12 de noviembre
Iba a hacer una broma, pero me abstengo, porque al papel le van mal las bromas. Otra cosa es el manejo de las bromas que permite la edición digital. Iba a escribir… No, de hecho lo tenía ya escrito: «He leído con absoluta estupefacción el artículo de Sarah Palin que publicó ayer este periódico, este Seré la Primera Madre, escrito poco antes de las elecciones, y donde la señora Palin deja ver quién es perfectamente». La columna iba a seguir cuesta abajo, fácil y limpiamente hasta la pirueta de la coda, donde iba a figurar la misma, exactamente, que figurará ahora, en cuanto llegue, un párrafo seleccionado del artículo, con su firma real, es decir, la de Michelle Obama. Por ahí en medio iba meter una traca sobre la señora Palin, y un recado de escribir a mi compadre Christopher Hitchens, que tanto la hirió: ¡De buena nos hemos librado!, iba a escribir. No nos hemos librado. El artículo, una supuración de pensamiento tradicional de la punta al cabo, está firmado por la mujer del nuevo presidente de América. Alguien que reserva para las madres el papel de organizadoras en jefe de las fiestas en pijama de sus hijas. Y que, naturalmente, invoca a Dios, como supremo hacedor de todo el potencial que cada americano lleva dentro. Se trata del mismo Dios que invocó Obama, al final de su gran discurso de Chicago. Y del que invocaba George Bush (según Bob Woodward y para gran rechifla de la feligresía socialdemócrata) antes de cada reunión con sus ministros. El mismo Dios, también, de esos votantes que en California votaban a Obama con una mano y con la otra decían no, como la Reina de España, al matrimonio homosexual.
La victoria de Obama ha sido, desde el punto de vista ideológico, una victoria transversal. Gracias, sobre todo, a la piel. Gracias a la piel quiere decir, dolorosamente, que si el candidato negro hubiese sido republicano, muchos negros lo habrían votado. Ser transversal no es ningún desdoro, obviamente. Lo ha sido Sarkozy y su rassemblement. Y lo ha sido Zapatero, generosamente abierto a la reacción en su alianza fáctica con el nacionalismo. Cualquier proyecto político de éxito ha de serlo. Pero conviene recordárselo ahora a todos los cebolletas que, especialmente en las culturas subalternas, han colgado a Obama entre los pósters del Che y el Guernica. Ahí puede quedarse, desde luego; pero que sea un Obama que vaya con Dios, el matrimonio brut nature y la primera madre.
(Coda: «Incluso como Primera Dama, mi tarea número uno sigue siendo la de ser mamá. (….) Mi primera prioridad será asegurar que mis hijas se mantengan sanas y estables, y que tengan una infancia normal, con deberes, coros, bailes y fútbol». Michelle Obama, El Mundo, 11 de noviembre.)
Correspondencias / Manuel Arias
Estimado Arcadi:
Yo había leído durante el fin de semana el Special Report del Economist,
que, como señalas, algo dice con desgana sobre la verdad de Cataluña.
Siempre han sido, en todo caso, muy condescendientes con España y con una
parte de su clase política: Guerra Civil y transición generaron un
estereotipo sobre los motores del progreso español -y sobre sus rémoras-
todavía resistente.
En todo caso, lo que me llama la atención es el desparpajo provinciano con
que la Generalitat “exige disculpas” al semanario británico, en la calle
apenas desde 1843. ¿Qué clase de relación existe entre una institución
como la Generalitat y una publicación extranjera independiente? Mejor
aún, ¿qué clase de relación es la que la Generalitat cree instituir
mediante semejante pataleta pública? Es grotesco.
Quizá las arcas catalanas podrían seguir el ejemplo de Extremadura y pagar
con el dinero de todos los españoles, en The Economist, algunos anuncios
que proclamaran: “Somos Cataluña”. Porque lo que me resisto a olvidar,
ante este tipo de comportamientos, es que detrás no están sólo los
partidos políticos nacionalistas y filonacionalistas, sino una sociedad.
Sí, una sociedad que los vota y los sostiene. Igual que en País Vasco.
Igual que en Galicia. No se olvide.
Por otro lado, no creo que el mito de la Cataluña y la Barcelona modernas,
no, digo mal, hipermodernas, espejo de Europa y nunca de la meseta, pueda
resistir mucho más tiempo ante embestidas de este jaez. O quizá sí.
Consérvate bueno.
Manuel Arias Maldonado

