1 de agosto

El cuerpo triunfante

 

A las mujeres les excita más un cuerpo femenino que otro masculino. No es extraño porque a mí me pasa lo mismo. Sin embargo los recientes estudios de la psicóloga de la Universidad de Toronto, Meredith Chivers, están causando el habitual furor populista. Conocemos perfectamente lo de Chivers y las pruebas aparecen todos los días, en todos los formatos. Hace muchos años que las revistas femeninas las conocen y las aplican. Soy un asiduo lector de esta prensa, entre otras muchas cosas por su elegantísimo y refinado doble fondo y porque concentran como nada el spleen del tiempo. Con la excusa textil de mostrar la moda, cada ejemplar de cualquier marca contiene un buen número de pliegos descarnadamente eróticos. Cuando era pequeño me preguntaba a quién se dirigía ese erotismo, aparentemente absurdo y gratuito. Hasta que crecí y comprendí.

Los trabajos de Chivers han llenado de contento al lesbianismo militante, que ha visto en ellos una fuente inagotable de materia prima. Por supuesto, la profesora está muy lejos de sostener este júbilo. Quizá porque sospecha lo que cualquier persona razonable sospecha; es decir, que la palabra sex no quiere decir lo mismo para hombres y mujeres. En un estudio anterior comprobó que los varones bisexuales se excitaban mucho más con hombres que con mujeres, y esto no lo ha visto ahora: el interés por los dos sexos de las mujeres bisexuales es parejo. También la fracción más lúcida del movimiento gay sabe desde hace mucho lo que esos estudios insinúan: no siéndolo el sexo, tampoco la homosexualidad es lo mismo para hombres que mujeres. Aún con sigilio cauteloso, porque es opinión de mucho peligro, suelo exponer dogmáticamente en los salones la evidencia de que cierto lesbianismo rampante (tan literario, tan cinematográfico, tan estético) no es más que una construcción masculina, hecha para exponencial deleite de los hombres.

No hay otro meme más poderoso y triunfante que el cuerpo femenino y su capacidad de seducción. Su sobrecarga literaria, icónica, comercial es puramente aterradora en términos cuantitativos. Y su calidad, incuestionable. Todo se ha escrito, dicho y pintado en nombre del cuerpo femenino. ¿Cómo podría imaginarse que la mitad de la humanidad fuera insensible a esta seducción? Si a ese resultado pletórico y triunfante del desarrollo cultural se le añaden las inesquivables características biológicas y su relación con la maternidad, se entenderá perfectamente la preeminencia. Y la tremenda verdad que asoma: el cuerpo femenino está por encima de la banalidad de los sexos.


(Coda: “Las mujeres heterosexuales reaccionan ante mujeres, lo cual es contraintuitivo”. Meredith Chivers, The New York Times, 12 de junio




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