18 de octubre

captura-de-pantalla-2009-10-18-a-las-122704.png     En el escaparate han puesto ya los panellets. Destacan los Huesos de Santo, en especial si van rellenos de marron glacé y cubiertos de chocolate. Un celestial engrudo. Aún faltan bastantes días para el Día de Difuntos pero en la pastelería los días duran mucho más de veinticuatro horas. Eras. Y de la Era de los Panellets pasaremos ya, sin solución de continuidad a la de los Turrones, culminada con el Roscón de Reyes. Luego vendrá un páramo exhausto, que no fertilizará hasta el día de San Valentín, cuando sacan unos sensacionales corazones de hojaldre rellenos de nata. Me aliemnto de ellos durante varios días, porque soy un gran amador. En seguida se instalan las monas. No me gusta ese momento. La pastelería luce atiforrada y el olor a chocolate es francamente molesto. Los lunes de Resurrección entro muy sobrio y muy less y me llevo una cristina judía con pasta de ensaimada y huevo duro. La monería se hace insoportable cuando coincide en la provincia con el día de San Jorge, para el que preparan unos pasteles sin tradición y acaballados. Así pues agradezco el mes de las bodas, porque al menos todo se pone blanco. Creo que en septiembre hay un par de días de pastel en barras; pero no sé bien, porque nunca me pilla aquí el estrago. Y en fin, un paso más y aquí estoy encastado al mismo diente de la rueda, intentado tragar la bola de marcona.

Lo único que se puede hacer con el tiempo es pastelería.

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El columnista destroyer (Cortesías)

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