19 de octubre
El juez Garzón tiene un objetivo: demostrar que el general Franco y sus rebeldes tenían un plan de exterminio de buena parte de la población española. Esto es lo que aproximaría la guerra civil al genocidio nazi y lo que haría de la instrucción que trata de culminar un nuevo Nüremberg, aun virtual. Al juez no le bastan las evidencias fácticas de las matanzas del ejército nacional, porque podrían ser fácilmente calificadas como hechos de guerra. Necesita que antes del primer disparo algún documento pruebe que los rebeldes eran conscientes de que necesitarían matar a media España, que estaban claramente dispuestos a hacerlo y que ya lo habían planeado. El juez busca, en realidad (y cárguese a su instrucción la moral de las analogías que vendrán), una suerte de documento de Wannsee, la conferencia de jefes nazis donde probablemente se decidió la solución final, es decir la destrucción de los judíos europeos. El juez ha dado legalidad, con su iniciativa, a expresiones como guerra de exterminio aplicada a la guerra civil o crímenes contra la Humanidad aplicada a las matanzas del ejército franquista, que desde hace tiempo circulan por lugares marginales de la política y la historiografía española. Es probable que cuando logre demostrar que Franco y su ejército trataron a los republicanos como Hitler a los judíos (esto es matándoles por ser republicanos, incluidos hombres, mujeres y niños, y con total independencia de su conducta) habrá dado el paso decisivo hacia la palabra que implora. La palabra es genocidio.Los escasos documentos que el juez ha presentado sobre esta premeditación tienen poco valor, y la mayoría no pasan de ser arengas, convenientemente sedientas de sangre, pronunciadas sobre todo por la chusquería de la rebelión. Sin embargo hay un documento que sobresale. Es la entrevista que el periodista americano Jay Allen hizo al general Franco, en la ciudad de Tetuán, a finales de julio de 1936. Probablemente la primera entrevista a Franco después de la rebelión. Esta es la cita textual del auto del juez:
«Finalmente, el General Francisco Franco en unas declaraciones efectuadas en Tánger [no: la entrevista se hizo en Tetuán, aunque esté fechada en Tánger] el 27 de Julio de 1936 al periodista Jay Allen, del Chicago Daily Tribune dijo:
“Nosotros luchamos por España. Ellos luchan contra España. Estamos resueltos a seguir adelante a cualquier precio.” (12)
Allen: “Tendrá que matar a media España”, dije.
Entonces giró la cabeza, sonrió y mirándome firmemente dijo:
“He dicho que al precio que sea”.
Es decir –afirma Allen- que “estaba dispuesto a acabar con la mitad de los españoles si ello era necesario para pacificar el país”.(13)»
Para elaborar este párrafo Garzón acude, según sus palabras, a dos fuentes. Las primeras palabras de Franco las endosa a un libro publicado en 2008: Federación Guerrillera de León-Galicia. El último Frente. Resistencia Armada Antifranquista en España 1939-1952. Las últimas líneas “Es decir [...] el país)” están atribuidas en lo sustancial a Santos Juliá y su libro Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, Temas de Hoy, 1999. Por el contrario las líneas centrales no tienen fuente conocida, aunque coinciden con las publicadas por la revista libertaria Rojo y negro en un documento llamado: “La guerra civil fue una guerra de exterminio”.
Dada la importancia de la pieza de convicción, el juez podría haber ido, fácil y directamente, a la fuente original: el reportaje publicado por Allen en The Chicago Daily Tribune los días 28 y 29 de julio de 1936. (Primera parte y segunda) Se trata de un artículo de interés. Obviamente lo primero que se desprende de su lectura es que la posibilidad de matar a media España es sugerida por el periodista: lo que en el argot del oficio se conoce por “arrancar un titular” y lo que ha permitido que por playas, valles y montañas mediáticos haya empezado a circular la especie que Franco tenía previsto matar a media España. No sólo eso. Este es el diálogo original:
[Allen] Then no truce, no compromise is possible?”
[Franco]“No. No, decidedly, no. We are fighting for Spain. They are fighting against Spain. We will go on at whatever cost”
[Allen] “You will have to shoot half of Spain”, I said. He shook his head, smiled and then, looking at me steadily: “I said whatever the cost”.
En el párrafo hay una expresión difícil de interpretar: He shook his head. Una frase compatible con mover, sacudir, negar, siempre con la cabeza. Un campo semántico dudoso. No parece muy verosímil que, habiéndole dicho Allen de matar a media España, Franco asintiera, sonriera (smiled) y culminara, mirándolo fijamente [looking at me steadily]: “A cualquier precio” [I said whatever the cost]. Como mínimo la sonrisa se la podría haber evitado.
Para complicar el panorama hay otra evidencia. Allen publicó una segunda versión de la entrevista en The London News Chronicle los días 29 de julio y 1 agosto de 1936. Por desgracia no he podido hallar el original inglés. Sin embargo sí dispongo de una traducción al español. Dice así el párrafo que interesa:
[Allen]: ¿Eso significa que tendrá que matar a la mitad de España? El general Franco sacudió la cabeza con sonrisa escéptica, pero dijo: “Repito, cueste lo que cueste.” Lo admito: tal vez el escepticismo que parece adjudicarle Allen tuviera la explicación de que la mitad le parecieran pocos.
La crónica da problemas no sólo filológicos al empeño de Garzón. Puede que hubiera proyectado el exterminio; pero con relación a los políticos republicanos parecía optar por la vía lenta:
[Allen]“¿Qué va a ocurrir con los políticos de la república?”.
[Franco] “Nada. Tendrán que ponerse a trabajar”, ha dicho simplemente.
[Allen] Esta noche me he enterado en Tetuán de que a todos los partidarios del Frente Popular, actualmente en el gobierno, en Ceuta, Tetuán y Melilla les han colocado grilletes y los han puesto a trabajar en las carreteras bajo el sol implacable del verano.
Hay algo más. En la entrevista Franco se propone varias veces como el pacificador de España. Desde luego, y como se acabó viendo, la paz es muy compatible con los cementerios. Puede que el precio de la victoria franquista fuese el exterminio; pero, para Hitler (al que sólo ha salvado de Garzón el ser ya cosa juzgada), la victoria era el exterminio. Franco, el que había empezado la guerra, se veía a si mismo en la conversación con Allen como el Gran Pacificador. Y algo más:
[Allen] ¿Qué haría su Gobierno si venciera?
[Franco]: “Yo establecería una dictadura militar y más tarde convocaría un plebiscito nacional para ver lo que el país quiere. Los españoles están cansados de política y de políticos.”
Aunque no es descartable que el juez sólo vea en estas palabras una nueva manifestación del siniestro plan. El exterminio como una forma cómoda de ganar plebiscitos.
El repaso de las piezas de Jay Allen encaradas con el auto del juez Garzón se convierte al final en una desmoralizadora filología. La evidencia de que semejante chapucería instructora, altamente publicitada, se haya hecho en nombre de los muertos de la España democrática sólo puede suponer para ellos un nuevo y ya indeleble agravio. O para decirlo en palabras de Josep Maria Fábregas: «El problema de que Garzón instruya sobre la guerra civil es que Franco saldrá absuelto.»
Correspondencias / Antonia Martínez Sánchez
La guerra civil, sin entrar en si fue, o no, una guerra de exterminio o un crimen contra la humanidad, no duerme en los lugares marginales de la política, ni en los libros de historia de los últimos pasillos de las bibliotecas, y tampoco, señor Arcadi, en un olvidado lecho de la mente de la mitad de los españoles. La guerra civil sigue viva, y florece cuando miramos a nuestro alrededor y vemos analfabetismo e incultura en nuestras calles, que no es que quede de aquellos tiempos remotos, es que crece. O incluso, llegando más lejos, vemos esa guerra cuando ponemos las noticias y contemplamos que España sigue al final de las listas de éxitos de la ciencia en Europa por un bloqueo económico que sembró la dictadura. Son sólo algunos los que se empeñan en poner tierra encima a un pasado que sigue vivo. Sólo unos pocos los que se prefieren hacerse los seniles.
Le voy a contar un cuento, señor Arcadi, permítame.
Había una niña, que creció en el sur de España, en Granada concretamente, siendo ella, la tercera de 5 hermanos. Toda su familia era jornalera, trabajaba en el campo de sol a sol y a malas penas, no es que no llegaran a final de mes, es que era dificultoso llegar al final del día. Ella, repito, sólo con 5 años, llevaba la casa adelante, y no faltó demasiado para que aprendiera a cocinar, a barrer, sólo hasta aquí, porque planchar era un lujo, para tener la cueva, porque no era exactamente una casa, limpia hasta el delirio.
Una mañana, allá por 193… la guardia civil, en nombre de ese señor con bigote que usted olvida, entró en su hogar. A la niña, vuelvo a repetir, de 5 años, le raparon la cabeza porque no les gustaba el peinado a los señores de verde, le propinaron una paliza al padre de la niña, porque intentó que a su hija no le tocaran ni un pelo, y lo dejaron tumbado en el suelo sin poder moverse. No sólo acabó ahí, sino que en un acto de generosidad de la benemérita (de esa gener-osidad particular que etimológicamente puede venir de gener-alísimo), le limpiaron la despensa de alimentos, despojando a toda la familia de lo poco que le quedaba para la cena.
¿Y todo eso por qué lo hicieron? -Seguro que me lo preguntaría usted ahora mismo que no se acuerda de nada y está muy atento leyendo este mail-. Pues porque una idea extrema, da igual si es de izquierdas, de derechas, del norte o del sur siempre es injusta.
Si, si,- responderá usted,- ¿pero por qué a esa familia? Me preguntaría ahora.- Pues no lo sé, señor Arcadi, ahí me pillaría, porque esa familia era analfabeta desde el más grande hasta el más pequeño, y le importaba tres pimientos quién estuviera al poder, porque ni siquiera se les dio la oportunidad de aprender a leer o de tener un transistor para enterarse qué pasaba en su país.
Pero lo peor no fue eso, Señor Arcadi, es que esa niña tiene hoy 77 años y un hermano desaparecido en esa guerra que para qué vamos a cuestionar ahora si fue de exterminio o un crimen contra la humanidad . Olvidémoslo, ha pasado tanto tiempo… que ya no se le debe nada a nadie.
Por eso, le ruego que perdone mi romanticismo. Aunque si le ha gustado, otro día puedo contarle el cuento de mi otro abuelo, cuyo brazo quedó marcado por tres balitas de nada de ese frente franquista que no merece la pena cuestionar.
Correspondencias / Arcu
Le pregunté a mi mujer, Shura, que es inglesa, y me dijo taxativamente que esa expresión es de NEGACIÓN (en este caso seguramente negaba la pregunta –trampa del periodista y lo que encerraba), no tiene otra traducción. Si el gesto hubiera sido de ASENTIMIENTO, hubiera dicho en correcto inglés, HE NODDED THE HEAD, cosa que el periodista sin duda conocía. Son dos verbos distintos: TO SHAKE y TO NOD ; y cuando se aplica el sujeto, la cabeza, no cabe otra interpretación que NEGAR y ASENTIR respectivamente. No sirve el uno para el otro, ya que la acción y el sentido son justamente lo contrario.
Correspondencias / Corona
Estimado Arcadi:
Contrariamente a la opinión expresada por la señora Antonia Martínez, es evidente que España siempre ha estado a la cola de Europa en investigación científica. España durante siglos ha dado la espalda al pensamiento y a la cultura. Se trata de un mal endémico, la guerra civil tiene poco que ver en eso.
Es más, los gobiernos socialistas, supuestos”progresistas”, han contribuido muy eficazmente (y siguen haciéndolo actualmente) a que el analfabestismo que había sido erradicado durante los años sesenta y setenta haya vuelto a aparecer. Hasta el punto de que hoy en día en Españal los analfabetos gobiernan.
Tergiversa claramente la realidad cuando añade que sólo unos pocos “seniles” se niegan a ver que el pasado sigue vivo. Los que ni vivimos la guerra ni el franquismo, ni somos hijos de franquistas, ni tenemos relación alguna con el tema, somos la mayoría. En cambio, hemos vivido la corrupción política en todos los niveles (incluido el terrorismo de Estado), la destrucción del sistema eductivo; el retroceso del castellano en la educación, lengua materna y potente vehículo de cultura.
Vivir en el pasado es locura. La excusa que utilizan todos esos progres vagos para, en lugar de hacer frente los problemas reales y trabajar para resolverlos, seguir viviendo del dinero público e intoxicando cada vez más el ambiente. El problema no es la guerra civil, el problema son ellos.
La mayoría lo que estamos es hartos y aburridos de que esos imbéciles manipulen el pasado para no afrontar el presente.
Un atento saludo:
Corona
Correspondencias / Rubén Ávila
Estimado Arcadi,
Me sorprende leer el mail que le ha enviado Corona asegurando que ahora hay más analfabetismo que en los años sesenta y setenta (realmente dice que el analfabetismo que se había erradicado en los sesenta y setenta ha reaparecido) La culpa es de los gobiernos socialistas, dice, que han contribuido (y siguen haciéndolo) a que eso ocurra. Entonces… ¿Qué hacemos con estos datos?
La población analfabeta en España ha disminuido en un 55,7% durante los 25 años de vigencia de la Constitución, pasando de 2.353.600 personas analfabetas en el año 1978 a 1.043.100 analfabetos en el año 2002, según se constata en un informe elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) con motivo del XXV aniversario de la Carta Magna.
El número de españoles analfabetos mayores de quince años disminuyó en 56.900 personas en el primer trimestre de 2003 con respecto al mismo periodo de 2002, según datos del INE.
Correspondencias / Antonia Martínez
Estimado Arcadi:
No era mi propósito más que dejar mi opinión plasmada en su página pero por alusiones me veo obligada a responder al señor Corona.
Si hay algo que ha tenido España, a lo largo de su historia, ha sido poner delante su cultura y pensamientos (no sólo durante el siglo de oro), ha habido mucho más. España es un país rico en patrimonio cultural, arquitectónico, etnológico, oral, inmaterial, histórico… algo que no se debe confundir de manera íntegra con la ciencia, salvo en la ciencia implícita a todo arte que la necesita para su desarrollo (entendiendo a la ciencia en este caso, más bien como técnica).
Hemos de decir, para precisar, que este país ha carecido de mentalidad ingeniera y emprendedora, que es distinto. Hemos carecido de la cultura de la creación, de la invención, del ser pionero y dinámico. Nos hemos quitado ese espíritu a base de guitarrazos y libros carentes de números, y hemos renunciado a ese nivel científico que se consigue a base de invertir grandes sumas de dinero en investigación y desarrollo, y en el fomento de nuestras universidades. Seamos sinceros, los vagos de ahora, como usted dice, puede que no nos dejen, pero los que estaban antes, tampoco nos dejaron.
Hay algo en lo que tiene usted razón; vivir en el pasado es una locura. Es una locura insoportable, una parálisis evolutiva. Pero lo que es mucho peor, a mi joven juicio, es querer cerrar ese capítulo de nuestra historia a base de dar carpetazo y dejar a tantos familiares con la eterna incertidumbre, con las eternas preguntas, sólo con la excusa de que los jóvenes de hoy no hemos vivido esa guerra. Este país fue de ellos, antes que nuestro.
Su método lleva intentándose desde hace mucho, pero no funciona porque existe mucha gente aún, muchísima, que sigue llorando la pérdida de sus desaparecidos. Gente que también forma parte de este presente, el que usted cree que está tapado por el pasado. Muchos de ellos siguen aquí, están vivos, todavía forman parte de nuestra sociedad, quizá viejos y arrugados, y con poco por aportar ya, pero eso sí, dieron mucho en su día; tanto como su vida misma.
Puede que los que se han subido al podium no sean los mejores, en eso, no voy a entrar. Pero si nos queda algo de dignidad después de esas batallas, al menos, utilicémosla para que los que nos la cuentan sepan dónde llevar flores el día de todos los santos. Sólo así, cerraremos ese capítulo y dejaremos cicatrizar las heridas, pero para eso, hay que ser valiente, admitir los errores para que puedan ser perdonados (aclaro que tanto por la derecha como por la izquierda) y mirar la historia de frente, pero esta vez a los ojos (que es precisamente lo que no se hace), aunque sea por una última vez para poder seguir evolucionando.
Tenga usted buen día, señor Arcadi, y usted también, señor Corona.
Correspondencias / Chema Pascual
“Las fosas del silencio” es un libro de Montse Armengou y Ricard Belis basado en dos reportajes de Televisió de Catalunya,S.A.
En él se habla de la matanza de Badajoz y de Jay Allen, del que dicen
“que ya se había hecho famoso por una entrevista a Franco en la cual el futuro ‘caudillo’ revelaba sin ambiguedades sus planes:
A mi pregunta: Ahora que el golpe ha fracasado en sus objetivos, ¿por cuánto tiempo seguirá la matanza?, contestó tranquilamente: No habrá compromiso ni tregua, seguiré preparando mi avance hacia Madrid. Avanzaré -gritó-, tomaré la capital. Salvaré España del marxismo, cueste lo que cueste. No dudaría en matar a media España si tal fuera el precio a pagar por pacificarla.”
Así, tranquilamente, sin mover la cabeza.
Un saludo
Correspondencias / Ana Nuño
Querido, hay que ver la que has liado con tu “Instruir deleitando”. Salvo el racional Arcu, que confirma tu lectura de uno de los probables “gazapos” de traducción en el auto de Garzón, todo es “torniamo all’antico”.
Es una lástima, pero no hay más remedio: en este país, a la que intentas dar un paso en la dirección correcta, te ves obligado a retroceder dos para señalar al personal adonde te diriges. Muy pocos españoles parecen conocer la función fática del lenguaje.
Y esto solo certifica una patología local (de la que, también probablemente, el auto de Garzón sea un “ecco in lontano”).
Está el conocido aullido unamuniano: “¡Que inventen ellos!”. Pero hay muchos otros lugares que certifican que el atraso cultural, intelectual y, sobre todo, científico de España no empezó con Francisco Franco ni, mucho me temo, acabará cuando Zapatero haya restaurado la ¿II? ¿o era la III República?
Por ejemplo, éstos:
“Arrastra España su existencia deleznable cerrando los ojos al caminar del tiempo, evocando en obsesión perenne glorias añejas.”
Ramiro de Maeztu, 1897.
“No hay corrientes vivas internas en nuestra vida intelectual y moral; esto es un pantano de agua estancada, no corriente de manantial… no hay juventud. Habrá jóvenes, pero juventud falsa.”
Miguel de Unamuno, 1905.
“Todo el mundo se ríe: la felicidad anida en la península.”
Vicente Blasco Ibáñez, 1897.
“Esto es la sociedad española, este desfile de cosas muertas ante la indiferencia de un pueblo de eunucos.”
Pío Baroja, 1905.
“Vivamos impasibles; contemplemos impávidos la fatal corriente de las cosas. El dolor es tan irreal como el placer…”
Azorín, 1899
“En España, al presente, puede afirmarse que no existe la opinión pública.”
Emilia Pardo Bazán, 1915
Un abrazo
Correspondencias / Antoni Mont
Arcadi,
Me ha llamado la atención que haga usted gravitar su artículo sobre la
entrevista de Franco en el Chicago Daily Tribune y sobre lo que, por
más vueltas que le demos, no sería más que un juicio de intenciones a
Franco. Si esa es toda la evidencia de de que dispone Garzón, mal vamos. Más
base parece tener -si más no desde la perspectiva de un lego- cuando denuncia
el asalto a la legalidad vigente:
“La acción desplegada por las personas sublevadas y que contribuyeron a la
insurrección armada del 18 de julio de 1936, estuvo fuera de toda legalidad y
atentaron contra la forma de gobierno (delitos contra la Constitución, del
Título Segundo del Código Penal de 1932, vigente cuando se produjo la
sublevación)…”
Sin embargo, lo que echo en falta -insisto, desde mi ignorancia técnica en la
materia- es una distinción más clara entre los (supuestos) crímenes cometidos
durante la Guerra civil y la represión posterior a la misma. Donde a mi
juicio el auto de Garzón adquiere mayor fuerza es cuando dice que:
“Los vencedores de la Guerra Civil aplicaron su derecho a los vencidos y
desplegaron toda la acción del Estado para la localización, identificación y
reparación de las víctimas caídas de la parte vencedora. No aconteció lo
mismo respecto de los vencidos que además fueron perseguidos, encarcelados,
desaparecidos y torturados por quienes habían quebrantado la legalidad
vigente al alzarse en armas contra el Estado, llegando a aplicarles
retroactivamente leyes (…) tanto durante la contienda, como después, en los
años de posguerra, hasta 1952″.
Saludos




