23 de agosto
La autodeterminación del barrio de Gracia
Esta primavera pasamos una noche muy agradable en compañía de tres jóvenes. Uno de ellos había vuelto de Italia con mortadela y quiso invitarnos a su casa. Vivía en un alto cubículo del barrio de Gracia, a un par de manzanas de la llamada plaza del Poble Romaní, que es como el Ayuntamiento de Barcelona llama a los gitanos. La noche de abril era templada y cenamos con las ventanas abiertas a la calle. A eso de las diez empezó a oírse una música. Muy cerca. El joven anfitrión se vio obligado a explicar que había concierto en la plaza. Yo le pregunté qué se celebraba y él frunció los labios con extrañeza y dijo: “Nada, nada”. La música salía a dos manzanas de allí, pero debo decirte que nunca llegó a dificultar gravemente la conversación. Unas canciones gustaban más que otras, pero así va el mundo. Como ya habíamos alcanzado la una de la mañana y, fuese por mi alcohol o por el alcohol de la plaza, la música resonaba cada vez más fuerte y desagradable en mis oídos comenté la indignante mas probabilísima hipótesis de una noche en la que uno quisiera dormir, en su casa, en su ciudad, arrullado por sus impuestos, y no pudiera hacerlo ni a dos manzanas. Este tipo de comentarios, repensados, pondrían lúgubre a cualquiera de mi edad. Pero sabes que los hacía ya a los veinte años y me muevo por ellos con una naturalidad máxima. El matonismo produce repulsión a todo hombre civilizado y la acción musical de la masa siniestramente joven, de madrugada, en la plaza del pueblo, es matonismo, insoslayable. Estaba en esos coloquios cuando el joven anfitrión dio la noticia:
–Lo peor es que hay una residencia de ancianos que da a la misma plaza. Y además es pública. Deben de pagarla los mismos que pagan el concierto.
Lo malo es que no recuerdo si fue entonces cuando añadió la frase que lo ha hecho célebre
–Gracia es un barrio de cobardes.
La frase me calmó, como siempre que veo a un valiente. Hace años, cuando habían empezado los primeros incidentes en las fiestas (que datan, al menos, del 2000), había escrito sobre los viejos atrapados por el agosto, el dinero corto y la obligación de las ventanas abiertas en la claustrofobia de Gracia. Es fama contrastada que cualquier graciense poderoso disfruta de las fiestas a través de las crónicas del periódico, rumiando en la playa, día tras día felizmente, de la que ha vuelto a librarse. Hubo un año especialmente despreciable en que el concejal del barrio dio la orden a la policía de no desalojar a los jóvenes pandilleros que por la madrugada empezaban su fiesta y que pudieron continuarla hasta bien levantado el sol. Para evitar “males mayores”, según el concejal inverosímil, que sigue en libertad. Pero esa noche era de abril y la fiesta no había sido publicada en el Diario Oficial. La cabeza de los viejos estaba en la plaza y la cosían a patadas, eso pensé por mil palabras. Al día siguiente mi joven anfitrión no quiso que yo pensara que había hablado a vapor de grappa. Me llamó y me dijo que el concierto había acabado sobre las tres y que el lugar de los viejos tenía por título “Residencia i Casal de Gent Gran”. La pagaba el Departamento de Bienestar y Familia de la Generalitat.
Por suerte no te llegan los detalles de esta sarna barcelonesa y es improbable que sepas que esta semana pasada, con cada una de sus miserables noches, ha habido atracón y gresca en la Plaza del Poble Romaní. ¡Estamos en fiestas! Te ahorro los detalles, y el orín. Precisamente el rito más bravío se ha desarrollado allí, y de allí ha tenido la policía que escampar la última morralla de la noche. Cuatro noches sobre cuatro. Pero lo más extraordinario ni siquiera fueron estos sucesos. Lo más extraordinario advino cuando los gestores de la residencia, y de otra cercana e igualmente agraviada, tuvieron que emitir un comunicado implorando al Ayuntamiento que se abstuviera de celebrar las fiestas en el cajón de los viejos. Por favor, le dijeron. Yo no sé si tú ves como yo esta petición. ¡Son los inconvenientes de la letra escrita! Yo no sé si tú ves lo que significa que las víctimas hayan de decirle al Ayuntamiento que allí no pueden celebrarse conciertos de madrugada. El Ayuntamiento no tiene ojos en la cara. No he acabado. ¡El Ayuntamiento fue el que decidió que la llamada “fiesta alternativa” se celebrara en esa plaza! Este es el auténtico salvajismo. Y ésta es la auténtica cara del poder catalán y de lo alternativo catalán, que es lo mismo: es el Ayuntamiento el que organiza las fiestas alternativas. Con los viejos. Noches Rasca-yú: no habrás olvidado aquel fox del racionamiento, que había escrito Lautréamont:
Hizo amistad con muchos esqueletos
que salían bailando una sardana
y mezclando sus voces de ultratumba
con el croado de alguna rana
Hace años, durante la reconstrucción de Barcelona, se diseñó una teoría sobre el barrio de Gracia. Al parecer tenía todos las características para convertirse en una bolsa impenetrable de marginalidad. Estaban las físicas: callejones estrechos, alta densidad y algunas morales: resaltaba el mito libertario del barrio, que atraía a toda suerte de okupas entre los que naturalmente me conté yo mismo, porque un condenado barcelonés ha de pasar la experiencia de Gracia. Siempre me pareció una teoría razonable y comprendí que el Ayuntamiento le dedicara atenciones insólitas para la época, tendentes a zurcir y a limpiar la trama urbana. Bien es verdad que había quien vinculaba las atenciones y la propia teoría al carácter de microcosmos electoral del barrio y a la superstición científica de que el vencedor electoral en el barrio ocupaba inexorablemente la alcaldía. Veinte años después puede decirse que el objetivo se ha cumplido. Gracia no es en absoluto un barrio marginal. Es un barrio institucional. Autodeterminado, que es el ideal máximo. Un barrio pagado donde rige mejor que en cualquier otro lugar la idea de ciudad que lleva el poder en la nube más preciosa de su cabeza. Un barrio modelo donde la policía permite el matonismo juvenil, porque lo contrario es peor. Un barrio donde consignas terroristas vasco-catalanas se manifiestan con impudor y libertad, en fiestas y fuera de fiestas. Un barrio que aúna tradición y modernidad, entendiendo por lo primero la lluvia de celofán de las calles engalanadas y por lo segundo los inalienables derechos de la Bestia juvenil a destruir los ornamentos, como así ha ocurrido más de una vez. Un barrio aniñado, donde los excesos son asumidos por una vecindad narcisa, que se ha creído como nadie el cuento catalán de la diferencia.
Un barrio, amigo mío, de libertad fatua y falsa. Porque la libertad de Gracia es exactamente eso: la libertad del más fuerte sobre el más débil. Para la socialdemocracia nacional gobernante los conceptos “débil” y “fuerte” sólo tienen un sentido electoral. Se sirve a los musculados del barrio: los que huyen en agosto o en el imprevisible y peligroso fin de semana; los que viven su melancolía subvencionada: su “ball del fanalet” y su Plaça del Diamant, e insisten en que crece el fósil. Y por supuesto a los que irrumpen de madrugada dictando su cruel alegría en las plazas húmedas y fantasmales, donde sólo vela un irrisorio ojo de viejo insomne.
(Links: Verónica Puertollano)
Correspondencias /Eugenia Codina
Querido Arcadi,
te agradezco, en nombre de los vecinos de Gràcia, tu denuncia del ruido y las molestias que las fiestas provocan en los sufridos ciudadanos del barrio. De alguna forma, estas fiestas que eran el producto natural de una època en que el barrio estaba mayormente poblado por vecinos de clase trabajadora con pocas posibilidades de ocio durante el año, se han desvirtuado de forma perversa hasta convertirlas en el estandarte de esta Barcelona que, aparentemente, esta a la venta. Esta imagen de una Barcelona permisiva donde no hacemos remilgos de un poco de ruido y de desnudos porque somos mediterráneos y nos gusta compartir el lugar público.
Presentar Barcelona de esta forma es una manipulación política de una autenticidad (las fiestas originales con sus entoldados donde las chicas estrenaba vestido nuevo) que solo lleva a situaciones descabelladas y de una falta total de respeto al ciudadano. ¿Qué ciudadanía se enseña a la gente joven si encontramos normal que se haga música hasta las tres y media de la mañana en un día laboral? En el periódico leí que para darles tiempo a los juerguistas los mossos no los echaron hasta las ¡5 de la mañana! En cualquier país europeo esta situación abre bocas y levanta cejas de asombro. Y aunque algunos mediterráneos me argumenten que los nórdicos son unos sosos con otras costumbres en cuanto a ocio, me sigue pareciendo necesario levantar la voz en nombre de todas las personas mayores, enfermas o simplemente trabajadoras que se ven obligadas a aguantar el ruido inhumano y el jolgorio más propio de un Woodstock que de una ciudad civilizada. No es normal que al día siguiente de las fiestas hubieran vómitos cada tres metros en las aceras del, otrora, tranquilo barrio. Ni es normal que el periódico señale como tranquila la noche porque ¨este año no se han orinado encima de los mossos como el año pasado¨. Porque el año pasado bajaban ríos de orina por el Carrer Major, señalaba el mismo periódico (El Periódico del domingo 18 de agosto). No, las fiestas de Gràcia no estaban pensadas para ser un lugar de juerga barata para cualquier ciudadano o turista. Se originaron porque un grupo de vecinos se organizaba para pasárselo bien unos días, una noble intención que ha quedado desvirtuada por esta política de fomento de la jarana que en lugar de ser ¨progre¨ no es más que una prolongación de la campaña de Spain is different en la que se vendía la España de Olé y tacatá. Cada vez nos volvemos más carcas y más tontos.
Y aprovecho la ocasión para agradecerte el artículo sobre las residencias de la tercera edad. Ahí es donde se demuestra la vanguardia, la progresía y la capacidad de pensar a largo plazo de un país. Porque al final a todos nos espera la muerte y-o la degradación, y es en nuestro interés el invertir en hacer este futuro lo menos desagradable posible: invirtiendo en lugares donde se cuide adecuadamente a nuestros mayores y educando a la gente joven a respetar el descanso y la enfermedad del ¨otro¨.
Correspondencias /Ana Nuño
Querido, imagino que conoces esta canción de Vian. Reconozco que yo no hasta ayer. Te la envío, anyway. Con la letra de ñapa. Y bravo por tu Zoom de hoy sobre Gracia (me niego a ponerle el acento políticamente correcto). Por cierto, ya sabrás que la Plaza Rius i Taulet ha perdido su nombre, “gracia” a una iniciativa de un tipejo de ERC que está en el consistorio del barrio. Ahora se llama no sé qué. Pero el caso era borrar de la nómina a este individuo incómodo en el santoral nacionalista.
Barcelone (Paroles: Boris Vian. Musique: Alain Goraguer, 1955)
Barcelone
Des pavés, du soleil, des visages
Un été plein d’images
Et de fleurs
Barcelone
Dans le port un bateau qui s’amarre
Le bourdon des guitares
Et mon cœur
J’ai revu
Cette rue sous le ciel de septembre
J’ai revu
La fenêtre grillée de sa chambre
Jours trop courts
Le vent chaud caressait nos visages
Et l’amour
Nous jetait des étoiles au passage
Barcelone
Souvenir de nos nuits haletantes
D’un été qui me hante
Barcelone
Ce matin
Je reviens dans la rue douce et triste
Le chemin
M’a mené jusqu’au banc de jadis
Et soudain
Te voilà c’est bien toi rien n’existe
Dès demain
Tous les deux nous irons vers la vie
Barcelone
Sur le port, dans le vent qui se lève
Je vois vivre mon rêve
Barcelone
Correspondencias /Pedro Echánove
Querido Arcadio. Eso que cuentas de Gracia, con sus matices, puedes extenderlo a la inmensa mayoría de España. ¡Que se le digan si no a mi madre que vive en el edificio Galaxia de Moncloa! O, ahora, yo mismo, que estoy en pleno parto. En realidad todo esto no es más que un puro Monte Citerón. Y nosotros, los cascarrabias, unos Penteos a la fuerza. Por cierto, hace dos días la cadena ARTE dedicó toda la noche a demostrar como prácticamente todo Europa ha caído bajo la dictadura de los industriales del alcohol. Buena cuenta de ello dan los servicios de urgencias pediátricos que se atiborran los fines de semana de infantes en coma etílico. Y como si nada. Saludos. Pedro Echánove.
Correspondencias /Carlos Atanes
Apreciado Sr. Espada
El pasado 15 de febrero tuvo usted la amabilidad de publicar en su blog un texto que le envié porque me pareció un comentario pertinente a su post “El cisne negro”. Se trataba de un texto (titulado “Homeopatía política” ) que ya había publicado casi un año antes en mi propio blog, cuando la candidatura del Sr. Obama era más una curiosidad que una alternativa asentada. Muchos sesos se han devanado desde entonces indagando las causas de su fulgurante carrera hacia la presidencia, que si su negritud, que si su retórica, que si sus propuestas. Me sorprende, y mucho, no haber leído todavía, en ninguna parte, ni un solo análisis que coincida o se aproxime a la única explicación que yo proponía y que me hacía tan obvia (y contra casi todo pronóstico, lo que me ha valido ya ganar dos suculentas cenas en sendas apuestas) la futura victoria de Obama: el uso consciente del potencial “mágico” de su nombre, tan similar a Osama. No había vuelto a pensar en el tema hasta hoy, cuando se ha dado a conocer el nombre de su vicepresidenciable: el senador Biden. Usted me perdonará, pero a mí esto me parece demasiada coincidencia para ser causalidad. Una coincidencia tan curiosa que quizá comience a merecer una reflexión desprejuiciada antes de que se diluya en un amasijo de chistes baratos.
Muy cordialmente,
Carlos Atanes
Correspondencias /Manolo
Estimado Sr. Espada:
le escribo desde la automovilística Valencia a propósito de algunas de sus últimas entradas (el barrio de Gracia, las residencias para mayores…). Lamento conocer el maltrato que algunos vecinos y personas de edad padecen por la desidia (cuando no por y con el patrocinio) de las autoridades barcelonesas y catalanas. A mi modo de ver, todo parte de un lamentable equívoco: quienes nos gobiernan están convencidos de que juventud es igual a modernidad, avance, progreso; convencidos de que una ciudad, para estar viva, para ser “moderna”, para ser “cool”, ha de ser entregada a los jóvenes, para que hagan con ella lo que quieran. Con subvención, claro.
He ahí, pues, la madre de cordero, el origen de nuestros padecimientos: que es la chavalería, la juventud, la gente joven, la dueña del alma de nuestras ciudades y barrios; que está bien lo que ellos digan y crean que está bien; que los que peinamos canas y los que peinamos muchas canas hemos perdido, junto con el tono generalmente oscuro y mediterráneo de nuestros cabellos, el derecho a que nos dejen en paz, a vivir tranquilos en edificios, en barrios y en ciudades y pueblos tranquilos. Y no digamos en verano, con ocasión de las fiestas patronales. “Queda terminantemente prohibido lo que no sea obligatorio”, decía un buen chiste de Chumi Chúmez sobre el régimen anterior (el “régimen anterior” era cuando mandaban los mayores). Los jóvenes de ahora, propietarios de las calles ciudadanas, dirían: “queda terminantemente obligatorio lo que no prohibamos”.
Un saludo, y enhorabuena por sus columnas. Buena falta nos hacen.
Manolo.
Correspondencias /Javier
Estimado don Arcadi, como siempre encantado con sus artículos. El último sobre las fiestas del barrio de Gràcia me ha recordado que en realidad el Silencio (así con mayúscula) debe ser el único auténtico lujo en esta tierra, algo que nos hace tan españoles a todos (junto con Japón, el país más ruidoso del mundo)
Me recuerda aquella historia sobre el naúfrago que sobrevivió durante años en una isla, volvió a la civilización, se hizo rico y famoso y con el dinero se compró la isla finalizar sus días en ella.
Reconociéndome un privilegiado, disfrutando del verano en una vivienda unifamiliar cercana a una tranquila ciudad provinciana no dejo de preguntarme qué clase de aspiraciones tienen las personas que se reconocen en el ruido, la cacofonía, el petardeo… ¡si sólo se reconociesen! Lo que me “fascina” es su deseo de compartir tan controvertidos gustos con tímpanos más sensibles.
Sabemos lo difícil que es luchar contra un hábito, más incluso que hacerlo contra un prejuicio. Nos llamarán fascistas por hacerlo confundiendo el sentido del término.
Y en cuanto a las “autoridades” que animan, subvencionan e incluso provocan (no sé qué será peor) estas injusticias: que las den… votos.
Un saludo muy cordial
Javier


