12 de noviembre de 2005
El terrorismo callejero en Francia reaviva el viejo asunto. Queman coches para salir en el telediario de las nueve. ¿Y qué hace el telediario de las nueve? Enfocar los coches ardiendo. El telediario actúa como si, en efecto, la noticia se desencadenara, inesperada: la cámara acude al lugar de los hechos y filma el hecho. La cuestión es que la cámara forma parte también del hecho. De modo decisivo. Pero la cámara se comporta como si no lo advirtiera. Es un grave error. Tan grave como sería no acudir al lugar de los hechos y volver a Berkeley, lo que no se filma no existe. ¿Se pide un imposible con el autotrasplante de médula mediática? No, en absoluto. Se pide que en la banlieue la cámara se comporte de modo parecido a cómo lo hace cuando Villepin convoca una rueda de prensa. Su poquito de making of. La preparación del acto. La disposición de los actores. Villepin entrando en la sala. Los periodistas esperando. Es decir, todas estas imágenes que más o menos subrepticiamente revelan la preparación de un escenario, la fabricación de la noticia. Cuando los chicos convocan su rueda de prensa nocturna, el making of del factoide es igualmente imprescindible. El factoide francés necesita el making of. Mientras tanto, los periodistas sólo supuran metáforas. Metáforas, por cierto, que consolidan el fact respecto a su veraz versión mongoloide ¿Quién filma que los chicos actúan pendientes del telediario de las nueve? O que el subidón, la renovación de fuerzas au bout de la nuit, tiene siempre un origen halógeno. Sólo los periódicos y raramente la propia televisión, en cualquier caso con timidez y después de algunos días, dan detalles de la organización de la ceremonia. Detalles ya ineficaces, porque no están cosidos a la trama de los hechos. El telediario de las nueve debe saber que su principal noticia es cómo se han hecho las noticias. Una quema de coches en la banlieue no es un accidente de aviación. Pero la cámara actúa como si lo fuese. La misma ciega estrategia narrativa. El telediario de las nueve es el único discurso ingenuo que sigue fluyendo por el mundo.
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Connolly, en el Abc Cultural, a propósito de la magna traducción de su obra en Lumen. La Barcelona de 1936. Fue juzgada derrotista su declinación. ¡Ah, cómo adoro ese periodismo con las manos frías, y cómo consuela que después de tantos años sea el único que resista!




