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	<title>Diarios de Arcadi Espada &#187; Uncategorized</title>
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		<title>Más/Menos/Al par</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 05:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[No olvidaré fácilmente aquellos tres días en Madrid. Fuera, la prima de riesgo subía más allá de los 450 puntos y la prosa electoral, en su semana agónica, lo infectaba todo. Pero, dentro, en el CaixaForum de Atocha, se había organizado una pequeña Atenas antes del rescate. Abrías una puerta y allí estaba la elegante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No olvidaré fácilmente <a href="http://www.lacreaciondelmundo.es/">aquellos tres días</a> en Madrid. Fuera, la prima de riesgo subía más allá de los 450 puntos y la prosa electoral, en su semana agónica, lo infectaba todo. Pero, dentro, en el CaixaForum de Atocha, se había organizado una pequeña Atenas antes del rescate. Abrías una puerta y allí estaba la elegante <a href="http://www.lacreaciondelmundo.es/participantes/patricia-churchland/">Patricia Churchland</a> describiendo cómo funcionaba el cerebro creador. Otra, y se veía a <a href="http://www.lacreaciondelmundo.es/participantes/sabino-mendez/">Sabino Méndez,</a> con su Martin, a punto de pasar de las palabras a los hechos y enseñarles a los chicos cómo se hace una canción. Llegabas al centro de un escenario y ahí estaba <a href="http://www.lacreaciondelmundo.es/participantes/ferran-adria/">un Gassman</a> de vuelta a la vida que hasta aquel momento había atendido al nombre de Ferran Adrià: y no hablando de cocina, sino de mérito, de trabajo y de alegría. Dabas la vuelta y en el laboratorio estaba <a href="http://www.lacreaciondelmundo.es/participantes/gines-morata/">Ginés Morata</a> enseñando cómo hacer en pocos pasos un ala de mosca. En cualquier lugar resonaban los ecos del decálogo de <a href="http://www.lacreaciondelmundo.es/participantes/stephen-vizinczey/">Vizinczey:</a> “No te drogarás. No serás modesto. No serás vanidoso.  No tendrás costumbres caras&#8230;” Y había muchos más, yo habría dicho que miles, aunque ahora no me salgan las cuentas. Tardaré en olvidar aquella Atenas de Madrid.</p>
<p>Estuvimos cerca de un año preparándolo. Partíamos de algunas condiciones. La primera es que<em> La creación del mundo</em> (un título hermoso y enteramente copiado de un antiguo libro de la escritora Patricia Gabancho dedicado al teatro) iba a ser una exhibición de la creación. Doble. Por una parte iban a estar los autores hablando de su trabajo; por la otra sus representantes en las instituciones y en las sociedades de gestión: hablando de la recompensa.</p>
<p>El acto creador incluye obligatoriamente la recompensa y en términos parecidos a los de Eliot: es el lector el que acaba un poema. Como es bien y tristemente sabido la recompensa del autor está en discusión en nuestro mundo. Pero no hay que engañarse. Lo que realmente se discute es la creación. Se dice que no hay creación posible sin recompensa, ciñéndose al punto de vista del autor y a su necesidad de sobrevivir. Pero esa es solamente la parte más llamativa del asunto. En realidad tampoco para el lector (por utilizar un genérico) hay creación sin recompensa. La creación gratuita destruye por igual al autor que a su lector. No hay experiencia de la creación ajena sin el pago de un precio, sin desprendimiento.</p>
<p>Los ladrones digitales responden a dos tipologías principales. Está el adolescente, de narcisismo despiadado, al que le importa un comino cualquier suerte que no sea la suya y que considera que todo está pagado con que él dedique un minuto de su tiempo al aprecio de una obra. Y está el coleccionista de cabezas: el que descarga en una tarde miles de piezas, y toda su experiencia con ellas acaba en el propio acto, onanista y precoz, de la descarga. Ninguna de esas dos conductas tiene nada que ver con la experiencia profunda de un lector para la cual, insisto, es imprescindible el desprendimiento. Para ser lector hay que intercambiar, hacer negocio. La mejor sección de reseñas literarias de la prensa mundial es la que hace la revista <em>El Ciervo.</em> Fue una idea magnífica, profunda, de Lorenzo Gomis poner el precio de los libros y al lado tres posibilidades para el reseñista: Más/Menos/Al par. La vieja sentencia castellana: Vale lo que cuesta. Sin ese paso vil no hay posibilidad de aprecio estético verdadero. Pero no siempre es el dinero. En todas las épocas ha habido gente que ha robado libros, música, que se ha colado en algún lugar en busca de algo sin lo que no podía vivir pero que no podía pagar. Bien. Sin necesidad de hacer lírica ilegal hay que reconocer que en el riesgo había también desprendimiento. Un cierto intercambio de fluidos. Hace poco me preguntaron si robar era lo mismo que compartir, aludiendo a ese sintagma de la jerga digital <em>boy scout</em>. Y por supuesto contesté que no: que era mucho peor compartir porque al delito añadía el eufemismo. Y la cómoda y malcriada (añado ahora) ausencia de riesgo.</p>
<p>El coleccionista de cabezas siempre existió. Era el que compraba los libros o los discos a metros. Ha hecho un daño comercial muy profundo, porque los libros y la música eran también objetos de consumo, sin más complicaciones que las de satisfacer pequeñas necesidades sociales. Baste un ejemplo personal de hace algunos años cuando se presentó en una fiesta de aniversario una amiga con un cajita y dos cedés donde estaba (descargada ilegalmente) toda la obra de uno de mis músicos más queridos: “Integral” –sonrió y me dijo, en absoluto consciente del nivel de desprendimiento (dicho sea en puridad estricta) al que había llegado.</p>
<p>Ni ese adolescente digital de vanidad hormonado ni el coleccionista de cabezas, cuya potencia ha aumentado exponencialmente por la tecnología, tienen nada que ver con la creación y su experiencia. Sin embargo, son hoy los principales protagonistas del discurso contra la propiedad intelectual. Protagonistas, que no autores. Los autores son los abogados, los ingenieros y los informáticos. Son tres profesiones imprescindibles. Y hay hombres honrados que las practican. Pero también hay adolescentes modestos y jíbaros que tallan madera. Abogados, ingenieros e informáticos se caracterizan por un desprecio ontológico por los contenidos. <a href="http://www.arcadiespada.es/2012/01/14/el-diablo-abogado/">Al abogado la verdad</a> le trae sin cuidado; al ingeniero de telecomunicaciones, el carácter de lo que pase por sus redes: importa el tráfico. En cuanto al hombre Google&#8230; tiene suficiente trabajo con escanear lo que ha sido la cultura humana hasta este mismo momento. ¿Qué son YouTube, Google Maps o Google Books sino ese fascinante escaneo? El estado de lo que sea la cultura humana a partir de este momento no entra dentro de sus preocupaciones elementales. Esos tres profesionales han cultivado el narcisismo adolescente con gran miramiento y le han dado herramientas al jíbaro para ampliar positivamente sus récords en absoluto culturales, sino deportivos. Y han blindado sus actividades. Y sobre todo las suyas propias como rollizos<em> parasites business</em> de la cultura.</p>
<p>Planeamos <em>La creación del mundo</em> para poder hablar de todo esto. Para explicar hasta qué punto no ya un grupo social, ni una industria, ni siquiera un sector de la economía está en crisis: para explicar hasta qué punto está en peligro la irrenunciable noción del progreso. Aún nos pusimos otra condición irrevocable: la necesidad de acabar con ese concepto de creatividad que se limita a las Letras y a las llamadas Bellas Artes. Baste decir que íbamos a invitar a biólogos&#8230; pero también a informáticos e ingenieros. Plenamente conscientes, como luego diría con su profundo desparpajo Albert Boadella, de que crear es siempre desvelar.</p>
<p>Por si fuera poco mejoró la prima de riesgo y se disolvió la prosa electoral.</p>
<p><a href="http://www.letraslibres.com/hemeroteca/edicion-espana/los-mecanismos-de-la-creacion">(<em>Letras Libres</em>, enero 2012)</a></p>
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		<title>This ain&#8217;t a love song?</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Sep 2011 10:47:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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<p align="center"><iframe src="http://www.youtube.com/embed/umJA524bpT8?rel=0&amp;showinfo=0" frameborder="0" width="400" height="240"></iframe><br/><br/></p>
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		<title>Tres consejos</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 14:14:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenos días. Profesores, amigos y especialmente alumnos, especialmente alumnos a los que me voy a dirigir estos minutos. Los jóvenes, naturalmente, tienen la obligación de no escuchar los consejos, pero es una obligación perfectamente equiparable a la que tenemos los adultos de darles consejos. Por lo tanto, yo les voy a dar a ustedes tres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><br/><br/><iframe src="http://player.vimeo.com/video/23263055?title=0&amp;byline=0&amp;portrait=0" width="350"  height="300" frameborder="0"></iframe><br/><br/></p>
<p>Buenos días.</p>
<p>Profesores, amigos y especialmente alumnos, especialmente alumnos a los que me voy a dirigir estos minutos.</p>
<p>Los jóvenes, naturalmente, tienen la obligación de no escuchar los  consejos, pero es una obligación perfectamente equiparable a la que  tenemos los adultos de darles consejos. Por lo tanto, yo les voy a dar a  ustedes tres consejos que, tal vez, les sirvan, tanto si están  empezando a estudiar periodismo como si llevan ya promediada la carrera o  están acabándola.</p>
<p>Son consejos de un periodista más que de un profesor. Y esto quiero  que lo entiendan rápidamente. Es decir, no son consejos dictados desde  la cátedra, tediosos, alejados de la realidad, sino que son los consejos  de alguien que lleva trabajando 30 años —algo más quizás— en este mundo  y que se dedica a la enseñanza solamente de modo marginal, para tratar  de fijar sobre los adolescentes una serie de experiencias que él ha  tenido en su vida profesional. Por lo tanto, entiendan que les hablaré  más como un profesional de la información que como un teórico de la  misma.</p>
<p>Son —como propios de un periodista— consejos negativos. Los  periodistas tenemos un dicho, que conocerán, que se llama “no news, good  news”, y que por lo tanto implica que todo aquello que es tranquilo,  que no se sale de la normalidad, representa la no-noticia. Los  periodistas sólo nos ocupamos naturalmente de lo negativo, y así debe  ser.</p>
<p>Por lo tanto, yo voy a darles tres consejos respecto a tres  cuestiones sobre las cuales oirán ustedes, tanto en estas aulas como  fuera de ellas, recomendaciones perniciosas. Y quiero que las combatan.</p>
<p>La primera.</p>
<p>Oirán ustedes —o habrán oído— que el periodismo está en crisis. No  sólo eso. Habrán oído a algunos apocalípticos, prácticamente delirantes,  que el periodismo ha muerto. Y a algunos melancólicos decirles que la  edad de oro de los periódicos y del periodismo ya pasó. Pero esto es  falso, y esa es la primera lección que quiero darles. El primer consejo.</p>
<p>Nunca el periodismo vivió una edad de oro como ésta. El periodismo  tiene, es un oficio joven. Tan joven como la democracia. Tiene  aproximadamente 200 años, mal contados. El periodismo en realidad es el  gran oficio del siglo XX. Bueno, nunca como hasta ahora el periodismo  tuvo una influencia tal sobre la sociedad; nunca como hasta ahora  iluminó los conflictos del hombre en zonas a veces radicalmente  alejadas, física y moralmente, del oyente, del televidente, del lector;  nunca como hasta ahora el periodismo fue una propuesta de entendimiento  entre las personas, más allá de las aduanas de la nación, de la raza, de  las llamadas culturas, todas ellas por cierto aduanas indeseables;  nunca como hasta ahora el periodismo tuvo instrumentos que lo hicieran  tan preciso, tan inmediato y tan ameno y divertido; y nunca, desde luego  —para los que todavía crean que el periodismo tiene que ver con la  literatura— el periodismo fue mejor escrito que en nuestra época. Es  decir, nunca los grandes escritores acudieron al periódico en masa,  atraídos por la posibilidad de establecer contacto directo con lo real. Y  nunca dejaron los periódicos huellas tan precisas, tan hermosas, de su  buen oficio.</p>
<p>El segundo consejo es que también les dirán “los periódicos ya no  sirven”. Es decir, no “el periodismo está en crisis”, sino “el periódico  ya no sirve”. Es decir, contraponiendo el instrumento del periódico a  esa suerte de confusión  conceptual y práctica que forman las redes  sociales, los instrumentos como el Twitter, los blogs, los foros, etc.  Otra suerte de iluminados, todavía no nacidos, antes que apocalípticos,  se permiten —con una gran arrogancia intelectual— decir que toda esa  confusión va a sustituir al periódico y que el periódico como  instrumento de la alfabetización y como instrumento de la descripción  elemental del mundo también ha pasado.</p>
<p>No les crean, tampoco. Porque nunca, también, como hasta este  momento, el periódico fue más necesario. Miren, el periódico no es,  contra lo que imagina una mirada superficial, una especie de contenedor  donde se acumulan eso que llamamos noticias. Es decir, relatos veraces  sobre algo que sucedió y que interesa a un gran número de lectores, de  ciudadanos.</p>
<p>El periódico no es sólo eso. Es más: no es esencialmente eso. El  periódico es un sofisticado, gran, complejo y generalmente feliz guión  del mundo.</p>
<p>Miren, en los departamentos universitarios de mi país —y seguramente  en el suyo, como es natural— hay una gran cantidad de tesis examinando y  comparando aquellas portadas de periódicos donde las noticias, una u  otra, tienen un especial tratamiento diferenciado en función de si el  periódico A pertenece a la derecha, o el periódico B pertenece a la  izquierda. Se entretienen mucho los departamentos universitarios con  estas especies de ornitorrincos conceptuales. Les da un gran placer  examinar esas pequeñas e insustanciales anomalías.</p>
<p>En cambio, no he encontrado todavía, en mis muchos años dedicados a  esto, tesis robustas, determinantes y contundentes intelectualmente, que  expliquen un fenómeno mágico casi, en cualquier caso conmovedor y  pensable, desde una perspectiva estrictamente humana: ¿cómo es posible  que desde Kuala Lumpur hasta Brisbane, desde Lisboa hasta Moscú, o desde  Santiago hasta Barcelona, en muchos días del año los periódicos de esos  países coincidan en lo sustancial en sus portadas? ¿Qué universal —o  qué meme, para decirlo en la formulación de Richard Dawkins—, o qué meme  tan poderoso nos lleva a considerarnos a hombres y mujeres de todas las  culturas, de todas las razas, de todas las naciones, de todos los  intereses, pobres y ricos, a depositar nuestro interés sobre un pequeño  puñado de noticias, en todo el mundo iguales? Bien, esa es una reflexión  mucho más interesantes que esas pequeñas anomalías provinciales, de si  el partido A o el partido B influyen según el periódico X o según el  periódico Z.</p>
<p>El periódico, insisto, tiene doscientos años de alfabetización de la  sociedad. Ha sustituido al aula y al templo, otras áreas donde se  enseñaba a los hombres, con gran ventaja. Mírenme a mí, estoy de pie,  estoy hablándoles. Todo lo que sé lo he aprendido en los periódicos, en  ningún otro lugar. Todas las pistas, iluminaciones, datos, historias,  hasta sueños de mi vida, son fruto del periódico.</p>
<p>Naturalmente, ustedes no tienen por qué compartir eso. Lejos de mí la  intención de presentarme como un abuelete melancólico. Las cosas  funcionan hasta que dejan de funcionar, y por supuesto al periódico le  puede pasar lo mismo. Pero cuando eso pase, será porque lo que le  sustituya sea algo mejor, más eficaz, más limpio, más preciso, que  instale un mejor orden. Es decir, algo, por ejemplo, de la calidad  superior a lo que es hoy ya la superficie digital respecto del papel.  Porque, efectivamente, ahí sí que vamos a asistir a una muerte rápida.  Los periódicos de papel morirán, serán. Ya lo son, de hecho.</p>
<p>Vengo del MoMA, y en su sala de arte moderno, del Museo de Arte  Moderno de Nueva York, hay muchísimos periódicos expuestos como objetos  de arte, naturalmente. Por lo tanto, el fin de los periódicos es el fin  de la superficie de papel que los ha alimentado hasta el momento. Y ahí  sí que podemos hablar de una superioridad clara. Es incomparable la  experiencia de leer un periódico en un iPad o un <em>tablet </em>cualquiera,  a leerlo en el formato tradicional con el que nos hemos formado. Por lo  tanto, cada vez que algo nuevo mejora lo viejo, por supuesto lo viejo  ha de pasar corriente abajo y, en todo caso, los viejos ya nos haremos  nuestros propios onanismos intelectuales con la pérdida.</p>
<p>Pero eso no ha sucedido todavía con el orden intrínseco del  periódico. Con esa sofisticada ordenación intelectual del mundo, con  esas suerte de decisiones delicadas que toman los periodistas cada día,  de decir si esto va a dos columnas, tres columnas, si lleva foto, si  tiene que salir, si tiene que entrar, qué tamaño debe llevar el  destacado, si lo debe llevar o no. En fin, toda esa imaginería, toda esa  utilería, todo ese instrumental quirúrgico con el cual el periodismo ha  intentado explicar el mundo —y a mi juicio y hasta ahora— con éxito  abundante.</p>
<p>Por lo tanto, mientras no haya enfrente un orden no basado en la cursilería <em>geek </em>o <em>technie</em>,  en esa especie de amaneramiento tecnológico basado en lo último, sin  prestar a lo último más atención que la propia naturaleza de ser lo  último, háganme caso: no crean en modo alguno que el periódico no sirve.  Es un orden fundamental del mundo que conviene tener todavía en cuenta,  y que conviene sobre todo tener en cuenta, para poder tomar como  ciudadanos decisiones útiles y eficaces.</p>
<p>Porque en esta historia, en este relato del fin de los periódicos,  hay algo que se mezcla y que es muy pensable y muy meditable. Se habla  muy alegremente del final de los periódicos, sin pensar que periódicos y  democracia han ido siempre juntos. Que nunca en ningún lugar ha habido  periódicos sin democracia ni democracia sin periódicos. Y que, por lo  tanto, el fin de los periódicos sería posiblemente, en un estado  hipotético, también el fin de la democracia, tal, al menos, como la  conocemos.</p>
<p>Tercer y último, o más bien penúltimo, consejo.</p>
<p>La objetividad existe. Sé perfectamente, porque llevo más de quince  años enseñando a jóvenes como ustedes, que lo primero que les dicen en  las aulas de al lado a los muchachos cuando llegan, tiernos, es que la  objetividad no existe. No creáis. Los muchachos, cuando el profesor les  dice esto, la verdad es que se muestran aliviados, porque nunca son  excesivamente trabajadores y piensan: “Bueno, si la objetividad no  existe, un trabajo menos”.</p>
<p>Bien, existe. Existe como la verdad, que también existe, ciertamente.  Es sorprendente, pero existe la verdad. Y existe la capacidad de  explicar el mundo con independencia de las convicciones personales. La  objetividad no es nada más que eso. Nuestra capacidad de narrar el mundo  con independencia de lo que pensemos sobre él. Si yo creyera que la  objetividad no existe, evidentemente no me habría hecho periodista. Si  me he hecho periodista es porque en los nudos de esta profesión hay un  instante extraordinario, de una gran conmoción intelectual, interior,  que es cuando en la descripción de un hecho que afecta a tus  convicciones más profundas y de un hecho que las perturba y que incluso  las pone a los pies de los caballos, el periodista debe admitir que el  hecho está siempre muy por encima de sus opiniones. Y ese es un momento  duro, de sacrificio, pero también ilusionante y hermoso.</p>
<p>Si la objetividad no existiera, si la verdad no existiera, si Roma no  hubiese vencido a Cartago y no al revés, si Alemania no hubiese  invadido a Checoslovaquia y no al revés, si Santiago no fuera Santiago y  ustedes no estuvieran aquí, evidentemente el edificio conceptual y  moral de nuestro oficio se resquebrajaría. Pueden, y deben, explicar la  verdad de los hechos. Existe.</p>
<p>Es cierto que a veces sobre ella sólo podemos tender a  aproximaciones, hipótesis, pero en cualquier caso sabemos perfectamente y  hemos de aprender a ello, a distinguir entre lo que es y lo que no es. Y  creo que este es el consejo fundamental que yo puedo darles en esta  hora.</p>
<p>Y una <em>post data</em>: tengan valor, sean valientes.</p>
<p>Habrán ustedes oído, leído, visto muchas historias muy maceradas  sobre los heroicos periodistas. Hay una gran literatura, especialmente  fílmica, sobre ese asunto. Es verdad, unos son héroes, van a lugares  infestados de peligros, de incomodidades, mueren a veces por los fuegos  cruzados o mueren simplemente asesinados por los poderosos. Pero yo no  me estoy refiriendo a eso, que por supuesto entra dentro del paquete,  pero no es lo que yo quiero subrayar.</p>
<p>Yo me estoy refiriendo a otro tipo de valor, a otro tipo de coraje.  Al valor que tienen ustedes, que deben tener ustedes, respecto a las  personas cercanas. En el ámbito donde ustedes se mueven, a veces los  periodistas somos extremadamente valerosos y extremadamente arrogantes  con casos y personas que suceden a miles de kilómetros de nuestra  realidad. Y, en cambio, somos serviles y casi cucarachas con los  poderosos que están a cien metros, sea al otro lado del despacho o sea  en el otro lado de la Alameda.</p>
<p>Sean valientes con los poderosos cercanos, plántenles cara cuando  haya que hacerlo. Y aún más difícil, sean valientes con los verdugos,  pero sean valientes también con las víctimas. Porque la condición de  víctima no implica, por desgracia, la condición de la razón y de la  verdad. A veces las víctimas no tienen razón en lo que dicen, y también  hay que decirlo.</p>
<p>Sean valientes.</p>
<p>Muchas gracias.</p>
<p><em>27 de abril de 2011, Santiago de Chile</em><br />
<em> <a href="http://www.puroperiodismo.cl/?p=12687&amp;utm_source=twitterfeed&amp;utm_medium=twitter">Inauguración de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado.</a></em></p>
<p><em><br />
</em></p>
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		<title>19 de enero</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Jan 2011 11:24:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Facebook]]></description>
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<p style="text-align: center;">Facebook</p>
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		<title>7 de enero</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Jan 2011 07:27:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Dos fiskings desde Ibercrea. El de Santiago González y el de Jesús Mosterín]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Dos fiskings desde Ibercrea. El <a href="http://elvivero.blogspot.com/2011/01/que-culpa-tiene-el-tomate-i-tengo-la.html#links">de Santiago González</a> y el de <a href="http://www.ibercrea.org/">Jesús Mosterín</a></p>
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		<title>26 de diciembre</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Dec 2010 05:12:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un día perro]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="320" height="224" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/1ijtoQpsZZ8?fs=1&amp;hl=es_ES" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="320" height="224" src="http://www.youtube.com/v/1ijtoQpsZZ8?fs=1&amp;hl=es_ES" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p style="text-align: center;">Un día perro</p>
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		<title>14 noviembre</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Nov 2010 21:03:20 +0000</pubDate>
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<p style="text-align: center;">Ah, las niñitas</p>
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