha venido a decir que si España consigue asistir a la cumbre financiera el éxito será del país y que si pasa lo contrario el fracaso será de él. De ninguna manera. En cualquiera de los casos habrá éxito y será exclusivamente del presidente Zapatero. Ya comprendo que hacer esas declaraciones forma parte de la estrategia del éxito. Pero al presidente del Gobierno, conforme acumula años en el poder, se le va acentuando la tentación de tratar a los ciudadanos como zoquetes. El frondoso bosque de declaraciones y movimientos que ha ido diseminando tras su errónea percepción de la crisis y tras alguno de sus patéticos movimientos (como el inolvidable viaje a los Estados Unidos que aprovechó para dar unas cuantas lecciones urgentes al mundo) no deja ver algunos árboles.

El primero es, justamente, el del éxito. El presidente ya ha conseguido el titular que buscaba y que circula desde ayer por alcantarillas y palacios: “Bush es culpable”. A salvo de cualquier coqueto disimulo presidencial, el titular sitúa las cosas en el punto semánticamente correcto: Si España va a la cumbre será por el obstinado brazo de hierro del presidente; si falta será por la rencorosa sinvergonzonería de Bush, que respira (más bien jadea, ya en sus últimos estertores) por la herida que le inflingió la dignidad española. El segundo árbol no es menos imponente: es la evidencia de que el presidente Zapatero no puede participar en esa reunión. Es odioso, pero así es. El presidente no forma parte del club del G-8 ni tampoco del G-20 y estos han sido los dos implicados en la convocatoria. La muy teatral queja del presidente podría ser coreada por países como Bélgica, Holanda, Suecia, Chile, Singapur, Egipto o Marruecos, por poner casos variados. Pero no constan sus quejas tal vez porque los dirigentes de esos países saben para qué sirven los clubs y qué tipo de incómodas decisiones de la política internacional permiten orillar. El último árbol permite una aclaración definitiva, y ya reconozco que estupefaciente, de las cosas. Es posible que el presidente Zapatero no vaya a la reunión. Pero ése no va a ser el caso de España. Porque la Unión Europea forma parte del G-20 y España forma parte de la Unión Europea. ¡Hasta esos suelos escolares de sentido obligan a descender los globos de la propaganda!

No sé qué daría de sí el presidente Zapatero en un club del que no forma parte. Pero sí sé de su actuación en aquellos que lo admiten como socio. El principal y más destacado, la Unión Europea: donde España no ha aportado una sola idea importante desde los tiempos de Felipe González y su fértil alianza contranatura con el canciller Kohl.

(Coda: Resultados de la búsqueda: sobre el papel de España en el mundo: “España es el décimo país que más papel recicla” (El Economista, 30 mayo de 2005)


Correspondencias / José María Albert de Paco

Arcadi, amigo

Respecto a Haider, tuve la impresión de estar leyendo el Interviú de Roldán, salvo que Haider había muerto o, por ser más precisos, se había matado. No es que muriera ni fallaciera, no. Haider, según decía el periódico, se mató tras una fiesta de cabaret. No hace falta mentar la socialdemocracia para oler el amarillismo. ¿Acaso se mató Senillosa tras una fiesta de cabaret? ¿Y Ferrer Salat? ¿Se mató Ferrer Salat tras una fiesta de cabaret? Lo crucial, en este predicado (¡voy a usted a sorprenderle a estas alturas!) no es el cabaret, sino ese pronombre reflexivo tse-tse que convierte a Haider en justa víctima del castigo que él mismo se ha labrado. Se mató. Para cualquier personaje público que no fuera un punching ball, reservaríamos las palabras morir o fallecer. Y ocultaríamos no sólo los porqués, sino también las conejitas play boy. El amarillismo: se mata tras una fiesta en un cabaret. Lo peor del amarillismo es que Haider apenas será un rastro de alcohol, conejita y cabaret. James Haider Dean. El malogrado.

Abrazos,
J.M.


Correspondencias / Anna soler

Está bien que se haya vuelto gratuita la búsqueda. Yo me he ido a mirar la nevada de las Navidades del 62. Mi padre había decidido ir a ver “El hombre que mató a Liberty Valance” y salimos de casa los dos con la nieve virgen, de unos 70 cm, abriéndonos paso. En el cine eramos 6 personas. La Vanguardia del día, de esta época de la que ya tengo muchos recuerdos, es tristisima. El tono de las noticias, unos anuncios de cosas que no existen ni recuerdo, Del Arco entrevistando al alcalde para conseguir que la gente se limpiara la nieve de su calle, el primer año sin guerras, comentarios sobre Cuba y Fidel. Y la cartelera fantástica en cambio.
En fin, he abandonado porque todavía tengo algo de trabajo.

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