VICTOR DE LA SERNA
Pues miren por dónde, el director de El País, Javier Moreno, estuvo dialogando públicamente en Segovia, este fin de semana, con Mario Vargas Llosa sobre literatura y periodismo. El escritor (y periodista) peruano, según informa ese mismo diario, mostró su preocupación: «Por hacer un periodismo entretenido, no sólo en el sentido de ágil, sino por buscar a toda costa el entretenimiento del público, se va relegando a un segundo plano la objetividad y, lo que es más importante, la información. El auge del periodismo amarillo está infectando a los periódicos más serios». Y aquí es donde entra en acción Moreno: «El director de El País coincidió con el escritor en que el periodismo sensacionalista (que no es un problema en países como el Reino Unido, donde la forma marca la diferencia entre ambos) sí es una amenaza cuando llega disfrazado de lo que no es».
Es una preocupación extendida en el oficio: aquí al lado pueden leer cómo la expresa la nueva presidenta de las Asociaciones de la Prensa. Pero que lo diga Moreno, y lo diga este fin de semana, es noticiable en sí. Y Arcadi Espada, en su blog diario en elmundo.es, no lo pasaba ayer por alto:
«Creo que estas palabras de Moreno son muy meritorias. Contra lo que pudieran pensar círculos bien informados, no van contra el periódico. Pas. Representan el punto más alto de la crítica, que es, sin duda, el de la autocrítica. Aunque estaba en Segovia, los ingenios modernos ya le habrían hecho llegar al director Moreno el párrafo que acababa de comistrajear, a domingo caliente, un redactor de su periódico y que hoy campea en todas las ediciones (y mañana en las antologías) como un ejemplo sensacional de lo que puede ser capaz, con esfuerzo, un cerebro humano: 'La protesta no logró llenar la plaza de Sant Jaume, con un aforo máximo de 6.000 personas, según la Guardia Urbana. A la misma hora, un festival de acrobacias aéreas reunía 350.000 personas en la zona del Fòrum'. Una amenaza cuando llega disfrazada de lo que no es. Ciertamente. No alude a un párrafo. Ni a un diario. Ni a un género. Es un modo de vida».
(Desde luego, el redactor de El País también podría haber aducido que al derbi Espanyol-Barcelona de Montjüic acudieron 31.660 espectadores para contemplar las bengalas y el penalti inexistente...).
Efectivamente, Espada da en el clavo al encontrar en las páginas del periódico de Moreno una muestra -palpable y simultánea- del mal que su director tan rotundamente denunciaba en Segovia. Está claro que, sarcasmos aparte, Moreno no piensa que el paquebote de Miguel Yuste sea culpable de ese amarillismo disfrazado de anglosajona y a menudo grisácea (o plúmbea) respetabilidad. Piensa que los malos somos EL MUNDO, la Cope o demás medios más demostrativos y peleones, y menos prosocialistas de paso, que el suyo. Pero el genuino amarillismo no reside en el estilo. Reside en la capacidad de deformación (y, a menudo, de ocultación). Esa sí que es una viga, no una pajita, en el ojo propio...
|