Sábado, 28 de junio de 2008. Año: XVIII. Numero: 6767.
ESPAÑA
 
DESAFIO AL ESTADO
Sonrisas, tensión y discurso prestado
El 'lehendakari' utilizó cerca de 20 veces la expresión 'derecho a decidir' y muchos términos acuñados por los radicales
M. VEGA

VITORIA.- El lehendakari llegó a la sede del Parlamento con una amplísima sonrisa, sin pararse ante las cámaras. Con el paso seguro, fruto de saber que la batalla de la jornada estaba ganada -se lo habían dicho el jueves las parlamentarias de PCTV-, se dirigió a la tribuna de oradores. Con puntualidad británica comenzaba su último desafío al Estado.

Ibarretxe realizó una primera intervención -la que llevaba escrita- serena, tranquila, segura, sin demasiada gestualidad. Muy diferente fue su segundo paso por la tribuna, mucho más crispado, enfadado, indicando continuamente con el dedo a «ustedes», al dirigir sus reproches a quienes se han opuesto a su proyecto. Se mostró tenso, ofendido incluso por algunas de las expresiones del resto de portavoces. Mientras los representantes de la oposición intervenían, realizó continuos cabeceos y aperturas de manos, gestos acompañados de cuchicheos con la vicelehendakari.

Ibarretxe no estuvo a gusto. En las cuatro horas de debate fueron muy pocas las sonrisas y muchos los minutos de gesto torcido. Todo cambió al concluir el Pleno. Entonces se relajó y volvió la sonrisa a su rostro. Era la hora de recibir halagos, felicitaciones, el aplauso de los suyos. Sólo de los suyos.

Y si los gestos dicen mucho de estados de ánimo, las palabras transmiten las ideas. En su discurso, de nueve folios, Juan José Ibarretxe utilizó las mismas expresiones prestadas por la izquierda radical que constituyen su línea argumental de los últimos años.

Hasta en 15 ocasiones utilizó la expresión derecho a decidir en su primera intervención y otras tres más en la segunda. Todo ello, además, aderezado con otras frases similares como «dar la palabra al pueblo» o «negociar y decidir».

Como decía un empleado del Parlamento poco antes de concluir la sesión: «Tanta expectación, tanta expectación, ¿para qué? No se ha dicho ni una sola cosa nueva que no hayamos oído en los últimos meses y la votación también la conocíamos...».

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