Jueves, 9 de octubre de 2008. Año: XVIII. Numero: 6870.
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EL ZOO DEL SIGLO XXI / ANNA SAM / Aplastada por la rutina del día a día en un hipermercado, esta ex empleada ha dado rienda suelta a sus frustraciones escribiendo 'Tribulaciones de una cajera', un libro que ha logrado vender ya 100.000 ejemplares en Francia
La venganza de la ex cajera desquiciada, todo un 'best seller'
RUBEN AMON. Corresponsal

PARIS.- «Como sigas portándote así, vas a terminar como esta señora. De cajera toda la vida...». El parlamento de una madre neurótica y un vástago indomable hizo reflexionar a Anna Sam. Se refería a ella la encolerizada mujer del carrito. Y parecía ignorarla cuando vaciaba la compra en la cinta transportadora: la leche, bip, el agua, bip, las galletas, bip, etcétera.

Sobrevino una noche de depresión. No tanto porque Anna Sam temiera convertirse en una autómata o en el epígono uniformado de Tiempos modernos, sino por la deshumanización misma de la clientela. Rara vez le daban los buenos días. Y, en cambio, sucedía con frecuencia que los consumidores del súper la convertían en chivo expiatorio: que si los precios suben, que si el café sabe a diablos, que si la fruta es insípida.

Anna Sam necesitaba prevenirse del desgaste. Por eso, decidió iniciar una terapia a beneficio propio y a disposición de los sociólogos. Escribiría el memorial de la cajera, un diario de la asombrosa cotidianidad que iba a permitirle sortear la alienación y reconciliarse con los estudios.

¿Acaso no era licenciada en literatura moderna? ¿No tenía ahora la ocasión de demostrarse su talento? El proyecto se ha convertido en un fenómeno editorial. Anne Sam se codea con Fred Vargas y con Marc Levy en la lista de superventas. Lleva vendidas 100.000 copias de Tribulaciones de una cajera, están previstas las traducciones al español, inglés, italiano y japonés, e incluso se ha puesto en marcha una versión cinematográfica.

«Soy la primera sorprendida del éxito», explica Anna Sam. «No lo escribí pensando en que iba a venderse de esta manera, sino como una manera de dar sentido a las horas que transcurría sentada a la vera de la caja. Me he emancipado del supermercado, pero soy plenamente consciente de que una parte de mi vida se queda allí: bip, bip, bip», añade de forma onomatopéyica.

Ocho años ha permanecido vestida de uniforme naranja en una superficie comercial de Cleunay (noroeste). Era la manera inicial e inmediata de costearse los estudios, aunque la ausencia de alternativas profesionales prolongó su experiencia como hôtesse de caisse (azafata de caja).

La fórmula responde a un eufemismo posmoderno, naturalmente. Una manera de revestir de dignidad el puesto, aunque el comportamiento de los clientes reestablecía las distancias jerárquicas al uso. Había quienes se excedían en cortejarla y en sacarle los colores. Predominaban los maleducados y los presurosos. Escaseaban las matronas sensibles.

«El trabajo era muy duro psicológicamente. La caja te vacía, te arrebata la energía, te anula y te deja exhausta. Puede aceptarse la indiferencia de los demás, pero no hasta el extremo de que te conviertan en invisible. La caja es una forma de demoler el amor propio», explica crudamente Sam.

Quería haber sido cosmonauta de niña y le gustaría dedicarse al periodismo «de mayor», aunque, de momento, ha encontrado en su blog personal (http//cassierenofutur.overblog.com) la manera de realizarse y de relacionarse sin miedo a una mirada despectiva o a una boutade.

Bien lo saben los sabuesos de la editorial francesa Stock. Supieron a través de una revista que Sam había conseguido un nicho militante en el abrevadero de internet gracias a su diario personal. Y le propusieron escribir un libro inevitablemente tragicómico.

«Las preguntas más habituales en mi trabajo eran: ¿Dónde están los servicios? ¿Me da una bolsa? ¿Está abierta la caja? Mis estadísticas diarias, en cambio, las encabezaban los buenos días (250 veces), gracias (500), ¿tiene usted tarjeta de fidelidad? (200)», recuerda Anna Sam.

Es una anécdota que le permite relativizar los miedos que ha compartido con sus colegas. Miedo a quedarse sin trabajo. Miedo a perder toda relación con el cliente. Miedo a convertirse en cajera vitalicia, toda vez que apenas el 1% de las profesionales, bip, bip, consiguen prosperar en la jerarquía del súper. Y no faltan, desde luego, clientes dispuestos a rescatarlas:

-Caballero, son 65,78 euros. ¿Tiene una tarjeta de fidelidad?

-Yo le seré siempre fiel...

-Ya me ha entendido.

-Seré franco: ¿quiere acostarse conmigo esta noche?

Anna Sam recuerda el episodio con más ironía que diversión. Pero, sobre todo, sabe que a las cajeras, como ella escribe, les está prohibido soñar en las historias de amor al uso en las películas americanas.


LO DICHO Y HECHO

«Me he emancipado del supermercado, pero soy plenamente consciente de que una parte de mi vida se queda allí: 'bip', 'bip', 'bip'»

1979: Nace en Rennes, al noroeste de Francia. 1999: Comienza a trabajar como cajera en una superficie comercial. Primero 12 horas semanales. Finalmente, 24. 2002: Se licencia en Literatura contemporánea. 2007: Toma la decisión de despedirse. Cultiva su blog y consigue un imprevisible éxito de visitas. 2008: La editorial Stock le plantea la posibilidad de publicar un libro y, el pasado junio, apareció Tribulaciones de una cajera. El volumen acaba de rebasar los 100.000 ejemplares.

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