7 de junio
Una pastelería es o no es en su brazo de gitano. Sólo en Sacha no es el brazo incorrupto. Un buen bizcocho tiene su secreto. El secreto es hacerlo bien. La tortada blanca se prepara con huevos, azúcar, harina floja y mantequilla. Se mezclan las yemas del huevo con el azúcar y las claras batidas aparte. Ahí dentro hay que ir echando la harina a mano, con mucho cuidado, que no queden grumos, pasándola por un cedazo, batiéndola sin fuerza. Luego se añade la mantequilla en pomada o un poco derretida. Sin levadura. Se extiende la masa con una paletina sobre el papel, se lleva al horno y una vez fría se rellena con nata o crema.
Hechos y vendidos los massinis, Sacha cierra y se instala el domingo por la tarde. El obrador vacío. El obrador es un lugar seco y tajante. Dios no está por hostias. Trabajaba en el massini una Agustina andaluza. Un día se tiró por la ventana de su casa y la llevaron al Clínico. Allí se volvió a tirar por la ventana y tampoco se mató. Cuando volvió en el obrador la miraron y se limitaron a llamarla la paracaidista. Otro de allí era Adolfo, que se ocupaba de cargar con las barras de hielo. Era como un oranguntán. Un día fue al médico porque tenía almorranas, y el médico le puso en una lista para operarlo. Mientras llegaba su hora Alejandro Barreneche le proporcionó un aceite para que se lo aplicara cuando le doliera. Surtió efecto. Al cabo de un año le llamaron y Alejandro le preguntó por qué iba a operarse si ya no le molestaban. Él contestó que por qué iba a ser: «¡Porque es gratis!» Murió en el quirófano.
Ajenas a todo, las familias, en sus domingos, entran en un prodigioso sopor de nata.




