28 de febrero
Hemos hablado más de una vez de ese libro que alguna vez escribirá alguien sobre la relación entre la crisis económica y la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos. Por supuesto debería incluir más de un capítulo sobre los medios de comunicación y sobre las consecuencias de que ésta haya sido la primera crisis de la era internáutica; y en la misma área de juego el libro debería también deslindar cuánto ha contribuido la crisis particular del modelo industrial (¡siderúrgico!) de las noticias a la percepción de un determinado nivel de la crisis global. Ninguna de esas perspectivas de análisis pretenden negar base objetiva a la crisis. Siempre hay base objetiva para una crisis económica. Las metáforas à la baudrillard, tipo la-guerra-del-golfo-no-ha-tenido-lugar, me producen una gran desazón, sobre todo cuando pienso en las víctimas. Es algo difícil decirle a un trabajador despedido o a un empresario sin crédito que su situación no se corresponde con una base objetiva. Del mismo modo las teorías conspirativas suelen producirme rubor intelectual: y por lo tanto no veo a Obama encerrado en el sótano diseñando con cuatro magnates socialdemócratas una crisis, o una exacerbación de la crisis, que facilitara la llegada del primer negro a la Casa Blanca. Pero, además, es irrelevante introducir la hipótesis de la actuación deliberada. La Era Infame (Bush, Trash) debía acabar en un Apocalipsis, y con las trompetas del Arcángel de la muerte soplando su rencor. Una pura necesidad del relato. Siguiendo con ella, con la dialéctica pura del maestro Expósito, después del Apocalipsis sólo podía advenir la Redención.
Pero me figuré que guardarían las formas.
Hasta este martes 24 nadie había pronunciado una sola palabra de aliento. Nadie, absolutamente. En el relato apocalíptico había momentos espectaculares como ése que protagonizaban, inexorablemente, las más diversas autoridades económicas. Primero decían con su pomposidad habitual que la economía es básicamente un estado de ánimo. Y acto seguido se lanzaban a describir, no ya la situación presente, para la que utilizaban todas las variantes del negro salvo una, sino también la situación futura: impracticable. Debe entenderse a las autoridades: tratarían, ¡y con todas sus fuerzas!, de que la Economía no dejara de ser un estado de ánimo: cuestión de mantener el prestigio. Al desaliento contribuyó de manera destacada el propio Obama. Incluso incurriendo muchas veces en la Gran Depresión. La Gran Depresión ha sido el tótem de esta crisis. Pura estética retro. Blanco y negro de Walker Evans. Confortables cuentos de terror. Una evocación tan precisa como Oscura Edad Media. Por lo demás, puro descerebramiento. Obama practicó el desaliento, como candidato y como presidente. Justo hasta este martes. Justo cuando dejó de ser necesario.
Veinticuatro horas antes se habían escuchado unas palabras muy interesantes. Las había pronunciado el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke: «Si las medidas tomadas por la administración del presidente Barack Obama, el Congreso y la Fed logran restablecer en alguna medida la estabilidad financiera —y solamente en este caso, en mi opinión— existe una perspectiva razonable de que la actual recesión termine en 2009 y que 2010 sea un año de recuperación.» Es un párrafo magnífico, dictado con ese silabeo de la autoridad económica. «Si las medidas tomadas» se refiere a las que habrán de tomarse. «Y solamente en este caso» se refiere a la inexorabilidad de tomarlas. Yo me he especializado mucho en oráculos, como bien sabes. A las palabras de Bernanke siguieron las de Obama. Prosa poética. Pero vale la pena leerla y hasta declamarla:
«Sin embargo, aunque nuestra economía pueda estar debilitada y nuestra confianza sacudida, a pesar de que estamos viviendo tiempos difíciles e inciertos, esta noche quiero que todos los estadounidenses sepan esto: vamos a reconstruir este país, vamos a recuperarnos y los Estados Unidos de América emergerán con más fuerza que antes»
Y no sólo eso. Tras algunos párrafos describiendo la crisis con inspiración puramente teológica, y sobre todo teleológica, concluyó: «Bien, la hora de la verdad ha llegado (Day of Reckoning, literalmente: Día del Juicio Final), y es hora de tomar las riendas de nuestro futuro». No invento trompetas, querido amigo. Hay algo muy llamativo. Cuando hace exactamente un año el presidente Bush presentó su plan de estímulos financieros la palabra «optimista» parecía reservada a él. Bush era muy optimista, decían, por no llamarle iluso. Ahora el optimismo es más bien abstracto. Metereológico. ¡Objetivo!
Así pues, no podían tardar en aparecer. Las Casandras. Es cierto que todos deben de utilizar a la pobre poetisa del miedo. Pero yo la he visto, sobre todo, en manos socialdemócratas. Un columnista de Le Monde, George Ugeux, famoso por haber sido nombrado consejero de Fortis un momento antes de dimitir, escribía ayer: «Los casandras son legión, y son los que tienen interés en anunciar lo peor. Son ellos los que deterioran un clima difícil, pero en absoluto desesperado». Ugeux daba razones para no estar desesperado. La primera es la confianza de los gestores de fondos de inversión. «Hace tres meses el 60 por ciento pensaba que la situación empeoraría. Ahora el porcentaje ha descendido hasta el 6 por ciento. Cielo santo, en tres meses. Aunque se entiende: fueron los meses del Juicio Final. Respecto a la situación en los mercados financieros, Ugeux ve también mejoras. «Quiero poner como ejemplo el mercado de obligaciones: que una Caja de Ahorros de Cataluña puede pedir prestado dos mil millones de dólares y el Barclays Bank 4 mil millones confirma los indicadores de que el mercado de préstamos a tipo de interés fijo y a largo plazo vuelve a confiar en las instituciones financieras y a tener la confianza de los inversores.»
Ugeux sólo es un símbolo, aunque extrañamente preciso y naïf. Las señales se multiplicarán en los próximos días. Y ay del que no entienda los nuevos tiempos. Ay del que quede con los dedos pillados entre el nexo de la puerta, como aquel pobre funcionario del 1984 orwelliano que empezó un discurso llamando a la guerra contra Eurasia y lo acabó cuando Eurasia era ya más fiel aliada que su propia cabeza, la cual rodó nada más bajar de la tarima. Concluido el Juicio Final y sus activos tóxicos, están al caer los buenos tiempos. ![]()
Y la intimidante oferta de bonos del mercado de obligaciones socialdemócrata.
Sigue con salud.
A.
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Correspondencias / Josep-Abel González
Apreciado Arcadi
Le envío este enlace, aunque supongo que conocía el caso. Aquí también nos sobra un “lo que buscábamos era el concepto”, y nos falta una “vista general sobre la playa”.
Un saludo
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Correspondencias / Enrique Bertrand
Estimado Arcadi:
Muchas gracias por el enlace al estupendo opúsculo de Dutton. Un martillazo más (¡y qué bien dado!) contra la mezquina corriente del constructivismo social. Un martillazo que se une a tantos otros que en el ámbito de la tecnología, la ciencia, el diseño o el periodismo (contigo en cabeza en este territorio) intentan recuperar la racionalidad frente a la verborrea “magufa”. Ni siquiera la prosa oscura afrancesada y los estudios de género del equipo filosófico de guardia pueden detener a los universales evolutivos de la especie humana, que se cuelan a borbotones por todos las grietas del edificio constructivista en ruinas.
Con mi aprecio,
Enrique Bertrand


