9 de julio
Llegó a casa un libro extraordinario (quítese la mugre al adjetivo). «Contre Guernica», publicado en francés por la fundacion ginebrina Archives Antonio Saura, que dirige Olivier Weber-Caflisch, albacea del pintor. Recoge la totalidad de los soberbios panfletos que Saura escribió en los años ochenta y noventa a propósito del cuadro de Picasso. Hay un prólogo culto y brillante de Félix de Azúa, al que se debe también la idea de esta reunión violenta. La lectura fue muy melancólica, porque me acordaba vívidamente de aquella piedra en la charca que supuso el recibimiento que Saura tributó al Recibimiento. Yo era un niño; pero supe que el cuadro había venido muy bien embalado; y eso no era lo peor, sino que perfectamente precintados y en hosco secreto habían vuelto también los exiliados, con Alberti y Pasionaria a la cabeza. Si uno había leído tantos poemas de fuego no era para soportar ese final de cirios. Aunque la melancolía más insoportable fue revivir la impresionante libertad con que desgranaba Antonio Saura su salmodia: «Yo odio…» Hoy lo meterían en la cárcel. Los jueces o las chicas, que son hoy los curas y militares del ayer.




