El artista
La retirada de una exposición de la Tate de una famosa foto de la niña Brooke Shields que hizo Garry Gross en 1975. La policia británica actúa como aquel inolvidable guardia civil de mi juventud transaccional que, pasando por el escaparate de una tienda de Cáceres, el 1 de febrero del mismo 75, y fijándose, mandó retirar una reproducción de la Maja desnuda. Pero eso es sólo la apariencia. Porque los responsables profundos de la censura policial en la Tate están en esa banda (Allen, Scorsese, Lynch, Almódovar y los cien restantes) que, en una muestra de l’esprit de corps, han criticado la decisión de las autoridades de hacer cumplir la ley al presunto violador Roman Polanski. En manos de tipos como esos el arte será siempre sospechoso: la reivindicación de la libertad del director polaco sólo se basa en la convicción de que el artista puede y debe violar. Una convicción, por lo demás, de uso tópico como la vaselina, y heredera del estrago romántico que confunde arte, excremento y ontología: “el artista es lo que caga”) y que no extraña que los (guardias) civiles emulen. Ni los unos ni otros distinguen entre arte y violación.

