7 de junio

Habrá que pensar en ir tomando pastillas



wso.jpg Querido J:

Se llenaron un par de campos de fútbol ibéricos el último fin de semana en Nueva York para escuchar lo que decían sobre el mundo unas cuantas docenas de científicos. Era la primera edición del World Science Festival, organizado por Brian Greene, físico, autor de un libro sobre la teoría de cuerdas, El universo elegante, que es un título de belleza provocadora. (Traducciones: I, II y III). Allí estuve, allí he estado durante los últimos días, sin moverme de casa, naturalmente, gracias a los adelantos. Como su denominación indica festival y ciencia han pasado del viejo oxímoron al nuevo pleonasmo. En el mundo civilizado no hay espectáculo de la inteligencia comparable al de reunir una colección de cabezas dispuestas a acabar, predicando con el ejemplo, con el infamante estigma de la separación entre cuerpos y almas, es decir, entre las llamadas culturas científica y humanista. Por el momento los físicos no han dado con la gran teoría unificada, que explicaría el todo en un párrafo; pero no hay duda que esa teoría avanza con paso de panzer en la cultura. Desde el estricto punto de vista letrado no creo que pueda darse con un acontecimiento poéticamente comparable: varios días después de la clausura los encargados de la limpieza aún recogían metáforas, brillantes como latas de cerveza. Paul Johnson, en el último capítulo de Creadores (que acaba de traducirse: Ediciones B), tiene palabras muy bonitas sobre las metáforas, la ciencia y los niños. Aparece William James, el gran psicólogo precursor, que escribía así: «Nuestra vida mental, como la vida de un pájaro, parece hecha de una alternancia entre volar y posarse. Puede verse en los ritmos de los idiomas, donde cada pensamiento se expresa en una oración y cada oración se cierra con un punto.» Johnson, con ochenta años, es más joven que todos nuestros nenúfares, y está en el bando unificador. Ha escrito Creadores sin llamar a un científico, pero en el último capítulo lanza un vigoroso mea culpa: no hay diferencia entre la imaginación y el descubrimiento.

Al que primero vi en Nueva York, y con deslumbramiento, fue a Kurzweil. Impresionante personaje. Fue el inventor del Ocr (el sistema de reconocimiento de textos), es decir de los auténticos escáneres cerebrales. Tiene sesenta años y toma entre 180 y 210 pastillas diarias. La razón es que quiere llegar vivo a la Edad de la Singularidad, un concepto que ha acuñado y que, sucintamente, describe este tiempo en que las máquinas creadas por el hombre serán más inteligentes que su creador. Kurzweil sostiene que la inteligencia artificial, es decir de matriz no biológica, aumenta de modo exponencial: se multiplica por más de mil cada diez años, y de ahí la cercanía de una Era donde la nanotecnología y la robótica viajarán, entre otros parajes, por el cuerpo humano destruyendo cánceres, ensanchando arterias y planteando muy seriamente ¡el grave problema de la inmortalidad humana! Confía en llegar. Sus profecías, expuestas con detallismo y compromiso, son discutidas a cada hora. Hay objeciones importantes: entre ellas que Kurzweil no cuenta con la resistencia humana al cambio, muy poderosa. La que se refleja, por pasiva, en esta admirable frase que Vicente Carbona dedica a las teorías de la singularidad en su blog: «La ciencia postula que todo es negociable» De ahí el terror, sigue Carbona: «Religiones, conceptos políticos, nacionalidades, etnias, culturas… dejarán de importar. No, no dejarán de existir, porque existirán como las piedras existen, pero perderán todo el significado (todo el sentido) que nuestros cerebros les atribuyen.»

Lo más importante de Kurzweil es que no es un mero especulador. En el Festival hizo esto: activó una máquina de traducir de su invención, pronunció un texto en ingles, dijo luego french y el aparato lo repitió en perfecto francés. Google lo ha contratado para que perfeccione el traductor universal. Todo ello concuerda con una de sus profecías, a la que tengo un cariño perfectamente comprensible y descriptible. La profecía está traducida al castellano en Ciencia Cognitiva , blog, y dice: «La mayor parte de la información se transmite utilizando protocolos standard de conocimiento asimilado, esto es, protocolos que hacen que la información sea comprendida instantáneamente. Los idiomas como el inglés y el español aún se utilizan, pero forman parte de un conjunto de tradiciones y folklores a los que se exige respeto y protección por los legisladores.» ¡No me dirás que no es absolutamente maravilloso! Aunque está prevista para 2099 y eso significa que tendré que empezar a tomar pastillas.

Vi otras cosas inolvidables. A Francis Collins, responsable del proyecto Genoma Humano, en una mesa sobre los genes, la identidad y la herencia, zanjando la habitual discusión sobre el determinismo genético: «Después de todo, la mitad del total de este auditorio tiene un genotipo que le hace genéticamente predispuesto, en una proporción dieciséis veces mayor que la de la otra mitad, a cometer asesinatos. Se trata de la gente que tiene el cromosoma Y: ¡Machos!» Vi a David Sinclair, que estudia el resveratrol, como yo lo estudio con ahínco desde los cuatro años. En la mesa sobre la ciencia de la longevidad Sinclair ofreció la posibilidad de beber 1.000 botellas de vino tinto al día, comer un 30 por ciento menos de calorías, o tomar una sola píldora. Él trabaja con la píldora, a la que adjudica una importancia comparable a la que supuso el descubrimiento de los antibióticos. De momento ya exhibe un ratón borracho, más listo que los ratones y sin los achaques de la edad. De esa mesa me gustó especialmente el planteamiento político de Reijo Pera: «¿Qué puede la gente hacer ahora mismo para ayudar a prolongar sus vidas? No hay ninguna píldora, hasta el momento. La dieta, el ejercicio y el propósito [cada mañana hay que levantarse con un propósito] son las tres formas más eficaces. Pero en el futuro será realmente importante hablar con su senador. Sin financiación, esta ciencia de longevidad, que está al borde de un gran avance, será abandonada.» Y estuve por último en el panel estrella, que trataba de responder a la pregunta: ¿Qué nos hace humanos? Leí en el Times que todo el mundo quería estar en esa mesa. Escuché contestar a Marvin Minsky: «Recordar». A Dennett: «Razonar: haber convertido este planeta en un sistema nervioso». A Jim Gates: «Reconocer a la madre; como un niño ve a su madre la especie ve el universo entero.» A Harold Varmus: «Generar hipótesis y medir las cosas.» A Antonio Damasio: «Crear».

Como ya sabes escribo siempre con las ventanas abiertas. En el momento más dulce y pletórico del viaje me llegó una carta de un científico español. Y este párrafo dentro: «No estoy pasando un buen momento. No puedo casi avanzar. No sé cómo voy a pagar mis deudas del laboratorio, no sé cómo voy a acabar de dirigir las tesis de mis doctorandos, no sé cómo voy a publicar los datos que he generado. En definitiva no sé cómo y dónde voy a acabar. Si este año no entra financiación, tendré que tirar la toalla. No tengo ni para comprar un tubo de ensayo (literal)… Sólo he podido comprar un kit para medir insulina (100 determinaciones) que cuesta 100 euros. Necesito para acabar unos cuantos más y ya no tengo dinero.»

Este párrafo que te traigo no pretende reflejar, ni simbólicamente, el estado de la ciencia en España; ni siquiera las probables perversiones del sistema local. Es un caso particular, no sé si transferible. Pero yo estaba entre inmortales y me vino bien. De la inmortalidad, es decir, de Nueva York, lo que más me jode es los que habrán tenido que morir (y no te digo ya si fuera los que habremos de morir) para que se instale.

Sigue con salud
A.

(Links: Verónica Puertollano)

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Correspondencias /Luis Martín Arias
Querido Arcadi: preocupado por tu salud y antes de que te lances a tomar pastillas como un loco te recuerdo que no es bueno actuar con fe ciega. Conviene mirar antes, a ver que dice la ciencia. Ya en 2003 un metaanálisis de 12 estudios con 138.113 pacientes que tomaron betacaroteno y 81.788 vitamina E (Use of antioxidant vitamins for the prevention of cardiovascular disease: meta-analysis of randomised trials. Lancet. 2003 Jun 14;361(9374):2017-23 ) concluyó que el uso de vitaminas antioxidantes no reduce la mortalidad general ni cardiovascular en pacientes con o sin enfermedad cardiovascular conocida y que, por el contrario, el uso de beta caroteno se asocia a un aumento de la mortalidad. Recientemente, otro metaanálsisis realizado por médicos del Hospital Universitario de Copenhague, con los resultados de 67 ensayos clínicos en los que participaron unas 250.000 personas, concluyó que, en general, los suplementos -vitamina A, C, E, betacaroteno y selenio- no tienen ningún efecto en la reducción de la mortalidad. El principal autor del estudio, publicado en «The Cochrane Library», Goran Bjelakovic, afirmó: «De hecho, la vitamina A, el betacaroteno y la vitamina E

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Correspondencias /Javier
Estimado, don Arcadi. Como siempre, encantado con sus artículos y especialmente el referente al World Science Festival. Gracias por descubrirme al señor Kurzweil como hizo en su momento con Richard Dawkins. No se pierda lo que Microsiervos comentó hace unos días:

Hoy me ha inspirado esta pequeña frase que coloqué en mi Twitter: “Humano: Nexo evolutivo entre lo biológico y … otra cosa”.

Javier

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Cortesías

 

 

 

 

 

 

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