12 de marzo

El mismo 11 de marzo

 

Que el gobierno diga que no ha pagado por la liberación de la cooperante supone un gran alivio para los ciudadanos. Es sabido que este gobierno español tiene una capacidad mágica para la resolución de los conflictos. Así ha sucedido con las reformas estatutarias, con la negociación con Eta y con la crisis económica. Los ciudadanos aprecian que la organización terrorista más letal de nuestro tiempo secuestre a una mujer y después de algunos meses la libere porque nuestro firme gobierno así se lo pide. Los ciudadanos no sólo están felices porque la cooperante haya regresado del horror sana y salva, sino porque ese regreso sin pacto les permite dejar de hacerse algunas preguntas fundamentales. Una de ellas, por ejemplo, está relacionada con el terrorismo local. ¿Los ciudadanos juzgarían con la misma vara el pago por la liberación si en vez de Al Qaeda fueran de ETA los criminales? Esta es una pregunta que incorpora una versión de la famosa teoría del kilómetro sentimental, según la cual los muertos importan menos cuanto más lejos se hallen de nosotros. Es una teoría humanísima, desde luego, pero que debería explicitarse más allá de toda fábula: el pago de la vida de uno de los nuestros es, probablemente, la vida de muchos de los otros. Las organizaciones criminales utilizan el dinero para realizar crímenes. ¡Así son los perturbadores mandatos de la lógica! Pero es que, además, la teoría del kilómetro sentimental no puede aplicarse estrictamente en este asunto.

Buena parte de los periódicos españoles se repartieron ayer sus portadas entre la liberación de la cooperante y el recuerdo del sexto aniversario de la matanza de Madrid. Fue una coincidencia infeliz y menos mal, insisto, que el gobierno veló por todos nosotros negando la posibilidad de que la liberación de la cooperante facilitara otras matanzas como esa. Una gran noticia, sobre todo, para la asociación de víctimas del 11 de marzo, cuya voz  imperiosa debería haberse oído en el caso de que el gobierno hubiese contribuido a financiar a los asesinos de sus familiares y amigos. Por fortuna nada se oyó. El hecho refuerza nuestra paz y la hace imperecedera. Porque si no se oye la voz de las víctimas patrias de Al Qaeda (que lo son de Al Qaeda: y lo peor de las tesis conspirativas y del Aznar asesino es que han contribuido a difuminar ese hecho) qué voz se va a oír en las cuatro esquinas morales de España.

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