11 de marzo

La edad de consentir y de abortar

La derecha socialdemócrata se echa encima de la ministra Aído porque pretende establecer que a los 16 años una muchacha pueda decidir el futuro de su embarazo, es decir, si lo lleva a término o prefiere abortarlo. Supongo que los que se le echan encima están dispuestos a llevar hasta las últimas consecuencias todos los reversos de su indignación. Es decir, están dispuestos a dar por bueno que los padres (o los padres y un juez) puedan obligar a abortar a una muchacha de 16 años que no esté dispuesta a pasar por el trance. Y están dispuestos, de un modo más realista y por lo tanto más hiriente, a asumir que aplicando la legislación actual los padres de una muchacha que no haya llegado a la mayoría de edad, fijada actualmente en 18 años, pueden obligarle a tener un hijo no querido. Aquí mismo, en esta esquina del párrafo, me paro y me pongo a considerar. ¿Qué es más traumático? ¿Obligar de por vida a una muchacha a hacerse cargo de un hijo no querido o permitir que la muchacha decida si lo quiere o no?

Yo comprendo muy bien a la derecha sin paliativos, que considera el aborto un crimen al margen de cualquier edad. Tienen sus razones, como las tienen los vegetarianos. Esta polémica se diluye muy rápidamente cuando se parte de que el aborto supone la destrucción de un ser humano. Porque observen cómo quedan entonces las preguntas anteriores: ¿Qué es más traumático? ¿Obligar a una muchacha a hacerse cargo de un hijo no querido… o matarlo? La ventaja de andar por la vida sin paliativos es lo clarísimo que se aparece todo. Sin embargo, la derecha socialdemócrata, que no cree que el aborto sea un crimen pero que pone el grito en el cielo (¡a los 16!), es una derecha puramente incomprensible. O lo que es peor: una derecha perfectamente comprensible en su afán de extraerle a los principios todo el jugo propagandístico, pero ni una gota más: ni ética ni lógica.

De forma muy razonable la ministra Aído quiere aproximar la edad de la experiencia biológica del embarazo a la edad legal de su interrupción. Porque todo este asunto, en efecto, gira en torno al gap entre el consentimiento sexual y sus indeseadas consecuencias. Hay una profunda contradicción en la legislación, y no sólo española, que autoriza las prácticas sexuales a los 13 años y que extiende hasta los lejanos 18 la edad para poder abortar sin consentimiento paterno. El proyecto de la ministra Aído sólo pretende aminorar esa contradicción, que sin embargo permanece.

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Correspondencias / Rafael Galán

Admirado Arcadi:

Es reconfortante oír, por fin, una voz admitiendo que la propuesta en torno al aborto es, cuando menos, razonable; que, aunque sea uno de los pocos rayos de luz nacidos de la confusión mental permanente en que nadan las mentes de este gobierno, ora totalitario, ora libertario donde no ha lugar, y casi siempre populista y demoscópico, es una propuesta que se acerca a la razón. Quizá por ello, por acercarse a la razón, repugna tanto a quienes se alimentan, fundamentalmente, de dogmas y leyendas.Las preguntas que te haces, Arcadi, son tan pertinentes como sanamente escandalosas. Y, yendo más allá, yo plantearía alguna más: ¿Qué es más traumático? ¿Abortar o inseminar las mentes infantiles con la especie falsa y acientífica de que el feto eliminado es un ser humano? ¿No es más traumático tomar, por otra persona, una decisión, sea la que sea, que es irreversible y que condicionará, por tanto, el resto de su vida? ¿Quién tiene derecho a tomar ese tipo de decisiones si no es la persona afectada, tenga la edad que tenga? Y, yendo un poco más lejos, ¿no es traumático, por ejemplo, tomar la decisión de que un hijo sea adoctrinado en las creencias de una religión que profesan sus padres? Porque de esa decisión se derivarán consecuencias en muchos casos irreversibles. Siempre he dudado del derecho de los padres a tomar decisiones por nuestros hijos en asuntos que pueden causarles un daño irreparable. Siempre he creído que nuestra obligación para con ellos es, fundamentalmente, la de proteger su seguridad y su libertad, dándoles instrumentos para que, en el futuro, puedan ejercerla. Curiosamente, es la misma y principal obligación que tiene un gobierno para con los ciudadanos: proteger sus libertades y darles seguridad, antes que imponer dogmas e ideales.

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Correspondencias / Juan José Areta

Estimado Arcadi:

que alguien no crea que se deba permitir a una mujer de dieciséis años abortar legalmente si no concurre un complemento de capacidad no supone, en absoluto, que se pretenda que se le pueda imponer un aborto no querido. El propio Código penal distingue entre las lesiones que causan otros contra uno, sin consentimiento o con consentimiento, y considera, lógicamente, mucho más graves las primeras. No existe equivalencia entre las conductas, por lo que, a mi juicio, la reducción al disparate aquí no funciona. La ley es, en estos asuntos, siempre arbitraria. Porque tiene que fijar fronteras que no pueden justificarse más que aproximadamente. ¿Por qué a los 16 y no a los 12 o por qué no siempre, ya que el aborto presupone que la mujer sea fértil? En realidad, el asunto podría, como en tantas ocasiones, resolverse de una forma más aséptica: si hemos establecido la frontera de la mayoría de edad en los 18 años, ciertas decisiones exigen un complemento de capacidad que corresponde a quiénes ostentan la patria potestad, y, si surge contradicción, se puede acudir al juez. Lo que no parece muy sensato es que alguien no pueda testar, o sacarse un carnet de conducir, que necesite autorización del juez para casarse (y eso si tiene más de catorce años), o que no pueda hacerse una operación de cirugía estética sin consentimiento de los padres, pero que pueda abortar sin que la cuestión deba ser, al menos, discutida por quiénes les representan o por un juez. Sé que la antítesis del asunto es que la ausencia de consentimiento implica tener que asumir un embarazo que no se quiere. Pero hay algo socialdemócrata en pretender que esas consecuencias nefastas de la realidad desparezcan convirtiendo a las personas en una especie de Jekyll-Hyde, seres perfectamente inútiles e irresponsables para las cosas livianas, y perfectamente capaces para las “patatas calientes”. Porque, ya que estamos con reducciones al disparate, habría que considerarles penalmente responsables desde que pueden ejecutar actos tipificados como delito, y, sin embargo, y a veces con gran pesar, actuamos bajo la ficción de que los que no han alcanzado los 18 años son niños sin voluntad ni conocimiento, hechos ambos absolutamente falsos. Y lo hacemos porque la arbitrariedad es en estos asuntos civilización.

Un saludo

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Correspondencias / Alberto González

Sería un trabajo de hemeroteca muy revelador averiguar las veces que la derecha española, desde, pongamos 1978, ha apoyado el avance en materia de derechos civiles, no ya sólo de la mujer, sino en general: divorcio, aborto, matrimonio homosexual, etc. Tanto o más interesante, en consecuencia, saber en qué punto de la historia España hubiese quedado no ya anclada, sino varada, si de los moralizantes hubiese dependido. En tanto no se haga ese estudio retrospectivo, y se dé a conocer públicamente, no ha lugar para una derecha socialdemócrata. A lo más, lo de siempre: derecha de alta cuna y baja cama.

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Correspondencias / Elisa Arias Maldonado

Querido Arcadi,

Contradicciones, muchas. Sin ir mas lejos, no son esas jovenes de 16 a las que hace poco se dirigia una campana sobre educacion sexual escrita en argot hiphopero? Lo mismo habria que empezar a redactar las leyes a ritmo de rap, o de chirigota, que para eso nuestra avezada ministra es de tierras gaditanas. Yo me pongo a ver Juno, y me gusta pensar que el mundo no es tan hostil, que las adolescentes practican sexo responsable y que los deslices se sortean con madurez. Pero aqui gaps hay muchos, sobre todo educativos y generacionales. A mi a los 16 me obligaron a leer El Quijote. Hoy las aulas estan en otras cosas. Y Lorena Berdun ya no tiene programa.

PS Perdoneme la escritura, tecleo en un PC ingles.

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Correspondencias / Rubén González

Estimado sr. Espada,

En primer lugar permítame que me dirija a usted por su apellido en lugar de por su nombre de pila, pero me parece un apellido fantástico que no se puede desaprovechar para combatir estos tiempos tan naif.

Usted, señor Espada, me parece de lo más interesante en el panorama periodístico nacional, porque es de los pocos, poquísimos que no se queda casi nunca en lo evidente, en lo dado por cierto, sino que le da siempre una vuelta de tuerca a la realidad aparente, y al menos yo, imagino que todos sus lectores, disfruto mucho esta cualidad suya. Queda dicho.

Respecto a su columna de hoy en El Mundo yo quisiera añadir alguna observación que, admitiendo al menos parte de sus argumentos, compliquen un poco más la cosa. A mi juicio otorgar la capacidad para decidir sobre el aborto a las chicas de hasta 16 años no me parece mal, sin embargo sospecho de la fondo “teórico” que lleva a la supuesta izquierda a legislar de este modo. La contradicción me asalta porque es la supuesta izquierda (más que la supuesta derecha) quien a su vez niega capacidades a un menor de 18 años cuando se posiciona en contra de que se le administre, por ejemplo, una pena por asesinato equivalente a una persona que supere esa edad (está a favor de la justificación del delito en “menores”). Utilizando un adecuado argumento para conceder un derecho a decidir sobre el aborto, no veo porque no haya de hacerse lo mismo a la hora de asumir una obligación, una pena. Si alguien, de cualquier edad, tiene capacidad de asesinar, incluso aunque tuviera 10 primaveras, creo que tiene la obligación de responder a la ley igual que si tuviese 30 tacos. Parece que hay una dificultad en percatarse de que para cometer un asesinato se precisa de una madurez que está implicada en el acto, no en los años. El caso es que es la compasión con el “menor”, vicio rousseniano, el que “identifica”, me parece, a las izquierdas aquí, y no tanto una correcta comprensión de lo que es una persona menor de 18 años.

Con respecto al aborto, apurando la reflexión, hay, a mi juicio, que explorar también el concepto de responsabilidad. Se nos quiere colar constantemente el argumento de que falta información sexual como el motivo principal de los embarazos no deseados, pero esto es sencillamente falso, o responde a un porcentaje bajísimo de casos. El motivo principal es sencillamente la irresponsabilidad. Es aquí donde aparecen mis objeciones no ya al aborto en sí mismo, sino a que la sanidad pública intervenga gratuitamente en todas las situaciones. ¿Por qué no multar a una pareja que solicite el aborto si el motivo de su embarazo es un comportamiento irresponsable? ¿Acaso no se multa a un conductor que no cumple con las normas de tráfico por el coste que supone un accidente? ¿Acaso no se multa a quien no cumple con las normas de seguridad en una obra? Si es libre para tener relaciones sexuales, ¿por qué no puede afrontar las consecuencias de pagar el coste de una imprudencia? ¿Si se tienen derechos, por qué no obligaciones, responsabilidades?

Un abrazo.

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Correspondencias / Juan González Moyano

Estimado Sr. Espada,

Comprendo su argumento contra la derecha socialdemócrata (en cambio no comprendo el argumento a favor de su corresponsal Areta, no sé si por mi ignorancia jurídica o por su sintaxis fatigosa). Sin embargo, también comprendo – un poco – a la derecha, a la socialdemócrata y a la milenaria. La famosa campaña del hip hop simboliza bien la actitud ante el electorado joven: colegueo y buen rollito. A parte de lo patético que pueda resultar, el mensaje de la responsabilidad queda totalmente escondido. Usar condón mola mazo, tío. Está de moda como el rap y los piercing en la nuez. En el otro extremo, al electorado maduro se le acongoja con las consecuencias de una conducción peligrosa y al margen de los códigos. “Quedarás lisiado, morirán tus hijos, pagarás mil euros, perderás cien puntos…” Miedo, no responsabilidad. El gobierno es pauloviano en la era de la cienca cognitiva. Hágase lo que sea menos instar a la responsabilidad del ciudadano. En este ambiente, comprendo que se vea la ampliación a los dieciséis años como un intento más de ganarse a los jóvenes obviando las consecuencias de sus actos.
Otra cosa, si me permite. Si la discusión continúa, en seguida llegaremos al callejón sin salida: si es vida humana o no lo es. Acabo de tener un hijo y en los últimos meses he visto las cosas desde la perspectiva de los padres. No es muy científica, ya le aviso. Un aborto natural suele ser un mal trago, pero es peor cuanto más tarde ocurre. Depende, por supuesto, del deseo de los padres por tener al hijo. No parece que percibamos de igual forma a un feto de seis semanas que a uno de seis meses. La pérdida de este último se parece ya mucho a la pérdida de un hijo nacido. Se ve mejor al revés. Supongamos que se trata de un embarazo no deseado que además puede traer malas consecuencias, pero que la madre no puede abortar voluntariamente. Un aborto natural en las primeras semanas lo vivirá, probablemente, con alivio. Y si esas malas consecuencias eran objetivas, dudo que nadie moralmente sano pudiera afearle ese alivio. En cambio, si el aborto se produjera a los seis meses, no es descabellado pensar que los sentimientos de la madre serían mucho más complejos. En resumen, creo que hay en los padres una percepción del feto más o menos innata que lo aproxima a un ser humano nacido a medida que avanza el embarazo. Supogo que esta evidencia (creo que lo es) difícilmente puede ser útil en el debate sobre la ley del aborto, pero al menos debería servir para desenmascarar a los que equiparan un aborto, por temprano que sea (incluso la investigación con embriones), con el asesinato de un recién nacido.

Siga con salud.

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Correspondencias / Antonio Donaire

Estimado Sr. Espada:

Felicidades hoy, tanto por su columna (por eso le leo) como por los comentarios de los blogueros (por eso también los leo). Es difícil estar tan de acuerdo con opiniones, algunas en apariencia dispares, sin embargo, complementarias. Dice Rafael Galán que los padres y el Estado deben, respecto a los ciudadanos proteger sus libertades y darles seguridad, antes que imponer dogmas e ideales. Estoy totalmente de acuerdo. El problema, obvio, proviene del hecho de que los anti-abortistas (derecha no socialdemócrata) consideran “ciudadano” a un feto. Por cierto, los vegetarianos expanderían dicha definición a los individuos, incluidos los animales. Es el Estado quien debe definir quién es ciudadano, para dirimir cuando hay conflictos de intereses (madre y feto). Yo creo que la ciencia claramente indica que un embrión de una semana es sólo eso, un embrión (la ciencia no define lo que es un ser humano). Pero me cuesta creer que la ciencia diga que un feto de nueve meses, una semana antes de cortar el cordón umbilical, no sea una especie con casi todas, o todas, las características respecto a la de un individuo completo de la especie. Es el Estado quien tiene que poner el límite sobre cuándo (semanas del feto y edad de la madre). La cuestión son los criterios. Yo creo que la ciencia pone límites, pero, como bien dice Juan José Areta la arbitrariedad es en estos asuntos civilización. (Por cierto, quizá arbitrariedad y socialdemocracia deban ser sinónimos y, entonces, muy a su pesar, también serían sinónimos de civilización, en mi opinión).

Sobre el tema, este fin de semana en El Mundo, José Antonio Marina realizaba una reflexión, para mí muy acertada . Espero su continuación esta próxima semana con extrema curiosidad.

Saludos

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Correspondencias / Mercutio

Estimado Arcadi: ¿por qué desde el Ministerio de Igualdad?

Un saludo.

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Correspondencias / Manuel Arias Maldonado

Estimado Arcadi:

No lo veo. Y lo lamento. No lo veo, porque me parece que una cosa es el sujeto abstracto de 16 años que se invoca en este debate, pero muy otro el sujeto de 16 años realmente existente. Esto es habitual: la ciencia política cree que el votante es un elector informado y racional -carcajadas al fondo- y la ciencia económica que el consumidor maximiza sus beneficios a partir de la información de que dispone -más carcajadas-. ¡Mirad esas elecciones! ¡Y esas hipotecas! Lo real no es racional: tenemos
la juventud más infantilizada de Europa y me temo que eso hay que tenerlo en cuenta si legislamos sobre asunto tan espinoso.

Consérvate bueno.

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Correspondencias / Carlos Gómez

Estimado Arcadi:

Estoy de acuerdo con su crítica a la derecha socialdemócrata. A mi, como miembro de la derecha sin paliativos (lo cual no me impide pertenecer a la izquierda sin -cuidados- paliativos respecto al suicidio asistido), me trae sin cuidado que sea la madre o la abuela quien decida sobre la vida de un tercero, que no les pertenece a ellas, ni a los dioses, ni a mi; sólo a sí mismo.

Como partidario de rebajar la edad a la que se adquiere la condición de humano, me parece razonable que se rebajen otras edades mínimas, para practicar sexo, para abortar o para votar socialdemócrata. Quien se contradice es el Gobierno, que al tiempo que retrasa la “edad humana” hasta las 14 semanas, adelanta la “edad abortiva” a los 16 años. Si se sigue por esa línea puede darse la paradoja de que una persona alcanza la mayoría de edad antes de que su vida merezca ser protegida.

Plantea usted una disyuntiva falsa: cuidar a un hijo no deseado o abortarlo. Hay una tercera vía, perfectamente legal, que es dar el hijo en adopción. Hay montones de familias en lista; además se pirran por los recién nacidos. Hay quien opina que esta opción es más traumática para la madre que las otras dos. Supongo que lo dicen en su condición de hijos no deseados y dados en adopción, que por el bien de su madre preferirían haber sido abortados. Están a tiempo de enmendar el error y suicidarse.

Entiendo que me compare con los vegetarianos, puesto que también tengo una postura radical. La diferencia es que, salvo que me desmientan o crean en la reencarnación, ni Antonio Donaire, ni usted ni yo hemos sido cerdos. En cambio, los tres hemos sido embriones y fetos (antes que frailes).

Saludos

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Correspondencias / T. Pindikova

Estimado Sr. Arcadi Espada:

Me dirijo a Usted un poco cohibida por el hecho de que yo, una extranjera, me he atrevido a escribir a una figura tan prestigiosa y conocida en la vida publica espanola. Pero un excelente amigo espanol me hizo conocer sus diarios y desde hace algunas semanas soy su lectora asidua. Ademas el problema que ha tocado en su diario hoy me parece de suma importancia, y tambien lo considero como problema INTERNACIONAL, que bajo distintas formas, se presenta en todos los paises europeos. Asi que le voy a exponer mis puntos de vista que son los de una bulgara, profesora de espanol y docente de un alumnado que abarca ninos de 9-10 anos hasta adolescentes de 16-17. Y tal vez esta sera mi ventaja en comparacion con sus otros corresponsales: eso de disponer de una experiencia profesional y observaciones imparciales hechas en la practica. Creo que en el mundo cada vez mas globalizado las diferencias entre los jovenes de distintos paises no son tan tajantes: todos ellos escuchan la misma musica, tienen los mismos idolos, leen los mismos libros /si se ponen a leer en general/, visten igual y todos tienen su pantalla en facebook.

Ante todo, quiero subrayar que no conozco suficientemente la realidad politica espanola, asi que no voy a opinar sobre los matices politicas de la discusion, pero me parece que una vez mas un asunto muy serio sirve como bola de ping pong en la interminable discusion “progres” versus “fachas” que sacude la sociedad espanola desde la epoca del pobre Jose I Bonaparte. Tranquilos, en los demas paises pasa lo mismo.

Para mi fue una sorpresa descubrir que la legislacion espanola permite contraer matrimonio con consentimiento judicial a partir de 14 anos de edad: en Bulgaria es a partir de 16. Me parece que en ese caso, como en el proyecto de ley que se esta discutiendo /que una nina de 16 anos pueda abortar sin permiso de los padres/, la “teoria” por enesima vez se separa artificialmente de la vida real, o como decimos en bulgaro, “se pone la carroza frente al caballo”. Y esa vida real es bastante complicada. Como miles de veces lo ha subrayado la medicina, las generaciones jovenes tienen un desarrollo fisico mucho mas acelerado que el de sus padres y abuelos, pero no equivalente en nada al desarrollo psiquico y mental. Si, una nina de 14 anos tiene menstruacion, cuerpo desarrollado y con la ayuda del maquillaje y la vestimenta provocativa puede parecer a 19 anos. Pero todavia duerme con su oso de peluche, se estremece al ver peliculas de terror y le gusta mecerse en los columpios infantiles. Si, a la edad de 15-16 anos, segun las estadisticas, ya descubre el acto sexual, en mayoria de los casos con un chico un poco mayor. Y que? Significa eso que ella esta suficientemente madura para razonar, que conoce suficientemente la vida y que tiene ya acumulados suficientes conocimientos y experiencia para tener opiniones solidas en cuanto a lo que quiere hacer con su propia vida o con la vida del nino que ha engendrado /por lo general erroneamente/? Por favor!!!!! Cada pediatra les dira que a 16 anos la pubertad, con todo lo que eso supone, esta en su pleno florecimiento! Acaso la ley en todos los paises europeos permite contratar con plenos derechos y responsabilidades a los jovenes de 16? Claro que no. Entonces? No les tenemos confianza para darles un trabajo, pero si que puedan decidir solos someterse o no a una operacion, que en algunos casos, y en las mejores clinicas, pueda tener concecuencias irreparables? Me parece absurdo esperar de una adolescente -algo mas, exigirle – un comportamiento que ella simplemente NO PUEDE tener por razones biologicas inviolables. O los juristas y los politicos pretenden “vencer” a la naturaleza, “violarla”? Eso mismo pretendian en los paises del Este los regimenes comunistas, y todos sabemos como termino su experimento.

Creo que la solucion esta en una concecuente y solida educacion sexual, y si se ha llegado al embarazo, la decision debe tomarse por -naturalmente!- la nina misma, sus padres, su medico de cabecera, un psicologo autorizado y un representante de los servicios sociales. Y por que no tambien por el padre del nino – eso significara que cosa es aprender a asumir responsabilidades. Y a partir de 18 anos, libres como el viento. Eso me hace recordar un anecdota historico nuestro, relacionado con la liberacion de Bulgaria del yugo turco. En un pueblo el cadi turco-persona honesta y buena, se preparaba abandonar el pais y se despedia de sus ex-subditos. ” Y bueno, agalar /senores/”, les dijo, “ya me voy, no tienen mas quien os gobierne, vosotros sois sus propios gobernantes. QUE DIOS OS AYUDE…”

Gracias por la paciencia de haber llegado hasta aqui, y una vez mas perdone que una extranjera “se mete” en asuntos espanoles. Pero Espana siempre ha sido un modelo para nosotros, y por eso cualquier decision que tomen nos interesa mucho.

Un atento saludo

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Correspondencias / Lugar fundamental

Me ha parecido excelente el artículo tanto por sus propios méritos como por el argumentario que genera en sus comentaristas. Sin duda debe ser un problema personal mío, pero cuando empecé a escuchar el nombre de la ministra Bibiana Aído en relación con la comisión de expertos sobre la modificación de la ley del aborto, me temí las peores perspectivas, empezando por no entender qué hace el ministerio de Igualdad y dónde está el de Sanidad. También debe ser una impresión el hecho sin fundamento de que después de leer su artículo no me queda claro que todo esté para usted tan claro como sus palabras. Me alegro pensando que para mí tampoco.

Atentamente admirado,

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Correspondencias / Bartleby

Estimado Arcadi:

El aborto es de por sí una red de contradicciones que cada sociedad procura resolver por la ley del mal menor. Entre derechos, para empezar, y a veces formulados en negativo. Los derechos presentes: el de la madre a decidir si tiene o no el hijo, es decir, si asume su crianza y educación o no. El de la sociedad, a regular a través del legislador la solución más acorde con las ideas del gobierno vencedor, las cuales se pueden manifestar como razones o como devociones, religiosas o laicas éstas a su vez. Y derechos ausentes: el del padre, al que sin embargo se le puede reclamar responsabilidad, vía el artilugio del ADN, en caso de que la madre decida tener la criatura, pero él no puede reclamar nada durante el embarazo, tan privatizado por la mujer y sus gestoras. Antes, sociedades supuestamente más primitivas pero a un solo minuto en el tiempo, resolvían –mal que bien, es cierto- el asunto con las bodas de penalti: el padre asumía su responsabilidad en dos momentos, el feliz de la coyunda y el trágico de la boda. Y tenía que mirar muy mucho su acto o lo pagaba. Esta es la gran cuestión ausente en el debate sobre el aborto: la responsabilidad, de madre y padre, en primer lugar, pero también del muy sr. mío que es el legislador que presume de avanzado y el partido-cura que se arroga la propiedad de la vida.

Contradicción también en la definición del momento en que se inaugura la vida, ya que los modernos adelantos solapan la viabilidad del feto (sobre 6 meses) con el plazo para abortar de alguna legislación. ¿En virtud de qué establecer el plazo, la misma inauguración de la vida, sino es de convenciones sociales variables por naturaleza? Pero esas convenciones tiene que ser ágiles en adaptarse a los tiempos porque ¿y si los adelantos nos adelantan?

En cuanto a la “derecha sin paliativos” tiene, en este caso del aborto, sus devociones, no sus razones, como “los vegetarianos”. Y las devociones suelen reducir la variedad de razones y su utilidad.

Saludos

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Correspondencias / Ledo & Prado

En relación a su artículo de hoy, permítame recordarle unos párrafos de Tim Harford que he

Tim Harford

La lógica oculta de la vida


La Constitución de los Estados Unidos proporciona una estructura federal que permite a los distintos estados establecer sus propias normas con respecto al aborto adolescente: algunos permiten a las adolescentes abortar sin la notificación o el consentimiento de sus padres; otros no. Este tipo de leyes dan pasto a la controversia política, pero también brindan un experimento natural a los investigadores. Puesto que las leyes que exigen la notificación del aborto a los padres ponen más difícil a las adolescentes -no así a los adultos- abortar, entonces también deberían desalentar las prácticas sexuales de riesgo entre los jóvenes, en relación con los adultos; siempre, claro, que los adolescentes sean racionales.

No es difícil darse cuenta de que tales leyes de notificación aumentan el coste de quedar embarazada, al menos para aquellas adolescentes que, si hubiesen podido elegir, habrían interrumpido un embarazado no deseado sin decírselo a sus padres. Si los adolescentes miran hacia el futuro y se dan cuenta de esto, también deberían tomar medidas adicionales para prevenir este tipo de embarazos, medidas que, además de la de optar por el sexo oral en lugar del sexo habitual, probablemente incluyan un mayor uso de preservativos, o quizá abstenerse de toda práctica sexual.

El sexo no es un acto premeditado, así que tal grado de previsión puede parecer inverosímil, pero Klick y Stratmann hallaron convincentes indicios de que las leyes de notificación a los padres efectivamente disuaden a los adolescentes de tener sexo de riesgo. Al observar las estadísticas de las clínicas de salud sexual, descubrieron que cada vez que y dondequiera que se promulgan este tipo de leyes, los índices de gonorrea comienzan a disminuir entre la población adolescente en relación con la población adulta, a la que, por supuesto, las nuevas leyes no son aplicables. Parecería que la única explicación para este es que una ley de notificación incrementa significativamente el riesgo que implica el sexo sin protección, y que los adolescentes responden de manera racional a este riesgo.

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Correspondencias / Schultz

Estimado Espada:

El argumento “si puede parir, que pueda abortar” parece incluso razonable, aunque en ese caso el proyecto se queda corto, me temo. Ahora bien, la señora Aído no dijo tal, o yo no lo oí, sino que dijo “si puede decidir tener hijos”. Al instante me acordé de mi tía. Si hubiera sido por su decisión hubiera tenido media docena, pero yo no tengo primos. Me trajo también el eco de otra expresión igualmente bienintencionada: “el derecho a tener hijos”, de la que no recuerdo el autor.

Pero pensando un poco más sobre esa supuesta decisión llegué a pensar que, en realidad, esa es la cuestión, puesto que quien decide intentarlo no parece precisamente candidata a abortar, salvo complicaciones médicas de las que creo no estamos hablando.

El problema, claro está, se centra en quien se encuentra con que tiene un hijo sin haberlo decidido y decidir, precisamente, si ello es causa suficiente para el aborto.

Cuando pienso en la vergüenza que se pasaba hace cuarenta años para comprar un condón y en la increíble variedad, de texturas, tamaños y sabores que le asaltan a uno hoy día desde el mismo mostrador de la farmacia, la cuestión me parece completamente absurda.

Uno puede decidir tener hijos y no tenerlos; por el contrario, si uno decide no tenerlos, es muy improbable que los tenga, salvo aquel incauto tenista alemán.

Sobre embriones, vidas y demás es difícil, por lo visto, ponerse de acuerdo. Más sencillo se me antoja convenir en la necesidad de imbuir en el cerebro de los adolescentes una pequeñita noción de responsabilidad.

Un saludo.

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