Martes, 29 de abril de 2008. Año: XVIII. Numero: 6707.
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¿Cuánto cuesta decir la verdad delante de una cámara?
El director de 'Standard Operating Procedure', el documental sobre Abu Ghraib, confiesa que 'compró' algunas entrevistas
LUIS MARTINEZ

MADRID.- 1. «Lo realmente difícil fue hacer que los tipos equivocados hablaran ante la cámara». 2. «Pagué a las manzanas podridas porque me lo pidieron. Si no hubiera pagado no habrían hablado». Las dos frases pertenecen al mismo autor y se refieren a las mismas personas. Eso sí, fueron pronunciadas con cerca de tres meses de diferencia.

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Menos críptico. El director Errol Morris acudió al Festival de Berlín el pasado mes de febrero con su filme Standard Operating Procedure (Procedimiento para operar stándard). Era la primera vez que un documental competía en la sección oficial de la Berlinale. El cineasta, que se había llevado un Oscar por su exhaustiva y escalofriante cinta anterior, Rumores de guerra (toda ella organizada alrededor del testimonio de Robert S. McNamara, Secretario de Defensa estadounidense en la guerra de Vietnam), prometía ahora hurgar en la herida, aún abierta, de Abu Ghraib.

Allí, un lugar perdido en Irak, el ejército más poderoso del planeta torturó y vejó a su adversario. Unas fotos, tan explícitas como repugnantes, daban buena prueba de ello. Y tal cual lo prometido, el documental, entrevista tan entrevista, descubre el horror que se esconde detrás de cada una de las instantáneas. Cada soldado cuenta su historia. «El secreto de un buen documental», comentó entonces el director en una improvisada clase magistral ante los periodistas, «es la persecución de la verdad. Ese debe de ser el objetivo y la única regla. La verdad se puede reconocer». El documental se llevó el Premio Especial del Jurado.

Sin embargo, el jueves pasado, en el festival Tribeca de Nueva York, en otra lección algo menos magistral, el cineasta reconocía que algunos de los entrevistados habían recibido dinero por sus declaraciones. Lo que no dijo es quiénes y cuánto. Y, acto seguido, la polémica corrió de mano en mano como una falsa moneda. El primer implicado ha sido la prestigiosa revista The New Yorker. El mensual publicó recientemente un extracto de un libro, que saldrá a la venta el 15 de mayo, basado en el documental. Dado que la publicación recoge en su libro de estilo la prohibición expresa de pagar por las declaraciones, el editor, David Remnick, ha tenido que salir a la palestra en las páginas de otra institución neoyorkina, The New York Times: «Ni nuestros periodistas ni nuestros colaboradores pueden pagar por una declaración. Si lo hacen, no se publica. Y punto». Pero Morris, no es ni una cosa ni otra. «Norman Mailer, por ejemplo, pagó para confeccionar La canción del verdugo. El libro es una obra maestra. ¿Qué hacer en estos casos?», se pregunta Remnick. Y él se da la respuesta: «Hay que encontrar un camino para publicar un texto de estas características y, a la vez, ser honesto con el lector».

Un ejemplo de esto podría ser Ghosts of Abu Ghraib, de Rory Kennedy. Este documental, emitido en la cadena de cable HBO, incluye al final del mismo una nota que no luce en el de Morris. En ella se hace constar que algunas de las declaraciones han recibido la motivación extra de un honorario. El director de la organización independiente Project for Excellence in Journalism, Tom Rosenstiel, también desde las páginas del rotativo de Nueva York, no ha querido dejar pasar la ocasión para dar sentido de su cargo: «Si se paga se deja la puerta abierta para que se dramatice, se actúe, en vez de simplemente contar la verdad». Y esto, no por obvio, es la clave de todo el asunto. Standard Operating Procedure da la voz por primera vez tanto a la soldado Lynndie England (la que llevaba atado con un correa de perro a un prisionero) como a Sabrina Harman (la que se reía delante del cadáver de un torturado). ¿Cobraron por decir lo que dicen? ¿Hasta qué punto no modificaron su historia para hacerla merecedora de una posible gratificación? ¿Por qué no había dicho nada antes el director? ¿Cuánto cuesta la verdad?

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