Jaime, follas demasiado

Están haciendo una película sobre Gil de Biedma, que toma como base la biografía que escribió Miguel Dalmau. La película, como la biografía, será mala, regular o buena, que así pasa con todo. Lo estupefaciente, sin embargo, son las declaraciones de amigos y conocidos del poeta, novelistas, críticos y fotógrafos. Es digno de verse lo pudorosos que se han vuelto los viejos sixties. Al leer el guión se han ruborizado. Hay mucho sexo. ¡Mucho sexo! ¿Por qué no se lo dijeron, en vida y a la cara, al poeta del tendón del hombro: «Jaime, follas demasiado. ¡En tu vida hay más polvos que versos!» Y lo más extraordinario de todo: entre los amigos hay autores de ficciones «basadas en hechos reales» que salen al paso de los proyectos de biógrafo y cineasta, recordándoles la obligación que tienen de ser fieles a la realidad. ¡Ellos y esas obligaciones! Por lo visto no importa deformar con la piedra pómez de la escritura la memoria de seres que vivieron sus vidas pequeñas. Pintores de paredes, camareros, prostitutas asesinadas. Pero alto ahí con el Tío Jaime: que nadie se pase un pelo.

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Correspondencias / Miquel Dalmau

Estimat Arcadi,

Sólo unas líneas para agradecerte la lúcida y justa -no podía ser de otro modo, en tu caso- columna de El Mundo en la que hacías referencia a la película sobre Jaime Gil. Hay mucha cosa sucia de fondo, entre ellas un pique de Marsé contra el productor A.V. Gómez, que se está dirimiendo en torno al film. Otros casos son más bobos, tipo Colita, y ya no hablemos de Vila Matas. El pobre no se ha enterado aún de que si está en la película como personaje es porque yo lo impuse en el primer draft del guión. Y ahora se dedica a decir que mi bio era estilo “Reader’s digest”. En fin, las alturas ciegan.

En todo caso, sí es cierto lo que cuentas. Los más sueltecillos y viciosos de la época están abandonando el barco.

En cuanto a la relación -y algo más- homoerótica de Marsé con Gil de Biedma, ya hablaremos otro día. En fin, que te lo agradezco de nuevo. Y está visto que en España, como sabes bien, el juicio paralelo es uno de los deportes nacionales.

Un abrazo.

Y gracias de nuevo.

Te voy leyendo, que es lo importante.

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Correspondencias / Maite Díaz

Querido Arcadi,

En los 60 se folló mucho como en casi todas partes. En la biografía de mi generación, habrà mucho sexo, para nosotros siempre fue libertad. Una pena el virus del sida. Cuando me fui a México, los amigos me compraron paquetes de condones, y cuando mi madre vio la maleta con las cajas, me miró y le dije: -No, no voy a México a follar, pero voy preparada. Tenía veintitantos, era mi primer viaje y exponíamos en el DF. Hay edades para todo. Yo me la he pasado bien. Y sobre todo he sido libre, eso es algo que disfruto. El sexo ha sido libertad y disfrute, no un medio para un fin. Eso sería prostitución, incluso mediando el matrimonio.

Tuve con el sexo una relación natural, sin ningún tabú. Me iniciaron con conversaciones mis padres, en principio mi madre. La virginidad la perdí a los 16 años, sin traumas. Mis amigas eran mayores, y yo estaba con retraso. En Japón desvirgan a las niñas cuando son muy pequeñas. Qué sabiduría! porque dejar la dignidad de la familia descansar en algo tan fràgil, me parece una reverenda estupidez. Una amiga, que vino a verme hace unos años, me dio un “sermón moral” sobre la vida ligera que habíamos llevado. Un discurso moral contra disfrutar del sexo y del cuerpo…y yo le dije que para mí ese era el único logro de la revolución. La deshibición y el establecer una relación natural con el sexo. Eramos un grupo de amigos y nos adoràbamos. Éramos un grupo de aquella época, viajàbamos como podíamos, verdaderas aventuras. Disfrutamos mucho, lecturas, mucho cine, teatro, música, mucho Serrat y guitarreo; pero sin la seriedad circunspecta de la metatranca, así llamàbamos los textos complicados de la generación de los 80.

Mi grupo de amigos era variopinto: artistas, actores, biólogos, bioquímicos, ingenieros industriales, diseñadores, músicos, historiadores del arte, poetas incomprendidos, trovadores en un arco amplio de edad. Mi padre pasaba y tomaba un café en el apartamento de O. y S. El padre de O. es periodista y se mantenían conversaciones entre las generaciones fluidamente. Somos los hijos de la generación de los 60. Mis amigos O. y S. vivían solos, eran los únicos que tenían tienda aparte y su casa eran nuestra casa de citas. La promiscuidad que se producía era bastante hippie, a veces se evitaba. Había un código y un respeto. Mi madre a veces, pensando en voz alta, decía que habíamos perdido socialmente, el código moral religioso, católico y que no se había preparado a los jóvenes en la responsabilidad. La responsabilidad con las relaciones, con los embarazos, en eso no se fomentaron valores. Quizàs la violencia revolucionaria, la inestabilidad social provocó muchos divorcios en la generación de nuestros padres. Casi todos somos hijos de padres divorciados y tenemos tendencia en la edad madura a ser conservadores en cuanto a la estabilidad familiar.  Por lo demàs, yo me alegro de todo lo que he hecho y de los límites en los que me he detenido porque lo he decidido.

Mi trauma amoroso fue ibérico, como el jamón. Pero ahí se juntaron muchas cosas que no era sólo sexo. Una dependencia afectiva, una fragilidad y una enseñanza que he vivido. Y así y todo lo volvería a vivir, aunque la vivencia española sería diferente, o al menos tengo la experiencia con la que podría intentar que lo fuera.

Estoy feliz con ir a la Florida éste verano, al mar, ver a los amigos y parte de la familia. Serà como entrar en los viejos baúles y comenzar a encontrar.

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