9 de agosto

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The Sacha Air Experience empezó con Javier de la Rosa. Croissants a treinta mil pies, completamente ingrávidos. El financiero catalán así llamado encargó a la pastelería  el mantenimiento de los caterings de Gestair, su compañía de aviones privados. Duró lo que duro duró. La empresa se la quedó un suizo y dejaron de trabajar con Sacha. Hasta que una noche subieron los Albertos. Muy coléricos, la verdad. Catering bochornoso. Los gritos llegaban hasta la cabina del comandante, que sonreía para sus adentros como había aprendido a hacer por las novelas. No en vano el comandante era hijo de una amiga de Pepo Mumbrú. Alcanzada la velocidad de crucero salió de la cabina para saludar y aplacar a los financieros.

–No le falta razón, señor. Antes lo hacía Sacha. Otra cosa.

Y fue así como volvieron a trabajr con Gestair, y luego con Corporajet, Executive, Euroservice, o Mango y algunos particulares con jet. Hacer aviones es difícil y poco sindical: el 23 de junio a las 4 de la tarde llamaron para servir un catering que tenía que estar a las 5 de la madrugada en el aeropuerto de El Prat y que debía contener, entre otras cosas, ostras, champagne y pan recién hecho…. Esto pasa demasiadas veces. Hay que llamar a su casa a los trabajadores y pedirles que vayan a trabajar y que cuando acaben continuen con su horario normal. Lo que cobran de más se llama extra de tempranidad.

En cualquier caso de lo que veníamos a hablar aquí, y nos hemos desviado, es del financiero, especialidad de la casa. Que se hace con polvo de estrellas y almendras y un par de huevos. Y que presenta al tacto una humedad blanda, ligeramente pringosa.

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