4 de abril

Sin elección

Querido J:

Cada primavera empiezan a abrirse los capullos y la preinscripción en las escuelas públicas. Como no tengo nada que hacer, y hasta dentro de seis meses no me puedo prescribir otro simenon para el ocio, me entretuve en repasar los criterios con que los institutos españoles asignan las plazas escolares de la ESO. Tú tampoco tienes nada que hacer y sabrás agradecérmelo. La asignación se calcula por el sistema de puntos y determinadas circunstancias del alumno permiten una mayor acumulación de puntos. Las dos circunstancias dominantes son el domicilio (es decir, la mayor o menor proximidad al instituto que se pretende) y el tener hermanos matriculados o padres trabajando en el colegio. Respecto a estas dos condiciones hay mucho que decir y se dice muy poco, porque se trata de ese tipo de asuntos sobre los que la opinión pública se desliza con el piloto automático. Pero examinadas de cerca pemiten obtener conclusiones interesantes.

Empecemos por la última: se comprende que los organismos públicos favorezcan la concentración de los hermanos en el mismo colegio. Hay poderosas razones logísticas. Para la felicidad de los hijos lo más importante es la felicidad de los padres. Yo mismo hube de convencer en su momento a un tosco pediatra socialdemócrata de que mis recién nacidas gemelas comerían, dormirían, y todo lo demás, a la misma hora de su pequeña vida. «Oh, no, son dos personas, cada una con sus derechos», —me decía el hombre. «Oh, no, dos, no —le puntualizaba yo—: en casa somos cuatro a disfrutar de derechos». Ahora bien: se comprende menos que la circunstancia de que el padre o la madre sean conserjes, cocineros o profesores del colegio deba favorecer el alistamiento de los hijos allí. Es más: la circunstancia debería restar puntos antes que sumarlos, a fin de evitar el tráfico de influencias. Que los aumente es por completo inexplicable. E incluso ha provocado una bolsa de fraude, llamativa aunque sea simbólica: algunos padres ingresan en la nómina del colegio como trabajadores temporales el tiempo justo que les permita obtener un aumento de puntuación.

Sin embargo me interesa discutir, por encima de todo, dos cuestiones asociadas al sistema. Esto de la vecindad. Para empezar a discutirlo observa a los ricos: no les importa montar al niño en el autobús, de madrugada, y hacerles recorrer varios kilómetros hasta llegar al colegio. Yo me fijo mucho en lo que hacen los ricos. Suelen tener gran experiencia, por tradición oral, en las elecciones de la vida y suele ser gente que sólo experimenta con gaseosa. Lo peor de favorecer la vecindad es el envés, naturalmente: el perjuicio que se causa a los que pretenden que los niños (¡como los ricos!) se formen en colegios distantes de sus casas. La formación, bien se sabe, es una de las vías emancipatorias más seguras de la Humanidad. Pero no solamente por lo que se refiere a la adquisición directa de conocimientos. Piensa que el período de formación es una magnífica ocasión para escaparse de casa. Y el empeño de los poderes públicos en que los niños se críen en el caldito originario, y que todo lo hagan en la obligatoria autodeterminación de su barrio, es francamente discriminador. Salir del barrio es una oportunidad para muchos niños. ¡Iba yo a estar escribiéndote esta carta de no haberme colado como un polizón (hijo de portero) en un barrio rico, con sus arbolitos y sus muchachitas y sus casitas de resipol! No ha habido hasta hora ningún estudio que me haya quitado de la cabeza la luminosa teoría de la psicóloga Rich Harris, y su libro inolvidable, El mito de la educación. Los genes y el grupo son los máximos responsables de la conducta. Los padres influyen porque proporcionan al hijo un determinado código genético; pero influyen mucho menos por su ejemplo y sus instrucciones. Las decantaciones de un adulto se elaboran decisivamente en los patios de las escuelas, donde a menudo se producen tantas tragedias secretas y perdurables. La influencia del grupo. Resulta inadmisible que la Administración dificulte los intentos de las familias de favorecer para el niño un grupo cualquiera, más allá de los determinismos burocráticos.

El punto de vista de la Administración está marcado, como suele, por la hipocresía. Para ella no hay barrios mejores que otros, porque de todos se cuida la Mamá Grande con idéntico cuidado y previsión. Favorecer la vecindad, para las autoridades, es relevante sólo en términos logísticos; en términos morales reina la paz y el contento en el pleno conjunto de la ciudad. De ahí que, por ejemplo, las autoridades entenderían como aleatorio o incluso demagógico que yo te trazara ahora un google maps donde localizara el lugar de residencia de los políticos barceloneses: en la inmensa mayoría habitantes del fragmento urbano donde la inmensa mayoría preferiría que estuviera el colegio (y la vida) de sus hijos. Y si para las autoridades todos los barrios son iguales, qué decir de sus colegios. ¿Cómo va admitir la Administración que entre los colegios que controla haya unos superiores a otros, con personal más eficaz y entregado y con mejores instalaciones? Una de las grandes falacias de lo público es su pretendido carácter igualitario. Este mismo periódico donde te echo las cartas, por cierto, lo demuestra cada año publicando su ranking de los mejores colegios privados de España: debe de pensar, como la Administración, que lo público no tiene rankings. Lo público es el limbo: algo previo al pecado original discriminatorio.

Te habrás fijado, por último, mi querido amigo, que en toda esta trama hay un elemento (o más bien su ausencia) que acaba de dar coherencia al conjunto. Percibirás también algo paradójico: dado que sería el único elemento que permitiría democratizar las opciones es el único que no se contempla. Me refiero al mérito. El expediente académico de un alumno no otorga puntos para elegir el instituto que uno quiera y por las razones que quiera. Lo otorga el domicilio, el hermano, el trabajo del padre y hasta las afecciones intestinales. Pero no el mérito, que a diferencia de todo lo que antecede, depende también de la voluntad o, al menos, de lo que hemos decidido llamar la voluntad. El mérito que, en su caso, ayudaría a abandonar el barrio y permitiría alterar el dictado del ambiente y de la sociología.

La importancia del mérito en la vida es muy relativa y está en discusión permanente. Está el principio de Peter. Está la crucial importancia del azar, al que algunos filósofos, demasiado chics para creer en Dios, otorgan el supremo papel ordenador, y así le rezan y se postran. En realidad, la sospecha dominante es que en la vida rige demasiado el demérito. Para el que van muy preparados desde pequeños.

Sigue con salud
A.

(Links: Verónica Puertollano)

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Correspondencias / Maite Díaz

Querido Arcadi,

Los anglosajones en Estados Unidos tienen resuelto ésto de manera pragmàtica: resultados. Ayudas, becas e inscripciones en los mejores colegios y universidades a los mejores, los mejores que son: los màs inteligentes, o quizàs también los màs constantes, los que emplean organizadamente la voluntad, y los que gustan de estudiar.

Sin elección, lo que se reproduce es el sistema de las castas y como dice Pericay el inmovilismo que genera progresismo, y enmiendas, parches o sistemas hipócritas subvencionados que son de alguna manera artificiales en cómo se estructuran.

Mi tío que llegó a ser gerente de la IBM en La Habana, era un hombre brillante.Sus padres eran gallegos, su madre analfabeta, emigraron a La Habana a principios del siglo XX. Su padre fue el mayordomo del primer interventor norteamericano, que al marchar quiso que se fuera con ellos, pero José no quiso y le pidió lo ayudara para obtener un trabajo como conductor de tranvías. Así crió a sus hijos, todos estudiaron en la universidad en La Habana. Mi tío Salgado Montes siempre me decía: en España no habría salido de la aldea, la experiencia de sus padres era la de la injusticia del origen, de la pertenencia a un medio social. Murió hace unos días y nunca vino a Galicia, era un admirador de la cultura anglosajona, del pragmatismo que potencia la justicia y el progreso.

Europa es todavía un sistema de castas en muchos sentidos. La inmigración es la que està obligando a la sociedad a abrirse. En Francia han comenzado a captar buenos alumnos en los liceos desfavorecidos para que puedan acceder a estudiar Sciences Po, la carrera que prepara a las elites políticas y económicas francesas, todos de buenas familias y en algunos casos con orígenes aristocràticos que son los las familias que todavían estructuran la diplomacia francesa en gran medida. Europa comienza a confrontarse a la globalización interna que no es màs que la necesidad, o màs bien un imperativo de movilidad vertical en la sociedad, en Francia lo llaman el ascensor social.

Besos

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Correspondencias / Claudio Ortega

Sr. Espada,

En relación a su artículo de hoy, una información de oídas. La escuché en una llamada telefónica al programa de Carlos Herrera. Llamaba un padre que, teniendo un centro a cinco minutos de su casa, había tenido que matricular a su hijo, no recuerdo si era más de uno, en otro, al que debía acompañarlo en coche y tardaba veinte minutos. Según explicaba, la causa era que ganaba demasiado dinero. ¡Encima de que trabajo como un condenado y pago un montón de impuestos con los que financiar la educación, resulta que eso es un factor negativo para mi hijo! se lamentaba. Tras leerle a usted hoy, cabe pensar que, tal vez, de alguna manera la administración mantiene esa tradición desplazatoria de los ricos, preveniéndoles de caer en las costumbres acomodaticias del pueblo llano. De todos modos, qué lejos estamos de esos países con sus ricos de verdad y sus public schools.

Gracias por su atención.

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Correspondencias / Teresa Barjau

Señor Espada:

Su carta pone el dedo en la llaga. Sobre educación se opina demasiado, pero nadie habla, por ejemplo, de educación y urbanismo. Hace tiempo que algunos sostenemos que el criterio de vecindad en la asignación de centro es una forma de discriminación. Alguien debería escribir seriamente sobre el asunto. O sobre la escuela laica de élite. Y sobre tantas otras cosas.

Un saludo.

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