29 de abril
El antifrancesismo español sólo debe de ser comparable al antiamericanismo. Aunque, en fin, tampoco es que respecto a la pérfida Albión el español se quede corto. Y qué decir de los portugueses: mi padre, que era de Huelva, llamaba portugueses a los guisantes. España es un prefijo. Y la visita del presidente Sarkozy ha hecho aflorar un botijo sentimiento antifrancés digno de verse y paladearse. Las razones son, paradójicamente, el exitazo popular de los actuales habitantes del Elíseo. Desde Jack y Jacqueline no ha habido otra pareja en el mundo político de fulgor semejante. Es perfectamente explicable. Ella es una mujer de gran encanto y del encanto forman parte sus canciones, sus pasarelas, y su juiciosa (y un punto irónica) instalación en la vida cortesana. Él es la primera personalidad política del continente, un tipo humanísimo hasta en la soberbia, que habla un lenguaje directo, cargado de razón transversal, pero nunca vulgar. Son dos mestizos pasados por muchas Europas, sin olvidar la judaica; y llevan encima vidas de antaño, o sea sólidos fracasos. Gentes de su tiempo. Fouquet’s, mayo del 68, Chanel y las trufas de La Petite Maison, en Niza: es difícil resistir el coupage sin una agria y blindada envidia igualitaria.
Por si fueran poco las circunstancias concretas está la situación concreta. Desde 1857 ningún francés había hablado de España en los términos entrañables, solidarios y políticamente tangibles en que lo ha hecho el presidente Sarkozy en todos y cada uno de sus discursos de Madrid. Nula retórica, por lo demás. Baste el ejemplo de sus palabras sobre el terrorismo. No se limitó a la obvia condena, propia de la decencia humana. Tambien dijo que ante los que le recomendaban prudencia y no meterse en el avispero español, el decía: “Transigir y no meterse es la imprudencia”. Desde 1857 no se había visto nada igual. Y el antecesor murió milanés. Fue Stendhal y lo dijo en Barcelona, que ya es decir: «Siento una inclinación natural por la nación española.» Sarkozy citó la frase una de esas noches de galas. Es de Memorias de un turista. Los colaboradores de monsieur Guaino debieron seguir párrafo abajo. A Stendhal le gustaban los españoles, precisaba, porque no luchaban ni por medallas ni por dinero, sino por un beneficio moral. En el elogio y solidaridad ante el país de Europa que más ha sufrido el terrorismo (como dijo) no estaban el cálculo, la arrogancia o la indiferencia del Francés. Sólo el beneficio moral. A ver si lo entiende la España del prefijo y de María.
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Correspondencias / Rubén González
Señor Espada, un matiz al menos: El antifrancesismo español sólo debe de ser comparable al antiamericanismo, pero incomparable en todo caso con nuestro antiespañolismo.
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Correspondencias / Maite Díaz
Tu columna de hoy es un bàlsamo. Recuerdo en 1991 en Barcelona en Montjuic las tanquetas, policía montada y a pie había un operativo por el terrorismo. Es la única vez que me han controlado en Europa, pidiéndome pasaporte, ni cuando pasé innumerables veces la frontera franco-española. Pregunté cómo era posible que los terroristas pasaran la frontera francesa, y se echaron a reír porque recordando las películas, ingenuamente pregunté por la Interpol. Estaba Mitterand, luego Chirac como presidentes.
Las grandes detenciones en Francia de los etarras comenzaron cuando estuvo de Ministro del Interior, yo ya estaba viviendo aquí y la diferencia es clara; las detenciones y el trabajo conjunto con la policía española contra el terrorismo. Me alegro que sus palabras hayan sido un bàlsamo, él es un hombre sensible, un hombre de paz, a pesar que quieren siempre caricaturizarlo. Su abuelo es sefardita turco, su abuelo materno, así que medio español es muy posible que sea, yo siento una afectividad especial cuando habla de España, y su mujer Cecilia parece se reivindicaba española, el día de la toma de posesión sonó Albeniz en el Elíseo.
No conocía la frase de Stendhal. Es de una precisión francesa.
Sarkozy es la realidad americana en Europa, en el centro de la Europa cortesana y aristócrata, un hijo de emigrantes con las sangres mezcladas, un pionero o un conquistador, de ahí su fuerza, la de un hombre que se ha hecho sin las largas cadenas de ADN del contexto trazàndole el camino.
Besos
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Correspondencias / Ángel Duarte
Apreciado don Arcadi,
Permítame que enmiende la plana a don Rubén. Cierto es que el antifrancesismo sólo se ve superado, entre nosotros, por el antiespañolismo. Con una diferencia. El antiespañolismo tiene que ver con el auto odio, mientras que el antifrancesismo, y más en relación con Sarkozy, tiene que ver con la envidia. “La íntima gangrena del alma española”, que decía Unamuno. Alma que nadie ha visto, cierto; pero haberla, hayla. Vamos, si la hay. Como que da para envidiar a (casi) todo el mundo.
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Correspondencias / Rubén González
Señor Espada, en primer lugar le ruego me disculpe por ser excesivamente cargante, pero me urge responder al compañero Ángel Duarte, y no para enmendarle la plana, sino para matizarle también. Lo que sutilmente quise decir, y ahora expresaré más llanamente, es que en la crítica mediática española que se ha hecho de la atención mediática española hacia Carla y Sarko (lo sé, es una paradoja, pero que yo sólo reflejo), realmente no representa a mi modo de ver tanto un odio a lo francés (con independencia de que pueda existir en algunos estratos de la sociedad hispana) como una constatación más de nuestros complejos, porque nos creemos más catetos que nadie a pesar de que otro tanto se estila en resto del mundo. Cuando se critica la atención prestada a Carla no se le está queriendo dar una patada al culo hermoso de la bella mujer del presidente francés, se está queriendo dar la patada en nuestras propias posaderas, que creemos (las nuestras) siempre indignas por su función vulgar, por más que tal funcionalidad, valga la redundancia, sea útil y además universal.
Resumiendo, no veo tanto la envidia como la falta de autoestima… Quizás aquella viene de ésta.
Saludos a usted y a ustedes, sus lectores.
Cordialmente,


