6 de marzo

De un indigno al muy honorable

Las elecciones vascas y catalanas gallegas han velado la conferencia que el presidente de la Generalitat de Cataluña pronunció el otro día en conmemoración del 25 aniversario del Institut d’Estudis Catalans. En ella se permitió no ya presionar sino incluso amenazar al tribunal que algún día juzgará la constitucionalidad del Estatuto de Cataluña, y calificó de “indigna” e “hipócrita” la iniciativa de los firmantes del Manifiesto por la Lengua Común. Ya verá qué hace el Tribunal y el Consejo General del Poder Judicial con las palabras del presidente y con tantas otras palabras pronunciadas sobre este asunto por los políticos catalanes. Los jueces tienen cintura de junco con los poderosos. Pero yo no tengo por qué. Ni siquiera con alguien que, probablemente, no sabe lo que dice, como insinúa el uso combinado, en ese contexto, de “indignos” e “hipócritas”: si no lo sabe, que prolongue sus horas de clase y que añada semántica y modales a su aprendizaje de la lengua propia.

El día que el presidente calificó de “indignos” a un grupo de ciudadanos el dictador Fidel Castro utilizaba el mismo adjetivo para rematar a dos miembros destituidos del que sigue siendo su gobierno. La coincidencia no es sólo temporal; el adjetivo tiene una clara raíz totalitaria que emparenta a los dos dirigentes. Más grave aún en el caso del hombre de Iznájar. Al fin y al cabo Castro insulta a un igual; como Jordi Pujol, por cierto, cuando acusó a Felipe González de hacer una jugada indigna en el asunto de Banca Catalana.

El presidente catalán, investido de su autoridad fáctica y de su potencia simbólica, se levanta y señala con su dedo a un grupo de ciudadanos: ¡Indignos! Obviamente estos ciudadanos no han cometido ningún delito ni se han puesto al margen de la dignidad pública o privada, sea cual sea la forma que adopte. Estas gentes firmaron un documento que criticaba la política lingüística en ciertas comunidades españolas. Algunos de ellos eran catalanes, es decir, estaban bajo la jurisdicción práctica y moral del que ahora se levanta y los insulta con repulsiva impunidad. Cualquier inteligencia corriente puede entender lo que supone, en ocasión y auditorio solemne, que la Autoridad se levante y extienda su palabra contra alguien. Si eso pasa en los salones, qué no pasará en la calle. Si eso hace la máxima autoridad institucional, qué no hará el gamberro desestructural. Si eso hace el uno y trino, ¿qué no hará la masa? Yo sé lo que hará. En realidad yo sé lo que ha hecho: seguir las intrucciones.

Hay una diferencia crucial entre don José Montilla y yo. Yo puedo insultarlo.

·

Correspondencias / Alberto González

Lo decía Elías Canetti en su “Masa y Poder”: “Pero la diferencia entre poder y fuerza se hace visible tambien en una esfera muy distinta: en los múltiples matices de la devoción religiosa. Todo el que cree en Dios está siempre en poder de Dios, y está conforme con ello, a su manera”.

·

Correspondencias / Josep-Oriol Magrans

Querido Arcadi,

Gracias una vez más por abrirnos los ojos a noticias ahogadas en el fragor cotidiano.

Como firmante telemático del susodicho manifiesto, me siento también ofendido por los insultos vertidos por este señor de Iznájar, que parece querer enseñarme a ser un “buen catalán”. Si tú u otros firmantes creéis que el ciudadano Montilla, habiendo abusando de su posición como presidente democráticamente elegido de la Generalitat de Catalunya, merecería responder ante la justicia por estos insultos gratuitamente vertidos contra sus administrados, no olvidéis añadir mi nombre a vuestra denuncia.

Sin embargo, pensándolo bien, temo que nuestra denuncia tendría pocas probabilidades de prosperar. No ya por la cintura de junco de algunos jueces; sino porque, suponiendo que el caso fuera visto por un hombre justo, éste no dudaría en eximir de culpa a nuestro ofensor al constatar su escaso dominio de la lengua en general y del catalán en particular. Es por tanto tu carta pública y sus consecuencias todo el resarcimiento que de esta ofensa podemos esperar. Muchas gracias por ello.

·

Correspondencias / Perplejo

Tiene usted un follo. “Las elecciones vascas y CATALANAS”.

Me resulta curioso. Creo que una de las lecturas más inmediatas de lo sucedido el 1 de marzo es que la ciudadanía gallega no se parece en nada a la catalana, al margen del regocijo o consternación que esta disimilitud esté provocando en mis paisanos.

·

Correspondencias / Aulet

Estimado Arcadi:

era de suponer que ibas a hablar del alucinante discurso de Montilla en el Institut d´Estudis catalans. Alucinante en el sentido psiquiatrico del la palabra. Ha aprendido muy bien de Pujol, siempre con la amenaza de “romper el modelo de conviviencia” si se toca una coma de la inmersion. La abstencion en las eleccciones autonomicas o el referendum seguro que es un modelo de convivencia. Dale con la matraca de que no hay que dividir a los alumnos en dos grupos. No es eso lo que muchos pedimos. ¿Que tal una educacion 33% catalan, castellano, ingles?
“En 1980 nadie hubiera podido imaginar una campaña indigna…” Ni tu hubieras podido imaginar que ahora dirias lo que dices. Finalmente, advierte el President en el discurso de que “se corre el riesgo de que se produzca una situacion familiar contradictoria al aprendro os niños un idioma que sus padres no usan nunca”. Ah ! Como molesta la realidad. Tambien deben ser indignos y malos catalanes todos esos que crean una situacion familiar contradictoria… En realidad, el propio President crea una situacion contradictoria al llevar a sus hijas al colegio aleman. No parece que el ni su mujer dominen esa lengua. Ni creo que haya ningun lider politico europeo que aguante semejante esperpento sin que la oposicion se lo eche en cara cada dia.

Los que no pensamos como ´el, los que creemos que cataluña debe ser referente, debe inovar, debe acoger y debe dejarse de gastar tiempo dinero y energia en esta tabarra, ¿que?. Somos sin duda indignos catalanes.

Salud psiquiátrica

Comments are closed.

-->