23 de agosto

Estos nombres:

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Belgas
Bretzel
Cigarrillos
Lenguas de gato
Matrimonios
Paladares de almendra
Pan turco
Suissnome
Volcanes

¿De dónde vienen? ¿Quién pone el nombre a los pasteles? Parece oficio último del maestro cansado. Lo acabó hace algunos minutos, y ahora lo prueba con el aire exhausto y superior del que sabe que ha hecho algo bueno y nuevo: levanta la voz y anuncia que listo para la tienda y cuando la muchacha entra a buscarlo y le pregunta jovial cómo le llamamos, contesta el maestro echándole una última ojeada al montón de talento:

–Ponle volcanes.

Estos son los nombres de las pastas de té. No son las mejores pastas, sólo los nombres. Yo sólo canto señores lo que se sifra en el nombre. Escribo envuelto en una humedad del 95 por ciento. Es una característica, y aún hay peores, de la ciudad. Al más grande patriota barcelonés que he conocido, el arquitecto Correa, le encantaba la humedad. Aquel diálogo de 1994. Yo le decia:

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–Tiene problemas, Barcelona
–Seguramente…
–¿No sabe verlos?
–Me cuesta
–La densidad
–Fantástica
–El ruido
–Me acostumbré muy pronto
–La humedad
–Me encanta su clima

Por culpa de la humedad de Barcelona, Sacha no hace tejas. Es la única pasta de té célebre que falta en el obrador. No hay tejas. Hay humedad. La pastelería en Barcelona adquiere caracteres heroicos. Tampoco hay té, claro. En Barcelona, a dios gracias, nadie ha tomado té en la vida. La pasta de té es la única que no se renueva a diario. La masa aguanta perfectamente varios días. Pero hay algo que obliga a hacerlas frecuentemente. La rotunda negativa de la clientela a comprar las pastas si la bandeja no está rebosante. A tres cuartos de su capacidad ya creen las señoras que se trata de pasta vieja. Duro oficio donde hay que convencer cada día a golpe de exhuberancia e hinchazón, tomándoté vida mía.

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