12 de abril
![]()
![]()
![]()
La pastelería cierra un sólo día al año. El llamado Viernes Santo, con su aroma de nardo podrido. No hay una razón a la vista del cierre. Aunque la propiedad argumenta que es necesario el descanso para la preparación de los días grandes de la Mona de Pascua. Quia. La preparación arranca quince días después de Reyes, cuando empiezan a fundir el chocolate negro (80%) y a convertirlo, con la ayuda de los correspondientes patrones de cartulina, en casitas con sus fachadas, sus tejados y sus chimeneas pitungas. O sea que todo está previsto desde mucho antes. La razón del cierre es exhibir lo que sería la vida sin Sacha. Para más realismo hay que hacer constar que la pastelería está instalada en una semiesquina desértica, que limita con una terrible pared de convento, y su esplendor es lo único que convierte en habitable el baldío trozo urbano. El cierre de los viernes convoca un inexorable efecto de imitación en los comercios de los alrededores. Yo, que gusto de sufrir, quiero verlo y camino hasta allí como un fantasma con botas, sin que se me cruce nada y leo el horario de misas del convento, porque toda letra está para leerse. El paseo por aquí siempre me procura fantasías de guerra y resurrección. Durante la guerra civil las religiosas magdalenas interrumpieron forzadamente sus rezos para que se instalara la cheka de Vallmajor.
Un año la hicieron chocolate.
Cheka de chokolate.
Cerca vive el periodista Carles Sentís, y con depravada fiebre de novela suelo verlo mientras sube a grandes taconazos por las lomas de Raset y Modolell, recién ganada la guerra, apaciguado y feliz, en medio de un silencio sólo torcido por los pájaros. Creo que esa albada después de la muerte es uno de mis obstinados enquistamientos cerebrales, aunque ahora celebro que someta el sombrío viernes a las cuentas del pasado.
No hay una forma satisfactoria de aliviar el ayuno penitencial. Este año probé de llevarme, la vigilia, unas docenas de croissants minúsculos, concentrados, que resisten mejor el tiempo y sneckens, con su deliciosa glasa, a los que hubo de reanimar a golpe de horno. Así se pasó el desayuno, en puro régimen de subsistencia; sin papel de periódico tampoco.
Dios muerto.
·
Correspondencias / Marco A. Casado
Admirado (cada cuál lleva su cruz) don Arcadi:
No se preocupe demasiado, tenga usted paciencia;
A Dios muerto, Dios puesto.
Ps. Sacha era la perra de mis vecinos y murió atropellada por un camión militar.




