El 2 de enero de 2007, una gran mujer entró en las cavernas Cango de
Sudáfrica y se quedó atascada en la única salida, atrapando a los 22
turistas que tenía detrás. Desenterrarla no parecía ser una opción, lo que
dejaba un terrible dilema moral: ¿sacrificamos la vida de la mujer para
liberar a los otros 22, o la dejamos morir junto al resto de turistas? Es un
dilema porque nos obliga a decidir si salvar la vida de muchos usando la
vida de otro como medio para ese fin.
Una nueva ciencia de la moral está comenzando a descubrir cómo las personas
en las diferentes culturas juzgan tales dilemas, identificando los factores
que influyen en el juicio y las acciones que le siguen. Estos estudios
sugieren que la naturaleza proporciona una gramática moral universal,
diseñada para generar rápida, intuitiva y universalmente sólidos juicios
acerca de lo que es correcto e incorrecto. Considere ser sujeto de estudio
de la
Encuesta
de Jucio Moral, una web que ofrece dilemas como estos: ¿Conduciría su
barco más rápido para salvar del ahogamiento la vida de cinco personas, a
sabiendas de que una de las que van a bordo se caerá y se ahogará? ¿Dejaría
de darle un medicamento a un paciente enfermo, sabiendo que morirá sin él,
pero cuyos órganos podrían ser usados para salvar la vida de otros tres
pacientes? ¿Asfixiaría a su bebé berreante si ello pudiese prevenir que
soldados enemigos les encontraran y les mataran a los dos, junto a los otros
ocho que se esconden con usted?
Estos son dilemas morales porque no existen respuestas claras que obliguen a
un deber hacia una parte sobre el resto. Lo que es destacable es que las
peronas de diferentes contextos, incluyendo a ateos y creyentes, responden
de la misma manera. Es más, cuando se les pregunta por qué tomaron sus
decisiones, la mayoría de las personas no tienen ni idea, pero se sienten
seguras en sus elecciones. En estos casos, la mayor parte dice que es
aceptable acelerar el barco, pero duda sobre dejar de medicar al paciente.
Aunque muchas personas respondieron inicialmente que es impensable asfixiar
al bebé, a menudo dicen después que es permisible en esa situación.
Sorprendentemente, nuestras emociones no parecen tener mucho efecto sobre
nuestros juicios sobre lo que es correcto e incorrecto en estos dilemas
morales. Un estudio de las personas que tienen dañada el área del cerebro
que vincula las emociones con la toma de decisiones descubrió que,
enfrentados a una serie de dilemas morales, estos pacientes hacían por lo
general los mismos juicios morales que la mayoría de las personas. Esto
sugiere que las emociones no son necesarias para tales juicios.