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	<title>Diarios de Arcadi Espada &#187; Copy-past</title>
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		<title>68/89/2000</title>
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		<pubDate>Tue, 05 May 2009 08:57:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[     Paul Johnson vive desde siempre en una casa de Notting Hill provista de jardín y silencio, uno de esos lugares que demuestran por qué Londres es un lugar ideal para el trabajo. En su estudio, en lugar muy visible, fotos del trío que cambió el mundo: Thatcher, Reagan, Wojtyla. En el fondo del jardín, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2009/05/imagen-7.png" title="imagen-7.png"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2009/05/imagen-7.thumbnail.png" alt="imagen-7.png" width="104" height="128" /></a>     Paul Johnson vive desde siempre en una casa de Notting Hill provista de jardín y silencio, uno de esos lugares que demuestran por qué Londres es un lugar ideal para el trabajo. En su estudio, en lugar muy visible, fotos del trío que cambió el mundo: Thatcher, Reagan, Wojtyla. En el fondo del jardín, una casita de madera donde el escritor pinta bajo la dulce disciplina de una virgen de Renni.</p>
<p><strong>Pregunta.</strong> ¿Dónde estaba usted en 1968?</p>
<p><strong>Respuesta.</strong> En París. Había ido a dar unas conferencias sobre la guerra de Vietnam. De repente empezó todo y me olvidé de Vietnam y me puse a escribir sobre lo que estaba pasando. Completamente fascinado por lo que estaba pasando.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Qué creyó que pasaba?</p>
<p><strong>R.</strong> Una revolución. Una revolución como en los libros.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Había previsto algo así?</p>
<p><strong>R.</strong> No; ni yo ni casi nadie. Una inmensa sombra planeaba sobre la sociedad. Pero nadie se había fijado. Eso pensaba entonces, y así lo escribí. Hasta que el paso del tiempo me hizo caer en la cuenta de mi error.</p>
<p><strong>P.</strong> No había sido una revolución.</p>
<p><strong>R.</strong> ¡Nada de eso! Los estudiantes querían el poder para ejercer inmediatamente de profesores y ahorrarse así los pasos intermedios: el estudio, el trabajo, es decir, la condición de la vida. El 68 atacó la base de las universidades, y sus consecuencias aún las estamos pagando. En el 68 está la crisis profunda de nuestra sistema educativo. Todo lo grotesco que sucedió entonces tiene la misma raíz. Jean Louis Barrault, el responsable de la Comédie, empezó aplaudiendo a los estudiantes; hasta que se dio cuenta de que venían a quemarle el teatro. El 68 ofrece, visto desde ahora, una pintoresca colección de capitalistas y banqueros. Los activistas han acabado ejerciendo de ricos, de muy ricos.</p>
<p><strong>P.</strong> Aparentemente eso se da en todas las generaciones.</p>
<p><strong>R.</strong> No. No conozco ninguna generación que presente un grupo tan impresionante de banqueros con pasado revolucionario.</p>
<p><strong>P.</strong> Hay otros 68: Praga.</p>
<p><strong>R.</strong> Ése fue el real. El de París nos engañó con su virtualidad. Pero en Checoslovaquia se estaban jugando asuntos reales: la democracia o la tiranía.</p>
<p><strong>P.</strong> Otro: los Estados Unidos del <em>peace and love</em>.</p>
<p><strong>R.</strong> Estados Unidos es un país inmenso, gigantesco, que desde siempre ha atraído a gentes muy extremas. Es tan grande e increíble que puede acomodar a todos: incluso a los <em>hippies</em> y a los <em>beats</em>. La imagen reducida, simbólica, de esto que le digo es Nueva York. Siéntese y observe la calle: verá pasar en pocos minutos a la gente más extraodinaria que haya visto nunca. ¡Verá pasar una gran cantidad de gente hablando sola! La mayoría de los norteamericanos son gente con una moral muy sencilla que nada tienen que ver con todo eso. Y que tampoco tenían que ver entonces. En fin, fue una época demasiado optimista.</p>
<p><strong>P.</strong> El desarrollo histórico necesita hombres optimistas. Usted mismo lo ha escrito.</p>
<p><strong>R.</strong> Entonces diga &#8220;ilusa&#8221;. La gente imaginaba entonces que la prosperidad no tendría fin. A nadie con sentido común le gustaría repetir hoy la experiencia. En los setenta la factura se pagó. Y en los ochenta entramos, por fortuna, en el realismo de Reagan y Thatcher. Esta combinación fue decisiva. Yo le escribí a Thatcher cuando Reagan llegó al poder: &#8220;Tienes que hacerte amiga de este hombre&#8221;. Lo hizo. Los sesenta dieron una sociedad permisiva, los ochenta dieron una sociedad libre.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Dónde le pilló el 89?</p>
<p><strong>R.</strong> En mi casa, escribiendo libros. Cuando era pequeño, todos los domingos rezábamos tres avemarías para la salvación de Rusia. Fueron muchas avemarías. Y no pasaba nada. A Dios no se le puede meter prisa. Hay un viejo refrán inglés: &#8220;Los molinos de Dios se mueven muy despacio, pero muelen muy fino&#8221;. El día de Navidad, después de la caída de Ceaucescu, escuché en la radio las campanas de todas las iglesias de Bucarest. Era la primera vez en 50 años que sonaban esas campanas. Las campanas tienen uno de los sonidos más hermosos de la civilización.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿El sistema cayó o hubo que empujarlo?</p>
<p><strong>R.</strong> A Reagan y a Thatcher hay que añadir Wojtyla. Los tres ayudaron, junto con Gorbachov. Aunque Gorbachov falló porque pensaba que el comunismo podía reformarse. No se puede. El comunismo es hasta tal punto una totalidad que cualquier intento de reforma lo destruye. Hubo revolución en Polonia, porque los polacos son muy buenos revolucionarios. Pero no puede decirse que el 1989 haya sido una revolución en el sentido al que estamos acostumbrados. Tampoco hubo una revolución en España. Aunque eso fue gracias a Franco, que preparó con mucha inteligencia la sucesión, a partir de la creación de una clase media muy sólida. Franco fue un hombre extraodinario.</p>
<p><strong>P.</strong> Sí, eso dicen.</p>
<p><strong>P.</strong> Uno de los hombres más inteligentes del siglo XX. Algún día la población española colocará a Franco en el lugar que merece.</p>
<p><strong>P.</strong> En Rusia&#8230;</p>
<p><strong>R.</strong> Rusia es una de las grandes tragedias de la humanidad. Son gente buena, paciente, buenos cristianos. Pero siempre han sido maltratados. Da igual quién los mande. Me pregunto cuándo Dios se va a acordar de Rusia.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Cree usted en los carácteres colectivos?</p>
<p><strong>R.</strong> Explican algunas cosas del pasado. Pero, desde luego, no sirven para el presente. El rasgo distintivo de nuestra época es la mezcla. Antes le hablaba del espectáculo increíble de Nueva York. Pero todas las sociedades modernas, tal vez con la excepción de Japón, son mestizas. Y hasta en Japón están empezando a cambiar.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Cuál le parece que es la principal conclusión política de esto?</p>
<p><strong>R.</strong> Una, importantísima. La principal razón por la que los hombres deciden vivir juntos, la razón de ese pacto vital y político, es la Ley y la Constitución, y ya no la Raza, el Territorio o la Lengua. Me parece trascendental. El mestizaje es la base del gran éxito americano. Ahora hay que ver si funcionará en otro tipo de sociedades como la brasileña, que es una auténtica piedra de toque en este asunto.</p>
<p><strong>P.</strong> El siglo parece acabar menos en un apocalipsis que entre la esperanza.</p>
<p><strong>R.</strong> Sí. He vivido la mayor parte de este siglo, un siglo horrible y sanguinario. Pero al final es verdad que se puede decir que hemos sobrevivido al exterminio. En el siglo XX el hombre ha aprendido mucho sobre el arte de gobernar. La democracia se ha extendido. El bienestar se ha extendido. Piense en lo que eran países como el Reino Unido, Italia o España. España&#8230; Estuve en los años cincuenta, durante un largo viaje. La pobreza era espantosa, inimaginable. En Occidente se ha acabado con esa pobreza colectiva. La seguridad social se ha extendido a toda la población. El Tercer Mundo ha mejorado.</p>
<p><strong>P.</strong> Hay estadísticas que indican que la desigualdad entre los países ha aumentado.</p>
<p><strong>R.</strong> No, no es cierto. Yo viajo mucho. Lentamente, y con muchas dificultades, pero también el Tercer Mundo se acerca a un nivel de vida estandar.</p>
<p><strong>P.</strong> África.</p>
<p><strong>R.</strong> Ah, no. África es la excepción. La culpa de África es de África. De sus Gobiernos corruptos e ineficaces.</p>
<p><strong>P.</strong> Resulta extraño pensar que en África no existan hombres generosos, nobles y competentes.</p>
<p><strong>R.</strong> Existen, pero no gobiernan. Emigran o mueren. El colonialismo hizo un buen trabajo en África.</p>
<p><strong>P.</strong> Otros dicen que hizo el trabajo necesario para que hayamos llegado a esta situación.</p>
<p><strong>R.</strong> Lo que hicieron mal las potencias fue irse. E irse de la forma en que se fueron. Con África no hay nada más que hacer que esperar al tiempo. Al paso del tiempo. El tiempo siempre resulta ser un aliado del buen gobierno.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Entre los balances positivos del siglo incluye el periodismo?</p>
<p><strong>R.</strong> Descuente los últimos años. El periodismo de ahora es menos serio, menos responsable y mucho peor que el de hace 20 o 30 años. En casi todos los países. Han bajado los niveles de educación y ha aumentado la competencia entre los periódicos. Es un círculo infernal del que la principal víctima es el periodismo.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Qué hay que hacer?</p>
<p><strong>R.</strong> Simple: decir la verdad. Lo que tienen que hacer los periodistas es reconquistar la verdad.</p>
<p align="right"><a href="http://www.elpais.com/articulo/opinion/JOHNSON/_PAUL_/ESCRITOR/PAUL/JOHNSON/ESCRITOR/68/crisis/sistema/educativo/elpepiopi/20000801elpepiopi_14/Tes">El País, 1 de agosto de 2000</a></p>
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		<title>23 de febrero</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Feb 2009 05:10:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[   Llega a la ciudad y falta alguien. Falta el hombre que la escribió en estos términos: “Aparece una mujer escotada y blanca. Enigmática y con las siete puertas y los seis sentidos bien puestos bajo la luna.” Fue una noche de 1991, en “El Berretín”, un garito de moda de San Telmo. Allía cantaban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2009/02/pop1.png" title="pop1.png"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2009/02/pop1.thumbnail.png" alt="pop1.png" /></a>   Llega a la ciudad y falta alguien. Falta el hombre que la escribió en estos términos: “Aparece una mujer escotada y blanca. Enigmática y con las siete puertas y los seis sentidos bien puestos bajo la luna.” Fue una noche de 1991, en “El Berretín”, un garito de moda de San Telmo. Allía cantaban el tango Roberto Polaco Goyeneche y una mujer recién iniciada, llamada Adriana Varela.<br />
—Quedó muerto —dice hoy Varela como si estuviera vivo.<br />
Pero está muerto, hace poco más de un año que está muerto, y es la primera vez que la tanguista vuelve a Barcelona sabiendo que no va a verle. Entre los trajes del viaje ha elegido uno de terciopelo granate que es el que llevaba la última noche que hablaron, unos dos meses antes de que su amigo muriera. Luego en el escenario hablará breve e intensamente de él. Y le saldrá, en discreto y oblicuo homenaje a su ausencia, un recital nervioso, agobiado y disonante. Ronco. La ficha técnica diría que hubo unos arreglos vanidosos.<br />
La tanguista vino por primera vez a Barcelona en 1998. Sus anfitriones municipales organizaron una comida en Leopoldo, larga y muy agradable. Manuel Vázquez Montalbán iba soplándome al oído algunas razones de que le gustara tanto Varela. Hubo una importante, que razonó con su gravedad característica.<br />
—¿Tú has oído cómo dice chupaculo?<br />
—Aún no.<br />
—Pues es inolvidable.<br />
Y esta noche, tras las ventanas del rascacielos donde duerme, preguntada por lo que más apreciaba de MVM, Varela confirma:<br />
—Era fascinante ver cómo se quitaba de encima a los chupaculos.<br />
El escritor prefería los tangos de su memoria. Un repertorio de piedra. <em>Volver, Adiós muchachos</em> o <em>Mano a mano</em>.<em> Afiche </em>ya le parecía mucho verso. Y en Varela le encantaba <em>Alma de loca</em>. Su tango, como el resto de su educación sentimental, arrancaba de la radio y de la madre. Dice la tanguista que entre los dos estaba también, y muy primeramente, la política.<br />
—Ustedes no saben lo que Manolo era políticamente en América.<br />
—Creo que algo sí sabemos. No todo es fascinante. Está aquella tournée con el que llamaban comandante Marcos.<br />
—Manolo comprendía cosas que ustedes ya no necesitan comprender.<br />
—No me diga que habla de la Revolución.<br />
—No, más sencillo. Se trata de la humillación.<br />
Michelangelo, otro garito del viejo Buenos Aires, en el 1992. Allí cenaron juntos por primera vez. MVM tenía ese estilo en la mesa de los hombres que saben ser felices. Hay gente a la que le incomoda ese estilo. Es una gente que traga el vino por su cucurucho de papel de lija, deja la copa en el mantel y, mientras observa cómo el vecino de mesa se retuerce en pleno cuadro multiorgásmico, pronuncian, con independencia de su lengua propia, estas palabras perennes, inmortales: “Vols dir què n’hi ha per tant?” Creo que ese estupor ante la interrogación fue el que le llevó a escribir Praga, su poema, a la mayor gloria del judío checo que escribe en alemán, etcétera. La posición del charnego (alma y miembro del poema) es mucho más que genealógica o lingüistica, y rebasa las tibias fronteras catalanas. Lo charnego presupone una extrañeza totalizadora. Un desacuerdo fundamental. Vols dir què&#8230;? Se veía a MVM en la mesa sufriendo porque no había dios con quien compartir el placer. O peor: diosa. Era triste, tantas noches, el acostarse con la convicción de que, al igual que el dolor, también el placer es netamente intransferible.<br />
Recuerda Varela. Paraba el escritor en el Alvear, que es el gran hotel de Buenos Aires, y allí lo había recogido alguna vez para ir a beber a La Biela. La política. La humillación.<br />
—Concretemos: yo creo, por ejemplo, que él comprendía muy bien lo que era el peronismo.<br />
—Pura crónica sentimental. Evita trayendo el trigo en los cuarenta y luego, años después, María Estela exiliada en Puerta de Hierro. Nada, canciones.<br />
—No sólo. Esto&#8230; Era comprender que la revolución no es guapa. Cómo lo diría&#8230; Ustedes lo estilizan todo. Ponen canciones, banderas y un aristócrata, más o menos cínico, que da el paso y se pone del lado de los buenos. Pero la revolución está llena de manchas y barro, y de feos. Creo que Manolo lo sabía. ¡Era uno de los pocos de ustedes que lo sabía!<br />
La tanquista. Hace poco tiempo el diario Clarín convocó una encuesta nacional para elegir la mejor voz después de Gardel. Salió Varela. Quién iba a salir. Hay algunos versos de tango que nunca podrán ser dichos mejor. Por ejemplo: “Aprendí todo lo bueno/Aprendí todo lo malo”. O bien: “Cruel en el cartel”. O: “Rara, como encendida”. Incluso: “Galán de perfil mediano que te hacés&#8230;”. Varela, de niña, no quería ir al colegio. La parecía lo peor de la vida. No, no era el infierno. El colegio era&#8230;<br />
—Espere usted, esto mismo&#8230; Esto era el colegio. Justo lo que evitó Manolo. A él, que ya había pasado por el infierno y vivía en el cielo, sólo le esperaba el purgatorio. Se paró.</p>
<p><em><font size="2">El País, 9 de mayo 2005</font></em></p>
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		<title>Corazón en invierno</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Oct 2008 12:12:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Felicidad]]></category>

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		<description><![CDATA[«Si, eso mismo: ser algún día uno de ellos, uno de esos franceses libres, cultos y solos y tener cualquiera de sus maravillosos líos con la vida; un lío espeso y sobre todo muy detallado. Ser uno de ellos y vivir siempre como si alguien estuviera filmando, con la banda sonora incluida. Una de esas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>«Si, eso mismo: ser algún día uno de ellos, uno de esos franceses libres, cultos y solos y tener cualquiera de sus maravillosos líos con la vida; un lío espeso y sobre todo muy detallado. Ser uno de ellos y vivir siempre como si alguien estuviera filmando, con la banda sonora incluida. Una de esas <a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/10/2516651_impresora.html">cajeras de supermercado</a> de <em>banlieue,</em> con una vida interior que ya la querría el príncipe de Dinamarca. Pasar una tarde, aunque fuera una sola tarde en la vida, conduciendo por las campiñas del Luberon, fumando uno sin filtro y plantando cara al destino, escupe el tabaco y piensa que el destino, por supuesto, sólo es la próxima curva. Ser un hosco <em>luthier</em>, alguien convencido de que nadie sacará de él una sola nota; advertirle a la chica <em>mon coeur est en hivern;</em> que la chica no se muera de risa; que la sala se muera de pena. Besar y ser besado, sería un placer, sin que la pasión se confunda con la saliva.» Se trata de que Felicidad ha llegado a casa fresca y de madrugada, ha puesto en el vídeo <em>Un coeur en hivern</em> y está muy habladora.</p>
<p><em>Un instante de felicidad</em> (2001)</p>
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		<title>Y a las dos en José Luis</title>
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		<pubDate>Sun, 04 May 2008 21:46:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Partido Popular]]></category>

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		<description><![CDATA[(Es esa muchacha típica, los domingos en la hípica y a las dos en José Luis) Hace unos meses escribí un artículo que me trajo muchos problemas. Estábamos entonces en plena apoteosis popular, con la maquinaria funcionando a toda la presión posible. Del gobierno caía el vicepresidente, de los periódicos caían los titulares &#8211;resbalaban entre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>(Es esa muchacha típica,</em><br />
<em>los domingos en la hípica </em><br />
<em>y a las dos en José Luis)</em></p>
<p><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/05/jose.jpg" title="jose.jpg"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/05/jose.thumbnail.jpg" alt="jose.jpg" /></a> Hace unos meses escribí un artículo que me trajo muchos problemas. Estábamos entonces en plena apoteosis popular, con la maquinaria funcionando a toda la presión posible. Del gobierno caía el vicepresidente, de los periódicos caían los titulares &#8211;resbalaban entre el fango y la sangre&#8211; y de los muslos de las pepitas, de las chicas del PP, caía cualquier asomo de pudor. Desde joven, la visión muy repetida de la carne me fatiga. En especial, la carne de pollo, con sus pechugas, pero también me agobian con facilidad los tacos de buey y vaca, prietos y coloraos. Yo escribí entonces para dos cosas principales. La una para relativizar la calidad de los muslos que estaban a la exposición pública. Bien estaba que el futuro popular que nos aguardaba, según los voceros, fuese hermoso, honrado e indiscuti­ble. Pero que se elevaran esas piernas a la categoría de cambio de régimen me parecía excesivo y lo dije como pude. Luego dije que estaba deseando que llegaran al poder para que se vistie­ran.</p>
<p>Sentó mal, para qué nos vamos a engañar. Me escribieron cartas, por el correo y por el fax, me llamaron por el teléfono y hubo alguna que hasta se me encaró en un pasillo y me la tuve que sacar de encima a base de decirle que había perdido por completo la razón. Todas esas mujeres, menos una &#8211;una, aunque  fundamental&#8211; eran de izquierdas. Aquellos días, lo confieso, sentí por las chicas de la izquierda, un repentino y turbador ataque de ternura. Estaban a punto de desalojar los despachos; habían sido objeto de los ataques e insinuaciones más procaces &#8211;no fue de los menores que la caspa de Madrid dijera: &#8220;¡Estos que vienen sí que son muslos, tú!&#8221;&#8211; y a pesar de todo eso las antiguas chicas ye yé ponían la otra mejilla o el otro muslito, como se prefiera, y no se dedicaban a nada mejor que a reprocharme el aterrador punto de vista masculino desde el que miraba las cosas, a largarme en fin el parte adjetivo habitual. A las que tuve más paciencia, llegué a contestarles: &#8220;¿No véis que sólo sacan el muslo para ganaros?&#8221; Se negaron en redondo a admitir semejante posibilidad, yo creo en el fondo porque desconfiaban de los muslos propios, pero eso ya no me atrevía a decírselo.</p>
<p class="MsoNormal">Bien, ya gobiernan. Llevamos más de dos meses sin verles el muslo. En vano, he aguardado a que la señora Loyola de Palacio cruzara las piernas como quien cruza los dedos cuando oye hablar del síndrome de las vacas locas; en vano he esperado de la señora Mónica Ridruejo algo más que ese retrato entriste­ci­do, de déficit, con el que se presenta en los periódicos; en vano de la señora Esperanza Aguirre algo más que una voluntad &#8211;muy genérica, no caben ilusiones&#8211; de abrirse al cuerpo social; en vano he tratado de ver a la señora Ana Botella en otra posición que la de firmes, muy firmes. Mientras lo que voy a contar dentro de un momento no sucedió, yo me acogí como explicación candente a la que se acogía el ancho mundo para explicar las primeras semanas del Partido Popular en el poder: &#8220;Desengáñate: es que no gobiernan&#8221;. Pero, en seguida, el mundo pudo ver a Isabel Tocino entre ovejitas, recorriendo la cañada, con falda de pastorcilla. Esa foto fue el primer acto de gobierno del Partido Popular y el final de tantas ilusiones. Ya se han vestido. En el fondo de cada vampiresa late una tímida, dulce, alegre pastorcilla. Ya se han vestido. ¿Y el pasado? Quia, pecadillos de juventud.</p>
<p class="MsoNormal">     Todo ha cambiado en José Luis. Ese bar, sobre todo en Barcelona, que es donde puede hallarse el auténtico espíritu del José Luis madrileño &#8211;no me dan líneas para entretenerme a justificar eso eso: otro día me las darán&#8211; exponía periódi­camente muslos de derechas, muslos favorecidos por la herencia, la dieta o el tiempo u otros que no, pero siempre, insisto, muslos inequívocos de derechas. Durante el invierno pasado, en ese bar no se podía dar un paso de ojos sin tener que decir mentalmente perdone. Llevaban no sé cuantas semanas en pleno desfile de la Victoria. Una marcha militar, se estilaba. Desde mayo, en José Luis se gobierna y todo es rigor. Ya comprendo que el pantalón sea más práctico para trabajar. A veces pienso que el gran mérito de la izquierda española contemporánea no habrá sido otro que el haberles obligado a enseñar el muslo para hacerse con la victoria. No es poco mérito. Realmente, haberles obligado a proponerse así, muslo en ristre, no tiene parangón en nuestra historia.</p>
<p>   Estoy mirando a Isabel Tocino, ovejita lucera, bajando la cañada. El orden es la única condición del desorden. Hubo un momento en España, este invierno, en que ese apotegma naufragó. Iban como locas. Aznar, hombre providencial, fue el que empezó a arreglar las cosas: casó a la señora Rudi &#8211;Luisa Fernanda&#8211; y le dijo en público a la señora Barberá &#8211;Rita&#8211; que ahora iba a por ella. Y va ven, desde que rige los destinos de España, ni un sólo muslo. ¿Alguien ligero de cascos? Sin novedad: es uno y es hombre.</p>
<p><em>(Woman, </em>1996)</p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><font color="#3366ff">Correspondencias</font> /Jesús García Caballero</p>
<p>Querido Arcadi,</p>
<p>No seré yo el que establezca paralelismos entre el País Vasco y la región de Santa Cruz en Bolivia, como tampoco me considero autorizado a opinar sobre casi nada, y menos de periodismo y ética, pero me ha indignado el titular de <a href="http://www.libertaddigital.com/noticias/kw/bolivia/evo_morales/morales/kw/noticia_1276329550.html">esta información del portal Libertad digital:</a><a href="http://www.libertaddigital.com/noticias/kw/bolivia/evo_morales/morales/kw/noticia_1276329550.html" target="_blank"></a> Por lo visto, el que agudiza la crisis para el redactor es Evo Morales, es decir, el presidente del país, por no reconocer la legitimidad del referendum a todas luces ilegal. Te suena? Nunca te había escrito pero te llevo leyendo unos años, y  te considero una referencia ética en el periodismo. Tampoco pretendía hacerlo ahora pero al leer esta noticia he intentado dejar un comentario (sólo había uno y muy grosero) y al ir a registrarme me pedían el número de móvil y que enviara un SMS! De ahí que haya pensado en ti.<br />
Un abrazo,</p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><font color="#3366ff">Correspondencias</font> /Maite Díaz González<br />
Leyendo en EL MUNDO la noticia sobre la crisis en Bolivia, -gracias al<br />
correo que he leído en su blog- pensaba en los componentes culturales<br />
que tiene Iberoamérica con España.<br />
En la crisis, un gobierno de extrema izquierda alineado con la<br />
dictadura comunista de La Habana, pone en peligro la estabilidad<br />
política del país; tratando de reformar la constitución, las zonas màs<br />
industriales y prósperas deciden fragmentar el país para escapar<br />
-lógicamente- al desastre que se avecina.<br />
Lo curioso es que el presidente electo democràticamente convoca a un<br />
diàlogo y se retracta porque la Iglesia serà la mediadora, siendo una<br />
fuerza política que ha tenido decisiones, ejercido, pedido el voto en<br />
la campaña. No hay ejemplo màs pedagógico para demostrar lo nefasto<br />
que puede llegar a ser la vinculación de la fe, -sea religiosa o<br />
ideológica- en las tareas administrativas y organizativas de las<br />
políticas y la economía de un estado.<br />
Un amigo inglés, londinense, siempre me decía, ah! es fiesta religiosa<br />
hoy en España -otra màs- esto es lo que se han inventado los curas<br />
para empobrecer a la gente. Un control social irracional, pasional&#8230;y<br />
juro que &#8220;la pasión&#8221; me encanta, pero para escuchar saetas en semana<br />
santa por las calles del barrio de los Austrias y sentir el olor del<br />
incienso en los bares en los cuerpos de los costaleros durante los<br />
descansos, el aspecto lúdico de la fe es siempre hermoso y pagano,<br />
cuando los pueblos del sur aprendan a situar la gestión en las<br />
instituciones civiles, tendràn confianza en sí mismos, la política<br />
serà una ocupación no una profesión y los políticos seràn gestores,<br />
administradores a los que se demandaràn cuentas en términos de<br />
eficacia económica y social. Estuve pensando ayer, en Calvo-Sotelo, en<br />
su grandeza, que fue esa exactamente, gobernar como un gestor,<br />
administrar la economía, lo rencores, las traiciones con la razón, y<br />
luego no hacer de la política una profesión.<br />
Saludos,</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
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		<title>Un veneno infesta la literatura</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Apr 2008 22:30:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Donner]]></category>
		<category><![CDATA[imaginación]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Fue Vicente Verdú, de vuelta de un viaje, el que dejó caer el título sobre la mesa, Contra la imaginación, dijo, y yo pensé al momento que no recordaba haber escrito aún ese libro, a pesar de tenerlo completamente dispuesto en la cabeza. De su autor no dio datos, ni recuerdo si dio su nombre, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span lang="CA"><o:p></o:p></span><span lang="CA"><o:p></o:p></span><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/donner.jpg" title="donner.jpg"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/donner.thumbnail.jpg" alt="donner.jpg" height="87" width="92" /></a><span lang="CA"> Fue Vicente Verdú, de vuelta de un viaje, el que dejó caer el título sobre la mesa, <em>Contra la imaginación</em>, dijo, y yo pensé al momento que no recordaba haber escrito aún ese libro, a pesar de tenerlo completamente dispuesto en la cabeza. De su autor no dio datos, ni recuerdo si dio su nombre, y sobre el libro añadió que sus primeras cuarenta páginas eran francamente buenas, y quizá dijo más, pero yo no estaba en nada, y sólo quería volver a Barcelona para llegarme a La Central y ver si me lo podía llevar aquella misma noche a casa. Estaba, claro que estaba, Antonio lo traía con su media sonrisa de buscador de perlas satisfecho, en la mano lo traía, una sobria cubierta azul negra de Fayard y flotando en letras pálidas Christophe Donner<em>, Contre l’imagination.<o:p></o:p></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span lang="CA"><span>         </span>“Un veneno infesta la literatura: la imaginación”. Así arrancaba. Así yo lo tenía también más o menos previsto, aunque creo que llegado el momento habría mantenido <em>fantasma </em>en vez de <em>veneno</em> para hacer más audible la parodia de la primera línea del primer manifiesto, y para reforzar el carácter que yo atribuyo a la imaginación y a los cultivadores de la escritura imaginativa. Un par o tres de páginas más adelante, sin embargo, me di cuenta de que la lectura de este libro iba a ser en extremo singular. Me vi preguntando a Donner —no tenía la menor idea de quién era, pero habían bastado tres páginas para hablarle de tú— y a éste que respondía de corrido, con una seguridad, una amenidad y una profundidad impagables. ¿Por qué en los orígenes de la ficción no se alude nunca a las circunstancias extraliterairas que obligan a un escritor a utilizarla?, me preguntaba. Ahí estaba él: “¿Para qué sirve la imaginación. A veces para salvar la piel. Uno tiene la necesidad de decir, pero no puede hacerlo, porque la policía estará al día siguiente en tu puerta. Es preciso entonces maquillar las palabras, inventar parábolas, localizar la historia en lugares lejanos y en tiempos remotos o futuros, allí donde el presente no puede reconocerse”. Donner seguía, a toda prisa, después de aludir a Wilde, describiendo las consecuencias de esta claudicación: las raíces cortadas del proyecto literario. Pero antes de cualquier objección posible ya estaba hablando de los escritores de hoy. ¡De los escritores libres!: “El escritor menosprecia la verdad y la hace pasar a un segundo plano, su trabajo principal consiste entonces en saber cómo no debe usar su libertad. Dicho de otro modo: qué estilo fabricarse. El mérito retrospectivo que se concede a las grandes obras no reside nunca en sus cualidades imitables, útiles para su arte, sino en la audacia que se reconoce a la mirada del artista sobre su época. Esta audacia, que tiene poco que ver con el estilo, contiene un ímpetu que puede venir de la irritación (Céline), o de una insumisión discreta, pasiva, como de un flirt con la neurosis (Kafka), pero es siempre en último término esta audacia inimitable la que determina la grandeza de estos escritores”. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span lang="CA"><span>         </span>Pedí un instante de calma para hablar de la novela. Fue un error: “A fuerza de consentirle el respeto que ella nos solicita, la pretendida vena imaginativa ha constituido un imperio. No solamente social, con los premios literarios que se le reservan, el éxito que se le garantiza, sino sobre todo un imperio intelectual y moral de lo más despótico. La imaginación se ha servido hábilmente de la novela para aniquilar la poesía, someter al relato y al cuento, repeler las crónicas hacia el fango del periodismo; la imaginación ha calumniado el diario calificándolo de nominalista, con todo el sobrentendido sexual y masturbador que eso comporta”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span lang="CA"><span>         </span>Mucho más allá de las cuarenta páginas, de la aduana de Verdú,<span>  </span>aparecía el yo. Hay palabras que estropean cualquier fiesta. Prueben con <em>yo </em>y <em>verdad, </em>y verán como los estetas empiezan a registrarse nerviosamente los bolsillos<em>.</em> Se comprende: siempre es más difícil detectar a un imbécil cuando miente en tercera persona. Donner cita a Deleuze. Lo cita para completar, en las humanidades, el trabajo que han hecho Bricmont y Sokal (<em>Imposturas intelectuales) </em>en la física. Dice Deleuze: “La literatura sólo empieza cuando nace en nosotros una tercera persona que nos desposee del poder de decir yo”. Dice Donner: “Estupideces. ¿Para qué sirve enviar personas a la luna, qué se espera de ellos, para qué se invierte todo este dinero. Se espera su relato. Y que nos digan <em>yo.</em>” </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt"><span lang="CA"><span>         </span>No puedo desmenuzar todas las preguntas que siguieron. Me llevaría tres crónicas. Donner aún no ha sido traducido. Tengo como una obligación. Transcriptora. “La transcripción de lo real no es una obsesión estilística, y aún menos, la fuente de una corriente literaria, sino que se trata de la esencia misma del arte, del deber de la literatura. Porque es de <span> </span>nuestra existencia de la única que puede dudarse en el interior de lo real. Y el arte está incansablemente obligado a confirmar nuestra existencia allí. Se trata de un trabajo noble y sin fin”. Las últimas páginas de este libro admirable vinculan la ciencia, la literatura y el resto de las artes, enfrentadas a su reto secular. “Desnudas frente al hombre y encargadas del mismo deber: saber”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span lang="CA"><span>         </span>Todo el descrédito de la literatura está en la imaginación.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><em>(El País</em>, junio de 1999)</p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><font color="#3366ff">Correspondencias</font> /Maite Díaz</p>
<p>Le envío un libro de fotos que he hecho.</p>
<p><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/diaz.jpg" title="diaz.jpg"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/diaz.thumbnail.jpg" alt="diaz.jpg" /></a></p>
<p>Las imagenes las tiro durante los inviernos desde el 2002. Este año no nevó y no he tirado ninguna foto para esta serie. Están hechas donde vivo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span lang="CA"><o:p> </o:p></span></p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><font color="#3366ff">Correspondencias</font> /Fernando Peregrín</p>
<p>Espléndido hoy el comentario de tu blog en El Mundo. Todo se resume en dos frases espléndidas, que ojalá las hubiese parido yo. Una, que creo se la debo al filósofo Thomas Nagel, que los que viven de las belles lettres tienen una tendencia irresistiblemente cómica y lamentablemente patética a confundir la semántica con la epistemología. La otra, tomada de Hilary Putman, dice, más o menos, que las definiciones son cada día más competencia de las Academias de las ciencias naturales que de las de la lengua.</p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><font color="#3366ff">Correspondencias</font> /Toni Santillán</p>
<p>Sin estar en desacuerdo con usted, simplemente como contraste:<br />
<a href="http://www.nytimes.com/2008/04/06/technology/06unbox.html?_r=2&amp;scp=1&amp;sq=JANET+RAE-DUPREE&amp;st=nyt&amp;oref=slogin&amp;oref=slogin"><br />
&#8220;La imaginación es más importante</a> que el conocimiento&#8221;</p>
<p>Albert Einstein</p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/vista.jpg" title="vista.jpg"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/vista.thumbnail.jpg" alt="vista.jpg" /></a><font color="#3366ff">  Correspondencias</font> /Miguel Timoner</p>
<p>Estimado Arcadi,</p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Como ya sabe tanto Google Maps como Google Earth comparten imágenes. Además, entre sus muchas utilidades el Earth permite trazar rutas y medir distancias. </span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Hace pocas semanas, mientras hacía unos cálculos sobre el foto plano de Barcelona me encontré con esta<font color="#3333ff"> </font><a href="http://maps.google.es/?ie=UTF8&amp;ll=41.397626,2.117215&amp;spn=0.00139,0.002473&amp;t=h&amp;z=19" target="_blank"><span style="color: windowtext; text-decoration: none"><font color="#3333ff">imagen</font></span></a> que también le adjunto. Corresponde a la Avenida Reina Elisenda de Barcelona, a la altura de la sede del Consulado General de los Estados Unidos. Aunque sin mucha resolución, en la<font color="#000000"> <span>imagen</span></font> se aprecia una concentración de personas delante del acceso al complejo, delimitado por la hilera de rectángulos blancos correspondientes al techo de furgonetas de intervención policial que lo aíslan del tumulto. Esta imagen fue tomada a primera hora de la tarde del jueves 20 de marzo de 2003, el día que comenzó la última guerra en Irak.</span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Como reacción al inicio de las hostilidades, hubo manifestaciones el mismo día por todo el planeta bajo el lema de &#8220;No a la Guerra&#8221;. En Barcelona, la de la imagen se concentró en la zona universitaria de la Diagonal, descendió por esta avenida para subir por la de Pedralbes e ir a parar a la puertas del consulado americano. Lo sé por que estuve allí. De estas protestas más o menos espontáneas se informó esa misma tarde en los </span><span><a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2003/03/20/enespecial/1048170381.html" target="_blank"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><font color="#800080">medios digitales</font></span></a></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">. </span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">El pasado sábado leí su </span><span><a href="http://blogs.elmundo.es/elmundo/2008/04/26/elmundopordentro/1209198859.html" target="_blank"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><font color="#800080">post</font></span></a></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"> y la historia de Pablo Mediavilla Costa. Lo que más me llamó la atención fue su cuarta conclusión, una aplicación civil de una herramienta militar, y a raíz de eso pasé a comprobar el registro de cobertura de imágenes del mismo Google Earth. </span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Según este, se puede descartar a Digital Globe como origen de la foto ya que no hay registradas imágenes de satélite sobre Barcelona ese día y con esa procedencia. En cambio sí que hay registro de varias fotos del  sábado 22 de marzo de 2003 sobre la ciudad, día que se convocó una </span><span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><font color="#800080"><a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2003/03/22/enespecial/1048358461.html" target="_blank">manifestación</a></font></span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"> contra la guerra con el lema &#8220;Paremos la guerra. Aznar dimisión&#8221;.  </span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Siguiendo la misma lógica comprobé que no había constancia de ninguna foto de los días </span><span><a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2003/02/15/internacional/1045342353.html" target="_blank"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><font color="#800080">15 de febrero</font></span></a></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"> y <span><a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2003/03/15/espana/1047760756.html" target="_blank"><font color="#800080">15 de marzo</font></a></span> de 2003, cuando hubo las mayores manifestaciones en España antes de que  empezara la guerra.</span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">De todo esto,  se podría aventurar la hipótesis de que a la Administración Bush tenía una preocupación prioritaria por las reacciones ante el Consulado en Barcelona. Y al mismo tiempo quizás se podría conjeturar que el Gobierno Aznar, al no disponer de los sistemas en órbita de otros países, pidió a Digital Globe una imagen de la primera manifestación después del inicio de la guerra para valorar la reacción de la ciudadanía. Estás dos imágenes habrían acabado en el saco de Google, aunque sólo la primera sigue online.</span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"></span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Mi conclusión es que debo suponer que el hecho de que haya una foto satélite de este lugar y de este momento es una coincidencia. Ya sabemos que Barcelona sobresalió en su oposición a la guerra de Irak y también sabemos que los americanos se toman muchas cosas en serio, pero sin quitar merito a los barceloneses, lo contrario sería darnos demasiada importancia. Aunque siempre me quedará la duda. </span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial">Un saludo</span></p>
<p><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial"><br />
</span></p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><font color="#3366ff">Correspondencias</font> /Agustín Argüello<br />
¿Podríamos <a href="http://www.expansion.com/edicion/exp/juridico/es/desarrollo/1116463.html">ahorrarnos la pensión</a> en caso de cese del sr. Soria?</p>
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		<title>Cul de sac</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 18:34:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Tubau]]></category>

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		<description><![CDATA[El caballero que firma estas memorias lo tiene todo. Las pruebas básicas están en este libro. Nació en 1937, en España, en la Barcelona de Orwell, pero pasa largamente del metro cincuenta patrón. Como Orwell. Escribe con fuerza y limpieza. Como Orwell. Como Orwell (La política y la lengua inglesa, por ejemplo, y muchos otros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/tubau.jpg" title="tubau.jpg"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/04/tubau.thumbnail.jpg" alt="tubau.jpg" /></a>   El caballero que firma estas memorias lo tiene todo. Las pruebas básicas están en este libro. Nació en 1937, en España, en la Barcelona de Orwell, pero pasa largamente del metro cincuenta patrón. Como Orwell. Escribe con fuerza y limpieza. Como Orwell. Como Orwell (La política y la lengua inglesa, por ejemplo, y muchos otros ensayos vilmente desconocidos en España) se ha dedicado a desentrañar la capacidad encubridora de las palabras (El català que ara es parla, por ejemplo). Pero dejemos a Orwell. Sigamos con las pruebas.</p>
<p>En la portada del libro y en sus páginas interiores el caballero Tubau aparece fotografiado en compañía de François Hardy, en el festival de San Remo. ¿Qué español de su tiempo habría protagonizado esa fotografía, sin que dijeran, mira el chófer, cómo se arrima, el tío? Tubau sólo. Y lo que pasa con Hardy, pasa con Brassens en el patio trasero de Bobino. O pasa, en negativo, con los colegas de redacción de un diario de Barcelona, a primeros de los setenta: ¿De quién, entre esa agrupación de ceporros barbados, se podría decir sin sombra de duda que nunca ocuparía el cargo de comisario en ninguna de las múltiples oficinas culturales, políticas, periodísticas de la democracia, de quién si no de ése, en el extremo superior izquierda, que con una barbita como pintada, indolente, parece querer huir rápido de la foto?</p>
<p>Y, en fin, todas las otras pruebas: poeta inteligible (un oxímoron en España), genial dibujante, elegante calígrafo, maestro apasionado, culto, capaz de elegir los vinos, las escrituras y los lugares y uno de los escasos escritores españoles que saben lo siguiente: la confusión entre realidad y sueño sólo es legítima (e inofensiva) mientras se está soñando.</p>
<p>El caballero acaba de escribir el primer volumen de sus memorias. Seguirán otros dos. El global oficio de vivir lo ha fragmentado en tres de sus nóminas: la del periodista, la del actor y la del amante. Pero más allá de la limitación de las disposiciones argumentales el caballero encara profundamente en esta primera entrega el que quizá sea el tema de su vida: “¿Cómo me convertí en un segundón?” A nadie se le escapará la complejidad del problema dados los antecedentes (incluido Orwell) que se han transcrito. En realidad, “cómo llegué a ser un segundón” , si se piensa bien, es el tema principal de casi todas las memorias. La diferencia es que la mayoría de los memorialistas no lo saben.</p>
<p>Tubau sí: y con este tema y los restos de una infancia francesa, de una infancia de refugiados en Cordes, escribe apenas un centenar de páginas que están, en su corte autobiográfico, entre lo mejor que yo haya leído nunca. A lo largo de ese fragmento la escritura de Tubau despliega todas sus virtudes: ligereza, gracia, claridad y emoción. La infancia es una trampa de elefantes para cualquier memorialista: de ahí salen relatos apelmazados, digeribles sólo en la intimidad doméstica del que los narra. No es el caso: ese niño exiliado, inteligente y hermoso debe responder a la pregunta fundacional de esta memoria y a ello se dedica con intensidad, sin rehuirla nunca.</p>
<p>¿Cuál es la respuesta? Estas cien páginas. Letra a letra. Si pudieran resumirse no serían inolvidables. Pero cada letra de esa respuesta tiene su peso y su valor intransferibles, como sólo sucede con las escrituras importantes. Aún así, hay unos versos hasta ahora inéditos de Xavier Pericay que se aproximan a la paráfrasis:</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">“Viure amb el geni exhibit/és complex, és dur: embarga”</p>
<p>La pregunta no acaba en Cordes, aunque allí se desarrollen sus implicaciones más profundas. La pregunta ensarta una humillada juventud barcelonesa, como aprendiz en lencerías o almacenes de neumáticos y una entrada en la edad adulta como profesional de la radio, la televisión y la prensa escrita. El relato, seductor siempre, a veces decide pararse, o volverse, o autopreguntarse, o retorcerse en un uso libérrimo del escorzo narrativo muy parecido a la vida. En una de esas kodaks interiores, fijas, el autor puede hablar, por ejemplo, de esos trabajos “todos forzados, todos desagradables, hechos para no morir de hambre o para que mi madre no me montara uno de esos números lloricones de víctima de la vida. Lo he reconocido, la mama fue una víctima de la vida. ¿Y qué?”.</p>
<p>“¿Y qué?”, dice.</p>
<p>En fin, sólo quiero insistir en que este libro de Tubau conduce a un callejón sin salida. Como si la explicación del porqué alguien decide no ser Víctor Hugo la hubiese escrito Víctor Hugo.</p>
<p><em><br />
Matar a Víctor Hugo</em><br />
Iván Tubau<br />
Espasa Calpe, 2002</p>
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		<title>El cuento de la identidad</title>
		<link>http://www.arcadiespada.es/2008/03/23/el-cuento-de-la-identidad/</link>
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		<pubDate>Sun, 23 Mar 2008 20:25:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arcadi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[autobiografía]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Para soñar es igual cualquier rincón de la tierra y para mirar al porvenir nada mejor que deshacer el pasado&#8221;. Julio Camba Me piden que me pronuncie sobre el fútbol y sus metáforas. Me piden que me dirija a ustedes por ser hincha y escritor. Sin embargo, de los sintagmas propuestos, las metáforas y el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoBodyTextIndent"><a href="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/03/sepia.jpg" title="sepia.jpg"><img src="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/03/sepia.thumbnail.jpg" alt="sepia.jpg" /></a><span lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span><em>&#8220;Para soñar es igual cualquier rincón de la tierra y para mirar al porvenir nada mejor que deshacer el pasado&#8221;.  </em>Julio Camba</p>
<p align="center"><tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span><br />
</span></span></tt></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"> <span lang="ES-TRAD"><o:p>M</o:p>e piden que me pronuncie sobre el fútbol y sus metáforas. Me piden que me dirija a ustedes por ser hincha y escritor. Sin embargo, de los sintagmas propuestos, las metáforas y el fútbol, les hablaré más de metáforas que de fútbol. Espero que esta decisión no les decepcione demasiado. Pero es que, además, voy a hacer algo que desde determinado punto de vista resulta ser mucho más incorrecto, como pasa cuando uno habla de sí mismo. Porque, en efecto, voy hablarles de mí, voy a contarles un poco de lo que ha sido mi vida. Ustedes disculparán este atrevimiento, pero dado que el fútbol es una pulsión tan personal, me ha parecido que era imposible encararlo sin hacer alguna referencia autobiográfica, sin hacer alguna alusión tanto al pasado como a lo que representan las metáforas y el fútbol en mi vida.<span>  </span></span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Antes que nada, lo primero que quiero proclamar –y ése será el núcleo de mi exposición—es que soy un hombre de identidades frustradas. Es decir, tengo cuarenta y cinco años y he intentado de muchas maneras ser yo mismo, maneras que son variopintas. Naturalmente, como debe serlo siempre un esfuerzo del optimismo y de la voluntad, como de hecho es en ese esfuerzo en el que yo me he empeñado a lo largo de esos cuarenta y cinco años, he culminado sin éxito dicha empresa a pesar de haber porfiado una y otra vez. No puedo responder a la pregunta crucial que podría hacérseme. Por tanto, ya advierto, de entrada, que no me la hagan, porque no podría responderla. ¿Y cuál es esa pregunta? Miren, no sé por qué me he empeñado en tener una identidad. Insisto: no lo sé, como no sé tampoco cuáles sean los motivos de esto, si son propiamente ontogenéticos o culturales. Pero el caso es que sí que me he preocupado por tener identidades y he fracasado de manera estrepitosa en todas y cada una de ellas. Empezaré, pues, por detallárselas. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">La primera que recuerdo haber intentado es la de ser español. Yo quería ser español. Intenté serlo básicamente cuando era muy pequeño, como consecuencia de la lectura de un libro que marcó mi vida y que todavía evoco y hojeo. Era un volumen que se titulaba justamente así, <em>El libro de España</em>, y que publicó la Editorial Edelvives. Fue el libro con el que yo aprendí a leer, a leer de corrido, un libro que lo protagonizaban dos hermanos que se llamaban Antonio y Julián. El caso es que estos hermanos se lanzaban a lo largo de aquellas páginas en busca de su padre, y ello por alguna razón misteriosa que había sucedido pero que en el texto no se explicaba, como ocurría en <em>Mogambo</em> con el incesto. En fin, ya saben, esas cosas propias de la censura. Se lanzaban, como digo, en busca de su padre y para ello atravesaban España y cada capítulo era una descripción de lo que encontraban, qué sé yo: el pasiego asturiano, el señorito andaluz, el fabricante catalán, el huertano valenciano. Y todo aquello, al fin, componía un paisaje moral admirable que, evidentemente, me hizo leer de corrido, con mucha rapidez. Fue entonces cuando decidí que quería ser como Antonio y Julián, estar en España y ser español, que era el objetivo que perseguía el volumen. Ni que decir tiene que cuando dejé de leer este libro apasionante, cuando dejé de frecuentarlo, y entré en la edad adulta, los motivos para dejar de ser español se multiplicaban cada día. Ser español es una cosa muy fatigosa, has de estar en guardia permanentemente además de tener una musculatura incluso física, de la cual yo no dispongo. Por tanto, me pareció un oficio para otro tipo de hombres y así vi, rápidamente, que yo no podría ser español, que no podría ser como Antonio y Julián. Ésa fue la primera de mis identidades frustradas.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Más adelante, poco antes de la adolescencia, cuando tenía ocho o nueve años, coincidiendo, pues, con la época en que Barcelona tenía algún sentido como ciudad, en los años sesenta, vi algo en el barrio en donde yo vivía que me extrañó. Habían inaugurado una tienda con un rótulo raro, un rótulo en el que ponía <em>Disseny</em>, con dos eses y con y griega. Yo iba al colegio e iba viendo las evoluciones de aquel establecimiento. Había allí cosas extrañas, como mesas para el dibujo, por ejemplo. Pregunté, como hago siempre, qué significaba esa palabra y me dijeron que aquello quería decir “Diseño”. Pero yo insistí: si significa eso, ¿por qué no dice “Diseño”? </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;No &#8211;me respondieron&#8211;. No pone “Diseño” porque está escrito en catalán. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Ah, ¿el catalán? –insistí extrañado.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Sí –añadieron&#8211;, el catalán es una lengua que se hablaba aquí, que todavía se habla, y eso precisamente está escrito en catalán. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Evidentemente, yo sí que había oído esa lengua, la había oído en las melodías de la ciudad, pero no sabía nada más: nunca había leído nada en catalán ni había visto jamás algo escrito en ese idioma. Y, entonces, aquello me gustó, más que nada por el exotismo de las dos eses y ese final un poco sumergido al que nos lleva <em>Disseny</em>. Me pareció que era algo que podía tener interés y, por eso, decidí que íba a probar con el catalán a ver qué tal me iba. No niego que durante una época me interesó, pero cuando esto se convirtió en el <em>Nosaltres, SA</em> dejó de interesarme, acabando también. Desde el <em>Disseny</em> hasta el <em>Nosaltres, SA</em> han pasado muchos años y muchas cosas por mi vida, y así, cuando murió Tarradellas, decidí que yo no iba a formar parte de una cofradía que era lo más parecido &#8211;no por la violencia, desde luego—a<span>  </span>eso de la <em>cosa nostra</em>, <em>casa nostra</em>, etcétera, etcétera. Así que se acabó, que de ninguna manera, que se terminó lo que había empezado con el <em>Disseny</em>.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Posteriormente intenté ser italiano. Más que nada, este intento fue provocado por la lectura de Josep Pla. Pla, en una de sus alegrías conceptuales, dijo alguna vez que la segunda patria de los catalanes era Italia. Siempre lamenté que no dijera cuál era la primera, porque de haberlo hecho hubiéramos resuelto algunos problemas. Pero, en fin, el caso es que reveló cuál era la segunda, de manera que aquello me hizo una gran ilusión también. Porque Pla tiene páginas muy emocionantes sobre Italia, una de ellas, por ejemplo, encabezada con una frase sensacional que no he olvidado. Al parecer, uno dos antes de morir, le preguntaron una de esas cosas que habitualmente le preguntan a los moribundos. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Maestro, ¿qué le gustaría hacer su vida en estos momentos? </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Pues mire –respondió Pla&#8211;, a mí lo que me gustaría es tener veinte años y hacer el primer viaje a Italia. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Fue tan emocionante que, añadido a lo de la patria, me llevó a decidirme a ser italiano. Viajé y fui muchas veces a Italia hasta que un día, escarbando entre la maraña hollywoodiense y los estragos del periodismo, descubrí algo. Descubrí que entre 1983 y 1993, en diez años, en fin, en aquel país habían matado a diez mil personas. Esto no se sabe porque aquí a los mafiosos les damos un tratamiento antropológico, incluso simpático, y así decimos, por ejemplo: mira, Joe Bananas [Joseph<span>  </span>Bonnano] ha muerto, como si la suya fuera una historia de Hollywood. ¿Que se ha matado a mil, a diez mil? Da igual, no reparamos. Todo eso lo descubrí en un volumen que les recomiendo y que se llama <em>Medianoche en Sicilia</em>, un libro maravilloso, un libro en el que se decía que habían matado a diez mil italianos, o sea, que habían matado cada año al número total de personas que ha asesinado Eta en España, esa guerra civil por la que hemos pasado los europeos. Se acabó: se acabó, pues. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">No sé si fue antes o después que París, me atrajo sobremanera ser un <em>intelo</em>, un <em>intelo</em> de París. Con casa en el Luberon, que es una subrregión de la Provenza especialmente indicada para intelectuales y gente refinada, una zona muy bonita, algo más dura que la Toscana, la verdad, aunque con mayores vistas, un lugar extraordinario. Desde luego, ser un <em>intelo</em> parisino me pareció un oficio en aquel primer momento admirable. Siempre he pensado que no hay gente con mayor vida interior que la cajera de un supermercado de París, de una periferia de París: esas maravillosas cajeras que retratan Rohmer o Alain Tanner. Yo, la verdad, me veía muy bien en ese paisaje sobre fondo gris. Ya saben: el Sena, un café cualquiera, el de la Paix, en cualquier lugar, y diciendo cosas sensatas, enamorando a las chicas, Camus, sin el coche, sin el accidente&#8230;, sin esa muerte siempre temprana que evocaba Justo Serna. En fin, todo maravilloso. Pero esto lo frustró algo vinculado a su propia identidad. Empecé a leer lo que habían escrito después de la guerra europea los intelectuales de París, y entonces descubrí que debía enfrentarme a gentes que le quitan las ganas a cualquiera: Derrida, Lacan&#8230;, toda esa suerte de farsantes, de impostores. Son, en efecto, unos impostores cuya prosa, como dice mi amigo Félix de Azúa,<span>  </span>es herencia directa de su colaboracionismo, es decir, la manera en que escriben intenta tapar el colaboracionismo implícito de la sociedad francesa. Esta prosa me desbordó durante mucho tiempo, pero acabé por huir de allí, incluso del Luberon.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Con los Juegos Olímpicos ocurrió algo, y ocurrió por una especie de casualidad histórica que provocó aquel señor, Samaranch, a quien en 1977 le invitaban de malas maneras a marcharse. Lo hizo, se marchó, y luego devolvió a Barcelona lo que era suyo.<span>  </span>Insisto: en 1992 hubo unos Juegos Olímpicos en Barcelona que fueron muy celebrados. Antes de que se realizaran hubo mucha poesía, mucha lírica. Vivíamos unos años difíciles, los años de hierro, pero hubo uno en especial, un año temible, que fue aquel en que gobernó en España Felipe González con el apoyo de Jordi Pujol. Eran como la tenaza definitiva, el <em>yin</em> y el <em>yan</em> sin posibilidad de escape. Hubo incluso refugiados políticos, como yo, que decidimos que quizá entre la España de Antonio y Julián y la Cataluña del <em>Nosaltres, SA</em>, quizá pudiéramos ser barceloneses, cosmopolitas, del <em>Disseny</em>, en una palabra, ser por fin patriotas. Es decir, que podía ser bonito estar en los Urales y que a uno le preguntaran: </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;¿Y usted de dónde es?</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Yo soy de Barcelona. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">¿Se imaginan poder responder eso? Nos encantaba esa posibilidad. Pero, justamente entonces, me encargaron escribir un artículo sobre la ciudad. Tuve que meditar y, al final, me di cuenta de que una urbe no podía ser nunca una patria, porque en las patrias las aceras no están sucias, ya que son regiones ideales. Es entonces precisamente cuando la ciudad se acaba (y todo tu contento con ella), cuando descubres que la acera de tu casa está sucia. Es el llamamiento del prosaísmo, el natural de la vida ciudadana. Por lo tanto, me di cuenta de que tampoco podría llegar a ser un barcelonés.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Durante otro tiempo pensé en Argentina. Por muchas cosas. Primero, porque la mitología del tango me ha interesado siempre y, luego, por Raúl González Tuñón, que es un poeta civilizado, un poeta que escribe con sujeto y predicado sin tener ninguna necesidad de que la sintaxis enmascare sus errores. Me gustó mucho, y durante mucho tiempo, la posibilidad que me daba un país como Argentina. Un país en el que sus habitantes se preguntaban: ¿Y nosotros? ¿De dónde somos, de dónde venimos? Un país en el que ellos mismos se contestaban –autorreferenciales siempre,<span>  </span>claro&#8211; diciéndose: nosotros venimos de los barcos. Me pareció estupendo. Un país en el que sus habitantes lo primero que dicen y se dicen es: me cago en Argentina. Aquello me encantó, pero, claro, no podía ser porque, en efecto, en el pecado estaba la penitencia. ¿Cómo iba yo a tener una identidad sin compañía? Las identidades no son una cosa solitaria, por lo tanto si nadie quería ser argentino, era absurdo empeñarse –como hacía yo— en este onanismo de la patria. Ahí lo dejé, pues.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Cuando empecé a ganar dinero, un poco de dinero, no demasiado, comencé a volverme un poco tiquismiquis con esto de la comida. Fue entonces cuando me interesé por los restaurantes y por la gastronomía, y durante bastantes noches lo tuve claro. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Mi patria &#8211;me decía&#8211; llega hasta donde llega el aceite de oliva. Yo soy –añadía&#8211; de este mundo, del aceite de oliva. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Sabía que aquello era lo mío y más aún si eso estaba aliñado con una gotas de recuerdo: de Maria del Mar Bonet, por ejemplo, que era una muchachita muy guapa, de la mediterraneidad, del <em>Carrer de Cavallers</em>, en fin todas esas cosas. Me gustó durante mucho tiempo hasta que, naturalmente, una noche fría, en la provincia francesa, probé un plato que ya no he podido olvidar, un plato hecho por un célebre, muy célebre, cocinero francés que se llama Joël Robuchon, ya retirado. Se trataba de un puré, simplemente de un puré, un puré –insistía del cocinero— de patatas. Y es verdad, hay razones para llamarlo así porque tiene un poquito de patata y el resto es mantequilla, mucha mantequilla, toneladas de mantequilla. Vaya, vaya. Una cosa tan deliciosa, sin aceite de oliva, y que jamás había probado en mi vida. Ahí acabó todo. Ahí acabó también lo del aceite.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Si se lee, llega un momento en que cualquiera que lo haga se convierte en europeo. Leyendo, piensas de ti mismo: te estás haciendo mayor, ya es hora de que vayas dejando esos sueños de juventud. Y Europa parece una patria confortable. Al fin y al cabo, qué es. El euro –te respondes&#8211;, los Bancos Centrales, la tiniebla de Bruselas. Pues bien, me dije, seamos europeos: una cosa incolora, inodora, una cosa seca propia de la cartografía, más que de la tierra, que es lo que me gusta. Sin embargo, todo proceso intelectual como el que les describo tiene sus cosas.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Yo seré europeo, de acuerdo, pero la capital de Europa es Nueva York –repuse a quien quiso oírme. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;¡Oh, no!, eso no puede ser, eso que pretende va contra la cartografía, contra la lógica, contra la geopolítica –me dijeron contrariándome. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;¿Ah, sí? Pues lo dejamos estar.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Y, en efecto, lo dejé. Pero es que, además, había otro asunto añadido: ser europeo es serlo&#8230;, ¿contra quién? Ya había caído el Muro y cualquier identidad que no se alimente del enemigo es una identidad inexistente. Entonces&#8230;, ¿ser algo contra quién? Europa no le hace la guerra a nadie. Vitigudino, sí, o Martorell, también, pero Europa&#8230;, Europa no. Lo dejé. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Quizá el recuerdo que ahora les cuento, el recuerdo que les voy a evocar, debería haberlo mencionado antes. Quise ser andaluz durante alguna época, porque lo era mi padre. Cuando yo tenía veinte años, un poco antes de lo de Italia debió de ser, y dado que mi padre lo era, pensé que por qué no lo probaba. Y para probarlo hice un largo viaje en autobús por Andalucía. Me gustaba y me gusta mucho el flamenco y resolví que estaba muy bien hacer aquel desplazamiento. Lo hice solo, así, para sufrir, con poco dinero, en autobús, durmiendo en lugares propios de jóvenes. Y todo anduvo muy bien porque yo había emprendido aquel viaje de una manera iniciática, para convertirme en aquello que quería ser. Estando allí, un día fui a entrevistar a Joselero, que cantaba con el mejor guitarrista flamenco que jamás haya existido, Diego del Gastor. Fue entonces cuando me descubrí el problema. Me desplacé hasta su pueblo, y allí, en aquel pueblo maravilloso, de la Sierra de Cádiz, en medio de una plaza extraordinaria, vi el tronco de los árboles pintados de blanco, de verde y de blanco. Les había cogido el sarpullido también y hasta los troncos de los árboles estaban embadurnados con la bandera andaluza. Demasiado largo el viaje para acabar con una tontería así, qué decepción. Pero para no cansarles mucho más iré abreviándoles este recorrido por las identidades frustradas. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Luego de todo eso empezaron a oírse cosas, cosas referidas a este asunto devastador de la identidad. Siempre, pero siempre, cada año en el diario <em>El País</em> sale alguien diciendo mi patria es mi lengua. Y, entonces, ante tal afirmación, todo el mundo se queda admirado. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;¡Ah, qué bien, su patria es su lengua! </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Tanto es así, que yo, un año, probé y lo probé porque lo había dicho alguien a quien admiraba. Pero, entonces, me pregunté: ¿cuál?, ¿qué lengua? Porque yo hablo algunas lenguas, mal todas, cierto, pero las hablo. Pero, claro, ésa parecía una pregunta antipatriótica, porque yo debía saber muy bien cuál era mi lengua. O dicho de otra manera: si yo no lo sabía muy bien, no podía intentarlo. La conclusión no podía ser otra: lo dejé estar. En esa especie de expansiones líricas, hubo otra, muy divertida, que también se repite mucho. Decían y dicen, por ejemplo, mi patria es mi infancia, e inmediatamente todo el mundo se queda completamente conmocionado, conmocionado ante esa imposibilidad absoluta que significa ser algo distinto de un niño. Me pareció bien, pero yo, particularmente, tengo un problema: mi patria –mi infancia, pues— la he olvidado. No recuerdo nada. Por lo tanto, para qué insistir.<span>  </span>Lo intenté también con el nombre, con mi nombre. Me pasé veinte años siendo Arcadio, y en estos veinticinco últimos me he convertido en Arcadi. O sea, que hasta en eso tengo problemas, hasta en el núcleo cenital de la identidad. ¿Identidad? Cuando venía en el avión hacia aquí, iba yo leyendo el diario <em>Avui</em> y en dicho periódico le hacían una entrevista a un escritor valenciano, Vicent Usó, que al parecer acababa de ganar algún premio de novela. Sus palabras me han venido bien para llegar al número trece de estas identidades frustradas. Decía Usó con gran seguridad: mi patria es la inocencia. Pero hablaba de la inocencia en medio de la guerra, de la inocencia de quien no está ni con unos ni con otros. La verdad, me ha parecido un buen plan de vida, pero desde luego para mí es un objetivo demasiado alto, inalcanzable. Trece identidades&#8230;</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Y ahora, por fin, después de este repaso se revela todo, les revelo todo. ¿Qué es lo único que cuando pronuncio “yo soy” aún tiene sentido para mí? Les recuerdo. He intentado ser español, catalán, italiano, intelectual de París, barcelonés, argentino, andaluz, europeo, mediterráneo, etcétera, etcétera. Pues bien, yo soy del Real Madrid, Club de Fútbol. Han pasado tantas cosas, ha pasado todo y ya no cambiaré. Estoy en la crecida de la edad y debo decir que es la única identidad que ha superado todas las pruebas, pruebas algunas de ellas verdaderamente sensacionales: jugadores absolutamente toscos, presidentes impresentables, aficionados ruines (favores arbitrales, no, por favor). Por tanto, la pregunta permanece: ¿qué es una patria, qué es una identidad? Una identidad es aquello a lo cual le colocas una camiseta y siempre está guapo. A cualquier tipo de la vida, por muy ruin y zafio que sea,<span>  </span>le colocas la camiseta blanca y reluce, reluce y se hace de inmediato inocente. Y eso es una identidad: una camiseta colocada, dispuesta, presta a disculpar cualquier atrocidad del destino. Miren, lo poco que puedo añadir sobre el fútbol me lo dijo un hombre muy inteligente, y como todos los hombres inteligentes de este país, fue vituperado, agredido. Ese hombre es Pablo Porta, aquel que fuera durante mucho tiempo Presidente de la Federación Española de Fútbol, y que se convirtió en el muñeco de feria de una muchacho que hacía periodismo. </span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">&#8211;Mire, Espada &#8211;me dijo una vez Pablo Porta&#8211;, el fútbol es un deporte que no tiene ningún interés.<span>  </span>Desde el punto de vista técnico es una cosa muy rudimentaria. Cuenta demasiado el azar, es muy poco espectacular y no requiere tampoco hombres especiales porque es muy fácil enmascarar la mediocridad entre once –diagnosticó&#8211;. ¿Sabe usted lo único que aguanta el fútbol? ¿Sabe usted por qué no ve nunca un partido entre Nigeria y Taiwan a pesar de ser los mejores del mundo? Pues no lo ve porque lo único que aguanta el fútbol, Espada, es ser de alguien.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD">Así de claro y así de rotundo. Es decir, el drama que se desarrolla en la cancha no es entre técnicas, tácticas, espectáculo o estrategias, sino entre dos identidades. Ustedes me disculparán, pero estoy muy feliz, muy contento, satisfechísimo en suma, de que la única de mis identidades que haya logrado sobrevivir al paso de los años se vincule al fútbol.</span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><em>(Conferencia incluida en el volumen colectivo </em>El fútbol o la vida,<em> de Justo Serna y Salvador Albiñana, Universidad de Valencia, 2003)</em></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><a href="http://nickjournalarcadiano.blogspot.com/2008/03/humanismos-i.html">Cortesías</a></p>
<p align="center"> <tt><span style="font-size: 24pt; font-family: Symbol; color: #739be8"><span>·</span></span></tt></p>
<p><font color="#3366ff">Correspondencias</font> /Enrique Bertrand</p>
<p id="mb_0">&nbsp;</p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3">Estimado Arcadi:</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3"> </font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3">Lamento que tu admirable dedicación a los asuntos del intra-mundo te impida apreciar las perlas que se publican en tu antigua casa. Ese formidable periodista de cámara (y de mesita de noche y de almohada) que es tu colega Luis R. Aizpeolea está hoy que se sale. Un tanto amustiado desde el fallido Proceso (úsase siempre con mayúsculas), Aizpeolea por fin recupera el tono habitual en su artículo sobre los pensamientos de Zapatero entorno al fuego (de campamento) del refugio de Doñana.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3"> </font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3">¡Qué aportaciones a la neolengua! Así, donde nosotros, simples mortales, hubiésemos escrito &#8220;incordiante&#8221; (o a lo sumo &#8220;tocacojones&#8221;), él habla del &#8220;expansivo José Bono&#8221;. </font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3"> </font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3">Pero lo mejor es descubrir por su pluma que &#8220;el Gobierno dispondrá de tres nuevas áreas temáticas&#8221; (sic). ¡Ándale, qué magnífica hoja de ruta! Si Disneylandia <span> </span>se organiza por áreas temáticas ¿por qué no nuestro Gobierno? Ahora sólo nos falta saber quién hará de Peter Pan, quién de Mowgly y quién de Campanilla. Seguro que Luis nos lo revelará en próximas entregas.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3"> </font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3">Siempre con mi aprecio por tu trabajo, atentamente</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3"> </font></p>
<p><span class="sg"></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt"><font face="Times New Roman" size="3">Enrique Bertrand</font></p>
<p class="MsoBodyTextIndent">&nbsp;</p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoBodyTextIndent"><span lang="ES-TRAD"><o:p> </o:p></span></p>
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