30 de enero

Fragmentos de correspondencia

De FJ: «Has sido manifiestamente injusto con Izaskun, con su esfuerzo por hacerse un hueco en el duro y competitivo mundo laboral; despectivo con las personas, desde sus padres, demás familia, amigos y formadores que han luchado por hacerla, durante años, Arcadi, “capaz” de llegar a Tengo una pregunta para usted; y cruel con una ingente cantidad de personas discapacitadas que nunca podrán llegar a ser “diputados”, “camioneros”, “espías”, y ni tan siquiera, añado yo, periodistas desalmados.»

A FJ: Lo que hay en mi columna es un acto de consideración a los enfermos. Desde el principio, claro, que consiste en considerarlos “enfermos” y en no mentirles (y mentirnos) considerándolos “característicos”, “singulares” y todas esas zarandajas. Me desmoraliza la utilización que hizo de ellos la televisión pública, el presidente del Gobierno y también nuestro periódico cuando, al día siguiente, trató de convertir a uno de ellos en político, arrancándole unas patéticas (inexorablemente patéticas), declaraciones. El principio de la dignidad es el reconocimiento de lo real. Y, en simétrica equivalencia, el principio de la crueldad consiste en una determinada ficcionalización de lo real. Así, mediante este recurso, el hombre es capaz de torturar, de ponerle a otro una pistola en la nuca o de engañar a un niño enfermo en parecidos términos a lo que hacía la televisión franquista con aquel Reina por un día inolvidable.

De Aulet: «Las palabras son importantes ¿no?. El síndrome de Down no es una enfermedad, sino una alteración genética (“cromosomopatía”). No creo que lo encuentre definido como enfermedad en ningun texto o web solvente. La discapacidad mental que afecta a las personas con síndrome de Down tiene muy distintos grados. Los avances en el tratamiento de todas las alteraciones y enfermedades que afectan a las personas con Down han sido muy importantes en los últimos años, favoreciendo su autonomía.»

Para Aulet: Puedo estar equivocado, como es natural, pero no de una manera indocumentada. Conozco el discurso acerca del síndrome de Down como “característica”. Lo que sucede es que no me parece correcto y no quiero usarlo. Equivocado o no yo aspiro a escribir con las palabras de todos; y no con las palabras propias (e intransferibles) de los economistas, los poetas, los políticos, los periodistas y… los afectados por el síndrome de Down. Así pues para hablar de esa desgracia me basta con saber (y esta vez de acuerdo con el diccionario, que no siempre pasa) lo que es la salud y lo que es la enfermedad.

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Correspondencias / Raúl Gay

Hola Arcadi,

He leído el mensaje de FJ sobre Izaskun y discrepo de sus opiniones.

Copio y pego parte de un artículo que publiqué en soitu.es. Creo que será una de las pocos textos en contra de Izaskun, de la respuesta de Zapatero y del corporativismo de los minusválidos. Y, seguramente, será el único escrito por un discapacitado. Espero que te interese.

Dos preguntas destacaron del programa -cada edición más vergonzoso, más innecesario, más dirigido hacia la propaganda- Tengo una pregunta para usted.

(…)

La segunda pregunta la hizo Izaskun, una dependienta con síndrome de Down. Sin pretenderlo, demostró que el presidente, Lorenzó Milá y las otras 99 personas que estaban en el plató no tienen la más mínima idea de cómo se debe tratar a un discapacitado psíquico.

Pero vayamos por partes.

Para empezar, la pregunta fue incorrecta por partida doble. Los diputados no son trabajadores normales, ninguna empresa los contrata (aunque podría decirse que lo hacen, metafóricamente, los partidos políticos) y no existe cuota para minusválidos. Así que Izaskun -señal clara de que no la consideraron una participante más: repitieron tanto su nombre que nos acordamos de él: ¿alguien sabe cómo se llamaba el traductor?- no conoce los mecanismos que llevan a una persona al congreso ni los requisitos para optar a un trabajo reservado.

Y la pregunta fue incorrecta en el fondo. No debería haber pronunciado esas palabras en televisión. Ni siquiera debería haberse planteado escribirlas. Como mucho, podría haber intercambiado su pregunta con otro participante. Eso hubiera sido interesante. El traductor preguntando por minusválidos y la discapacitada por morteros y tanques.

Pero no. Se supone que cada uno debe velar “por su interés”: si es inmigrante, preguntar por los inmigrantes, si es gay por los gays, si es ama de casa por las amas de casa… Una forma eficaz de no llegar a la clave, a lo que afecta a todos (esta expresión está corrupta desde que la usa Rajoy, pero no podemos eliminar palabras sólo por que las haya utilizado nuestro enemigo político; de aquí sale otro debate, pero será para otro post).

El día que un minusválido pregunte al presidente sobre las denuncias de Amnistía Internacional, sobre la legalización de la eutanasia, sobre la necesaria reforma de la ley electoral… ese día sí se habrá “integrado” (vaya expresión) en la sociedad.

Mientras, lo único que Izaskun ha conseguido son 2 minutos y 49 segundos de fama, el aplauso de 99 desconocidos, la sonrisa forzada y conmiserativa del presidente del Gobierno y las palabras paternalistas (y qué descarada forma de advertir a Zapatero de la que le venía encima…) del presentador del Telediario 2 de TVE.

De nuevo, quizás he atacado demasiado al ciudadano; voy a por el presidente.

¿Qué forma de hablar es ésa? ¿Por que se acercó tanto? Me recuerda al modo en que un adulto explica la muerte a un niño. Palabras claras, mucho gesto, tono suave. Dice querer integrar a los discapacitados, pero empieza por tratarles de forma bien diferenciada. Curiosa forma de nivelar.

Por cierto, un presidente no pude tolerar que pasen por buenos datos erróneos. Y menos en público. Corrigió datos económicos, pero no la tontería de poner un cupo para el Congreso. ¿Por qué? Por piedad, dirán algunos. Por incompetencia, digo yo. Por no saber tratar a todas las personas por igual.

Dijo Zapatero, “La respuesta es sí”. Si cumple el perfil, podrá trabajar en la Administración. Exquisitamente correcta, pero le faltó firmeza. Dejar claro que en España todos deben tener las mismas oportunidades. Por ley. No porque quede bien en televisión o porque los minusválidos den pena. Con esta respuesta está diciendo a los empresarios, “Poned un retrón en vuestra empresa: luce mucho; y, además, desgrava”. El mensaje no debía haber sido para Izaskun, sino para los empresarios. Debería haber dicho: “Desafortunadamente pocas empresas cumplen con la ley; a partir de ahora, aquellas que no tengan minusválidos en su plantilla y adapten de forma eficaz su puesto y horario a las condiciones del trabajador, (siempre dentro de la operatividad y siempre que exista oferta de trabajadores), serán severamente multados. Así que ellos verán”.

No dijo esto, y se equivocó de principio a fin.

Una puntualización antes de terminar. Una persona con síndrome de Down jamás podrá ser diputado, mucho menos ministro. Es deseable que quienes mandan en este país sean más o menos inteligentes (aunque la frase fácil es que hay mucho estúpido en política). Franklin Delano Roosevelt dirigió Estados Unidos desde una silla de ruedas. No hubiera podido hacerlo con un cromosoma de más. Así de simple.

Un saludo

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