25 de enero
Tres hombres, Gonzalo, Rafa y Rodel, preparan mil croissants al día con mantequilla, harina, agua, una punta de azúcar y una pizca de sal. El agua y la harina se mezclan en la amasadora, pero la reina amarilla hay que incorporarla luego, fría y a mano. Según la estación, la temperatura y la humedad los tres maestros varían sutilmente las proporciones. Luego extienden y doblan, extienden y doblan, rodillo en mano. Uno doble y tres sencillos. Tras la última extensión cortan el pastón en triángulos, los enrollan sobre sí mismos y les tuercen las puntas. El croissant pasa la noche en la cámara y estalla en mil hojas al día siguiente, a más de 200 grados. Todos se comen. Pero siempre hay algún infeliz que dice el adiós a la vida convertido en pan de molde.
Mantequilla
Como en el puré de Robuchon
Sólo es mantequilla
Y la certeza de que en lo más inalcanzable
–Felicidad–
Hay siempre una estrecha economía de ingredientes.
Cruasanes del mundo, pandilla
deformes, hiperbólicos, cornudos,
garrafales, empanados, vegetales,
áridos, embutidos, mermelados
En la plena ignorancia de tanta bastardía
se dora y se deshace lentamente
El croissant de Sacha
Amor de madre
Alternativa cívica
Oración de la mañana, eucaristía.
(Un instante de felicidad. Lumen, 2001)
·
Correspondencias / Maite Díaz
Querido Arcadi,
Qué maravilla…yo he perdido el hàbito, pero me levantaba temprano los domingos y compraba croissants y el periódico. Nunca he hecho hojaldre porque es muy trabajoso y difícil, hago empanadas con una receta de mi madre, muy sencilla…con harina y mantequilla y huevos. Aquí las hacía en fin de año para los colegas de Orsay y les encantaban, quedan preciosas y sabrosas. Gracias por los croissants, bon dimanche ah y excelente la mise en page fer à droite.
·
Correspondencias / Juan Abreu
Mi querido Arcadi, hace unos días amanecía yo en París bajo la nieve y, bien abrigado y acompañado de hermosa tigresa, lo primero que religiosamente hacía era irme a la iglesia, es decir a la pastelería más cercana. Allí, levitaba en presencia de las puntas torcidas de Dios. Sabes que mi paladar es un desastre gracias al ídolo de la socialdemocracia española que liberó a los cubanos, ay, también, de la comida. Por tanto, perdonarás que diga aquí la siguiente barbaridad: un croissant en París sabe a gloria en cualquier parte. ¡Hasta en la cafetería del Museo del Louvre!
Ah, ver caer la nieve en París y uno al pie de un croissants con chocolate caliente. Y luego estos ateos dicen que el Cielo no existe.
Abrazos.
J
·
Correspondencias / Santiago Navajas
Estimado sr. E:
«Cambiaría el más bello atardecer del mundo por un solo mordisco de un croissant de París. Particularmente cuando no se pueden apreciar los detalles. Sólo las formas. Las formas y el pensamiento que las hizo. El croissant de París y la voluntad del hombre hecha visible. ¿Qué otra religión necesitamos?»
La cita original rezaba (ejem) en El manantial (según la wiki pero que no he conseguido encontrar en mi ediciónl):
«Cambiaría el más bello atardecer del mundo por una sola visión de la silueta de Nueva York. Particularmente cuando no se pueden ver los detalles. Sólo las formas. Las formas y el pensamiento que las hizo. El cielo de Nueva York y la voluntad del hombre hecha visible. ¿Qué otra religión necesitamos?»
Ayn Rand era manifiesta y agresivamente atea. El manantial es un libro manifiesta y agresivamente blasfemo (más que por fe, por ánimo de incordiar).
Buenas noches, sr. Espada
·
Correspondencias / Ernesto Hernández-Busto
Le Figaro de hace unos años. El mejor croissant de París
Abrazos.




