1 de septiembre de 2010

Culpabilidad por herencia

Para un español no es fácil dejar de serlo. Hay que casarse con una extranjera, vivir durante bastante tiempo fuera, servir en otro Ejército… Quiero decir que no basta con querer dejar de ser español, esa tentación ciclíca que es una de las marcas de identidad del español clásico. Y qué decir de las aún más perversas y esclavizantes nacionalidades culturales. ¡Tantas veces que he querido dejar de ser catalán y no hay ni ventanilla! Tampoco es fácil dejar de ser francés. Aproximadamente rigen las mismas disposiciones. Ahora bien, en el caso francés las facilidades para dejarlo aumentan si uno es un nacional inmigrado. El código penal francés distingue, con gran nitidez e impudor, entre el ciudadano de origen y el ciudadano adquirido. Ejemplifiquemos. Puede que un terrorista francés pata negra se pudra en la cárcel el resto de sus días. De acuerdo, polvo será, mas tendrá sentido: nunca dejará de ser francés. Para el terrorista francés adquirido, sin embargo, la peor pena no será la cárcel. Dejará de ser francés, que es un castigo comparable al de ser ciego en Granada. De un gobierno francés debería esperarse algún avance positivo, derogatorio, en esta ley que contradice tan profundamente el derecho de suelo. Pero el viento sopla en sentido contrario: no en vano el crecido ministro Besson anunció ayer que extenderá la pérdida de nacionalidad a los mendigos que se comporten agresivamente.

La deriva del gobierno francés en su política hacia los extranjeros va tomando acentos cada vez más inquietantes. Hace unos días, por ejemplo, se oyó discutir a Alain Minc la autoridad del Papa de Roma. Está bien hecho, en teoría. Pero lo sorprendente eran los argumentos. «Un Papa alemán no puede discutir sobre el asunto de los gitanos. Porque él es, como todos los alemanes, un heredero; no un cómplice, pero sí un heredero». Étonnant, ciertamente. El sociólogo Minc pone a bailar a culpabilidad y herencia la macabra danza que ha provocado los peores traumas de Europa. El sociólogo Minc es consejero del presidente Sarkozy. Y sus palabras se adhieren perfectamente a los hechos del presidente. El político expulsa al grupo sólo después de su identificación previa por el intelectual disponible. Gitanos. Alemanes. Mendigos. En mendiants agressifs, que es la última aportación lexicográfica, puede detectarse, y hasta con un punto de humor siniestro, la larga distancia que separa la nacionalidad por origen de la nacionalidad adquirida.

La que separa al apestoso mendiant del orgulloso clochard, aquel plein air de Francia.

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