11 de febrero
Toda la polémica sobre el cuerpo yacente de Eluana Englaro se reduce a la definición de vida. Por lo que se conoce del caso no cabe pensar que la ciencia, ¡ni tan siquiera la fe razonable!, imaginara el milagro que a veces da el coma y una recuperación más o menos convencional de ese cuerpo. Es decir, ni siquiera los más supeficiales defensores de la sonda invocaban la posibilidad de una… vuelta a la vida. La discusión, obviamente, es sobre las condiciones que deben cumplirse para hablar de vida. Sumariamente, hay personas que consideran que un cuerpo que respira es un cuerpo vivo. Sumariamente también, hay personas que consideran que un cuerpo inmóvil e incapaz de comunicarse es un cuerpo inerte. En realidad, la actitud de los primeros cuadra con sus convicciones respecto al aborto o las células madre. Si consideran que hay vida desde la fecundación cómo no van a considerarlo en el caso de la señora Englano. Aunque, ciertamente, hay un matiz que es preciso subrayar. Estos grandes defensores de la vida, como se llaman a sí mismos, suelen mostrarse muy contrarios a cualquier intervención “artificial” en los procesos de gestación: prefieren niños enfermos antes que la selección genética. Sospecho que, ahora, no han debido de meditar sobre los sofisticados mecanismos “artificiales” que les permitían seguir hablando de la vida de la señora Englano. Se han convertido, de pronto y quién lo diría, en unos implacables promotores de “la vida de laboratorio”, el sintagma que tanto les repugna.
Enfrente están las personas que, aun cargando con las incertidumbres lógicas, se resisten a llamarle vida a algunos trances celulares. Es probable, pienso a veces, que tengan de la vida un concepto algo más alto y grave que sus representantes oficiales. Estas personas, y en especial en Italia, han sido sometidas a un fuego sentimental y mediático (ya es uno y lo mismo) del que hay muy pocos precedentes. Y en el fuego, de cirios y de hogueras, ha destacado una táctica importantísima en la que han caído inexorablemente hasta los medios más proclives a la defensa de la razón humana. No hemos visto, al menos no lo he visto yo, una sola foto de la señora Englano en su cama y con sus sondas. Ni siquiera, habrán observado, la llaman como debe llamarse a una mujer de 36 años, que es “señora Englano” y no “la joven Eluana” o “Eluana” a secas. Quien ha aparecido en los periódicos no era un cuerpo muerto, sino una joven reventando de vida y futuro. ¡Yo también defendería esa vida! Pero acabó, y ya sólo vive en los periódicos y otros graneros de la ficción.
·
Correspondencias / Carlos Gómez
Estimado Arcadi:
Como suele ocurrir en estos temas, matizo. No me incluyo en los hipocritones que prefieren niños enfermos antes que selección genética (que haberlos, haylos). Sólo que hasta ahora la selección genética no es tal, sino selección de personal. Se elige y se desecha el ser humano completo. Todavía estoy por ver que la ciencia invente esa selección genética que algunos, como usted, dan por existente (supongo que es cuestión de fe).
Sobre Eluana, comprenderá que yo considero que lo suyo era vida. Pero lo que me interesa de este caso es la lucha de poderes entre el Estado y la Familia. Es curioso que los mismos que se niegan a que el Estado enseñe sus valores en la escuela (Educación para la Ciudadanía) son los que defienden la intromisión del Estado en la vida de Eluana. Y viceversa: los partidarios de que el Estado se inmiscuya en la educación moral de los niños, reivindican el papel de la Familia cuando se trata de decidir sobre una vida. Yo no lo tengo claro, sólo veo la contradicción de fondo, que por lo que se ve sólo resuelven los jueces.
Saludos
·
Correspondencias / Ángel de la Rosa
Estimado Sr Arcadi:
Tras leer su columna de hoy en el diario “El mundo” sobre la chica ya fallecida Euliana Englaro, no he podido evitar compararlo con el artículo de Ernesto Galli della Loggia publicado ayer en el mismo diario. ¡Qué manera tan diferente de abordar un mismo hecho!. Mientras que el artículo de Ernesto Galli nos lleva a la reflexión y el análisis de las circustancias que han rodeado la muerte de Euliana, como paso previo a un posicionamiento ideologico, ético o religioso, el suyo óbvia esa reflexión para establecer de partida una línea divisoria entre los que no piensan como usted y los que sí y a partir de ahí construye su discurso. Tengo que reconocerle que guardo recortes de algunos de sus artículos, pero de este último creo sinceramente que cae en esos defectos que tanto critica en su libro “Periodismo crítico”.
Un cordial saludo,
·
Correspondencias / Miguel Rivas
Estimado Arcadi:
Corren tiempos de reality. Es lógico que usted y todos nos preguntemos por qué faltan esas fotos que ayudarían a poner los hechos (¿el cadáver viviente?) encima de la mesa. Que no las haya es una muestra
de dignidad y el respeto a la opinión de Eluana Englaro.
A Eluana le gustaba el esquí. Según cuenta su padre, quedó horrorizada al ver las fotografías de un esquiador, que tras un accidente y posterior coma había difundido la familia.
-Si alguna vez me pasa algo así, no dejéis que me vean en ese estado.
Saludos.
·
Correspondencias / Claudio Ortega
Sr. Espada,
En lo que hace al debate italiano acerca del final de Eluana Englaro, hace usted un útil hincapié en la corrección de los términos y conceptos. No estoy muy de acuerdo con usted en lo que hace al de ‘vida’, principalmente porque no creo que sea primordial en este caso. Si coincido en el recurso sentimental que se esconde trás la elección de uno u otro nombre para la protagonista (pasiva) de esta historia. Pero, puestos a vigilar los nombres, hay otro muy en boga que me parece igualmente hipócrita. Es el de ‘derecho a morir’. ¿Qué demonios quiere decir derecho a morir? Para bien o para mal, ese es un derecho, si se quiere llamarlo así, que todos tenemos asegurado. Los que defienden ese derecho deberían referirse a lo que defienden con las palabras justas. Probablemente ‘derecho a ser asesinado’ sería más preciso y establecería adecuadamente los términos de la discursión. Gracias por su atención.
·
Correspondencias / Rafael Pérez
Estimado Arcadi Espada:
Me sorprende la violencia que es usted capaz de exhibir, en su “Por la foto parece viva” de hoy, contra quien opina de forma contraria a la suya en asuntos tocantes a la manipulación de embriones, el aborto y el momento de comienzo de la vida humana. La expresión violenta de opinión, lo digo por mi propia experiencia, suele obedecer a un no tenerlas todas consigo, pero en todo caso no permite avanzar un palmo en un a materia sobre la que, en mi opinión, conviene mantener elementos de acuerdo social lo más amplios posibles.
Permítame, en este ánimo, enviarle unos comentarios que espero puedan considerarse como argumentaciones. Mi interés es siempre intentar intercambios de opiniones, pero ya me imagino que las solicitaciones que reciba usted en tal sentido superarán sus meras capacidades físicas.
Los comentarios que le envío reproducen, en primer lugar, un par de recientes preguntas-respuestas entre usted mismo (AE) y Fernando Savater (FS), con un comentario adicional mío (RPD) en cada caso. Discúlpeme si no me pronuncio sobre el caso de Eluana Englaro, acerca del cual podría expresar opiniones contrapuestas que encuentro en mí mismo pero que no tengo suficientemente meditadas. Discúlpeme también si no soy capaz de argumentar de forma corta, en estos asuntos al menos sólo soy capaz de producir argumentaciones largas..
A- Del diálogo entre AE y FS:
AE. ¿Qué es, exactamente, lo que nos hace humanos?
FS. La capacidad simbólica.
AE. Y un bebé ¿qué capacidad simbólica tiene?
FS. La que va a tener.
RPD. La que va a tener porque tiene un ADN humano y se va a insertar en la sociedad humana. ADN humano que tiene desde el preciso momento en que fue un embrión recién fecundado.
AE: ¿Podrá ayudar la ciencia en tales dilemas morales? Puede llegar un momento en que se distinga en el proceso de creación de la vida un instante en el que empiece a existir la conciencia.
FS. La ciencia no fundamenta la ética, sino que ayuda a saber en qué cosas debemos pensar. La ciencia describe el mundo y la moral actúa en el mundo existente, en el mundo real.
RPD. Es seguro que la conciencia empezará a existir bastante después de haber nacido el niño y que se pierde en procesos de envejecimiento o enfermedad cerebral. Esperemos que la ciencia no llegue a otorgar licencia para matar a niños nacidos ni a viejos con altzeimer.
FS. Es muestra de salud moral que una persona dude antes de abortar, aunque el niño tenga una semana.
AE. En eso, de acuerdo.
FS. Es un problema moral, lo que no tiene por qué ser un problema legal o penal. Luego alguien pretende resolverlo y dice que con 6 cm no se tiene sistema nervioso, pero es un problema moral evidente.
RPD. No tiene por qué ser un problema legal, pero puede también serlo. El abandono en institución pública de un niño nacido no tendría por qué ser un problema legal ni penal, pero lo es. Y la medida de cuándo empieza el problema legal ¿es la aparición del sistema nervioso, o el ADN que inexorablemente hará que se desarrolle tal sistema nervioso?
·
Correspondencias / Antonio Donaire
Estimado Sr. Espada:
Si la medida que nos hace humanos es “la capacidad simbólica que se va a tener”, es dudoso que un embrión o un bebé estén en esa categoría (nadie puede afirmar un futurible), estarían en la categoría de probables humanos. Si admitimos que eso quiso decir Savater, es decir, que es muy probable que, si todo se desarrolla como es previsible, un bebé desarrollará su capacidad simbólica, entonces creo que no sólo un embrión recién formado (como bien dice Rafael Pérez), sino también un conjunto de un óvulo y millones de espermatozoides deberían encontrarse en la misma categoría (obviamente, siempre que se den ciertas circunstancias, pero esto sucede también para el bebé y para el embrión). No me parece un buen criterio el aportado por Savater en este punto, con todos mis respetos a mi admiradísimo Savater. El tema debería, en mi opinión, ceñirse a lo que se es, lo que es lo demostrable y está delante, y no a futuribles, por muy probables que éstos sean.
·
Correspondencias / Carlos Gómez
Estimado Arcadi:
El Código Civil español da derechos a los nasciturus basándose en un futurible, que nazcan:
Artículo 29.
El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente.
Artículo 30.
Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno.
Quizá Antonio Donaire tenga razón y esto no tenga ninguna lógica. Pero siguiendo su razonamiento, una de dos: o se dan derechos a los gametos, o se les quitan a los concebidos.
Saludos
·
Correspondencias / Rafael Pérez
Estimado Arcadi Espada:
Duda el corresponsal Antonio Donaire sobre si, al pretender aplicar al niño, al feto y al embrión “la capacidad que se va a tener” no habría que aplicársela también al óvulo y los espermatozoides que lo rodean (o rodearán potencialmente, supongo). No, en mi opinión. La Declaración de Derechos Humanos menciona en su preámbulo la “dignidad intrínseca… de todos los miembros de la familia humana” como fuente de derecho. La dignidad “intrínseca” parece que “no se hace”, sino que se la considera inherente a la naturaleza humana, sin más momento de comienzo que el de cada ser de la especie. Cuando sabíamos menos acerca de nosotros mismos seguramente era razonable elucubrar sobre el momento del advenimiento del alma al nuevo ser, porque era el alma lo que se consideraba que lo diferenciaba de otras especies. Pero ahora que sabemos un poco más, ¿cuál es la barrera temporal para determinar que el feto, que el embrión es un ser humano?: ¿el desarrollo neuronal y cerebral? ¿o la mera capacidad de tal desarrollo neuronal y cerebral? Es decir, ¿acaso no es el GENOMA lo que inequívocamente determina la pertenencia del embrión y del feto a la especie humana? Así me lo parece a mí, casi de forma incontrovertible. El embrión y el feto no son ningún futurible humano: ya contienen el material genético que los hace miembros específicos, individualizados de la especie. Creo que esto no se puede asimilar al caso del óvulo y los espermatozoides, que son simples partes del cuerpo del hombre y la mujer previos, uno y otros con sus ADNs propios pero sin constituir aún ningún nuevo ADN en un nuevo ente, el embrión, capaz de desarrollarse al dictado del nuevo ADN.
Esto tiene, creo yo, alguna importancia a la hora de establecer fronteras morales y de derecho positivo: ¿cuál es, por ejemplo, la frontera para autorizar el aborto sin mayores condiciones? ¿por qué la semana 12 y no la 14 o la 20? Parece conveniente aprovechar los nuevos conocimientos que hemos adquirido recientemente para ayudarnos a determinar por dónde pasa la línea de la pertenencia a la especie humana, pues ¿qué es, si no, lo que otorga “dignidad intrínseca a los miembros de la familia humana”? ¿El desarrollo del sistema nervioso?: si se le deja en el vientre, es seguro que se desarrollará. ¿El momento más allá del cual el feto podría sobrevivir en incubadora?: ¿pero cómo ha de ser la incubadora y no el vientre humano la fuente de “dignidad intrínseca” de nuestra Declaración de Derechos Humanos?
Quizá ello nos llevara, dando esto por sabido, a poner encima de la mesa lo que realmente está en juego con, por ejemplo, el caso del aborto sin peligro para la vida de la madre ni de deformaciones del feto: de lo que estamos hablando no es de la naturaleza ya humana del feto o del embrión, sino de la contradicción real con la que pretende justificarse la ley de plazos: el no querer, simplemente, hacerse cargo del futuro niño.
Esta negativa a hacerse cargo del que nazca, ¿debe implicar el derecho a interrumpir su vida? No veo por qué. Me parecería una solución más racional que la madre pueda negarse a hacerse cargo del niño ya nacido (o por nacer), el cual sea acogido por instituciones del Estado o por particulares: me pregunto si lo razonable no sería que la negativa de la madre embarazada a hacerse cargo del futuro nacido debiera contemplarse bajo supuestos jurídicos de renuncia o pérdida de patria potestad o de tutela. Pero que tal renuncia a los cuidados, a la mera convivencia futura otorgue algún derecho a interrumpir la vida del feto me parece un desenfoque más que notable. ¿Quizá no habría capacidad social y económica para hacerse cargo de las decisiones de abandono del recién nacido?: no lo sé, pero desde luego ésta ya sería otra discusión bien distinta.
·
Correspondencias / Francisco González
Estimado amigo:
Creo que las dos capturas que me permito adjuntarle se explican solas. Las he tomado poco después de las doce de esta noche (es decir, hace un rato). Yo no soy periodista, pero el hecho de que dos tercios de los agresores por Internet sean chicas me parece un dato más informativo que el que un 60% de víctimas (tan cercano al 50% estadísticamente irrelevante) sean igualmente chicas. Tampoco soy socialdemócrata; igual eso explica mis problemas de juicio. Aunque le he copiado solamente los titulares, en el resto de la noticia de de El País hay referencia alguna al sexo de los agresores. Y los dos diarios han leído el mismo informe, por cierto (de la asociación “Protégeles”).
Un saludo cordial.

