22 de agosto

Un avión cae al suelo al poco de despegar de Barajas. La columna de humo indica que el accidente es terrible y que decenas de cuerpos se están consumiendo sin remedio. El aeropuerto registra un pequeño movimiento. Pero el aeropuerto es muy grande y la tragedia pasa inadvertida a la mayoría. Los protocolos mandan que el tráfico aéreo se interrumpa para garantizar la seguridad. Pero cuando se habilita un camino rápido y seguro a las asistencias y se comprueba que el resto de las pistas no están afectadas el tráfico se reanuda. Apenas ha pasado un rato, y aunque con cierto retraso los vuelos siguen su plan. Todo el mundo lo encuentra normal. Las gentes han de atender a su ocio, a su negocio y a sus urgencias en lugares más o menos lejanos. El número de los que, enterados del accidente en Barajas, cancelaron su vuelo, debe de ser irrisorio, inexistente. Han de partir. La circunstancia la expresaba muy bien una foto que publicaba ayer el diario El País: un avión ya despegaba por encima de la muerte al poco tiempo de que la muerte se instalara en un árido no lugar de las proximidades. Hay quien opina que las playas han de cerrarse cuando aparece un ahogado, y cada verano se muestran gravemente sentimentaloides con la ciega indiferencia de la humanidad. Les asiste la facilidad icónica: es relativamente sencillo y vistoso coger un cadáver y algunos bañistas y pasarlos por el zoom. Mucho más difícil es hacerlo con accidente aéreo y de ahí que tenga mérito la fotografía citada (por lo demás muy alejada de la demagogia sentimental), que fija con sobria elegancia y sin hipocresías morales el inexorable eje binario del tango, “sus ojos se cerraron/el mundo sigue andando”.

Sin embargo lo que suele describirse como “trágicas circunstancias” siempre congrega posturitas. Uno, por ejemplo, se queja de que el Comité Internacional Olímpico modere las formas del luto de los deportistas españoles, en aplicación de la teoría y práctica de la tregua (hoy burbuja) olímpica. Lo extraordinario es que se trata del hombre que en aplicación de los mismos principios prohibió solemnemente a los deportistas españoles cualquier manifestación política, es decir y por ejemplo, la denuncia de los miles de muertos, encarcelados y exiliados por la dictadura china. Hoy dice que él trató de convencer a los dirigentes olímpicos de la necesidad de salir de la burbuja: ¡pero sólo para el luto, hélas!…, patriótico y por estricta causa de accidente, bien sûr! Otro caso postural se ha dado ante un partido de fútbol que enfrentaba ayer a España y Dinamarca. «Los daneses se empeñaron», van cubriéndose las espaldas. ¿Qué necesidad tendrían de cubrírsela si no fuera por la postura? Basta con preguntarse cuántas personas dejaron de ver por televisión el partido de fútbol a causa de los muertos de Barajas.

(Coda: «Hay que seguir viviendo, se dice después de cada muerte: y Bernanos se preguntaba si no era eso precisamente lo horrible» Claudio Magris)


Correspondencias /qtyop

Respecto del comentario de Enrique Bertrand cuando afirma que agencias (Reuters) habían hecho el cálculo, sencillo, 175 pasajeros -25 heridos=150 muertos he comentado alguna vez el caso del accidente de Toronto, hace algunos años y escriturado en directo en tu blog de siempre. Un avión se sale de la pista y se incendia en medio de una gran tormeta. Es retransmitido prácticamente en directo por las cadenas de televisión. Los tickers de las majors, CNN o Fox cantaban, más o menos: – Accidente en Toronto: se ignora si hay supervivientes. La realidad era que se ignoraba que hubiera muertos. De hecho no hubo
ninguno. Fueron todos supervivientes.

Saludos


Correspondencias /Antonio Juárez

Amigo Arcadi:

No nos hablamos ni escribimos mucho; pero no dejas de ser un referente primordial en los temas del periodismo hispanohablante. Aquí te escribo esta espontánea reacción a la catástrofe de Barajas por dos razones. Primero porque dos días antes, mis hijos y yo (además de una amiga de mi hija) estábamos allí, a la misma hora, precisamente para tomar un vuelo de regreso a Alemania. Segundo porque ayer estuve comparando la forma de “hacer” periodismo televisivo de TVE con la TV. alemana. Así se nota lo que sigue siendo esa españica de propaganda del partido gobernante de turno.

La falta de preparación técnica, profesional, pscologica, y de pudor de las muchachitas que la redacción de los informativos mandó al frente es tan obviamente indecente que ninguna televisión regional de Alemania o de Francia, en mi opinión ni siquiera de Italia, las contrataría, ni como estudiantes en prácticas para programas de televentas. La vestimenta primero, indecorosa para la situación; parecían quinceañeras recién salidas de la playa… Las preguntas: como me dijo una amiga alemana, que habla bien español, en quince minutos de programa especial de la TV alemana (de las 20.15 a las 20.30) aprendió más sobre el accidente, las razones, la Compañía Spanair, el avión, etc. que en dos horas de propaganda escatológica de los informativos en directo de TVE… Pobreta es esa españita oficialista que algunas han querito ver ya en el G7+, pero que a la hora de las horas transpira lo que sigue siendo: un país de mediocracia y de enchufes.


Correspondencias /Santiago Campos

Querido Arcadi:

Te transcribo un comentario que he enviado a tu blog de hoy sobre la portada de El Mundo, que como verás ha despertado en la mayoría de los que te leemos un manifiesto rechazo. Solo quiero confirmarte que es cierto que esta mañana en el aeropuerto de El Prat los mostradores de Spanair estaban casi desiertos. Me pregunto que intencionalidad puede tener un titular que dice textualmente que “La crisis de Spanair desemboca en una tragedia con 153 muertos”. Si no hay intencionalidad, como mínimo es de un indiscutible mal gusto.

«La Portada de hoy, al margen de ser amarillista, es un torpedo en toda regla a la línea de flotación de la Compañía Spanair. Si, como se quiere dar a entender, el accidente es consecuencia de la crisis que la Cia. está sufriendo, habrá que admitir que de no solucionarse la crisis se pueden producir nuevos accidentes similares. Bajo ese planteamiento, ¿quien osará volar en Spanair mientras persista la actual situación de inestabilidad laboral? Esta mañana he volado de Barcelona a Madrid y los mostradores de Spanair en el Aeropuerto de Barcelona estaban llamativamente poco concurridos.»


Correspondencias /Enrique Bertrand

 

 

Estimado Arcadi:

Vaya por delante que no soy periodista. Es más, no tengo ni idea sobre la práctica profesional del periodismo, por mucho que sus resultados salten a nuestros ojos y oídos con estruendo diario. No sé por qué, pero sin duda ingenuamente, meto a los periodistas en el mismo cajón que a médicos, abogados o mecánicos de automóvil: intermediarios con lo desconocido, con el poder de las sombras que habitan en mi organismo o fuera de él, y que me ayudan a entenderlo o desactivarlo. O no.

Porque mi ignorancia no fue impedimento para que asistiese con pasmo creciente a la feria de despropósitos que, a cuenta del accidente de Barajas, organizaron ayer por la tarde la mayor parte de cadenas de radio y televisión y los periódicos “on-line” españoles.

¿Qué pasó con la credibilidad, la consistencia, la dignidad delante de los familiares de las víctimas? Que se fueron por el desagüe del lavabo, como el bebé del cuento. Botones.

  • Cuando en agencias como Reuters algún periodista extranjero había hecho ya a las 17:00 el simple ejercicio de 175 pasajeros – 25 heridos en hospitales = 150 muertos, aquí seguimos con el 40, 45, 48, …. (no había confirmación oficial, pero tampoco hay que esperar a la nota de prensa del Ministerio de Fomento para informar sobre la magnitud del desastre).

  • Dos locutores del informativo de TVE1, sentados el uno junto al otro, que a las 19:10 nos comunican sucesiva e ininterrumpidamente que se confirman 144 muertos y 100 muertos ¡y no se inmutan!

  • Barreras de decenas de cámaras y micrófonos que los conmocionados familiares de las víctimas tienen que atravesar, protegidos por guardas de seguridad, para poder acceder a la sala de espera.

  • Pobres viejitos en silla de ruedas que son asaltados en las puertas de los hospitales simplemente porque la ambulancia que los llevaba se ha dejado caer por la puerta de urgencias a las 17:30 y ¿quién sabe? a lo mejor es una exclusiva.

  • Ejércitos de becarios, micrófono en ristre, entrevistando por enésima vez a ejércitos de psicólogos sobre cómo sobrellevar los duelos.

  • Animados programas recordatorio de los espeluznantes accidentes aéreos de Los Rodeos, Mejorada y Monte Oiz para rellenar los espacios muertos antes de la siguiente entrevista al siguiente psicólogo.

  • Más becarios que nos dicen que los cadáveres se están almacenando (sic) en el pabellón 6 de IFEMA. Otro becario que entrevista en profundidad a un viajero indignado, y armado con una colección de facturas y fotocopias, porque Spanair no le quiere rembolsar el importe de un billete a Bilbao (ya se sabe, “la pequeña anécdota en medio de esta gran tragedia que nos aflige” más el efecto “pasaba por aquí”).

  • Conferencia (sic) de prensa de la Señora Ministra de Fomento transmitida con micrófonos de karaoke de barrio que aportan lo suyo a la natural ininteligibilidad de la Sra. Ministra. Lo único que nos queda claro es que la Casa Real está permanente informada (¡Qué suerte! Nosotros, no)

Cinco horas después del accidente seguíamos con los bailes de cifras, con los micrófonos embutidos hasta el esófago de los familiares y, claro está, con la quincuagésimo tercera descripción de como proceden los psicólogos en las grandes catástrofes. Cansancio.

Con mi aprecio,

Enrique Bertrand


Correspondencias /Carlos Gómez

Estimado Arcadi:

He leído la carta de Enrique Bertrand. Es evidente que el tipo de informativos/espectáculos que se emiten por televisión en situaciones como la de ayer no están hechas para él. Desde luego no para consumirlas al completo. Sobre sus objeciones, en algunas estoy de acuerdo, en otras no.

-Las cifras de muertos. Yo creo que lo mejor es no dar ninguna cifra, porque ser prudente puede ser ridículo, y tirar por lo alto puede ser un tremendo error. En caso de duda, creo que es mejor quedarse corto, aunque se den falsas esperanzas, que anunciar muertes que no existen. Ese tipo de debates se establecen en los periódicos, y la respuesta no es sencilla. Desde luego si fuera familiar o amigo el último lugar que elegiría para enterarme del destino de mi conocido serían los medios de comunicación.

-Los psicólogos. Me parece normal que les pregunten, es el momento.

-Los recordatorios de accidentes anteriores. Hay que contextualizar.

-Sobre la caza y captura de testimonios, me remito a la columna de hoy de Enric González. No es fácil informar en esas condiciones, y menos por televisión.

-Sobre el comentario de otro remitente de que la TV alemana informó mejor del asunto, suele informarse mejor y con más calma de lo que pilla lejos emocionalmente. Habría que ver a los alemanes si el avión se hubiera estrellado en Berlín.

En todo caso yo procuro evitar la ingesta de estos programas, como el culebrón McCann suelen ser muy poco digestivos y nutritivos. El problema es que si no se emiten siempre hay quien acusa a los medios de insensibilidad, y etcétera. No tengo muy claro por qué.


Correspondencias /Santiago Trillo
Estimado Arcadi,

Soy lector suyo hace años para aprender un poco en cada visita a su blog.

Sobre su post de hoy, solo decir que admiro su capacidad para mantener la racionalidad al escribir sobre asuntos que despiertan tantos sentimientos desarbolados.

Sobre las correspondencias, totalmente de acuerdo con la mayoría de los remitentes. Tuve la oportunidad de pasar toda la tarde de anteayer y de ayer viendo cómo abordaban las diferentes cadenas de TV la noticia.

La primera sorpresa fue ver que no todas las cadenas interrumpían la emisión. A3 emitió su cotidiana serie de sobremesa entera antes de empezar un informativo especial. (Qué verdad: “Las gentes han de atender a su ocio, a su negocio, …”)

La segunda fue, en la línea de lo anotado por Enrique Bertrand, la insuficiencia informativa de la mayoría de las retransmisiones, y, ante la falta de información, el afán de rellenar el tiempo de emisión con cualquier cosa que tuviese alguna remota relación con el suceso.

La tercera, ya no sorpresa, sino casi reivindicación, fue comparar todas las cadenas españolas con la CNN en inglés. Al igual que las cadenas alemanas, ofrecía más información, más objetiva, y más segura que el resto: número de víctimas “según organismos oficiales Españoles” y previsión ante el escaso número de heridos evacuados, situación de Spanair, situación de SAS (propietaria de Spanair), histórico de accidentes de las dos compañías, histórico del modelo de avión, … No creo que se tratase de que les “pillase lejos emocionalmente”: conectaban en varias ocaciones con corresponsales en España, que, más emocionados, mantenían cierto nivel. Los momentos más débiles de CNN fue cuando los corresponsales eran españoles (y además con escaso dominio del inglés).

La cuarta, especialmente estupefaciente para mí, fue que el mismo día 20 y horas después del accidente periodistas en cadenas de ámbito nacional comenzasen a identificar “culpables” (la compañía aérea, sus trabajadores, el piloto, …). ¡Una auxiliar de vuelo de Spanair llamó en directo a un programa pidiendo que no se cuestionase la profesionalidad de sus compañeros! Varios periodistas en varias cadenas hablaron de la antigüedad del avión como posible causa, y del número de accidentes y muertos que el mismo modelo de avión había tenido (alarmantes 8 accidentes con más de 1000 muertos). La misma información la daba la CNN en inglés y explicaba que la vida útil de este avión era mucho mayor que la antigüedad del siniestrado, y que esos 1000 muertos en 8 accidentes eran en un larguísimo espacio de tiempo y sobre un número de pasajeros transportados enorme, evitando así genera la idea de “modelo de avión inseguro”. Por cierto, ha sido gracias a la CNN que nos enteramos en primer lugar de la reacción de los propietarios del avión: entrevistaron telefónicamente a una portavoz de SAS, muchísimo antes de que cualquier cadena española tuviese declaraciones de nadie de Spanair (si exceptuamos a la auxiliar de vuelo).

Y ayer tarde, prácticamente todas las cadenas emitían ya sus teorías sobre el accidente. Lo más divertido era ver a los expertos que incorporaban en sus programas para apoyar esas teorías … desmentirlas e insistir en que no habría una causa, sino muchas, y que se tardarían meses en conocer con detalle. La reacción de los periodistas televisivos era unánime: una vez el experto desaparecía, insistir en su teoría.

Para mí, estos dos días han sido una confirmación más del fracaso / ocaso del periodismo informativo español. Menos mal que nos queda el “opinativo”.


Correspondencias /Juan González Moyano

Estimado Sr. Espada,

Me animo a escribirle en relación con el debate en su web sobre la cobertura periodística del accidente aéreo de Barajas. Aclaro que no soy periodista. Creo que el malestar que ha generado el tratamiento de la desgracia tiene que ver, además de con la falta de sensibilidad, con la sustitución del sentido común por el lugar común. Esto, que ocurre a diario, resulta difícil de soportar cuando hay tanta gente sufriendo tanto. Discuten algunos de sus corresponsales sobre lo oportuno de aventurar un número de muertos cuando no hay cifras oficiales. No me parecería bien que se jugara a la lotería, pero sí que se expresara lo que todo el mundo piensa en sus casas: “si hay siete muertos y veinticinco heridos en un avión con ciento setenta pasajeros, es probable que haya muchos más muertos”. Existe reticencia en el periodismo a hablar de probabilidades, parece que se exige leer el futuro o callarse. Al final el compromiso es dar a entender, decir entre líneas lo que todo el mundo piensa, como en el caso del suicidio de la hermana de Letizia Ortiz, por ejemplo.

En cambio, a continuación vemos a los periodistas hablando sin parar cuando quizás deberían callarse. El tópico, en esta ocasión, es “el lado humano de la tragedia” (como si hubiera otro): esos micros encima de familiares abrumados de miedo y dolor. Sabemos que ese tipo de sufrimiento es universal, pero en absoluto tópico. Por mucha empatía que sintamos, sabemos que no podemos ponernos en su lugar. “No puedo imaginar lo que están pasando”, decimos, y tenemos razón. Pero allí están los periodistas, preguntando y expresando conclusiones extraídas a priori, convirtiendo algo salvajemente genuino, biológico, en un lugar común. El silencio suele servir para expresar respeto ante la desgracia. Quizás en ciertas ocasiones el periodista tendría que callar.

Todo esto ocurre más en el periodismo televisivo. La prensa, en papel y en internet, presenta otros problemas muy molestos. Concretamente, el diario El Mundo decidió rápidamente que había responsables, y ha apuntado, sobre todo, a Spanair, aunque también a AENA. Me remito al comentario de Santiago Campos sobre la portada de ayer jueves. Confío (es un decir) en que el diario en el que usted escribe y del que soy lector no retome su costumbre de elevar declaraciones e indicios a la categoría de pruebas. El asunto es campo abonado para la demagogia, ya que todo protocolo de seguridad es insuficiente: siempre se puede hacer una revisión más. Para decidir cuándo hay que dejar de revisar es necesario el sentido común: si queremos una confianza del 100% en que no va a haber accidente, mejor cerrar los aeropuertos y convertir los aviones en moteles. Mucho me temo que ciertos periodistas comenzarán a exigir el 100%, pero eso sí, con billete barato y sin retrasos.

Un cordial saludo,


Correspondencias /Adonaire

Estimado Sr. Espada:

Ayer oí el relato de un socorrista del avión siniestrado que comentaba como, un niño (8-10 años), superviviente, preguntaba: “¿cuándo se va acabar la película, papá?”. El niño creía, en su inocencia, que lo que estaba viviendo era ficcion y debía terminar, puesto que la ficción le sobrepasaba. Esto me recordó su muy reciente (y no menos estupendo) artículo “Niño chico”, puesto que creo que el sentimiento del niño superviviente es quizá un sentimiento extendido en nuestra sociedad. Vivimos en un sueño. Exigimos (con razón) seguridad al cien por cien en los aviones. Pero, al mismo tiempo, presumimos de haber comprado por internet un billete de avión extremadamente económico. Y, por supuesto (también con razón), nos quejamos si el avión se retrasa o si nos pierden las maletas. Queremos todo. Al 100%. Eso sí, a un coste nulo o mínimo. No sólo en los vuelos aéreos. Y quizá olidamos que, en la vida real, al contrario que en las películas, todo se paga.

“Cuando se va a acabar la película, papá.”

Saludos


Correspondencias /Enrique Bertrand
Estimado Arcadi:

Aunque no es lo habitual en tus Diarios, parece que hemos abierto una suerte diálogo sobre el tratamiento informativo del accidente y me gustaría responder, con tu permiso, a algunos de los comentarios de qtyop y Carlos Gómez sobre mi anterior correo, sobre todo en relación con las cifras de víctimas mortales comunicadas a o por los medios.

A ambos les parece preferible la prudencia. Carlos añade que incluso en el caso de que permita albergar falsas esperanzas a los familiares. A mí, no. Porque además tengo la impresión de que lo prudente en este caso hubiera sido justamente hablar de las nulas esperanzas de encontrar más heridos.

Lo que qtyop comenta con propiedad se refiere a una primera impresión visual captada por cámaras de TV (aparentemente, un grave accidente aéreo durante un aterrizaje con fuego bien visible) y a la conclusión apresurada, justo en los primeros momentos, de las cadenas americanas interpretando la realidad a través del difuso embudo del objetivo. Pero no acabo de ver su aplicación a nuestro caso.

Imaginemos ahora que son las 16:45 (dos horas después del accidente); que llevan ya mucho tiempo sin salir ambulancias con más heridos (aparte de los veintitantos localizados en la misma zona, filas de la 6 a la 9); que se han recuperado ya unos 40 cadáveres, la mayor parte carbonizados; y que el panorama que se presenta ante los numerosos bomberos, personal médico del SAMUR y Cruz Roja y fuerzas de policía es un campo humeante con muchísimas más personas pendientes de ser asistidas, pero visiblemente fallecidas.

¿No es ciertamente cruel con los familiares seguir todavía durante al menos dos horas más (ya llevamos cuatro) insistiendo con la cantinela de “unos 50 muertos”, cuando la cifra de heridos trasladados a hospitales seguía estancada, por así decirlo, en unas 25 personas y TODAS las evidencias disponibles sobre el terreno (no a la vista de pájaro de una cámara lejana) indicaban la mínima probabilidad de encontrar nuevos supervivientes?

Mis saludos y mi aprecio,

Enrique Bertrand


Correspondencias /Jesús Vicioso
Apreciado Arcadi:

TVE y su vergonzosa tarde. TVE emitió los Juegos y el fútbol. Para TVE el accidente fue secundario. O terciario. Trató a 153 muertos como un mero número. Sin ponerle rostro a la catástrofe. No pudo narrar una noticia, importante y trascendente, en directo. Ni hacer entrevistas coherentes -la del pasajero de Bilbao fue de juzgado de guardia-. Ni hablar con ingenieros aeronáuticos, sanitarios, psicólogos, tratar el procedimiento que se seguía, buscar testigos. Ni siquiera entrevistar a la ministra. TVE emite un amistoso. Cortó unos minutos para un minitelediario y pareció que hasta le dio cosa. No me imagino a la BBC ni a ninguna televisión estatal hacer lo que hizo TVE con la trágica tarde para España.

Abrazos.


Correspondencias /Ana Nuño
Querido Arcadi:

Llevo dos días tratando de hacer oídos sordos a lo de Barajas. Entre otras cosas, porque están pasando cosas, digamos, de más calado que un accidente aéreo: la ruptura (escenificada o no, aún no sabemos) entre Rusia y la OTAN, la escalada talibán-al Quaeda en Pakistán, el pre-plan de retirada de las tropas estadounidenses de Irak firmado ayer (que, entre otras cosas, es un disparo al pie derecho de la campaña electoral de Obama).

Pero, carajo, por qué distraerse con el chasquido del mundo cuando tenemos la posibilidad de elevar a categoría cuasi moral un mero accidente de tráfico aéreo.

Rompo mi silencio, pues, porque acabo de leer dos titulares en digital (¿o será escritos con digitalina?). Helos aquí:

1. Rodríguez Zapatero, muy descontento con Spanair: “No estuvo a la altura” (Libertad Digital).

2. Afectados y familiares del accidente recibirán una indemnización mínima de 127.000 euros (El Mundo Digital).

Dos días después del accidente (insisto y repito: accidente, no atentado terrorista, por ejemplo), el rey del mambo exhibe sus vergüenzas. Las víctimas, cuanto más reconocidas y beneficiadas como tales, mejor; el presidente del Gobierno, a la orden para mostrarse inflexible con una empresa en apuros en tiempos de crisis económica.

Estampa, aunque cruda, fidedigna de nuestra España de hoy.

(Por cierto: magnífico tu Zoom de hoy, salvo por la coda. Si no te he leído mal, supones que el trazo irónico, a cuenta del comentario del católico Bernanos, es compartido. ¡Bendito seas!)

Un abrazo,
Ana


Correspondencias /Juanjo Jambrina

Hola Arcadi: acabo de leer tus dos intervenciones del día de hoy. Estoy de acuerdo con tu denuncia de la doble moral de muchos intelectuales de carné a la hora de jugar con los sentimientos de los más desdichados. Pura psicopatía, créeme. Sin embargo me ha desagradado tu defensa del titular de tu periódico en el día de ayer. «La crisis de Spanair desemboca en una tragedia con 153 muertos» no es un titular, es una tirada de dados. Al menos al día de hoy. Tampoco le añade mayor carga de verdad tu doble adjetivación “falsa y siempre” para catalogar esa afirmación que desvincula la seguridad de las condiciones económicas de las empresas. A falsa y siempre cabe oponer con toda justicia un porqué y un cómo.
* Imagino que cuando El Mundo ha optado por esa vía es porque piensa usarla como argumento de batalla en días venideros. Al parecer, tardaremos un mes en saber con mayor certeza qué sucedió en Barajas. Todo ese tiempo el citado titular será incierto y cuando menos mezquino. No hace falta una teoría del periodismo para acabar tirando de la especulación o del refranero.

* El Mundo se ha situado en la misma posición que el Presidente del Gobierno cuando se presenta ante las víctimas con cara de vengador, profundamente ofendido, dejando claro que llegará hasta el final con las investigaciones en las que sugiere que habrá un culpable concreto. Que no se extrañe que los familiares lo aparten de su lado y le digan “no eres de los nuestros”. No se le paga para eso.

Un saludo

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