2 de mayo
Querido J:
Ayer vi y viví una escena indescriptible. Vi al presidente de una nación de cien millones de habitantes dirigirse a su pueblo y decir que las gentes debían quedarse cinco días en casa para evitar que los afectara el virus de una gripe. Caído en el estupor me di a la fantasía ciertísima de un DF sin misas, bares, cines, restaurantes, tiendas, estadios… No creo que nunca haya pasado nada similar. La vida clausurada. Del estupor y la fantasía me despertó esta mañana Marc Siegel, en una excelente entrevista que publicaba La Vanguardia. Siegel es, al parecer, un gran especialista en epidemias y sobre todo en gripe porcina. Trabaja en la Universidad de Nueva York y ha escrito libros básicos centrándose en la más peligrosa de todas las epidemias, que a su juicio es la del miedo. Te anoto algunas de sus frases:
«¿Por qué tiene que salir todo un jefe de Estado a hablar por la tele de una vulgar gripe?»
«Cuando uno va a México, la gripe porcina es, con mucho, la última en la lista de cosas por las que preocuparse.»
«La gripe es incluso más benigna de lo que imaginaba en un principio; está resultando suave: poco contagiosa y poco peligrosa.»
«La propagación instantánea del virus del miedo a través de los medios nos está perjudicando más que la gripe. Lo realmente nuevo en este virus es esa cobertura que internet ha convertido en instantánea: ¿cuántas veces al día oímos la palabra gripe o la leemos? Esta gripe, la del 2009, durará lo que dure en las teles, radios y portadas de internet y de diarios.»
Es muy extraña la actitud de Siegel, y luego trataré de explicarte por qué. Ahora quiero que veas conmigo lo que pasó al poco de propagarse los primeros casos, bastante antes de que hablaran el presidente mejicano, Felipe Calderón, y el propio Siegel. Los medios empezaron a evocar la gripe del 18. Noqueándome, por supuesto. Noqueándome en los mismos términos que lo había hecho la comparación entre la crisis y la Gran Depresión. ¿Cómo era posible evocar una epidemia que mató a más de cincuenta millones de personas? Exactamente igual que sucedió con la crisis no se evocaban los antecedentes más lógicos e inmediatos. La gripe aviar. O la influenza de 1968, con foco en Hong Kong. ¡Quia! Eso habría sido puro prosaísmo. El periodismo es el principal agente transmisor de mitos de nuestro tiempo y está gravemente tocado por la aflicción literaria. Cuanto más remoto son los referentes con tanta mayor eficacia actúa la literatura. La gripe aviar o la influenza del 68 no tendrán glamour periodístico (¡es decir literario!) hasta pasadas unas décadas. Lo comprendo perfectamente y tú lo comprenderás también. El encanto de pasearse por estos textos de Pla es irresistible:
Ahora, finalmente, da gusto vivir en Cataluña. La unanimidad es completa. Todo el mundo está de acuerdo. Todos hemos tenido, tenemos o tendremos, indefectiblemente, la gripe.
La gripe hace terribles estragos. La familia se ha tenido que dividir para ir a los entierros.
22 de octubre.
La gripe continúa matando implacablemente a la gente. En estos últimos días he tenido que asistir a diversos entierros. Esto, sin duda, hace que empiece a sentir una mengua de emoción ante la muerte -que sentimientos reales y auténticos se me transformen en una especie de rutina administrativa-. Nuestros sentimientos están siempre afectados por lo poco o por lo mucho -son de una movilidad indecente-.»
Y qué decir si retrocedemos algo más. Hasta Defoe y el Londres de 1665:
«Gracias a Dios, yo seguía a salvo; estaba fuerte y gozaba de plena salud, pero me sentía harto de estar encerrado, así, sin aire, desde hacía unos quince días. No pude impedirme salir para ir hasta el correo a despacharle una carta a mi hermano. Fue entonces cuando observé el profundo silencio de las calles. Llegué al correo y me disponía a despachar mi carta, cuando vi que un hombre, de pie en un rincón del patio, hablaba con otro que se hallaba asomado a la ventana; un tercero había abierto una de las puertas de la oficina. En mitad del patio había una bolsita de cuero con dinero y dos llaves que colgaban de ella, pero nadie se atrevía a tocarla. […]»
Y más tarde:
«La gente buscaba estar en compañía, y era sorprendente verla ir en multitud a las iglesias. Ya nadie se preocupaba por quién se sentaba al lado, ni por alguna emanación desagradable ni por el estado de su vecino. Todos se consideraban cadáveres y acudían a los templos sin la menor inquietud y se sentaban juntos, como si su vida no tuviera valor alguno en comparación con el deber con que debían cumplir allí.»
Fascinador, indudablemente. Sin embargo lo que el periodismo extrae de estas excavaciones no es la improbabilidad absoluta; la estratosférica distancia que la inteligencia humana, el progreso, la higiene y el medicamento han puesto entre un tiempo u otro. La conclusión dominante es justo la contraria. Es que la historia se repite y el mundo acaba cada mañana. Es la extensión, realmente pandémica, de la desmoralización. «Pandémica», digo y recito: el amor carnal precursor del amor del alma, celestial, del inolvidable poema de Jaime Gil de Biedma. Con sacrosanto enfatismo las autoridades, y el periodismo la primera, anuncian en estas horas el paso de epidemia a pandemia. Como si las asistiera un preciso e inapelable mecanismo de evaluación. Pero en realidad detrás no hay nada. La diferencia entre pandemia y epidemia tenía sentido en el mundo de Defoe y hasta en el de Pla. Pandemia no es más que una epidemia que se extiende al total del demos. O sea, y en nuestro tiempo, cualquier epidemia. Pero si queremos afinar de veras, sólo una: la mediática.
Te decía que me extrañaba mucho la actitud de Siegel. En efecto. Los periodistas no son los únicos responsables de convertir cada virus patológico o social en un virus mediático. La ayuda que reciben de muchos implicados es considerable. Como decía Reston, el foco de la actualidad gira como un faro en la niebla y va iluminando sucesivos hombres y lugares. Esa iluminación es muy rentable para los que la disfutan. De pronto, un especialista en gripe porcina (o en cualquier otro asunto súbitamente iluminado) ve cómo aumenta el número de sus peticiones de conferencias, cómo se allanan los obstáculos para subvenciones largamente perseguidas, cómo les proponen libros, informes, dictámenes, premios. Suele ser una ocasión de oro. ¡Que le pregunten a Krugman cómo le ha ido personalmente en la crisis! De ahí que aticen el fuego, incluso inconscientemente. De ahí la importancia moral de ver cómo uno de ellos no sólo se aparta del foco, sino que lo oscurece.
Sigue con salud.
A.
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Correspondencias / Rubén González
Perdone la cursilería, pero gracias por existir. Sólo se me ocurre un adjetivo para su carta de hoy. Excelente.
Un saludo
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Correspondencias / Guillermo Ortiz
Excelente artículo el de hoy, Arcadi. Enhorabuena de nuevo. Simplemente quería mandarte el enlace de algo parecido que escribí justo cuando empezó esta histeria, el pasado lunes. Va muy en tu línea de pensamiento:
Abrazos
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Correspondencias / Bartleby
Estimado Arcadi:
Ya que hablamos de periodismo, metamosle impudica mano a otro rasgo, junto al miedo, de la pandemia: su puntual periodicidad. En el moderno prospecto de la pandemia aparece una posologia para subditos cada vez mas predecible: a la prescripcion del miedo por parte del poder se une la puntualidad en las apariciones de distintas y siempre novedosas enfermedades. Como si se tratara de apariciones de la Virgen, la administracion alternativa de miedo y esperanza en la curacion es la receta mas eficaz contra la sospecha ciudadana de que la enfermedad pudiera ser demasiado benigna. Porque si no fuera tan peligrosa cabria el mayor atisbo de libertad en el que pudiera regodearse el enfermo: dejar de ser enfermo.
El negocio parece claro: de ciudadano a cliente y enfermo, una doble llave de proteccion que nos brindan con el precio habitual de lo gratuito: el infinito agobio, 1/0. Los cada vez mas frecuentes y peregrinos -de nuestro peregrinar tras ellos- estados de alarma son un gran invento para tener (y levantar) en vilo al personal. El gobierno Obama y la OMS han coincidido en esa alternancia de alarma y alivio: la secretaria de Estado del ramo, Napolitano, decreto el estado sanitario de emergencia y su presidente quito hierro a la amenaza al cabo de pocos dias. Entre ambos, el espectador queda entretenido con el espectaculo. Que seria del poder y de buena parte del periodismo sin estos puntuales sobresaltos que piadosamente nos hacen olvidar nuestra libertad disponible. Tampoco seria tan grave: solo tendrian que reescribirse. Y reescribir el periodismo de alertas lleva su trabajo. Una vez mas disculpas por la poda involuntaria de acentos, aunque mas se pierde en las pandemias: la libertad de escribir.
Saludos cordiales
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Correspondencias /Javier
Magnífico, Arcadi. Este el artículo que yo pedía, humildemente, desde tu blog en El Mundo. Vivo en Managua, así que tengo el foco contagioso más cerca que tú. Ya hace unos días que en los restaurantes, edificios ministeriales y cines no paro de ver a gente con la famosísima mascarilla. Qué digo famosa: con la mediática y cinematográfica mascarilla, que da un toque de prestigio al que la lleva. Los ojos que me miran por encima del trapo con gomas son acusadores: ¡a ver si les voy a contagiar yo, que ando con mi boca al pairo!
Ningún ser con máscara parece haber advertido que en Nicaragua no hay un solo caso de gripe A. Tanto da, porque ese dato puede dar al traste con la literatura. Las imágenes televisivas del DF, que llegan a todas hora en los canales, sirven de perfecto contagio para los hombres que ahora caminan con el profiláctico bucal. Ayer vi desde mi vehículo a otro conductor, con los vidrios bien cerrados pero con su mascarilla bien puesta, quizá para evitar contagiarse a sí mismo dentro de su coche.
La realidad más humilde (la del primer día, con advertencias médicas sobre una nueva cepa de gripe) se convirtió en la Pandemia Letal. Los editoriales de aquí usan palabras como Pandemónium, mucho más sugestivas. Todos hemos sido culpables: los periodistas también, claro, pero no sólo: obispos, ministrillos de salud, especialistas en emergencias, portavoces, militantes, ciudadanos de a pie. Y Hollywood, claro, que siempre tiene la culpa de todo.
La coincidencia que mencionas entre crisis/gran depresión y gripe/1918 es portentosa. Elévala, sacúdela al viento, y que traspase las fronteras de un simple correo catalán.
Un abrazo admirado.
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Correspondencias /Carlos Gómez
Estimado Arcadi:
Muy de acuerdo con su Correo Catalán. El problema es que la teoría de que las pandemias benefician al experto en pandemias, se puede extender al experto en ibuprofeno, o al experto en virus informáticos. Ya conoce las teorías de que son los propios vendedores de antivirus los que propagan los virus de ordenador; en cuanto a las enfermedades, soy incapaz de aceptar que ocurra lo mismo, pero sí me parece bastante de cajón que los farmacéuticos y los médicos consideran enfermedades, susceptibles de ser tratadas, lo que hasta ahora eran simples maneras de ser. Como dijo usted un día, si quieres ser feliz, no analices, chico, no analices.
Saludos
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Correspondencias /Javier
Perdona la insistencia, pero esta te va a gustar. Voy a desayunar y como cada día he recogido el ejemplar del periódico en mi buzón. El titular de portada de “La Prensa” de Nicaragua de hoy domingo es de antología: “Minsa pide “no dar besos”. El subtítulo dice que se recomienda suspender desde ya y por al menos dos meses los saludos de besos y manos. Me imagino que, al igual que con los cinco días de cuarentena en México, es posible que nunca haya pasado nada igual. Dos meses sin besos. Y el Ministro de Salud, encantado de sí mismo, sin explicar por qué los costarricenses podrán demostrar sus afectos y nosotros no, o si en casa estamos exentos de practicar la vida a distancia con nuestras parejas e hijos. A falta de ciencia, no hay mayor pandemia en este país que la cruzada moral que no asola desde hace años, y cualquier argumento puede ser bueno para la causa.
Besos,
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Correspondencias /Alfredo Cuarón
Sr. Arcadi Espada
Tal vez en México estén exagerando las autoridades con respecto a la propagación de este tipo de Influenza, lo que si es cierto es que la Influenza Estacional esta causando más muertes y esta fuera de la época de invierno. Pero necesito hacer una observación de acuerdo a los calendarios con ciclos de 15 días, que corresponden a una infección por varicela. Además cualquier virus necesita una célula para estar reproduciendose pues no puede sobrevivir fuera en el ambiente por mucho tiempo, por ejemplo el virus del Herpes es latente y se encuentra en nuestra propia cara aletargado.
27 de abril . Se declara que estamos en el máximo pico de personas que asistieron a consulta por presentar cuadros de salud de INFLUENZA de los cuales 46 tienen el A-H1N1
13 de abril . Se enviarón a los laboratorios de Canada y Atlanta las muestras de tejido de Hígado y Pulmón de personas que habían fallecido a consecuencia de una Influenza Atípica que no respondía a tratamientos.
30 de marzo. Fallece una mujer en Oaxaca por una Neumonía Atípica. Personalmente mi mamá con 85 años y Yo con 45 años presentamos calentura de 39°C sin tener antecedentes de diarrea, respiración dificil u otro malestar, se nos hizo muy raro pero teníamos cinco días de haber tenido consulta en la clínica familiar del IMSS (26 marzo)
16 de marzo. Una comunidad en Perote Veracruz 286 personas padecierón Influenza y un niño dío positivo a la A- H1N1.
2 de marzo. Empieza el retorno de nuestros paisanos que trabajan en los Estados Unidos y pasarón los días de navidad y Año Nuevo. Probablemente sean portadores Asintomáticos.
Solo queda esperar que el 11 de mayo no se inicie un nuevo ciclo de contagios pues ya entran las Universidades que es el grupo más vulnerable.


