15 de abril
Me invitaron a comer, con poca amenidad, unos directivos de la industria farmaceútica española. Querían que el periódico compartiese su alegría por el pacto (más o menos tácito) al que acababan de llegar con el ministerio: en plena crisis se comprometían a mantener los puestos de trabajo de la industria, alrededor de 38.000. Todo pacto tiene partes y el gobierno tenía que cumplir la suya: no bajar de nuevo el precio de los medicamentos. Pero esto fue en tiempos de Bernat Soria; es decir, remotos; y nadie sabe hasta dónde llegarán las intenciones socializantes de la sucesora Jiménez (la industria farmacéutica es uno de los puching balls favoritos del populismo) y, mucho peor, el sesgo intervencionista de Salgado, la ministra brut nature. Sin embargo, la conversación con los farmaceúticos rebasó pronto la circunstancia concreta del pacto para adentrarse en asuntos verdaderamente sensacionales: cómo siendo la industria tan responsable del bienestar de las naciones, su imagen pública, en especial en los países rematadamente ibéricos, bordee incluso lo siniestro; el misterioso porqué de que las hierbas medicinales tengan mejor imagen pública que el medicamento (nadie ha escrito aún la oda ibuprofena) y que éste se asocie antes a la muerte (reacciones adversas, experimentos secretos, aniquilación de indígenas y hasta tráfico ilegal de órganos) que a la vida que disemina; y que incluso en las ocasiones en que su fama deba ser celebrada ésta se escatime: bien fácil es ver cómo los avances en la curación de enfermedades se asocian con equipos médicos u hospitalarios (como debe ser), pero dejando en una penumbra innoble el escueto medicamento y el esfuerzo de trabajo, inteligencia y riesgo económico que suele haber detrás de los milagros laicos.
El mediodía de los farmacéuticos aún vivía sir John Maddox, que murió este 12 de abril, con 83 años. Maddox fue el legendario editor de Nature, y me habría gustado tener sobre el mantel estas frases suyas que ahora forman parte de la prosa necrológica de Edge. «La raza humana ha tomado una decisión, y esa decisión es sobrevivir. O si se prefiere, al infierno con el resto del ecosistema.» El hecho de que no abunde (sobre todo en los países rematadamente melancólicos) el antiapocalíptico, desprejuiciado y alegre tipo de hombre que fue Maddox ayuda a explicar los problemas expuestos por mis interlocutores aquel mediodía en Madrid. Es probable que la raza humana haya tomado la decisión que presumía Maddox. Pero más verificable son algunas biografías individuales. La evidencia de que muchos hombres extienden su pesarosa mala conciencia sobre tantos aspectos de la vida al propio y fiero hecho de vivir.
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Correspondencias / Luis Martin Arias
Querido Arcadi: todo en su justa medida. Fármaco viene del griego “pharmakón”, que significa veneno y, también, a veces remedio (que sea una cosa u otra muchas veces depende tan sólo de la dosis). Por eso, antes de que te lances a escribir una “oda ibuprofena”, te diré que este medicamento se utiliza indiscriminadamente en niños, muchas veces sólo para tratar la fiebre (¿hay que medicar siempre la fiebre, o puede esta ser en ocasiones un mecanismo fisiológico de defensa, molesto pero beneficioso? Buena pregunta), sin que se hayan realizado ensayos clínicos con pacientes en edad pediátrica (difíciles de llevar a cabo). Por lo que respecta a algo que interesa a los adultos de nuestra edad, recientemente se ha relacionado al ibuprofeno con un aumento del riesgo de infarto de miocardio (la primera vez en España, y de manera oficial, en la Nota Informativa nº 7 de 27-9-2006, de la Agencia española de medicamentos y productos sanitarios). Este aumento del riesgo al parecer podría oscilar en torno al 10% y estaría relacionado con el uso de dosis altas, pero juzga tu mismo si merece la pena correrlo por una simple cefalea, ya que actuando, precisamente, con cabeza (¡la racionalidad!, ¿por qué será tan esquiva?) podemos encontrar, en estos casos, alternativas quizá mejores (por ejemplo, el paracetamol).
Un cordial saludo,
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Correspondencias / Juan Lejárraga
Estimado Arcadi:
Nunca olvidaré a ese profesor de biología que me abrió los ojos una mañana: “¿A qué se dedican las compañías farmacéuticas? A ganar dinero.” Adiós ingenua adolescencia.
En fin, para comprobar esa obscena ecuación, dos enlaces recientes:
http://www.nybooks.com/
http://entertainment.
Dejo a su criterio considerar si Marcia Angell y Andrew Scull -entre tanto otros: basta guglear “Big Pharma”- son populistas de la rama ibérica.
No sé cómo una industria que promueve el “bienestar de las naciones” dedica más dinero a publicidad que a investigación. Ahí tiene un dato en la “penumbra innoble”: http://www.plosmedicine.org/
Saludos siempre cordiales,
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Correspondencias / Daniel Gómez
“La raza humana ha tomado una decisión, y esa decisión es sobrevivir. O si se prefiere, al infierno con el resto del ecosistema.”
Vale la pena analizar la frase: “la raza humana ha tomado una decisión” es algo más que una incorrección factual, presupone a toda una especie una voluntad por encima del individuo a la que no hace falta acudir. Es mucho más sencilla y por tanto mucho más robusta la explicación de que como seres vivios heterotrofos, hacemos, simplemente, lo que más nos conviene para seguir respirando un día más.
Y el final es apoteósico: “al infierno con el resto del ecosistema”. La clave es “ese resto”, Maddox acepta entonces que somos parte del ecosistema, entonces, a qué viene “enviarlo al infierno”. Que no ve Maddox que somos inseparables del medio que nos ha parido?
La idea del dominio de la naturaleza es tan XIX… a la naturaleza no se la domina, se colabora con ella.
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Correspondencias / Ángel Martínez
“… a la naturaleza no se la domina, se colabora con ella.”
Saludos cordiales
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Correspondencias / Antonio Donaire
Cierto lo que dice el señor Arias, pero Paracelso ya decía: “Todo es veneno, nada es sin veneno. Sólo la dosis hace el veneno”.
En esta vida, casi todo es bueno o malo dependiendo de la dosis (incluso los chupitos de nitrógeno).
Saludos
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Correspondencias / Alberto
Ibuprofenómeno
Si un día soleado en plena Diagonal
te da unas bellas flores un bello paseante,
no es tu cara bonita ni tu desodorante;
sólo es que hoy es un día ibuprofenomenal.
Si no estás en la cama con un dolor fatal,
si no te pesa el cuerpo como el de un elefante
a pesar de la trompa de ayer, impresionante,
es que has tomado algo ibuprofenomenal.
¿Es magia, es una droga, es un maná, un veneno?
¿Provocará impotencia? ¿Me hará intelectual?
No sé, pero idolatro al dios Ibuprofeno.
Después de varios años de ingesta habitual
mis días son más largos y mis dolores, menos.
Hacía falta esta oda ibuprofenomenal.
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Correspondencias / Pedro Echanove
Querido Alberto:
Mi padre, médico él, ¡cómo no!, siempre lo conocí, cuando todavía era joven, dos aspirinas al desayuno, dos optalidones a media mañana, dos, dos, dos de algo, todo el día.
No había llegado a los sesenta y ya no podía prescindir de la “caja de pandora” que decía mi madre. Se pasó los últimos años de su vida haciendo los correspondientes asientos en un cuaderno de las pastillas que necesitaba para sobrevivir, unas sesenta al día. Un verdadero galimatías. Si te dejabas, te explicaba para qué servía cada una. Yo, como trabajaba en un ambulatorio, le mandaba de vez en cuando un talonario firmado a mi madre que era la encargada de ir al médico a mendigarle las pastillas. Nunca me pillaron.
En fin, que por la cosa freudiana o por lo que sea, no tomo una pastilla hasta que no tengo las tripas fuera.
Querido Arcadio:
La mejor anécdota sobre medicamentos que recuerdo es la de aquel avión cargado de médicos rumbo a la Habana que el gobierno israelí hizo dar la vuelta cuando ya había despegado. ¡A la Habana de congreso! ¡Qué morro! Y luego, claro, si tienes una novia médico no hay forma de contentarla con nada porque está acostumbrada a los hoteles de cinco estrellas, y todo así.
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Correspondencias / Marco A. Casado
Muy señor mío don Arcadi:
Sé que no alcanza a oda, ni siquiera a haiku o greguería… pero por si le sirviera de inspiración o al menos de consuelo: mi entrañable suegra (esa habitual e involuntaria humorista) al tal medicamento desde siempre lo ha llamado “Europrofeno”.
Ejercicio de etimología popular que, no me negará usted, refleja (al darle ese plus continental) una confianza semiciega en las bondades del fármaco.
Quedando a sus pies de página
Ps.- “¿A qué se dedican las compañías farmacéuticas? A ganar dinero”… Nos ha amolao, las compañías farmacéuticas y las funerarias. Y los barrenderos o los bomberos. También los escritores y los periodistas (¡el mismo Arcadi Espada cobra por juntar esas letras!). Incluso, espero (porque si no gana dinero es que lo roba, o tiene la por mí envidiable suerte de vivir del aire), su corresponsal Juan Lejárraga se dedica a ganar dinero. (Que ya, ya he entendido que fue de adolescente.)
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Correspondencias / José Luis González Quirós
Admirado Arcadi:
Confieso, de entrada, que no soy imparcial, porque soy adicto. Así que lo que yo recuerdo, con decepción (ya dijo Kant eso del fuste torcido), es el día en que vi que el Ibuprofeno se convertía en producto de consumo general dejando de ser la medicina, casi secreta y experimental, que me habían dado en La Paz para mayor gloria de mis huesos. De todas maneras, no quiero contar mi vida ni contribuir a la merecidísima oda, pero sí tengo que hacerte una advertencia un tanto rigurosa: no me parece tolerable que en una página tan espiritada como la tuya se cuele sin castigo la opinión de Lejárraga sobre su desengaño adolescente: será obscena, pero no es ecuación. Los sentimientos pueden ser libres, pero las ecuaciones no pueden confundirse con prédicas.
Un abrazo,
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Correspondencias / Juan González Moyano
Estimado Marco A. Casado, estimado Sr. Espada, estimados todos:
Muy grande lo de “Europrofeno”. Su suegra haría un gran dúo con la mía, que lo llama “Ibuprofano”. Si mezclamos convenientemente a las dos suegras tendríamos “Europrofano”, término que ni pintado para el conjunto de los candidatos a las próximas elecciones europeas, y para los electores, ya que estamos.
Ya que escribo, iré al tema. A mí me encantan las industrias, y los negocios, y el dinero. Soy un defensor casi sin paliativos. Ole por el que se forró con la viagra. Pero con las farmacéuticas se plantean problemas difíciles de escamotear. Invierten en medicamentos contra el sida grandes cantidades y luego, como es lógico, lo quieren recuperar con el precio. Hacen un inmenso bien, pero ese bien no alcanza a los pobres que no pueden pagarlos. Y aquí estamos, pudiendo salvar la vida a millones de personas pero pidiéndoles un precio. No vale decirles a las farmacéuticas que regalen su inversión, porque entonces dejarán de invertir en esas líneas y se limitarán a las viagras. Tampoco vale decir que si los enfermos no tienen dinero, allá se pudran. La política internacional es la única vía. Un fondo mundial, y un control de ciertos gobiernos africanos. Vienen las europeas, viene el momento de que los españoles miremos un poco más allá. Estamos en el paro, tenemos hipotecas, la educación de nuestros hijos es un choteo. Pero más allá hay gente que muere de enfermedades que aquí no son mortales. Ya sé que suena muy de juventudes socialistas, pero algún día habrá que hacer algo. No tengo esperanza alguna. Las elecciones europeas serán una pelea de elefantes moribundos en términos de navajeo local. ¿Política exterior? Una vez que somos el miembro 21 del G-20, se han alcanzado los últimos objetivos.
Ante la reconvención entre jocosa y adusta de los señores Casado y González Quirós, respectivamente, me gustaría aclarar el sentido de mi desengaño adolescente.
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Correspondencias / Juan Lejárraga
Arcadi Espada se dedica a escribir lo que piensa (o al menos parte de lo que piensa) y, si me apuran, a buscar la verdad, o su verdad, o los hechos ciertos, o algo por el estilo. A resultas de ello, gana dinero. Pero su propósito no es en primer lugar ganar dinero, sino escribir lo que piensa. De modo que si la Generalitat le pagase más dinero del que gana ahora para que escribiese a favor del nacionalismo catalán -un suponer-, ¿aceptaría? Si no me equivoco (¿seguiré engañado?), Arcadi rechazaría semejante oferta. Y es que el orden de los factores importa. En primer lugar, creo, Arcadi quiere escribir lo que piensa. Aunque eso pueda resultar tan contraindicado para ganar dinero como escribir un libro (“Raval”) denunciando la histeria social antipederasta, en vez de sumarse al coro.
Pues bien, de una manera elemental, pensaba que las farmacéuticas se dedicaban, en primer lugar, a crear medicamentos para curar enfermedades y que luego sacaban de ahí un beneficio. Lo esencial de esto es el orden de los factores. Lo que no sabía entonces, y ahora sé, es que las farmacéuticas quieren ganar dinero en primer lugar. Es decir, que no investigan determinadas enfermedades de países del tercer mundo, si no van a obtener beneficios por encima de una determinada cifra muy alta; que venden fármacos cuyos efectos nocivos para la salud conocían pero ocultaron (y luego los retiran pagando una pequeña multa y forrándose entre medias); que promueven agresivamente fármacos de segunda generación no más efectivos que los de la primera (sobre cuya patente han perdido ya los derechos) por seguir con la gallina de los huevos de oro; etc. Esto es: las compañías farmacéuticas no buscan de manera primordial ayudar a los enfermos (ganándose la vida, claro está) sino engrosar la cuenta de beneficios (aun a costa de perjudicar la vida de otros).
En fin, todo esto que ahora resumo atropelladamente está meridianamente claro en los estudios (ni opiniones, ni sentimientos, ni prédicas) a los que remitía, y sobre los que mis corresponsales han guardado un silencio llamativo.
Cordialmente
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Correspondencias / Luis Martín Arias
Los hechos: el ibuprofeno es un antiinflamatorio (no esteroideo) y no debería utilizarse sólo como analgésico si no hay inflamación, debido a sus riesgos; fundamentalmente hemorragia digestiva alta (mortalidad del 10%), infarto de miocardio (mortalidad del 30%) y alteraciones visuales (molestas, pero no mortales).
Pero no se preocupen, la (supuesta) poesía, marcadamente sentimental del Sr. Alberto nos asegura que si no se tiene resaca después de una juerga es porque se ha tomado algo ibuprofenomenal (aunque sea gastrolesivo, y más en un estómago previamente maltratado por el etanol, generalmente de garrafón).
No está mal en un blog en el que, al parecer, se propugan la racionalidad y en el que no tiene muy buena prensa el romanticismo, incluido el tópico suicidio, siempre fou.




