24 de mayo

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Et je m’en vais clopin-clopant
Dans le soleil et dans le vent,
De temps en temps le cœur chancelle…
Y a des souv’nirs qui s’amoncellent…

Roberto Jacas murió al atardecer del 22 de mayo, pocos días después de cumplir los 79 años. Fue un hombre alto y ancho y de una notable belleza. Ahora las córneas de sus inverosímiles ojos verdes siguen a disposición de la luz. Contribuyó sin metáforas a la alfabetización general: gracias a su despiadada simpatía vendió millares de enciclopedias, singularmente El Libro de la Vida Sexual, del doctor López Ibor, y esto le permitió llevar un buena vida. Le permitió llevar, exactamente, una vida de ricos, en la mejor de sus versiones: sin serlo. «¡Esto es vida de ricos!», gritaba desde el fondo de su minúsculo fueraborda anclado en la altamar de Cubellas, mientras bebía alguno de sus riojas chambrées… chambrées de habitación en agosto. Construyó una familia, con las dificultades habituales. La construyó. Ahí han estado todos, al pie de su cama, en la angustiosa vela del tránsito; le han llorado a fondo sin que nadie, y el primero él, les obligara. Como cualquier hombre tuvo sus características. Una mañana de la enfermedad se levantó de pronto y anunció su firme decisión de salir a la calle y comprar regalos para todos. La sorprendente noticia fue recibida con gran pesadumbre por los agraciados. Se trató con sumo cuidado: limones, ajos, ensaladas, wett tabix, pura fibra: depurarse y vivir, vivir, las grandes manos frotándose el pecho. Pintó. Durante muchos días de muchos años dispuso en el jardín de su casita de la playa los instrumentos necesarios —pinceles, lienzos, fotos, modelos vivos—, para tratar de disolver la realidad con alguna consecuencia feliz. La casita la vendieron este último invierno, o sea que todo ha venido justo y a medida. Pintó con fuerza. Tormentas y chubascos. Luminosos desgarros del cielo. Derivas. A veces se detenía con mucha gracia poética en sus modelos y es así como logró un retrato inolvidable de su hija Patricia, algo inquietante incluso porque parece como si por los ojos de la pequeña desfilara la vida ya decidida. Nadó. Este es un dato objetivo. Lo escribió un señor de La Vanguardia, el 18 de julio de 1945. Ante numerosa y selecta concurrencia se efectuaron anoche en la Piscina de la Real Sociedad Pompeya las pruebas de natación correspondientes resultando vencedores… 100 metros libres… Roberto Jacas, 1 minuto 19 segundos. Disputó cientos de matchballs sobre la tierra batida y perfumada por el olor a boj, y supo ganarlos. Filmó. Coches. Nieve. Catedrales. Y también películas de matrimonios, sixties, muy droite divine, de trago largo y falda corta, clopin, clopant. Tenía un sentido del humor muy visible y una ironía suave. Le habría animado saber (siempre queda una noticia sin darse) que a su morir de ayer lo llamaron, muy técnicamente, éxitus. Sin sospechar el técnico forense la fe de vida que daba de nuestro Roberto.

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