2 de diciembre

Lo musulmán en Europa

Comprendo (más o menos) a Tariq Ramadán cuando afirmaba en el periódico de ayer: «A los ciudadanos normales y corrientes se les hace muy cuesta arriba aceptar esta nueva presencia musulmana como un factor positivo.» Ramadán vinculaba la cuesta arriba de los ciudadanos con lo que llamaba “desagradables debates” en que el islam está implicado. Citaba algunos: «Violencia, extremismo, libertad de expresión, discriminación por sexo, matrimonios a la fuerza.» Desde luego, Ramadán debe reconocer que todo aquello que afecte a la libertad y a la vida no son debates pequeños. Y que cada uno de los debates que cita las afectan plenamente. Por lo tanto no parece descabellada la opinión pública europea cuando desconfía de los musulmanes. Todas esas cosas tandesagradables se hacen en nombre de Alá, aunque no dudo que también algunos actos bondadosos puedan hacerse invocándolo.

Sin embargo, creo que no es ésta la cuestión principal del debate y el fondo de la discrepancia europea, y aún del desdén, que detecta Ramadán. En realidad, y para ser sincero,auscultándome , yo, europeo, le pregunto a Ramadán. ¿Por que los musulmanes iban a ser un factor positivo? Un musulmán es un hombre definido por su fe y sólo por su fe. ¿En razón de qué el laicismo europeo debe admitir como “positivo” a alguien que viene con la sola tarjeta de visita de su creencia? ¿Es que admitiríamos que alguien se presentara en el espacio público diciendo, “soy católico, es decir soy un factor positivo.” Una de las grandezas de Europa,duramente conseguidas, es que la religión no abre las puertas del paraíso moral. La religión sólo es un factor, y discutible. Yo puedo aceptar, más allá de lageneralización equívoca, que Ramadán me dijera que la presencia árabe es positiva. Como si me dijera que lo es la china. Pero no alcanzo a ver en qué medida puedeserlo la aportación de una conducta definida por la religión.

Es probable que en el rechazo suizo a los minaretes haya el racismo y la intolerancia que algunos creyentes y algunos laicos suponen. Pero quizá haya también algo más sutil y resbaladizo, que merece tenerse un cuenta. Muchos europeos observan hoy las viejas iglesias cristianas con una intencióncompletamente desprovista de fe. Las observan, en lo que son también: puros objetos culturales. Una operación muy difícil con los minaretes. Y que se ha hecho difícil, incluso, con los propios restos de la arquitectura musulmana que pueblan España. En los minaretes nuevos y viejos sólo impera, despótica, la religión. Un factor intrínsecamente negativo para este europeo.

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