Sábado, 28 de junio de 2008. Año: XVIII. Numero: 6767.
OPINION
 
EL MUNDO QUE VIENE / JOSEF JOFFE
«Europa no debe creer que su problema era sólo con Bush y no con la superpotencia estadounidense»
CON UN PIE EN EUROPA Y OTRO EN EEUU, A CABALLO ENTRE EL PERIODISMO Y LA DOCENCIA UNIVERSITARIA, EL EDITOR DEL PRESTIGIOSO SEMANARIO ALEMAN 'DIE ZEIT' SE HA CONVERTIDO EN UN ANALISTA DE POLITICA INTERNACIONAL DE REFERENCIA QUE SIGUE CON ESPECIAL INTERES LAS RELACIONES TRANSATLANTICAS Y ORIENTE PROXIMO
CARLOS ALVARO ROLDAN

CARGO: Editor del semanario alemán 'Die Zeit' y profesor en la Universidad de Stanford (EEUU) / EDAD: 64 años / CREDO: «Como decía el pintor y poeta Francis Picabia: 'Nuestra cabeza es redonda para que los pensamientos puedan cambiar de dirección'» / AFICIONES: Escribir «y que me paguen por ello» / SUEÑO: Tocar un instrumento y tener oído musical

Una foto del inconfundible Groucho Marx en sus últimos años de vida, con el inevitable cigarro puro entre sus dedos y su eterna pícara sonrisa, preside el despacho de Josef Joffe en el centro de Hamburgo, la capital de los medios de comunicación alemanes. Visiblemente cansado, pide disculpas por no saber dónde ha puesto la corbata, y su asistente le secunda en las excusas por no encontrarla.

Ya metido en materia, el editor de Die Zeit, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Stanford, autor de numerosos ensayos y colaborador en múltiples revistas, demuestra que la relación entre Estados Unidos y Europa es una de sus grandes pasiones junto al conflicto árabe-israelí. Y pese a ser acusado de adoptar posiciones republicanas estadounidenses desde una óptica europea, nunca ha tenido problema en admitir sus propios errores, como ocurrió en el caso de su apoyo inicial a la invasión de Irak por parte de EEUU.

PREGUNTA.- Usted es uno de los mayores expertos europeos en política internacional y en concreto, de la de EEUU, que está absolutamente sumergido en las elecciones a la Casa Blanca. ¿Qué país se encontrará el nuevo presidente que salga de las urnas tras la era George W. Bush?

RESPUESTA.- Desgraciadamente, se va a encontrar un país inmerso en una gran depresión económica, que se traduce en la mayor crisis financiera de EEUU desde hace décadas. Es la llamada crisis de las subprime, que, entre otras cosas, está hundiendo el precio de las viviendas. Las consecuencias a largo plazo son enormes y van a seguir llegando ondas de choque al sistema financiero de EEUU y al internacional. Las predicciones más pesimistas hablan de que se podría perder en préstamos e hipotecas hasta un trillón de dólares. Todo ello podría suponer un recorte de entre el 1% y el 1,5% en el Producto Interior Bruto.

Por lo tanto, el próximo presidente de EEUU tendrá como prioridad detener el resbalón de la economía, poner en orden las cuentas domésticas, reactivar el crecimiento económico y frenar la caída del dólar.

P.- ¿Cree que influirá mucho en el resultado electoral la Guerra de Irak?

R.- Comparado con las nefastas consecuencias de los datos económicos que le acabo de citar, la Guerra en Irak apenas importa en estos momentos a los ciudadanos. Además, desde el verano de 2007, el general David Petraeus lo está haciendo bastante bien sobre el terreno de batalla con su estrategia de «limpiar y mantener». Los insurgentes han sido expulsados de la mayoría de las provincias y Al Qaeda está perdiendo el apoyo de la inmensa mayoría de los civiles por sus ataques indiscriminados.

P.- Las encuestas más recientes en EEUU coinciden en pronosticar que el demócrata Barack Obama parte con cierta ventaja respecto al conservador John McCain. ¿Qué cambios podemos esperar tanto en la política exterior como en la doméstica de Washington en caso de que venciera Obama?

R.- Hay que ser cautos con las encuestas. Su universo es algo escaso y aún tenemos cinco meses por delante. No está predestinado, como algunos piensan, que el presidente de EEUU en 2009 sea un demócrata, especialmente cuando McCain es un republicano centrista que puede lograr superar las divisiones ideológicas y atraer a esos demócratas centristas que no ven con buenos ojos el giro a la izquierda de Obama.

Pero, gane quien gane, Europa no debe creer que su problema era sólo con Bush y no con la superpotencia americana. Hay pasajes en las memorias de Obama, La audacia de la esperanza, que suenan a Bush. Está de acuerdo con actuar unilateral y preventivamente contra cualquier amenaza exterior, y no lo está con dar al Consejo de Seguridad derecho de veto sobre las acciones de EEUU. Exactamente lo mismo que opina McCain. Un presidente demócrata sería más proteccionista en el comercio, lo que no gustaría a Europa ni al resto del mundo dependiente de la economía estadounidense. En todo caso, cualquiera que llegue a la Casa Blanca, ejercerá una diplomacia más multilateral de la que desplegó Bush en su primer mandato, entre 2001 y 2005.

P.- Usted apoyó la invasión de Irak, pero luego su opinión ha girado hacia posiciones bastante críticas. ¿Dónde está la salida de EEUU, atrapado en un país con mayoría de chiíes que reclama el control de su petróleo y con Irán, también chií, como incómodo vecino?

R.- No hay una salida rápida. Mire a Alemania y a Japón, que fueron democratizados por EEUU después de 1945. Fue una empresa noble y con éxito pero aún hoy, 60 años después, el ejército estadounidense está presente en ambos países. Creo que a partir de ahora EEUU va a tener mucho más éxito en el conflicto iraquí del que tuvo entre 2004 y 2006. Le ponía antes el ejemplo del trabajo de Petraeus. Una razón clave es que EEUU ya no toma sólo en consideración el lado chií, sino que está volcándose también en buscar apoyo y responder a la demanda de los suníes. Los baazistas [seguidores del Partido Baaz, controlado hasta su caída por Sadam Husein] están recibiendo pensiones y los suníes [rama islámica a la que pertenece aproximadamente el 20% de la población iraquí] son reintegrados al ejército y a las distintas burocracias.

Esencialmente, EEUU está enviando dos señales. Por un lado, a los suníes les dice: «No estáis solos, os protegeremos frente a la mayoría chií y os incluiremos en el poder político»; y, por otro, a los chiíes: «No explotéis vuestra superioridad numérica para incitar a la limpieza étnica y a las matanzas de la minoría suní». Así, EEUU intimida y reequilibra ambos lados. El resultado está siendo un evidente declinar de la violencia en Irak, a pesar de que se siguen produciendo atentados con decenas de muertos, como el de hace sólo unos días.

P.- Hablemos del problema de Israel y Palestina. Las imágenes de violencia siguen llegando casi de forma rutinaria, entre relativos periodos de tranquilidad. Y el apoyo sin fisuras de Washington a Tel-Aviv es visto como uno de los motivos del creciente antiamericanismo.

R.- No estoy convencido de que ese apoyo sin fisuras a Israel sea el que provoque la hostilidad islámica hacia EEUU. ¿Hubo menos odio cuando Clinton trató de lograr la paz entre Rabin y Arafat en 2000? Los jomeinistas iraníes odian a EEUU porque lo consideran el Gran Satán: occidental, moderno, poderoso y una barrera para el islamismo revolucionario. Lo que sí es cierto es que la hostilidad hacia EEUU e Israel, la única democracia en Oriente Próximo, les hace apoyarse más. E Irán tiene buenas razones para odiar a ambos porque ellos son el baluarte más poderoso contra sus ambiciones regionales. ¿Hay sitio para la esperanza? No mientras una parte del movimiento palestino, Hamas, quiera destruir a Israel.

Creo que los israelíes han entendido que no pueden gobernar sobre otros pueblos y la mayoría ha aceptado la solución de dos Estados. Muchos palestinos, sin embargo, siguen soñando con un único Estado, el suyo.

P.- Como editor del prestigioso Die Zeit, ¿cómo ve este momento en la historia de Alemania? La economía recuperándose a marchas forzadas, una gran coalición entre conservadores y socialdemócratas, miles de soldados desplazados por el mundo en misiones humanitarias, un centro cultural y económico de una Europa cada día más grande...

R.- La Alemania de posguerra es una de las historias más exitosas del siglo XX, como lo ha sido la de España después de Franco. Tras ser el país más odiado del mundo, hoy Alemania no tiene enemigos. Su estable democracia es admirada y se ha convertido en la tercera gran potencia económica del mundo, y en el segundo mayor exportador. Es la Alemania más feliz que jamás haya existido, a pesar de que no es precisamente la nación más optimista de la Tierra. Hoy los alemanes pueden decir: estamos rodeados de amigos y Alemania es liberal, estable, rica e igualitaria. Algo que no se puede decir de la primera parte del siglo XX, de Prusia al III Reich. ¿Quién hubiera pensado alguna vez que los soldados alemanes serían bienvenidos en el mundo, desde los Balcanes hasta Afganistán?

P.- Sin embargo, la tradicional estabilidad alemana entre el centro izquierda y el centro derecha parece verse amenazada en el horizonte, a un año de las elecciones, por la irrupción de La Izquierda y el incómodo Oskar Lafontaine a la cabeza.

R.- La estabilidad en la política nacional se ha complicado bastante desde las elecciones de hace algunos meses en Hesse y Hamburgo [con malos resultados para la CDU de la canciller Angela Merkel].

La estabilidad democrática de Alemania quedó estructurada en un sistema de tres partidos en los años 80. En los 90, un cuarto partido, Los Verdes, entró en el sistema sin romperlo. Rojos y Verdes gobernaron el país con bastante éxito entre 1998 y 2005. Ahora, con el ascenso de La Izquierda, Alemania se ha convertido en un sistema con cinco partidos, como en Hesse, donde no hay mayorías de gobierno porque ninguno quiere irse a la cama con La Izquierda: una amalgama que reúne votos de protesta de viejos estalinistas y fans nostálgicos de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA). Esto lleva, en principio, a grandes coaliciones inestables o a inéditas coaliciones de tres partidos que aún no han sido probadas. Contrarios a su vieja reputación, los alemanes se han vuelto más pragmáticos, por lo que no creo que se acerque un periodo de inestabilidad.

Pienso que el partido de Angela Merkel ganará las elecciones de 2009 y que ella seguirá en el poder otros cuatro años más.

P.- Algunos analistas advierten de que entre los últimos fichajes de la Unión Europea han entrado cuñas de EEUU, que hablarían con el gigante a espaldas de Bruselas. Léase el intercambio de datos de pasajeros con la República Checa, el escudo de misiles, o la inmunidad en Rumanía para el personal estadounidense ante la Corte Penal Internacional. ¿Cuánta atención hay que prestar a estos avisos?

R.- EEUU siempre ha preferido alcanzar acuerdos bilaterales con países clave como el Reino Unido o Alemania, y esas naciones han estado de acuerdo. Ninguno de los grandes -Gran Bretaña, Francia, Alemania y ahora Polonia- va a dejar a Bruselas dictar su política exterior. No creo que la República Checa, Rumanía o Polonia sean agentes de EEUU. Estos países recuerdan que así era cuando vivían bajo las órdenes de la Unión Soviética y no desean ser dominados por los franceses, los alemanes o la propia UE. Instintivamente, buscan relaciones más cercanas con EEUU. Washington, asimismo, sabe que siempre podrá entenderse con sus tradicionales aliados, como Francia o Alemania. No creo que quiera usar a Polonia como cuña. En las relaciones transatlánticas, especialmente en las relaciones económicas, son el Reino Unido y Alemania los que más importan.

P.- Es inevitable hablar de Kosovo. ¿No ha habido cierta precipitación entre los gobiernos occidentales? ¿Cómo valora la negativa de España a reconocer su secesión de Serbia?

R.- Resulta obvio por qué España no ha reconocido como Estado a Kosovo. Tiene muchos problemas con los separatistas vascos y no quiere alentarles. Un Kosovo independiente no es una bendición para la UE: tendremos que protegerles y apoyarles durante un largo periodo de tiempo.


LA CUESTION

- En sus últimas obras usted elabora un profundo análisis de EEUU y reconoce cierto fracaso del presidente Bush a la hora de convertir su fabuloso poder en un liderazgo mundial respetado e influyente. Al mismo tiempo, denuncia un anti-americanismo creciente, con especial incidencia en Europa, donde una mayoría de ciudadanos tienen hoy una mala imagen de EEUU

- Muchos de los europeos que critican EEUU dicen que no les gusta Bush, no el país. No estoy tan seguro de que Bush sea el único problema y de que un presidente como Obama fuera abrazado con cariño por los europeos. EEUU hace frente a más amenazas, tiene intereses globales que podrían ser atacados, y dispone de los medios y la decisión de usar su poder militar en defensa de sus intereses nacionales. Esto marcará siempre la diferencia entre EEUU y Europa, y causará fricciones con la UE, que no tiene este tipo de poder estratégico y que en cualquier caso preferiría usar la diplomacia, el comercio y la ayuda.

Más aún, demócrata o republicano, el estadounidense tiene un sentido de la nacionalidad y de la necesidad nacional más fuerte. Esto siempre le hará sospechoso a ojos de los europeos, que no dejan de entregar soberanía a la UE y negarse a utilizar la fuerza como una herramienta.


SU PROPIO MUNDO

«Tenemos que aprender a vivir por y para internet»

Su currículum es realmente espectacular. Ha estado en los medios alemanes más influyentes, como Die Zeit o previamente en Süddeutsche Zeitung. Al mismo tiempo ha realizado una labor docente en universidades a ambos lados del Atlántico y colabora en varias revistas de política internacional. ¿Con qué papel se queda, con el de periodista o con el de profesor?

- Creo que he sido afortunado de haber sido preparado en las mejores universidades de EEUU, como por ejemplo Harvard. Y también por haber tenido un pie en el periodismo y otro en la docencia, ya que imparto clase de Ciencia Política en Stanford desde 2004. El periodismo te enseña cómo escribir bien y la vida universitaria te evita apoltronarte mientras te obliga a enfrentarte a las nuevas ideas y pensamientos de tus colegas o de la literatura académica de obligada lectura. Cada una de estas profesiones fertiliza a la otra y la habilidad de mirar desde fuera profundiza tu ojo analítico.

Muchos periodistas miran con envidia el modelo de organización laboral de sus colegas alemanes, donde la mayoría cena con su familia dejando las últimas noticias para el día siguiente, incluyendo amplios análisis. ¿Cuál es su punto de vista en plena revolución de internet?

- Los periodistas que trabajan en televisión y en los diarios no van a casa a cenar todos los días, e incluso trabajan los fines de semana. Los reporteros del Bild rara vez tienen tiempo de trabajar tranquilos o escribir largos análisis. Y todos tenemos que aprender a vivir por y para internet. Tómeme a mí como ejemplo. Cuando empecé en Die Zeit en 1976 escribía sólo una vez a la semana. Hoy reaccionamos casi al instante y escribimos día tras día, y no sólo en jornadas de nueve a cinco. Internet está revolucionando el periodismo a lo largo y ancho del planeta, y sólo estamos en los comienzos de este nuevo mundo.

P.- Usted participó el año pasado en un divertido libro, Schöner Denken. Wie man politisch unkorrekt ist (Los más bellos pensamientos. Así somos de políticamente incorrectos), con otras grandes figuras de la prensa alemana.

- Schöner Denken fue un intento de deconstruir el lenguaje político, el lenguaje políticamente correcto, como lo hacía el pintor Francisc Picaba. El decía: «La cabeza es redonda para que los pensamientos puedan cambiar de dirección en un momento». El libro no supone un tratamiento psiquiátrico sino un ejercicio de ironía y pura diversión, no sólo para el lector sino para los autores. Pero la corrección política no es un fenómeno sólo alemán, sino de todos los occidentales. Y fue inventado en EEUU después de leer demasiado a los posmodernistas franceses (Derrida, Baudrillard...). El lenguaje puede agudizar pero también atontar a la mente. Desde que los periodistas trabajan con el lenguaje, estos tienen una especial responsabilidad a la hora de resistirse a la ofuscación y a la manipulación.

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