10 de abril
A mí me gustan las ministros de Cultura a lo Malraux, aunque no restauren edificios ni construyan centros cívicos. Me basta que hablen con coherencia y gracia, y que sean capaces de insertar una cita en sus discursos respetando el tempo, como en un olé. Me gustó Semprún, por ejempo, que supo dar con el adjetivo justo («visionario») sobre Pasqual Maragall. Un ministro de Cultura en los países literarios como España es muy importante: se necesitan destellos líricos, como nardos, para convencer. En los países hispanoamericanos hay (o había) la tradición de nombrar embajadores a los poetas. Es muy acertada cuando flaquea el álgebra, la i+d+i=x. En España un ministro de Cultura es un embajador. Primero en la propia España, ya que, por la aberración nacionalista, no hay cultura española sino sevillana, toledana y tarraconense. Y luego en el mundo, voceando versos: para eso sería importante que el Instituto Cervantes dependiera de Cultura y no de Asuntos Exteriores, como ahora depende en un ejemplo más de nuestro absurdo estructural. Dada la peculiar importancia ibérica del ministerio de Cultura no choca que el presidente quisiera suprimirlo, aunque a última hora se arrepintiese y nombrase a la señora González-Sinde. No la conozco y no sé qué opina de Malraux. La impresión dominante es que la acusan de haber vivido del cuento, es decir, de la subvencion, porque se dedica a hacer películas de taquilla ruinosa. Quizá. Ahora bien: es pintoresco que la acusen de ello los intelectuales orgánicos del cuento, esa internáutica masa (masilla, juntura de listillos) inculta y matona que no sólo roba (lo que es perfectamente natural en su clase), sino que pretende que le reconozcan el mérito. En España, que comparte con Somalia el liderazgo de la piratería (indoor en nuestro caso), se produce un extraordinario fenómeno: siendo el país de Gallito y Belmonte, de Ortega y Gasset y de las cien guerras civiles la reivindicación de la vida gratuita (en todos y cada uno de los sentidos profundos de la gratuidad) une a las guerrillas urbanas de la derecha y de la izquierda, en una suerte de fiera transversalidad de caraduras, condenados expertos en la descarga de la inteligencia ajena.
La ministra ha venido al mundo desde unas posiciones nítidas sobre el robo con nocturnidad. Mi deseo es que las exponga con vehemencia y que, sobre todo, no se deje embalsamar por el Presidente, buen negociador entre nadas. La ministra afronta un problema que es policial y jurídico, pero sobre todo intelectual. Un problema que empieza en los predios del ministro Gabilondo y del que ella recoge su mayoría de edad. Esa savia nueva y bruta para el viejo vicio español de la humillación de la inteligencia.
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Correspondencias / Sergio Rodríguez
Estimado Señor Espada:
El otro día usted criticaba muy acertadamente que la “derecha socialdemócrata” utilice hipócritamente la dialéctica del asesinato en relación con la nueva ley sobre el aborto. Si el aborto es un asesinato entonces están de más todas las disquisiciones sobre plazos y supuestos (”la ventaja de andar por la vida sin paliativos es lo clarísimo que se aparece todo”).
Pues igual que casi nadie considera que el aborto sea lo mismo que un asesinato, casi nadie considera que las descargas ilegales sean lo mismo que un robo (en todo caso se trataría de un hurto). Así que tratar de ladrones a los usuarios del e-mule no pasa de ser una descalificación que no aporta demasiado a la cuestión. Pero si de verdad anda usted con tan pocos paliativos, dedique un artículo a defender lo clarísimo que se le aparece que descargar 20 DVDs es un hurto de más de 400 euros, castigable con hasta 18 meses de cárcel.
Saludos cordiales
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Correspondencias / Ana Nuño
Querido, el único comentario a tu pincelada de hoy se lo robo (¡lo pirateo!) al epígrafe del blog La Nueva Industria Audiovisual:
“La tendencia irrefrenable de nuestro tiempo es tomar los productos que fueron una vez distribuidos como bienes físicos, convertirlos en datos y descargarlos dentro de los hogares”. Chris Anderson, “The Long Tail”
Ya nos explicarás, un día de estos, que entiendes por “el robo con nocturnidad”. ¿No estarás pensando en la SGAE, por ejemplo?
¡Ay! Cuando nos tocan el bolsillo, qué rápido abandonamos los principios liberales.
Aparte: deberías saber que en Francia, cuna del artefacto Ministerio de Cultura, el equivalente de los Institutos Cervantes (es decir, los Institutos Franceses, más las Alianzas ídem) depende también del Ministerio de Asuntos Exteriores, no del “Misterio” Malraux.
Un abrazo
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Correspondencias / Marco A. Casado
Admirado (en fin, qué le voy a hacer) señor Espada:
Qué poco católico lo veo a usted: nos ofrece carnaza hoy que (calculo) es Viernes Santo (no me haga mucho caso: llevo unos días encerrado y sin televisor).
“La verdad de un hombre reside, sobre todo, en lo que calla”, dijo Malraux (dice la wikipedia http://es.wikiquote.org/wiki/
que dijo). Y sin conocer todavía a ZP; tiene su mérito, todo un visionario el Malraux éste (es broma) (creo).
Dice también la wikipedia que Malraux dijo, entre otras cosas:
- “El siglo XXI será espiritual o no será” (pues sí, al comenzar el XXII nuestros cuerpos ya habrán muerto).
- “El tiempo cura lo que la razón en vano procura” (¿nuevo cambio de gobierno?).
- “La tradición no se hereda, se conquista” (plausible, como planiano tendrá usted que asentir, ¿eh?)
- “Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar.” (muy socrático del cou, ¿no?)
Pero perdone, a lo que iba yo escribiéndole: ¿qué haré sin mi Eurídice?; ¿y con ella?
Quiero decir: mis amigos en sus blogues escriben a favor de la descarga gratuita y me convencen; usted escribe en contra (me parece) del morro gratuito y me convence… no sé, parece que no tengo criterio propio. (Tendré que descargármelo del e·mule.)
Menudo carajal. Parece que la gente necesita comer de algo; así pues los autores tendrán que vender para poder cobrar (mejor dicho: tendrán que cobrar para poder seguir de autores). Por otro lado recuerdo que mis abuelos recibían sendas pensiones de jubilación; se murieron mis abuelos y la familia no heredó ese derecho mensual (sin embargo, los derechos de autor duran décadas, más que las patentes farmacéuticas de investigaciones millonarias -le admito que opino hispanamente de memoria, qué pereza guguelizar en Viernes Santo…)
Qué cafarnaum. Por el momento (y esta es mi aportación al debate) a mí me ha dicho el Papa (en sueños, vale) que todos ustedes, los forofos de Joselito y los belmontistas, tienen simultánea razón. Tanto los partidarios de cascar el huevo por el lado angosto como los facciosos del lado grueso (http://es.wikipedia.org/wiki/
Mientras llega o no Obama a arreglárnoslo todo,
hará falta una inteligencia de un estrato superior
(y no, Florentino Pérez no cuela)
para armonizar posturas (aunque esto suena a pilates);
un Gulliver de la ética, de la estética y hasta de la penibética.
Yo estoy hecho un lío y me llevará mi tiempo ponerme las cosas claras (mira, hablando de huevos -sólo nos faltaría aludir a Gemma Nierga).
En ese particular quede usted tranquilo, que si me la encuentro
(digo la inteligencia superior)
ya le aviso.
Dejando a sus pies (de página)
mis ojos lectores:
PS.- Al leer la misiva (qué bien me expreso) que le envía Sergio Rodríguez me ha sobrevenido (¡nivelazo!) una duda sobre las sanciones al choriemule: ¿tendrá más pena un descargante varón que una fémina descargante? (amén de pene); ¿estará más castigado descargar películas y canciones(femeninos) que descargar libros y programas (masculinos)?
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Correspondencias / Pedro Echánove
Querido Arcadio:
En mi opinión, lo que pasa es que siempre que algo empieza se acaba otra cosa. Y si empieza una cosa muy importante, se acaba otra que no lo es menos. Empezó internet y, a medida que se va desarrollando, se van apagando las grandes estrellas de industria cultural. ¿Qué es más aberrante, que la gente se baje las pelis o canciones o que esos actores y cantantes ganen esas sumas fabulosas por trabajos las más de las veces muy mediocres? Las propias televisiones estatales te dan la noticia de que viene de gira un roquero cualquiera que tiene una calidad musical más que dudosa y callan un concierto, qué se yo, de Glen Gould o cosa por el estilo. La verdad, creo firmemente que esto de las descargas va a ayudar poner a cada uno en el sitio que le corresponde. Y respecto a lo del control estatal de las descargas, recomiendo escuchar a los jóvenes iraníes. Ellos saben mejor que nadie que ni Dios puede controlar eso. Y mira que los ayatolas hacen todo lo que pueden para ayudar a Dios.
Saludos.
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Correspondencias / José Luis González Quirós
Admirado Arcadi:
Afortunadamente, el insulto no es lo tuyo. Un largo entrenamiento en el análisis no garantiza, por lo que se ve, el acierto en cosas medianamente complejas. Lo de la propiedad intelectual es lo suficientemente confuso como para que un escéptico bien entrenado, como tú lo eres, no se lance tan irreflexivamente a la condena de los que creen que el robo principal es el de los que pretenden que la manera de monetizar sus derechos permanezca incólume aunque el mundo entero cambie a su alrededor. Bueno, yo no sé cuál es la solución más razonable para todo esto, pero confío en que la acabemos encontrando sin necesidad de santificar el esquema según el cual un lector=un oyente= un pagano. Seguro que, en otro momento, pensarás y escribirás cosas menos impostadas y pretendidamente decentes.
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Correspondencias / Vicente Carbona
Querido
¿Cuándo veremos algo así en nuestra cultura?
Rebelión inteligente.
Visto en Dawkins’s web.
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Correspondencias / Lugar Fundamental
Leo que su artículo concita unánime oposición entre sus lectores. Creo que eso está bien por el debate en sí, y habla bien de usted por mostrar ideas encontradas. Lo mismo es lo que le pasa al país con el emule: pierde menos de lo que gana. Si no fuera tan fácil bajarse canciones, películas, libros, programas… poca, poquísima gente contrataría una conexión de alta velocidad, ni se compraría un ordenador, ni pasaría horas delante de una pantalla haciendo programas que digan “Hola mundo” para luego estudiar y trabajar en una empresa informática.
Desde el punto de vista moral quizá sean poco edificantes las descargas, pero la ventaja económica para la población es superior. Y eso sin hablar del placer.
Un saludo
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Correspondencias / Josep-Abel González
Apreciado Arcadi
Hoy sí que puede contar con mi desacuerdo. Le hago una breve lista de cosas que tengo por más o menos claras:
Que el sector cultural es una industria, y como tal, pretende lo que todas, maximizar los beneficios. Que además en España se pega mucho al poder político, en sus diversas versiones geográficas. Que aprovecha esa cercanía, y esa apariencia de estar procurando por el bien común y no del suyo propio, para obtener beneficios del dinero también común, por métodos que van desde la subvención directa hasta el uso privilegiado de los espacios o los medios de comunicación públicos. Que la subvención a unas expresiones culturales (y no a otras) es una manera de imponer, por parte del político, su visión del mundo a los gobernados. Que a veces la industria cultural parece, y otras ella misma declara, no poder sobrevivir sin ese flujo constante desde el erario público. Que los agentes ligados a esa industria parecen vivir de una forma que no se corresponde con esas supuestas dificultades de supervivencia.
Me refiero al teatro, el cine, la música, el fútbol, los toros, las fiestas de los pueblos, los ciclos de conferencias, las ferias de libro, o las promociones lingüísticas. Por favor, que nos liberen de pagar obligatoriamente por todas esas cosas, y cada uno ya se gastará el dinero en las que realmente le interesen.
No reivindico una vida gratuita. Estoy dispuesto a pagar por un bien cultural o intelectual, pero ya no tanto a que me hagan pagar por él dos (o más) veces, teniendo en cuenta, además, que se trata de un negocio que raramente, o nunca, te devuelve el dinero si no te deja satisfecho.
Un abrazo
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Correspondencias / Pablo J. Vayón
Admirado Arcadi,
es inevitable. Todos tenemos nuestras contradicciones, pero esta suya me parece insuperable. Usted, que suele clamar de forma tan ostentosa (como justa) contra el atraso tecnológico español, no hace ni la más mínima alusión a lo verdaderamente sangrante del asunto: que sea nombrada ministra de cultura una mujer que ha hecho público desprecio del interés que para los ciudadanos de la nación pueda tener la banda ancha en Internet. Como si a los portales de pago no les interesaran los 100 megas de los japoneses cuanto antes..
Cordialmente,
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Correspondencias / Nicolás
Estimado señor Espada:
La ministra no tiene “un problema que es policial y jurídico”. El problema lo tenemos quienes pagamos una ministra “con antecedentes” (lo que usted llama posiciones nítidas), una funcionaria de la intelectualidad. El pesar lo sufrimos quienes soportamos los gastos millonarios de las castas intelectuales, deportivas, políticas o artísticas. Usted, que es tan asiduo del oxímoron debería reflexionar sobre uno que me lo parece: propiedad intelectual. Pues toda propiedad que se expone en el mercado puede correr graves riesgos de pérdidas impuestas por las propias leyes del ídem. Y vocablos como piratería o robo suenan atronadores cuando hay tanto corsario y ladrón al que atrapar, porque la mayoría “¿sabes tío?, no traficamos, es para consumo propio” que diría aquel.
Saludos cordiales.
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Correspondencias / Antonio Donaire
Estimado Sr. Espada:
Decía Vd. hace un año: “O compadecemos a las putas y abonamos su ingreso en el convento o les abonamos el cheque. Ahora: las dos cosas no. Compadecidas y bien pagadas… hummm, eso es la especialidad preferente del sindicato de la próstata engrosada.” Salvando las distancias: o compadecemos la SGAE y abonamos su ingreso en el convento o les abonamos el canon. Ahora: las dos cosas no. Compadecida y bien pagada. No sé qué sindicato será ése, ahora bien, si se aprobó el dichoso canon (por el que todos somos culpables a priori) no compadezcamos al que lo cobra.
Saludos
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Correspondencias / Tse
Estimado Arcadi:
Leo ahora su articulo sobre la ministra y el pirateo indoor, con la ventaja de poder leer también la unánime, pero cariñosa, repulsa de los lectores que se han animado a escribirle. Habrá que empezar declarando eso que aparece, con letra pequeña, en los digitales y las cadenas de televisión, al preguntar a sus lectores y espectadores: que no se trata de un “muestreo científico” (si no lo es -entendiendo que se quiere decir estadísticamente significativo- ¿para qué hacen esas “encuestas”?). Pero como no puede evitarse la sensación de que se ha quedado más solo que Gary Cooper, voy a echarle un cable, si me lo permite. Muchas de las afirmaciones de sus lectores -la banda ancha, la subvención a “algunos”, la especialidad de la propiedad intelectual, ¡¿Malraux?!, Glen Gould vs. roqueros- me parecen muy atinadas. La cuestión es si no son excusas de mal pagador (dicho metafóricamente, que no pretendo que todos ellos tengan ordenadores que echan humo de tanto que descargan). Creo que el asunto está mal regulado y mal resuelto judicialmente. Creo que lo está desde el día en que un juez utilizó el concepto de copia privada para excluir la ilicitud de una conducta (aunque pobre hombre, él sólo pensaba en las casetes que hacíamos para los amiguetes). Creo que es cínico negar la existencia de un “ánimo de lucro” en todos los que en alguna ocasión hemos descargado una canción, por ejemplo. Es evidente que para disfrutarla deberíamos pagar por ello. ¿Cuánto? Personalmente no tengo nada en contra de permitir al autor que exija lo que le dé la gana. Al fin y al cabo, se descargan muchas más canciones de roqueros infames que interpretaciones de Glenn Gould. Resulta algo paradójico impedir que el roquero infame gane mucho dinero cuando sus infames interpretaciones gustan tanto a tantos. Si pide demasiado basta con no comprar. Naturalmente, y ya lo sabe usted, soy partidario de suprimir todas las subvenciones destinadas a la cultura. Y defiendo que sólo debe el Estado gastar dinero en mantener en pie -literalmente- el patrimonio que es de su propiedad. No comprendo por qué deben los consumidores de rock infame mantener instituciones como el Teatro Real de Madrid o el Liceo de Barcelona. Pero me he ido del tema. La propiedad intelectual es un tipo especial de propiedad por las características de su objeto. No se puede copiar una finca o ceder su uso a un número ilimitado de personas. Por esa razón, y por consideración a su utilidad social -que también limita el derecho de propiedad tradicional en muchas legislaciones- está temporalmente limitado y beneficia a los sucesores del autor sólo durante un tiempo limitado. Y esa limitación, en el caso, de la propiedad industrial es mayor porque favorece el desarrollo económico y porque se sitúa en el terreno de las “invenciones” (el terreno de lo real en el que el campo es más pequeño porque no puede inventarse la máquina de movimiento perpetuo) que es objeto común de todo ser pensante (¿hay que limitar para siempre la posibilidad de que alguien pudiera inventar lo que se inventó antes?). Eso es así, y también lo es que no hay límite al número de ejemplares que puede imprimirse de un libro. Pero, claro, eso no implica que el autor no tenga un derecho exclusivo sobre su obra -”que no somos comunistas”, como dicen los inversores en el Padrino. Defender que esos males enunciados autorizan a todos a convertirnos en “AutoRobinhoods” es lícito pero peligroso. Es el mismo discurso que autoriza al pobre a robarle el Cayenne al rico. No obstante, por incluir un matiz en este punto, la realidad es que en España el problema no es tanto que sea difícil o caro perseguir al que se descarga obras por internet sin permiso del autor. El problema -que nos convierte a usted y a mí en peligrosos calumniadores- es que la interpretación judicial de la inexistencia de ánimo de lucro en esas descargas las convierte en algo absolutamente lícito y, por tanto, impune. Yo creo que es una interpretación aberrante que convierte a los piratas (incluso a los esporádicos como el que esto firma) en ciudadanos ejemplares. Y así, con tantas maravillas al alcance de un adsl y un par de clics, no hay quien se resista.
Siga con salud.
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Correspondencias / Pedro Murga
Señor Espada,
Una reflexión a la que nadie alude y que yo tengo de forma permanente en la cabeza, probablemente por razones profesionales, cuando sale a colación el asunto de la “piratería” y la propiedad intelectual:
¿Por qué los autores y otros tenedores de derechos intelectuales ven a internet como un amenaza pero nunca como una oportunidad?
¿Por qué no actualizan (F5, habitualmente) sus plantemientos y dedican más esfuerzo, aquí y en Francia, a desarrollar vías de negocio on-line, en vez de a intentar parar las mareas?
Por ejemplo, podría usted incluir publicidad en su blog (aparte de la de Sacha). Así se aseguraría unos (merecidos) ingresos por su trabajo intelectual y no tendría que sufrir por los copypaste de los malvados bucaneros.
Un saludo
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Correspondencias / Ramon García
Vaya, veo que los de su generación no acaban de subirse al tren. ¿Descargas?. Las descargas han tenido una vida más bien corta. Ocupan espacio y son seropositivas (intento de metáfora de lector habitual de su blog). ¿Pero aún no tienen ustedes Spotify?. Una vez la industria da su visto bueno, ¿qué hacemos con toda esa filosofía amortizada?.
P.D.: Si me da su consentimiento le invito.Saludos.


