27 de febrero

‘Mazing of’ de Lazkao

(Para Sergio Campos)

Una de esas tardes de satisfacción y raro acuerdo con el mundo. He estado repasando varias veces el vídeo del hombre de Lazkao. Con aprensión creciente. Cuando lo vi por primera vez me pareció tan veraz, de una indignación tan pura, me pareció la bárbara acción de ese hombre hasta tal punto hija de la desesperación y la injusticia, y tan sincero su agotamiento, y tan humano y frágil su inmediato arrepentimiento ante la figura cenital del padre, que las malas noticias que iba rumiando sobre las circunstancias de la grabación televisiva amenazaban con mi dimisión en todos los frentes. Porque, en efecto, la pregunta más inteligente sobre los mazazos de Lazkao era menos moral que técnica: ¿de qué modo coincidieron esa ira, aparentemente espontánea, y las cámaras de televisión?

La grabación, en efecto, no sólo era oportuna, sino de una gran calidad. No la había filmado la cámara oculta de un banco sino un hombre. ¿Y qué hacía ese hombre ahí? La posibilidad de que alguien lo hubiese llamado era letal. En ese caso Emilio Gutiérrez, aun con todo su valor, no habría sido nada más que un nuevo ente dispuesto a ser filmado. Los hay a miles. Entre los últimos y más memorables, el periodista iraquí que lanzó su zapato contra el presidente Bush, tan aplaudido por los mismos que hoy deploran la rotura de cristales y otros bienes muebles en la taberna. Pero si nadie, ni Emilio Gutiérrez ni otro que él conociera, había avisado a las cámaras; si fuera cierto lo que parecía en la tantas veces falsaria televisión: que cogió la maza y se fue allí en el seco ejercicio de una venganza privada, sin más protección ni énfasis, Emilio Gutiérrez debía ser declarado el primer antihéroe mediático de nuestro tiempo.

Todo el puñetero día mordiéndome las uñas. Hasta que localizo a Gorka González, de la empresa Atlas.

–Habíamos ido a la concentración de la plaza del Ayuntamiento de Lazkao en repulsa por el ataque a la sede socialista. Estaban Patxi López y otros políticos. Había bastantes medios. Cuando acabó el acto, López anunció que se iba a la sede, y los compañeros de las televisiones lo siguieron. Nosotros teníamos dos equipos, uno se fue con ellos y nosotros nos fuimos en dirección contraria. Mientras íbamos andando a buscar el coche, a unos cuarenta metros de la plaza, oímos un ruido de cristales rotos. Nos volvimos. Allí estaba el hombre. Y el cámara empezó a grabar.

López dijo que se iba a la sede. Emilio y Gorka tomaron la dirección contraria. Se encontraron. Ah, la verdad. ¡Existe y es sabido que me pone!

(Links: Verónica Puertollano)

·

Correspondencias / Maite Díaz

Querido Arcadi,

muy buena columna, estàs perdonado de tu cinismo de ayer. Emilio Gutiérrez ha sido un valiente que se ha complicado la vida al punto de poder perderla. Emilio Gutiérrez no son los franceses de segunda generación, nietos de inmigrantes, que queman coches y a los que la policía francesa, les deja hacer, sin tocarles un pelo, desacertada comparación, lo siento, no viene a cuento para nada. Esos lo hacen a oscuras y en bandas.

Comparar a un vasco que vive en una dictadura de la violencia, la de los etarras, con los “malcriados” descendientes de emigrantes, sólo por lo que ustedes creen que es el minuto de fama en la TV que todo el mundo añora, el Big Brother y demàs porquerías mediáticas, da la medida de la importancia de la televisión en la sociedad española de programas mediocres que seguro tienen gran audiencia. La insensibilidad cuando ya no se distingue lo privado de lo público a la hora de enjuiciar un acto, difícil, arriesgado, desesperado, cierto, de rebeldía como la de los que queman coches, pero en el que se juega su vida y posiblemente también la de miembros de su familia.

Besos

·

Correspondencias / José Antonio Montano

Querido Arcadi:

Hoy he relacionado al ciudadano del mazo con un pasaje de Jünger

Un abrazo

·

Correspondencias / Nicolás

Estimado señor Espada: Cantaba Silvio Rodríguez en La maza:

Si no creyera en lo más duro
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo
si no creyera en algo puro.
Qué cosa fuera
qué cosa fuera la maza sin cantera.

Ojalá la falsaria televisión nos mostrara cada día los mazazos tabernarios de los que colocan carteles con despilfarro de fascismo, para qué la duda no nos sobrevolará cuando los herriko cristales saltan por los aires. Un cordial saludo.

·

Correspondencias / Juan Abreu

Mi querido Arcadi, no puedo dejar de ver el vídeo de Emilio. Qué gran satisfacción. Qué maravilla. Por fin. Siempre me ha provocado cierto estupor la pasividad con que las víctimas (excepciones aparte) del terrorismo etarra se toman las cosas. Le pegan un tiro a tu padre o a tu hijo en la nuca y lo primero que dices es: no quiero venganza. Y después aceptas que el asesino, cuando cumple su condena trucada, se mude a los bajos de tu casa. ¿Que qué se puede hacer? Sacarlo a patadas, por ejemplo.

¿Es sólo miedo? Sería humano, por descontado. Pero sospecho que hay algo más: de alguna manera el sistema, las normas, juegan a favor de los malos. ¿Es demasiado aventurado decir que esa situación está relacionada con la falta de libertad que sufren los vascos?

Otra cosa que resulta desasosegante es la pasividad del estado español. Doscientos mil ciudadanos españoles se ven obligados a exiliarse de la región española en la que viven y… normal. No pasa nada. Ni siquiera se habla del asunto. El Ministerio de Cultura ni siquiera cree necesario otorgar una subvención al cineasta que, afrontando mil riesgos, se atreve a hacer un documental sobre el asunto.

Por eso creo que es importante que cunda el ejemplo de Emilio. Sería estupendo que los matones comiencen a tener miedo. No es el panorama ideal, claro, pero lo cierto es que la democracia española no puede asegurar democracia para Emilio. La gente como Emilio tiene que huir.

Abrazos.

·

Correspondencias / Carlos Gómez

Estimado Arcadi:

Esperando estoy que alguien salga del armario y diga que el GAL no estuvo tan mal después de todo. Nos hemos pasado varios años defendiendo la Constitución y ahora resulta que no es suficiente, que está a favor de los malos, y que viva el ojo por ojo. ¿En qué quedamos? En los años de los GAL, ETA mataba a decenas de personas cada año, parece que ya nadie se acuerda de eso. ¿Todos estos años de luchar respetando las reglas no han servido para nada, entonces?

Sobre los emigrantes, me pregunto de dónde saca Juan Abreu su cifra de 200.000 exiliados políticos. ¿Se basa en alguna encuesta? Leyendo este análisis me resulta curioso que un país en el que se vive tan mal y del que huye tanta gente tenga un saldo positivo de inmigración.

Saludos

·

Correspondencias / Antonio Donaire

Estimado Sr. Espada:

Desde luego, si alguien sale diciendo que el GAL no estuvo mal del todo (o en parte), yo me borro. Pero en el acto de destrozar una herriko taberna no hubo sangre, como bien ya ha apuntado Vd. Esto es fundamental. Si el Estado hubiera aplicado la justicia, esto no se habría producido: no existiría una herriko taberna abierta. No sé en qué quedó el asalto (nada espontáneo éste) de Joan Puig a la casa/piscina de Pedro J. Salvando las infinitas distancias, Joan Puig asaltó una propiedad privada por un supuesto bien superior: salvar las costas. Para mí, un hombre desnucado es un paisaje más triste que una costa edificada. También recuerdo una canción de Sabina dedicada al Dioni (“Con un par”) en la que alababa eso de llevarse el dinero, y darse el piro, sin pegar un tiro. Por otro lado, en el 97, justo después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, también se asaltaron herriko tabernas. Fue el único momento en que los fascistas vieron la cosa desde el otro lado. Yo no quiero que vean la cosa desde el otro lado. Me niego. Quiero la Constitución. Me gustaría, eso sí, que anduvieran por la calle con la misma libertad con la que andan los demócratas constitucionalistas, es decir, me gustaría la inversa. O sea, que hubiera democracia para todos allí.

Saludos

Comments are closed.

-->